Siete años

Uno

No sé qué mosca me picó pero un buen día de hace siete años decidí crear un blog.

Como he escrito en ocasiones anteriores, creo que lo que me permitió hacerlo fue que era muy ingenua y que no tenía tanta conciencia de muchas de las cosas que escribir un blog implicaba.

Sin embargo, esa decisión desencadenó una serie aparentemente infinita de movimientos que siguen y siguen y siguen.

Dos

Cuando yo comencé a escribir este blog no tenía idea de que fuera a durar tanto tiempo haciéndolo, porque soy el tipo de persona que piensa en comenzar muchos proyectos, inicia tres y termina 0.219 (en promedio).

Mucho menos me imaginé que iba a empezar a desarrollar algo así como una forma [innovadora] de acercarme al aprendizaje de idiomas.

Pero es lo que he estado haciendo, para mi sorpresa.

Y digo que me sorprende porque yo no decidí crear esto en el sentido de que no me senté un día y dije: “Voy a hacer lo posible por encontrar una manera de enseñarle a la gente a aprender lenguas que sea como nada de lo que he visto hasta ahora”.

Lo que siento, más bien, es que este tipo de trabajo me eligió a mí para que yo lo trajera al mundo.

Todas mis experiencias, mi muy particular forma de ver el mundo, incluso el país en el que nací y la lengua que me fue dada al crecer (el español) se han ido sumando para crear no solo el blog, sino todas las cosas que he estado construyendo alrededor (el libro, las consultorías, las Anticlases, y todo lo que viene).

Cada entrada que escribo, cada comentario que respondo, cada libro que leo (aunque no tenga, directamente, nada que ver) me van ayudando a descubrir mi aporte a este tema, porque ni yo misma sé qué es ni cómo se va a acabar viendo en unos años.

Este enfoque y el trabajo que hago aquí han tomado vida propia y tienen su muy particular esencia. Este blog me pide ciertas cosas, me rechaza otras, me lleva por caminos que ni yo misma había pensado que andaría nunca.

Se conecta con personas con las que yo, de otra manera, no me pude haber conectado, y saca cualidades mías que no demuestro en otros lugares o en otras áreas de mi vida.

Es una cosa muy rara y profundamente hermosa.

Tres

Seguramente has escuchado hablar de que —en teoría— 10 años son el tiempo que se necesita para ser “experta” en algo.

Si eres como yo, seguramente 10 años te suena como toda una vida, como un periodo después del cual vas a ser otra persona totalmente distinta a lo que eres ahora.

Pero ahora que llevo siete años de escribir aquí veo que en realidad no es mucho tiempo, que lo bueno apenas está comenzando, y ahora entiendo por qué dicen que se necesita tanto tiempo:

Yo, en los primeros 3-4 años realmente no tenía muy clara cuál era mi postura al respecto del aprendizaje de los idiomas. Me sentía como alguien que sólo aportaba su unicidad a una conversación ya gastada.

Ahora no me veo así. Ahora noto cuán distinto está siendo y es mi enfoque, y cuántas cosas me ha tomado llegar a este punto.

Tengo mucha emoción por ver cómo será en tres años esto. Tengo muchas ideas y planes, y realmente espero que se realicen porque me hace muy feliz la idea, pero no lo sé.

Lo único que sé y que puedo hacer es enfocarme en este día, escribir esta entrada, preguntarle a NOL qué necesita de mí hoy y hacerlo, y volver a empezar mañana.

Un día a la vez es lo único que se puede hacer.

Y es suficiente.

Cuatro

Si tienes un proyecto que te eligió para traerlo al mundo, te quiero invitar a que le pongas atención y le des cariño, espacio y tiempo.

Muchas veces nuestras cabezotas se ponen en el camino y nos dicen cosas como “tú quien eres para hacer esto”, o queremos verlo de una manera supuestamente práctica y juramos que no tenemos tiempo, etcétera.

Pero si algo he aprendido a lo largo de estos años es que las personas somos más pequeñas que las ideas. Muchas ideas han sobrevivido siglos y siglos, mientras que las personas vivimos a lo más 100 años y eso si bien nos va.

Me gusta pensar que si tenemos una idea que no nos deja en paz, tenemos la obligación moral de por lo menos escuchar qué dice y entregarnos a ser el vehículo para que se materialice.

(Sí, esto lo saqué primordialmente de la TED Talk de Elizabeth Gilbert, de quien siempre acabo hablando en mis entradas aunque ni siquiera me gusta tanto).

Nuestros egos son muy pequeños y muy ridículos, y no se trata de nosotros.

Cinco

En realidad esta entrada no tenía ningún punto contundente, solo es una serie de ideas en torno al aniversario de este blog (que, por cierto, no tiene fecha exacta, sólo sé que es entremayoyjunio).

Me haría intensamente feliz que te tomaras 3 minutos de tu tiempo para escribir en un comentario (o en un mensaje privado, si te gusta más la idea) qué te ha aportado o te ha dado este blog, por más pequeño que sea.

Sería el mejor regalo de cumpleaños del mundo. 🙂


Gracias por leer, aun si llevas dos minutos o siete años haciéndolo.

Sé que suena raro porque probablemente no te conozco (¿aún?) pero siento mucho aprecio y mucho agradecimiento por ti, por tu sola presencia y por la conexión que se crea entre tú y yo cuando estas palabras pasan por tu cerebro y tu corazón. ❤

Dos mil diecisiete en retrospectiva 1/3

Tradición del blog: escribo recuentos del año en curso tres veces, una en abril (esta que lees), una en agosto y otra en diciembre. Me gusta hacerlas porque tomo una pausa para ver con calma qué ha sucedido y porque mi sabiduría actual le echa luz a mi pasado y siempre me doy cuenta de cosas super útiles. Altamente recomendado. 

Enero

En este mes sentí como si no fuera real que el 2017 ya había comenzado.

Como dije en esta entrada, los últimos meses del 2016 se sentían como si el mundo se fuera a acabar en cualquier momento, y por lo tanto, los primeros meses de este año también fueron un poco así por todo lo que pasó (y sigue pasando) en Estados Unidos.

Este mes me gustó mucho al final porque me invitaron a participar en un curso de educación popular y di un taller sobre emociones, una de las cosas que más me gusta hacer en el mundo. Aprendí muchísimo y fui muy feliz. 

Febrero

Este mes, entre otras muchas cosas, vi muy claramente cómo las decisiones que tomo no sólo me afectan a mí, tanto para bien como para mal.

Mi amiga I y yo queríamos tomar desde hace mucho un taller y ninguna de las dos habíamos encontrado cómo ni dónde, y yo conocía a una persona que podía darme informes pero no me había atrevido (desde noviembre) a contactarla. 

Un buen día de febrero me armé de valor y le pregunté sobre el taller y le comenté a I. Ella a su vez invitó a otras personas (porque el taller estaba a punto de empezar por esas fechas, señal divina) y al final yo no pude entrar por el horario pero ellas sí.

Noté que cuando me atrevo a hacer cosas que me da miedo hacer, no sólo se trata mí, repercute en otras personas para bien. Quizá el anterior es un ejemplo un poco soso, pero fue muy tangible y creo que eso pasa todo el tiempo pero no lo vemos:

Lo que hacemos resuena en los demás, no estamos solos en el mundo.

Esto puede dar mucho miedo si lo pensamos de cierta forma, pero en otro sentido también libera.

Por ejemplo, si yo supero un trauma que llevo arrastrando durante años o si yo aprendo a manejar mis emociones o si yo aprendo a desengancharme de las peleas, otras personas también se benefician, por dos razones fundamentales:

1) Porque todos los seres humanos estamos conectados y relacionados, aunque no queramos.

y 2) Porque según algunas formas de pensar, en realidad todos somos uno, una misma cosa. (Yo sí lo creo). 

Marzo

Aquí comencé a centrarme, por fin, al mismo tiempo que la incertidumbre global empezó a reducirse un poco gracias a que el miedo que le tenemos al presidente de EU se convirtió en… burlas.

Una vez leí un artículo (ojalá puedas leerlo) que decía que cuando las personas estamos en una situación muy difícil nos da una cosa llamada “low-level dread”, algo así como terror de bajo nivel (¿?), que implica, entre otras cosas, que dejamos de pensar en el futuro.

Cuando lo leí, en febrero, dije: “No inventes, yo tengo eso”, y así me sentía, era muy real.

Quería esforzarme por pensar en el futuro y simplemente no podía. Me resultaba imposible hacer planes, ni se diga creer que era posible lograrlos.

Pero poco a poco, a lo largo de marzo, me fui dando cuenta de que esa sensación se iba quitando y que por fin estaba teniendo un poco de esperanza en el futuro. Y comencé a tomar cartas en el asunto.

Por otro lado, comencé a meditar de manera sustentable.

Lo había intentado de varias maneras, pero no lo había logrado y estaba comenzando a pensar que yo era un caso perdido con respecto a esto, a pesar de que hace unos dos años había logrado hacerlo por 30 días gracias a un curso que tomé por Internet.

Lo que realmente me ayudó a lograrlo esta vez fue una app llamada Headspace, la cual recomiendo y recomendaré por siempre (ok, tal vez no por siempre, pero de verdad es muy buena).

(Por cierto, si conoces alguna app o canal de YouTube o lo que sea, en español, que te haya ayudado a tener un hábito de meditación sustentable escríbelo en los comentarios, te lo agradeceré mucho).

Abril

En este mes que acaba de terminar entré en labor de parto, figurativamente hablando. (Si te incomoda esta analogía es porque nos han enseñado a desdeñar todo lo femenino, pero no te preocupes, no pasa nada). 

Comenzaron a tomar forma en mi mente un montón de ideas que habían estado flotando y que no aterrizaban en nada concreto (sobre todo porque no era su momento y necesitaban más gestación).

La palabra (que tomé de Havi) es “percolar”. Se oye mejor en inglés que en español, pero es la idea: como cuando dejas un líquido pasar a través de un filtro y poco a poco se van quedando las partes más sólidas e importantes.

Eso fue lo que me pasó. Gracias a eso, estoy actualizando mi libro y convirtiéndolo en algo mucho mejor. Nivel: infinitamente mejor. 

Me di cuenta de que no sólo a las personas que interactúan con extranjeros se les puede poner la mente en blanco al hablar. Por ello estoy creando algo que ayude a cualquier persona que en cualquier situación se ponga nerviosa al hablar cualquier lengua, incluyendo la materna.

Es decir, personas que se bloquean en exámenes orales o entrevistas de trabajo, que quieren conocer personas pero nunca se les ocurre qué decir para acercarse, que quieren dar una buena impresión en algún lugar al que acaban de llegar (un nuevo empleo o escuela o un nuevo país) y muchas cosas más.

A un año de la publicación de la guía, he aprendido una cantidad increíble de cosas y me emociona sobremanera compartirlas contigo. La nueva edición estará lista, si todo sale bien (y espero que sí) a finales de junio.

Pero por lo pronto me la estoy pasando muy bien creando.

Cosas maravillosas de estos 4 meses:

  • Ver cómo todo se acomodó cuando decidí embarcarme en una misión que había parecido imposible por más de dos años.
  • Sentir que tengo algo muy, pero muy bueno en mi interior y que el mundo se perjudicaría si lo obstruyera o guardara. Claro que me siguen atacando las dudas, pero en el fondo existe esa certeza: lo que soy y lo que sé sirve para algunas personas. (Eeeeeeeeeeeek!).
  • El cielo se está despejando. (Sí, estoy hablando de mi vida en términos metafóricos).
  • Experimentar cómo una ensalada (ni siquiera me gusta comer ensaladas) pudo generar en mí una experiencia estética sublime o: de cuando la gastronomía realmente es un arte.
  • Mi nueva postura existencial: todo lo que me pasa, sea doloroso o agradable, me sirve para aprender algo de mí que no habría aprendido de otra manera y por lo tanto, nada de lo que me pasa puede ser malo.
  • Experimentar sororidad en carne propia. La mejor. sensación. de la vida.
  • Esta mujer y su 1,000 veces maravilloso trabajo.
  • Haber conocido a un hombre hermoso que probablemente jamás se fijará en mí pero cuya sola presencia me ayudó a entender 3,498 cosas sobre el mundo y la vida (y yo) que han sido absolutamente invaluables y que no cambiaría por nada.
  • Estar abierta a la magia de la existencia.

¿Y tú? ¿Qué hiciste estos meses? ¿Alguna cosa maravillosa que quieras compartir? ¿Algo de lo que leíste te dio luz sobre algo de tu vida?

Dos mil dieciséis en retrospectiva 3/3

El mes de diciembre y el 2016 terminó, lo que significa que es hora de hacer el tercer y último recuento del año. La primera parte fue publicada en abril y la segunda a finales de agosto.

El objetivo de estos recuentos es 1) hacer un esfuerzo por plasmar mi vida, lo cual me permite ver qué va bien y qué puede mejorar, así como recordar lo que he hecho y me ha pasado; 2) que me conozcas más, 3) contagiarte las ganas de escribir algo similar.

Vamos.

La última parte del año fue como una montaña rusa de emociones.

Septiembre

En septiembre no tengo recuerdos muy claros de qué hice, pero recuerdo que a mediados de ese mes algo dentro de mí me dijo:

Si quieres lanzar las Anticlases, tienes que hacerlo AHORA.

Y así fue, así lo hice. Es lo que más orgullosa me hace sentir de todas las cosas que hice en el año, pero necesité quitarme unas 28.4 telarañas mentales por segundo.

Octubre

En este mes, que por ser el de mi cumpleaños siempre trae consigo mucha reflexión y una sensación de cambio de piel (como serpiente o algo así), fue bastante intenso y sentí que varias cosas se acomodaron dentro de mí. También comencé unas sesiones de [terapia en el sentido etimológico de la palabra] súper buena pero muy extraña en la que todavía no sé si creo pero veo que funcionan. Ya sé, es raro.

Noviembre

No recuerdo casi nada de los primeros días del mes, pero vaya que recuerdo la sensación horrible que tuve por varios días cuando me enteré de que Trump había ganado las elecciones de Estados Unidos. Estas últimas semanas he estado pensando mucho en si realmente es una tragedia, como se sintió en ese momento, o no.

Y la verdad es que no sé. Económicamente, van a cambiar muchísimas cosas, sobre todo para México, muchas de las cuales no van a ser positivas al inicio, pero tengo cierta esperanza en que de cualquier cambio siempre surge algo positivo, aun si tarda en llegar.

Lo que realmente me preocupa a mí y a mucha gente que lloró lágrimas amargas el 9 de noviembre son las personas en desventaja socioeconómica, tanto de EU como de otros países.

Porque si algo no entiende Trump es la justicia social, la empatía hacia las personas que no son como él, la opresión y el privilegio. Y no lo culpo. Si eres un hombre blanco y eres norteamericano, no tendrías por qué nacer entendiendo eso. El privilegio es invisible para quien lo tiene.

Pero Teal Swan dice que si quieres que alguien desee mucho algo tienes que torturarlo con lo opuesto, y si el resultado de que ese hombre esté en un lugar de tanto poder será violencia, división, odio, opresión y fanatismo, entonces tal vez la gente despierte y desee lo contrario: la unidad, la empatía, el respeto, la diversidad.

E incluso si no es cierto, si casi todo va a ser un caos mundial durante los siguientes 4-8 años, necesitamos mantener viva la esperanza y hacer lo que podamos por nosotros mismos y quienes nos rodean, un día a la vez.

O al menos eso es lo que voy a hacer.

Uno de los aprendizajes más grandes que tuve cuando vi que ese señor había sido elegido fue que muchas de las cosas que quiero hacer (en NOL y en otros lados) no se tratan de mí.

Es decir, que si por mis dudas, mis “fantasmas”, mis miedos, mis creencias limitantes dejo de hacer algo que podría beneficiar a los demás, ayudarles a sufrir un poco menos en sus vidas, estoy siendo profundamente egoísta.

Esa idea es mi nuevo faro.

No le sirve a nadie que yo no use y desarrolle las habilidades que contribuyen algo a los demás. No le sirve a nadie que me deje empequeñecer por mis miedos. No le sirve a nadie que no escriba las miles de palabras que siempre he querido escribir. No le sirve a nadie que me espere a ser “perfecta”.

Eso me motiva.

Diciembre

En este mes fui muy afortunada y comencé a formar parte de un [lugar] que me ha ayudado a tener bastante estructura en mi vida, algo que me fui dando cuenta a lo largo del año que me faltaba (aunque en cierto sentido ya lo sabía).

También comencé a escribir un libro-guía (que no tiene nada que ver con los idiomas) y que espero terminar y compartir a mediados del año porque… ver “noviembre” arriba.

En general el año 2016 fue de comenzar a verme como alguien que tiene algo que aportar (que yo diría que lo somos todas y todos), y de empezar a creerme las cosas buenas que poseo, lo cual, si eres como yo, resulta profundamente difícil.

Asimismo, fue el año en el que descubrí una dimensión espiritual en mí (gracias, en gran medida, a estos videos) y en el que más me lancé a hacer cosas afuera de mi “zona de confort” con la intención 100% consciente de desarrollar una confianza mucho más sólida en mí misma y mis habilidades.

Esto último ha sido lo más incómodo que he hecho en mi vida, y también agotador, porque no ha sido una incomodidad que dure unos días, sino que va conmigo casi todo el tiempo, pero también ha valido la pena cada segundo.

En resumen, siento que todo lo que hice este año fue darme permiso de ver mi propia luz y de llevarle (a quien lo necesita o busca) un poco de ese brillo.


¿Y tú?

¿Cómo estuvo tu año? ¡Nunca es tarde para hacer este tipo de recuentos!


PD: Me interesa mucho que los comentarios sigan siendo un espacio libre de discusiones de política internacional. Gracias  ❤

Dos mil dieciséis en retrospectiva 2/3

El mes de agosto terminó, lo que significa que es hora de hacer el segundo recuento del año. La primera parte fue publicada en abril y la tercera lo será a finales de año, en diciembre.

El objetivo de estos recuentos es 1) hacer un esfuerzo por plasmar mi vida, lo cual me permite ver qué va bien y qué puede mejorar, así como recordar lo que he hecho y me ha pasado; 2) que me conozcas más, 3) contagiarte las ganas de escribir algo similar.

En cuanto a estos cuatro meses del 2016, ya sé que es el cliché más común del mundo, pero se me pasaron súper rápido.

Mayo

En mayo me dediqué a desarrollar un programa para ayudarte directamente (es decir, no a través de un libro o curso) a encontrar una manera de aprender idiomas que funcione para ti.

Por una parte fue muy emocionante y por otra fue aterrador (como cada vez que lanzo algo nuevo que yo creé y que nadie me dijo que creara).

Y aunque me veo obligada a lidiar con mucha incertidumbre, al final vale la pena porque es lo que me gusta hacer, poner mis conocimientos y mi(s) experiencia(s) al servicio de la gente que lo necesita, y porque aprendo muchísimo sobre… todo.

Junio

Necesitas otra lengua cumplió 6 años. Seis. Años. What. The. F***.

Entre otras cosas, tomé por azares del destino un taller de musicoterapia humanista y aunque fue un poco incómodo, me ayudó a entender por fin algo feo que me pasó hace varios años y que, a pesar de que había hecho un montón de cosas para sanarlo / comprenderlo / tratarlo / trabajarlo / etc., no había avanzado tanto como lo hice en las 12 horas del taller.

Quizá suene exagerado, pero en muchos sentidos hubo un antes y un después de ese taller, y siento un gran alivio cuando pienso en todo aquello a lo que le dije que sí para haber estado ahí, aun cuando pudo haber sido más fácil decirme a mí misma que no.

En junio también descubrí la manera más fácil de hacer hand lettering, algo que siempre había querido hacer pero que creía que era súper complicado, y me puse a practicar y practicar de manera semi obsesiva (como buena Scanner que soy) lo cual me generó mucha satisfacción y alegría.

Julio

Este mes, por fin, después de mucho tiempo de no lograrlo, tomé valor y decidí revisar muchos recovecos de mi cuarto / habitación y me deshice de lo que no me hacía feliz conservar.

Lo sorprendente fue que al final, cuando mi escritorio quedó limpio, me sentí muy ligera y muy feliz pero a otro nivel, no solo en cuanto a “mi escritorio está hermoso” sino como si hubiera hecho una depuración profunda de mis emociones, o algo parecido.

En este mes también empecé a leer e investigar sobre un tema apasionante, extraño y súper útil relacionado con las emociones del que tal vez hable en siguientes entradas (todavía no sé cómo porque no entra en el paradigma actual de… casi nada).

Y en este mes también tuve la maravillosa oportunidad de [trabajar] con un grupo de niñas durante tres semanas en las que no solo le perdí el miedo a los niños en general, sino que me di cuenta de que tienen mucho más que enseñarme a mí de lo que yo podría enseñarle a ellos y ellas.

Agosto

Ni siquiera me di cuenta de cómo fue, pero de repente ya era 20 de agosto, con su respectivo “ya se acabó el año”.

Este mes decidí poner manos a la obra en un proyecto más (sí, amo los proyectos, no puedo evitarlo) y creé un par de sistemas que me han hecho, hasta ahora, todo mucho más fácil.

Me siento centrada, comprometida y concentrada en el mejor de los sentidos, y no, como en otras ocasiones, rebelde (hacia mí misma) por estar forzada (por mí misma) a llevar a cabo determinadas actividades en X momento.

Sobra decir que esto ha sido un gran avance y que estoy muy orgullosa de mí misma pues, entre otras cosas, ahora publico todos los días en la página de Facebook del blog (sí le diste “Me gusta”, ¿verdad?) y me siento mucho más “productiva” y creativa que antes.

En conclusión, estos meses han sido de experiencias tremendamente enriquecedoras y muy profundas, de cosas que me han hecho sentirme intensamente agradecida de haberme arriesgado a hacerlas, y que me han dejado experiencias que se van a quedar conmigo por el resto de mi vida.

Cosas maravillosas de estos cuatro meses:

  • Tener tiempo para leer muchos libros a la velocidad a la que me interesa leerlos (mi definición parcial de “felicidad”).
  • Haber tenido una conversación “normal” (o sea, no para practicar) con una estadunidense y haberme dado cuenta de que no tuve el menor asomo de nervios o miedo lingüístico antes, durante o después. Confianza total en mi inglés, aun cuando sé que no es 100% perfecto (ni siquiera mi español es 100% perfecto; nada lo es).
  • Ser valiente e ir al doctor por un problema que yo creía que era complicadísimo y que tuvo la resolución más amable del mundo.
  • Ver con una claridad absoluta cómo las cosas que sí eran para mí fluían y salían bien y las que no, simplemente no.
  • Tener una copia de este libro firmada y entregada en mis manos por el autor mismo :))
  • Tomar “té” de jengibre, ajo y canela con miel y limón y ver cómo se me quitaba, en 7 días exactos y como por arte de magia, una tos incomodísima que me había durado varias semanas y que los medicamentos no arreglaban.
  • ¡Ir al teatro! ¿Ya dije que me gusta mucho el teatro? Pues eso, me encanta.
  • Seguir escribiendo aquí después de tanto tiempo, y sobre todo, atreverme por fin a que Necesitas otra lengua evolucione.
  • Darme cuenta de toda la gente maravillosa que este blog me ha permitido conocer, y de todas las formas en las que, a través de él puedo “actualizar”—como se dice en inglés—mucho de aquello por lo que siento que vine al mundo.

Gracias por estar aquí, y ___________ [inserte cursilerías mil]

Y tú, ¿qué has hecho en este segundo tercio del año? ¿Alguna cosa maravillosa que te gustaría compartir?

¿Cambiar de identidad ayuda con los idiomas?

Te invito a acompañarme en experimento de identidad para ver si, como he leído que sucede, cambiar lo que creemos que somos ayuda a modificar lo que pasa fuera de nosotros.

Pero antes, un poco de antecedentes.

Durante varios años, me he creado (y creído) la identidad de “mata-plantas”.

La primera planta que maté (o, mejor dicho, dejé morir) fue una hortensia. Aunque tenía el color más bonito del mundo, y la regaba diario, hubo un momento de mi vida en el que salía de mi casa a las 6:40 de la mañana y regresaba como a las 10 de la noche, lo que hizo que perdiera el hábito de regarla y la flor se marchitó.

Después mantuve la planta en sí, ya sin flor, con la esperanza de que volviera a salir, pero como no lo hizo, sin querer queriendo la dejé morir.

(No, no me siento orgullosa de eso).

La segunda planta que maté fue una albahaca, una de mis hierbas favoritas para cocinar.

La compré en una maceta mediana y la regaba todos los días. Le iba arrancando hojas para cocinar con ellas, y aunque siempre tuve presente que no había que dejarla sin hojas para que pudiera hacer la fotosíntesis, un buen día se empezó a marchitar y por más que la regaba, ya no tuvo remedio.

La tercera planta que maté (ya, solo son tres) era—en teoría—una planta endémica de México que tiene unas flores amarillas que—en teoría—atraen a las mariposas. No recuerdo cómo se llama.

Un señor en el parque me vendió las semillas (junto con otras muchas cosas) con unas técnicas irresistibles de persuasión y llegué a sembrarlas. Nunca esperé nada de ellas pero para mi sorpresa, comenzaron a salir brotes.

Me emocioné mucho y los cuidaba como si su vida dependiera de mí (sí lo hacía) y no recuerdo qué pasó, o ya lo bloqueé, pero de un día para otro ya no tenía brotes. Murieron.

Esos han sido todos mis intentos por mantener viva una planta que no me han salido.

(Ah, no es cierto, también maté una composta). 😦

Quizá suene muy tonto, pero eso ha sido fuente de frustración en mi vida. Hasta me he convencido de que no me interesan las plantas y que puedo vivir perfectamente bien sin ellas.

Eso hizo que llegara a la conclusión de que soy una persona irresponsable, por ejemplo, e incluso me repito a mí misma que debería tener un cactus o algo más independiente para que no muera.

Cabe aclarar que es inconsciente lo que me pasa. No tengo claro en qué momento dejo de regar las plantas, o qué señales de que se están muriendo no veo, o qué pasa. Lo único que sé es que tiene que ver con mi ignorancia sobre temas del jardín, entre otras cosas nebulosas.

Pero hace unas semanas estaba platicando con mi amiga Ch, quien tiene un gran amor por las plantas y le dije que me gustaba mucho el cilantro, el perejil y la menta y me regaló semillas de las dos primeras.

Me dije a mí misma, las voy a sembrar y no dejaré que se mueran. (Hoy voy a cambiaaaar).

Pero no lo hice porque mi identidad de mata-plantas me ganaba.

Entonces, sin que yo me lo esperara, un día ella llegó con una plantita bebé de menta. Lo primero que hice fue emocionarme y luego preocuparme porque mi mata-plantismo ya tenía una nueva víctima.

Después, la pasé a una macetita que no recordaba que tenía guardada y la dejé bajo el sol, junto al resto de plantas que viven en mi casa (y que han sobrevivido porque no están a mi cargo, evidentemente).

Al día siguiente me di cuenta de que la pobre menta se estaba quemando, y entré en pánico, pero como no se había muerto había esperanza. La puse en un lugar con más sombra y le puse agua.

Como vi que le gustó su nuevo lugar, una esperanza comenzó a nacer dentro de mí: ¿Y si esta vez puedo no solo no matar una planta, sino hacer que viva y que explaye toda su tendencia natural al crecimiento?

Estos días he estado cuidando la menta. Pienso en ella todos los días. La voy a visitar en las mañanas y veo si el lugar en el que está le sigue gustando. Le echo agua. Voy viendo que tiene unos brotes mini y casi lloro de la emoción.

Hasta me animé a sembrar las otras semillas que Ch me regaló.

Y entre todo esto, se me ocurrió algo que había leído antes:

Quizá las plantas que han perecido lo han hecho porque yo pienso de mí que soy una mata-plantas.

Si dejo de pensar que lo soy, y lo que es mejor, si pienso que soy una cuida-plantas, o una persona que tiene lo que se necesita para tener un pequeño jardín, incluso ANTES de que la realidad me lo demuestre, ¿qué pasaría?

He estado jugando con esa idea. Cambiar de identidad de mata-plantas a cuida-plantas es difícil. No lo sabía, pero hay un montón de sentimientos y emociones estancados en eso, y veo cómo surgen dentro de mí voces de alarma:

Si soy una cuida-plantas, ¿significa que  soy responsable, que soy cuidadosa? ¿Qué va a pasar ahora en otras áreas de mi vida si me doy cuenta de que no soy tan irresponsable como creía?

De verdad me da miedo.

Haber sembrado las semillas está mostrando cosas de mí que no había querido ver. Por ejemplo, que para muchas cosas soy una mujer de poca fe. Si no veo resultados rápidos, entonces creo que no sirve.

Pero con las semillas no hay de otra, solo paciencia. Soy muy impaciente, y unos fetos de planta me ponen a prueba.

La verdad es que no sé si las plantitas van a seguir vivas durante mucho tiempo.

Pero estoy haciendo lo mejor que puedo. Estoy atreviéndome a dejar caer una identidad que yo tenía y que, por lo visto, no me estaba sirviendo. Estoy dejando que las plantitas me enseñen cosas que necesito aprender sobre mí, y estoy permitiendo que surjan cualidades positivas que tengo que, por miedo o por qué sé yo, no suelo dejar salir o admitir que poseo.

Es toda una aventura, y me gustaría invitarte a vivirla conmigo, si es algo que te interesa:

Para hacerlo, puedes pensar en alguna identidad que tengas, algo que opines sobre ti mismo(a). Por ejemplo, “soy mala para los idiomas”. “Soy pésimo para la pronunciación / para la gramática”. “No tengo suficiente disciplina para estudiar todos los días”.

Después, elige lo opuesto: “soy buena para los idiomas”. “Soy bueno para la pronunciación / para la gramática”. “Sí tengo suficiente disciplina para estudiar todos los días”.

No tienes que creértelo (de hecho, tu mente te va a decir que estás loco(a)). Solo observa qué sucede. Es muy probable que te enojes y comiences a sentirte amenazado(a): “¡Yo no soy así!”

Si te interesa, comienza a jugar y a encontrar pruebas de que quizá esa nueva identidad es algo real en ti. Por ejemplo, observa cuándo tienes suficiente disciplina, aunque sea para lavarte los dientes todos los días.

Quizá poco a poco la vieja identidad se vaya cayendo. Quizá no. Pero realmente creo que vale la pena probársela, como si de una prenda nueva se tratara, solo para ver qué pasa o qué surge, para saber un poco más de nosotros mismos.

¿Aceptas mi invitación? No tiene que ser ahora, de hecho es mejor si es a tu propio tiempo, cuando te sientas listo(a).

Gracias por leer.

No necesito consejos (gracias), pero me gustaría leer historias parecidas y muestras de empatía en los comentarios. ❤

Dos mil dieciséis en retrospectiva 1/3

El mes de abril terminó, lo que significa que es hora de hacer el primer recuento del año. La segunda parte será publicada a finales de agosto y la tercera a finales de año, en diciembre.

El objetivo de estos recuentos es 1) hacer un esfuerzo por plasmar mi vida, lo cual me permite ver qué va bien y qué puede mejorar, así como recordar lo que he hecho y me ha pasado; 2) que me conozcas más, 3) contagiarte las ganas de escribir algo similar 🙂

Enero

Como ya es prácticamente tradición para mí, cuando inició enero decidí no hacer “propósitos” de año nuevo ni nada por el estilo. Solo me plantée un par de intenciones para cómo quería que fuera el año y a partir de ahí todo fue viento en popa.

Obvio no, es broma.

En realidad fue un caos. El 5 de enero recibí una oferta que no pude rechazar (lol) que hizo que considerara cambiar radicalmente mis ideas para el año y me llenó de muchísimas ilusiones.

Y después, el 6 de enero, recibí un correo en el que esa oportunidad se volvió imposible, lo cual que me regresó a mis planes originales, con el añadido de un montón de aturdimiento y un poco de tristeza por un tiempo.

Ahora que lo pienso, fue un inicio de año muy extraño, como cuando te despiertas en un lugar que no conoces bien y tardas un poco de tiempo en recordar qué haces ahí y por qué sientes que tu cama está al revés.

Febrero

En febrero, entre otras cosas, visité una institución llamada “Alimento para todos” en el oriente de la Ciudad de México.

Lo que hacen ahí es recibir comida que los supermercados ya no pueden o quieren vender (aunque sigue buena) y gracias a personas que donan su tiempo y su dinero, llevan esos alimentos a grupos que realmente los necesitan.

Yo tuve la oportunidad de ser voluntaria durante unas cuantas horas, y fue una experiencia realmente grata.

Desde hace algún tiempo, tengo la terrible idea de que no me siento tan útil como me gustaría, y ser voluntaria me ayudó a sentirme útil al fin.

Me cuesta trabajo hablar sobre esto porque siento que para muchas personas decir que fueron voluntarios o que hicieron actos “humanitarios” es una forma de presumir, de decir indirectamente Mira, yo soy mejor que tú.

O al menos mucha gente lo siente así.

Pero de verdad yo no pienso eso, para nada. No me siento como una persona superior solo por ser voluntaria o por ayudar a los demás.

Ay, ni siquiera sé por qué estoy escribiendo esto último, ahora parece que lo siento y que lo digo para que no parezca que lo siento. 

En fin, sé que comprendes 🙂

En febrero también fui a una cata de té de las que organiza Las rutas del té. Siempre me sorprende la capacidad de Marisol para crear experiencias llenas de una profunda belleza y de mucha magia.

Las palabras me quedan cortas, ve a su blog y ve su Instagram para que veas lo que me refiero y lo sientas por ti misma(o).

Marzo

Este mes necesité mucha perseverancia y mucha, mucha resiliencia. Como quizá ya sabes, fue el mes en el que le puse los puntos finales a mi primera guía digital.

Si alguna vez has querido terminar y publicar un proyecto, sabes que no es nada fácil, tanto por razones emocionales como por razones logísticas.

Por lo tanto, me enfrenté a muchos demonios como:

“¿quién crees que eres?” o “nunca vas a poder ser original” o “todo lo que haces apesta” o “a nadie le va a gustar tu guía”

Necesité centrarme mucho para seguir adelante y para no dejarme vencer por ese crítico interno que tengo. Lo bueno es que tengo herramientas para lidiar con los miedos, y gracias a ello pude seguir adelante.

Y claro, con el apoyo de mi accountability partner, quien por cierto me hizo una entrevista en video (ay) super divertida y llena de un par de historias y opiniones mías de la que nunca he escrito en el blog.

En marzo también tuve la oportunidad de ir a ver una transmisión de esta versión de Hamlet y fue una experiencia muy ¿revitalizadora? (ok, la palabra es nourishing).

Nunca había visto a Shakespeare en escena (no me juzgues) y realmente me sentí como una persona diferente antes y después de hacerlo. Poder del arte, activado.

Abril

Después de todo el trabajo que hice y del hecho de que no me dejé caer a pesar de la incertidumbre, publiqué Aplaca tus miedos.

Fue una sensación muy intensa (más bien un conjunto de sensaciones) pero me ayudó el entender-recordar que no lo estaba haciendo por mí, sino que todo lo que contiene fue concebido y está hecho para que otras personas se beneficien de ella, por lo que no publicarla solo por temor era egoísta.

(Eso último lo dice elocuentemente Barbara Sher en este mini video).

Por otro lado, siempre que es el cambio de horario mi organismo tarda varios días en ajustarse y parezco zombie durante al menos una semana porque mis horas para dormir, comer y despertar se ven muy alteradas.

Todavía quiero seguir practicando prever esto (pues pasa dos veces al año), y prepararme para la invasión zombie (duh) haciendo lo más que pueda antes del cambio de horario para que durante esa semana pueda descansar y estar lo más relajada posible.

Abril terminó siendo un mes muy intenso emocionalmente para mí, rompí con varias barreras que tenía (muchas de las cuales me dolió hacer conscientes) y siento que crecí bastante, en general.

También tuve una experiencia con extranjeros que me resultó exageradamente fuerte (de la cual te contaré muy pronto).

En resumen, este primer tercio de año ha sido muy satisfactorio porque he estado en un estado constante de incomodidad (¡como el año pasado!). De hecho, creo que ya ni siquiera me incomoda tanto la incomodidad, de tan cotidiana que la he vuelto. Huh.

Sigo saliendo mucho de mi zona de confort, sigo aprendiendo muchísimo y sigo avanzando para convertirme en la persona que quiero ser (mientras reconozco todo lo que he hecho y a lo que he llegado).

Cosas maravillosas de estos meses:

-que una persona que no me conocía me escribiera de la nada para ayudarme a salir bien en una entrevista

-sentirme cada vez más parte de una comunidad con mis nuevos amigos ❤

-tomar té verde con jazmín sin quemarlo

-salir seguido con I y D

-haber escrito mucho en este blog y en mi journal

-permanecer a salvo de la influenza estacional (contra todo pronóstico)

-encontrar a esta autora de libros bastante extraños pero increíblemente útiles

-darle clases de escritura de ensayo al alumno ideal 😀

-ver muchas flores hermosas en las calles (a pesar de que me dan alergia)

-retomar la amistad con dos amigas muy queridas que llevaba mucho tiempo sin ver

-fui al teatro y amo el teatro y he visto puras obras buenas

-tener suficiente tiempo para descansar y reponerme

-mucha gente mostró interés en Aplaca tus miedos (lo cual anuló por completo lo que temían mis temores)

-encontrar por casualidad dónde venden xoconostle deshidratado (¡Gracias, México!)

-sentir que estoy caminando hacia lo que sueño de mi vida

¿Cómo va tu año? Si estos textos te inspiran a hacer tu propio recuento, me encantaría leerlo en los comentarios