Dos mil diecisiete en retrospectiva 1/3

Tradición del blog: escribo recuentos del año en curso tres veces, una en abril (esta que lees), una en agosto y otra en diciembre. Me gusta hacerlas porque tomo una pausa para ver con calma qué ha sucedido y porque mi sabiduría actual le echa luz a mi pasado y siempre me doy cuenta de cosas super útiles. Altamente recomendado. 

Enero

En este mes sentí como si no fuera real que el 2017 ya había comenzado.

Como dije en esta entrada, los últimos meses del 2016 se sentían como si el mundo se fuera a acabar en cualquier momento, y por lo tanto, los primeros meses de este año también fueron un poco así por todo lo que pasó (y sigue pasando) en Estados Unidos.

Este mes me gustó mucho al final porque me invitaron a participar en un curso de educación popular y di un taller sobre emociones, una de las cosas que más me gusta hacer en el mundo. Aprendí muchísimo y fui muy feliz. 

Febrero

Este mes, entre otras muchas cosas, vi muy claramente cómo las decisiones que tomo no sólo me afectan a mí, tanto para bien como para mal.

Mi amiga I y yo queríamos tomar desde hace mucho un taller y ninguna de las dos habíamos encontrado cómo ni dónde, y yo conocía a una persona que podía darme informes pero no me había atrevido (desde noviembre) a contactarla. 

Un buen día de febrero me armé de valor y le pregunté sobre el taller y le comenté a I. Ella a su vez invitó a otras personas (porque el taller estaba a punto de empezar por esas fechas, señal divina) y al final yo no pude entrar por el horario pero ellas sí.

Noté que cuando me atrevo a hacer cosas que me da miedo hacer, no sólo se trata mí, repercute en otras personas para bien. Quizá el anterior es un ejemplo un poco soso, pero fue muy tangible y creo que eso pasa todo el tiempo pero no lo vemos:

Lo que hacemos resuena en los demás, no estamos solos en el mundo.

Esto puede dar mucho miedo si lo pensamos de cierta forma, pero en otro sentido también libera.

Por ejemplo, si yo supero un trauma que llevo arrastrando durante años o si yo aprendo a manejar mis emociones o si yo aprendo a desengancharme de las peleas, otras personas también se benefician, por dos razones fundamentales:

1) Porque todos los seres humanos estamos conectados y relacionados, aunque no queramos.

y 2) Porque según algunas formas de pensar, en realidad todos somos uno, una misma cosa. (Yo sí lo creo). 

Marzo

Aquí comencé a centrarme, por fin, al mismo tiempo que la incertidumbre global empezó a reducirse un poco gracias a que el miedo que le tenemos al presidente de EU se convirtió en… burlas.

Una vez leí un artículo (ojalá puedas leerlo) que decía que cuando las personas estamos en una situación muy difícil nos da una cosa llamada “low-level dread”, algo así como terror de bajo nivel (¿?), que implica, entre otras cosas, que dejamos de pensar en el futuro.

Cuando lo leí, en febrero, dije: “No inventes, yo tengo eso”, y así me sentía, era muy real.

Quería esforzarme por pensar en el futuro y simplemente no podía. Me resultaba imposible hacer planes, ni se diga creer que era posible lograrlos.

Pero poco a poco, a lo largo de marzo, me fui dando cuenta de que esa sensación se iba quitando y que por fin estaba teniendo un poco de esperanza en el futuro. Y comencé a tomar cartas en el asunto.

Por otro lado, comencé a meditar de manera sustentable.

Lo había intentado de varias maneras, pero no lo había logrado y estaba comenzando a pensar que yo era un caso perdido con respecto a esto, a pesar de que hace unos dos años había logrado hacerlo por 30 días gracias a un curso que tomé por Internet.

Lo que realmente me ayudó a lograrlo esta vez fue una app llamada Headspace, la cual recomiendo y recomendaré por siempre (ok, tal vez no por siempre, pero de verdad es muy buena).

(Por cierto, si conoces alguna app o canal de YouTube o lo que sea, en español, que te haya ayudado a tener un hábito de meditación sustentable escríbelo en los comentarios, te lo agradeceré mucho).

Abril

En este mes que acaba de terminar entré en labor de parto, figurativamente hablando. (Si te incomoda esta analogía es porque nos han enseñado a desdeñar todo lo femenino, pero no te preocupes, no pasa nada). 

Comenzaron a tomar forma en mi mente un montón de ideas que habían estado flotando y que no aterrizaban en nada concreto (sobre todo porque no era su momento y necesitaban más gestación).

La palabra (que tomé de Havi) es “percolar”. Se oye mejor en inglés que en español, pero es la idea: como cuando dejas un líquido pasar a través de un filtro y poco a poco se van quedando las partes más sólidas e importantes.

Eso fue lo que me pasó. Gracias a eso, estoy actualizando mi libro y convirtiéndolo en algo mucho mejor. Nivel: infinitamente mejor. 

Me di cuenta de que no sólo a las personas que interactúan con extranjeros se les puede poner la mente en blanco al hablar. Por ello estoy creando algo que ayude a cualquier persona que en cualquier situación se ponga nerviosa al hablar cualquier lengua, incluyendo la materna.

Es decir, personas que se bloquean en exámenes orales o entrevistas de trabajo, que quieren conocer personas pero nunca se les ocurre qué decir para acercarse, que quieren dar una buena impresión en algún lugar al que acaban de llegar (un nuevo empleo o escuela o un nuevo país) y muchas cosas más.

A un año de la publicación de la guía, he aprendido una cantidad increíble de cosas y me emociona sobremanera compartirlas contigo. La nueva edición estará lista, si todo sale bien (y espero que sí) a finales de junio.

Pero por lo pronto me la estoy pasando muy bien creando.

Cosas maravillosas de estos 4 meses:

  • Ver cómo todo se acomodó cuando decidí embarcarme en una misión que había parecido imposible por más de dos años.
  • Sentir que tengo algo muy, pero muy bueno en mi interior y que el mundo se perjudicaría si lo obstruyera o guardara. Claro que me siguen atacando las dudas, pero en el fondo existe esa certeza: lo que soy y lo que sé sirve para algunas personas. (Eeeeeeeeeeeek!).
  • El cielo se está despejando. (Sí, estoy hablando de mi vida en términos metafóricos).
  • Experimentar cómo una ensalada (ni siquiera me gusta comer ensaladas) pudo generar en mí una experiencia estética sublime o: de cuando la gastronomía realmente es un arte.
  • Mi nueva postura existencial: todo lo que me pasa, sea doloroso o agradable, me sirve para aprender algo de mí que no habría aprendido de otra manera y por lo tanto, nada de lo que me pasa puede ser malo.
  • Experimentar sororidad en carne propia. La mejor. sensación. de la vida.
  • Esta mujer y su 1,000 veces maravilloso trabajo.
  • Haber conocido a un hombre hermoso que probablemente jamás se fijará en mí pero cuya sola presencia me ayudó a entender 3,498 cosas sobre el mundo y la vida (y yo) que han sido absolutamente invaluables y que no cambiaría por nada.
  • Estar abierta a la magia de la existencia.

¿Y tú? ¿Qué hiciste estos meses? ¿Alguna cosa maravillosa que quieras compartir? ¿Algo de lo que leíste te dio luz sobre algo de tu vida?

4 comentarios en “Dos mil diecisiete en retrospectiva 1/3

  1. Rosa

    Hola Georgina !
    “todo lo que me pasa, sea doloroso o agradable, me sirve para aprender algo de mí que no habría aprendido de otra manera y por lo tanto, nada de lo que me pasa puede ser malo.” este fragmento me hace pensar en la forma en como Oprah Winfrey concluye una de sus conferencia señalando que los errores no existen, que en realidad los fracasos están allí para guiarnos hacia nuestro destino supremo . Puedes encontrarlo en youtube como “Oprah There Are No Mistakes”. Realmente lo recomiendo .

    1. Hola Rosa, muchas gracias por tu comentario. Yo creo eso también aunque a veces la sociedad es muy dura e insiste en hacernos creer que hemos fallado si no cabemos en sus estándares. Saludos

Vamos, di algo...

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