¿Tienes una decisión que tomar?

A lo largo de toda mi vida me he considerado una persona indecisa.

Soy el tipo de persona que se agobia ante la incertidumbre y ante las posibilidades, y mi principal obstáculo para tomar decisiones es que pienso mucho y siento mucho.

Y no ayuda que mi mente automáticamente se viaja (se malviaja, mejor dicho) al futuro, pero no a una utopía, sino a todo lo que puede estar mal y va a salir mal.

Me gustaría decir que ahora soy un as de tomar decisiones pero estaría mintiendo. A veces, sobre todo entre más importante sea lo que necesito decidir, me agobio, me angustio y se me cierra el mundo.

Sin embargo, he encontrado una forma que me ha ayudado bastante, sobre todo con las decisiones binarias, es decir, aquellas que solo se tratan de sí o no.

El proceso completo (que viene del focusing) es mucho más complejo de lo que podría explicar aquí, pero en esencia es lo siguiente:

Ejemplo

Supongamos que llevas mucho tiempo luchando contra el inglés y ya te hartaste porque no ves progreso y sientes en el fondo que no sirves para eso y jamás lo vas a aprender y que de todos modos ni siquiera te lo han pedido para los trabajos a los que has aspirado.

Supongamos, también, que te estás convenciendo a ti misma/o de darle una última oportunidad al inglés pero no está funcionando, sobre todo porque hay otra vocecita en tu cabeza que te hace cuestionarte y dice algo así como:

¿Y si mejor solo lo dejas ir y decides que te vas a quedar con el nivel de inglés que tienes y eliges vivir feliz con eso?

(Que quede claro que esto último no es una “excusa” ni nada parecido, es una opción genuina que está surgiendo de un lugar sano en la mente de la persona que lo está diciendo).

Ahora, siguiendo con lo que estamos suponiendo, pensemos que estás considerando ambas opciones, que ves beneficios en ambas y no puedes tomar una decisión.

Has hecho tus listas de pros y contras y como que ninguna te acaba de convencer del todo. Te sigue dando vueltas en la cabeza y solo te agobias cada día más.

Te propongo lo siguiente

La esencia de esta manera de tomar decisiones consiste no tanto en pensar, sino en sentir.

Por ello, necesitas cierta tranquilidad y relajamiento para llevarla a cabo.

Se trata de que tengas muy claro cuáles son tus opciones, y sientas, con cada una de ellas, qué opinarías de ti misma/o.

Siguiendo con el ejemplo de arriba, las opciones serían:

a) Darle una oportunidad más al inglés (con algo que sí creo que tiene posibilidades de funcionar, no con lo mismo que he intentado siempre)

y

b) Dejar ir al 100% la presión de saber más inglés y dedicarle mi energía física mental y hasta espiritual a otras cosas que quiero o necesito hacer

Ahora, el paso siguiente sería respirar profundamente hasta encontrar cierta calma interna, y pasar la “película” de la opción a) como si ya la hubiera elegido, poniendo atención en cómo se siente en mi cuerpo y,

muy importante,

notando qué opino de mí después de haber tomado esa decisión

es decir, cómo embona esa elección en la imagen que tengo de mí misma.

Aquí necesitas tener cuidado y dejar que surja dentro de ti esa sensación, es decir, no intentes forzarlo con tu mente pensando en qué es lo que opinarías. Y mucho menos en qué es lo que opinarían otras personas.

Este ejercicio es algo muy personal, una oportunidad de que nuestra sabiduría interna se comunique con nosotros.

Cuando termines, tomas nota de lo que te “llegó” y lo escribes (o, si no quieres, lo guardas en tu mente y lo tienes muy muy claro).

Después, tomas la opción b) y vuelves a hacer lo mismo: imaginarte que ya elegiste eso y preguntarte qué opinas sobre ti al haber tomado esa decisión.

Al final registras qué sentiste en esta segunda ocasión y, si no es claro para entonces (lo más probable es que sí lo sea), comparas ambas notas.

¿Cuál de las dos opciones te hizo sentir mejor contigo misma/o?

¿Con qué decisión te quedas con una imagen más positiva de ti?

¿Cuál se siente bien, en general?

Listo, usted ha tomado una decisión.

😀

Resumen

Si necesitas tomar una decisión y tu lista de pros y contras simplemente no funciona, prueba relajarte y sentir en tu cuerpo qué opinarías de ti misma/o después de elegir cada una de las opciones.

Es un proceso que lleva práctica, como todo, por lo que te invito a intentarlo al menos unas tres veces, con decisiones pequeñas que sientas que no son tan fuertes (desde qué ponerte hasta qué comer o adónde salir) para que le vayas “agarrando la onda”, como se dice por acá.

También sirve para elegir qué lengua estudiar si estás en un dilema, o incluso para decidirte por un método o un libro o ese tipo de cosas.

Esta herramienta es hermosamente útil (sobre todo si recuerdas que existe).

Si la usas, no dudes en comentarme qué descubriste sobre ti y, sobre todo, qué decisión te ayudó a tomar.

Y si sientes que necesitas un poco más de apoyo para tomar alguna decisión, pon atención a tu correo, pues estoy por enviarte información sobre algo que te puede servir para eso.

¿Te suele costar trabajo tomar decisiones? ¿Qué te ha servido para hacerlo de manera más fácil? ¿Qué acaba pasando cuando te enfrentas a una decisión?

Dos mil diecisiete en retrospectiva 2/3

Tradición del blog: escribo recuentos del año en curso tres veces, una en abril, una en agosto (esta que lees) y otra en diciembre. Me gusta hacerlas porque tomo una pausa para ver con calma qué ha sucedido y porque mi sabiduría actual le echa luz a mi pasado y siempre me doy cuenta de cosas útiles. 

Debo confesar que se me andaba olvidando que a finales de agosto corresponde hacer esta segunda parte de la retrospectiva del año.

Eso, y que también siento mucha resistencia a revisar o repasar los últimos meses. La verdad no entiendo muy bien por qué, pero es como si me diera miedo encontrar cosas que ya había medio bloqueado o negado.

Siempre me sorprende lo mucho que olvido cosas que en su momento parecían lo más grande o importante de mi vida (y bueno, en cierto sentido lo eran porque constituían mi presente).

Eso solo me recuerda que todo pasa, lo “bueno” y lo “malo”, nada permanece.

Bueno, ya.

Mayo

Este fue uno de esos meses raros donde pude concentrarme muchísimo en un proyecto. Todos los días, hasta los fines de semana, trabajaba en él, pero no porque me forzara, sino porque había tomado un ritmo hermoso.

Al mismo tiempo, fue un mes en el que sentí que había progresado mucho en un [tema en específico que he venido arrastrando prácticamente toda mi vida] y después… no, lo cual fue muy fuerte para mí porque volví a visitar esas temibles cavernas de mi mente que tienen escrito en las paredes: “Nada de lo que has intentado funciona”.

Sin embargo, ahora que lo veo con distancia, fue realmente un mes en el que se gestaron muchas cosas muy buenas que ahora estoy disfrutando. Pero vaya que fue difícil.

Junio

En junio escribí el primer cuento que he escrito en mi vida motu proprio. Soy mundialmente famosa por no poder escribir ficción pero este cuento fue especial. No, no lo puedes leer (¿aún?). Quizá en un par de años.

Es sobre algo muy fuerte que estuvo a punto de pasarme pero no pasó y recurrí a la ficción para sacarlo de mi sistema. Amé (re)encontrarme con la parte de mí que encuentra un valor muy grande en la literatura.

En otro sentido, mi cuerpo resintió mucho este mes. Parte de lo que escribí arriba, sobre cómo estaba logrando proyectear a un ritmo agradable, etcétera, mi mente lo convirtió (algo que me pasa mucho) en un deber y en una meta y en una razón para exigirme resultados a mí misma.

Este es un patrón muy arraigado en mí, que no me sirve mucho que digamos, pero que está presente. Este mes me enfermé del estómago nivel antibiótico y me torcí el tobillo cayéndome en un hoyo en la calle bajo la lluvia, por mencionar sólo lo más aparatoso.

Aquí también comencé otra vez desde cero a meditar porque lo había dejado porque si no no sería yo. Intenté darle mil vueltas a no pagar la app de Headspace en los meses anteriores, buscando alternativas y todo eso, pero nada la supera. De verdad vale la pena, al menos para mí, y cada peso pagado tiene sentido, al menos para mí.

En resumen, siento que en junio aprendí lecciones que no había aprendido en años y tomé un montón de riesgos que no me había atrevido a tomar antes.

Además, terminé un curso que había comenzado a tomar hace más de dos años (¿o eran tres?) y eso siempre ayuda, como que se pone en movimiento la energía o algo así.

Julio

Empecé este mes un poco destanteada porque hice un pequeño viaje y eso siempre me desorienta. Pero esa falta de oriente (sic) no se comparó con lo que sentí como a mediados del mes, cuando una coach me hizo ver algo que de verdad no quería ver; es más, que llevaba años ignorando casi activamente porque dolía.

Fue uno de esos momentos fundamentales en la vida que son como un turning point, un antes y después, en los que ya no puedes seguir fingiendo que la realidad no existe y enfrentarse a ella DUELE UN MONTÓN.

Claro que al final fue lo mejor que me pudo haber pasado en lo que va del año, pero estuve en una crisis bastante fuerte un par de días.

Este mes mi cuerpo también sufrió considerablemente por un [desequilibrio] persistente que me generaba mucho malestar. Y luego fue el Jiu Jitsu. 😀

Fui a un par de clases de este arte marcial japonesa gracias, de hecho, a una lectora de este blog (¡hola, P!) y fui profundamente feliz por dos días. Después mis músculos sufrieron mucho por otros dos días pero valió la pena.

En julio también hubo un cambio bastante grande en mi vida que hizo que muchas cosas cambiaran y ahora que lo veo con los sabios ojos del futuro, me doy cuenta de que realmente no me di la oportunidad de dejar ir lo que fue y darle la bienvenida a lo que es, lo cual tiene que ver con que no le quise dar mucha importancia (pero sí la tuvo y la tiene).

Julio marca el mes en el que me abrí un poco más a sentir y a recibir la vida más como es y menos como yo creo que tiene que ser. Sobra decir que no es fácil, pues por algo (o muchos algos, en realidad) me he aferrado durante toda mi vida a querer controlar todo lo que pasa.

En fin.

Agosto

Creo que parte de aquello por lo que me resistía a hacer esta retrospectiva era este mes. Ay, agosto, ¿qué onda contigo? Si agosto es el mar, yo me quedé atrapada en las olas y me di unos 15 revolcones. Al día.

Leo mis notas y digo “auch por siempre” de todo lo que me pasó, sobre todo a nivel emocional. Es muy largo de contar, pero solo diré que tener apego ansioso is a real bitch y no se lo recomiendo a nadie.

Luego: las lluvias. Ya sé que no me puedo quejar porque cientos de personas han perdido sus pertenencias e incluso hasta la vida por los huracanes, y de verdad lo siento mucho, me gustaría que no fuera así, y mi corazoncito de pollo sufre mucho cuando ve las noticias.

Sin embargo, negar el hecho de que para mí, aun con los privilegios que tengo, ha sido muy difícil (sobre todo emocionalmente) moverme en la ciudad con las lluvias, sería una especie de auto abandono, y eso es lo que menos quiero hacer.

Hola, sí he sufrido y mi sufrimiento es válido aunque haya gente que sufre mucho más que yo. No es una competencia. 

De hecho, hablando de eso, este mes por fin comprendí lo que se siente como La Clave de la Vida: que si logramos validar y presenciar todas las emociones de nuestra(o) niña(o) interna(o), ella o él dejan de sufrir, y por lo tanto, nosotros podemos ser más libres.

Esto ya lo “sabía” intelectualmente, gracias en gran parte al hermoso y sumamente importante trabajo de Bethany, pero por fin lo comprendí de comprender, a un nivel muy profundo.

El resultado de los revolcones en el mar de agosto fue, entre otras cosas, un resfriado, a fin de mes, que se complicó (otra razón por la que publiqué esto casi una semana después del 31) y todo el estrés-por-hipocondria que eso conlleva.


No me deja de sorprender lo intenso que fueron para mí estos cuatro meses, ahora entiendo por qué lo evadía tanto 🙂

Pero me fue muy útil notar todo lo que ha pasado; hasta me di cuenta de que hay cosas que todavía no he procesado muy bien, y sobre todo entendí por qué de repente solo dejé de trabajar en el proyecto al que tanta diligencia puse en mayo.

Cosas maravillosas de estos cuatro meses:

  • Comprar una lata entera de mi té favorito :3
  • Las diosas. El oráculo de las diosas (¡!). Los oráculos aunque no sean de diosas. Ohmygod(dess) esto me hace muy feliz.
  • Dar un salto cuántico para sanar [tema de años que mencioné arriba], algo con lo que, estaba convencida, sentía que nadie me iba a poder ayudar. SÍ ME ESTÁN PUDIENDO AYUDAR, TODO EN ORDEN, GRACIAS MÉXICO.
  • Por fin por fin por fin terminar una relación-no-relación que me desgastaba considerablemente.
  • Aprender y volver a reaprender (sic) a disfrutar la vida. Suena fácil, no lo es.
  • Sentirme agradecida por poder caminar y moverme y tener movilidad (que no es lo mismo), así como por la resiliencia de mi cuerpo y su mágico poder de sanación. ❤
  • Hallar y leer algunos de los maravillosos libros de JSB y todo el orden que le trajeron al caos.
  • Reencontrarme con partes de mí que creía que estaban perdidas o que pensaba que ya no eran mías. (Sí lo son y están vivas).
  • Reunirme con mi profundo amor a la literatura en inglés gracias a bp.com.
  • Conectarme con mi fuerza creativa, poco a poco. Todavía no sé muy bien hacia dónde me quiere llevar, pero puedo sentirla y creo que es una buena señal.
  • Tener los recursos necesarios, de todo tipo, para navegar la vida. Aunque a veces las olas me arrastren un poco, aquí sigo y no he hecho más que aprender y crecer. Y eso es lo que cuenta.

Tu turno. Cuéntamelo todo. ¿Qué aprendiste o cómo creciste en estos cuatro meses? ¿Qué te pasó, qué creaste o qué construiste?

No necesitas escribirlo aquí en público, puedes escribirlo para ti misma. Lo importante es generar una pequeña reflexión sobre nuestros días, pues hay mucha riqueza en ello.

Si te diste cuenta de algo de tu vida al leer sobre la mía, me encantaría saberlo 🙂

Fuerza

Generalmente, cuando escribo una entrada de este blog, no sé muy bien cómo va a empezar pero pasa algo así:

Tengo una idea de lo que quiero decir, algo dentro de mí sugiere un comienzo, y de ahí sigo escribiendo con la conciencia de que no tiene que ser perfecto, que de todos modos siempre puedo cambiar las palabras que no me gusten.

Casi nunca he cambiado el inicio de un texto, en general suele funcionar.

Sin embargo, para llegar a este punto (o sea, a esta palabra que estás leyendo ahora) escribí cuatro inicios distintos y los borré. No sabía muy bien qué enfoque le quería dar a lo que necesito decir, pero creo que está relacionado con eso.

Con el miedo a la hoja en blanco que, con ligeras variaciones dependiendo de la persona, es una especie de forcejeo y una búsqueda por controlar lo que no se puede controlar.

Esto último ha sido un gran tema en mi vida últimamente. Me he dado cuenta, por un montón de circunstancias aparentemente inconexas, de que tengo una gran [necesidad] de sentir que controlo las cosas. (Hola, ansiedad).

Parte de querer controlarlo todo resulta en una especie de incapacidad o falta de voluntad para fluir con el presente, con lo que es.

Y en un forcejeo intenso, una lucha constante, contra mí misma sobre todo, contra mis deseos verdaderos. Es muy desgastante.

El punto de esta entrada es compartir lo mucho que he notado que me fuerzo (“forzar” se conjuga como “torcer”) a hacer las cosas, “por mi bien”.

Que siento que si no me estoy obligando o forzando a hacer algo, no lo voy a hacer nunca.

A mucha gente le pasa

Estoy consciente de que no soy la única a la que le sucede esto. Por eso escribo sobre el tema.

Sé que, si eres como muchas personas que conozco, vas por la vida obligándote a aprender inglés, y oh sorpresa, lo abandonas a las dos semanas porque a quién le va a gustar que la fuercen a hacer las cosas. (Rebeldía, anyone?)

Esto tiene mucho que ver con la cultura en la que vivimos, donde no se confía en las personas. Es como si el discurso subyacente fuera: “¿Cómo crees que tú sabes lo que es mejor para ti? Obvio no. Deja que yo te enseñe”.

Y entonces nos dejamos forzar, desde el jardín de niños hasta el posdoctorado, pasando por todos los trabajos que hemos tenido y la forma en la que nos trataron nuestros padres; aprendemos a forzarnos a nosotras mismas y nos dejamos meter esa idea en la cabeza:

Si no me obligo a hacer las cosas no voy a hacer nada,

o

La única forma en la que salen las cosas es forzándome a hacerlas

No tiene que ser así

Podemos encontrar maneras más sustentables, amables y amigables de motivarnos a hacer aquello que es importante.

Podemos darnos cuenta de que nos estamos forzando (es un cliché pero es verdad, darse cuenta es el primer paso) y, por lo menos, hacerlo de manera más consciente:

“Sí, me estoy forzando a hacer esto, de verdad no quiero llevarlo a cabo pero las consecuencias de no hacerlo no me gustarían; sé que habría otras opciones para motivarme pero por el momento no se me ocurre ninguna y necesito entregar esto rápido, entonces lo haré”.

Y poco a poco, ir decidiendo si quiero obligarme o no a hacerlo.

Valorar si es importante para mí o si es una regla absurda que estoy siguiendo a partir del “deber ser” de la sociedad.

Sopesar las consecuencias de no hacerlo.

Dejar ir, si se puede.

Pensar alternativas.

Hablar con otras personas para ver si se les ocurre algo que no he pensado.

Ese tipo de cosas.

En el fondo,

forzarse tanto a hacer cosas parte de que no confiamos en nosotros mismos, al menos no en el sentido de que creemos que, si nos permitiéramos ser quienes realmente somos y hacer solo lo que deseáramos, no podríamos funcionar en sociedad y moriríamos de hambre bajo un puente.

En mi experiencia, una opción es encontrar una (buena) razón.

Es decir, preguntarnos por qué una actividad que hacemos podría estar relacionada con algo que realmente nos importa en la vida.

Esto es algo que suelo hacer con quienes toman las Anticlases, preguntarles cuál es su verdadera razón para aprender inglés, porque una vez que se encuentra esa motivación profunda, es mucho más difícil desviarse con los obstáculos.

Para lograrlo, solo necesitas preguntarte “¿Por qué eso es importante para mí?” varias veces, hasta que llegues a algo que te haga sentir Ahhh, sí, sí lo es.

Por ejemplo:

Supongamos que ya te aburrió tu trabajo y has buscado otro pero no logras encontrarlo. Ya estás empezando a incomodarte pero renunciar sin tener otro en la mira simplemente no es una opción, y notas que te estás forzando (palabra clave) todos los días a ir.

Este sería un buen momento para reconectarte con tu “por qué”.

Entonces:

¿Por qué es importante para mí tener un trabajo, este trabajo?

Porque me permite percibir ingresos y tener estructura en mis días.

¿Por qué es importante para mí percibir ingresos y tener estructura?

Porque cuando no he tenido dinero y he tenido demasiado tiempo libre me he sentido muy mal conmigo mismo.

¿Por qué es importante para mí no sentirme mal conmigo mismo con respecto a eso?

Porque si lo hago me empieza a dar mucha ansiedad y todo se vuelve peor y más oscuro.

Entonces, tener un trabajo en este momento, aunque no sea el más agradable del mundo, está sirviendo para que no me dé tanta ansiedad, o al menos no del tipo que me da cuando no tengo dinero y tengo demasiado tiempo libre (que es horrible).


Si llevaste a cabo este ejercicio, seguramente tu forma de ver la situación a la que te estabas forzando cambió, aunque sea poco, lo cual ayudará a que la fuerza (la forzación, pues) no sea la única herramienta a tu alcance.

En las Anticlases exploramos otras formas en las que puedes motivarte que sean más sustentables a largo plazo, no desde la fuerza sino desde otros ángulos que funcionan mejor. Si te interesa, haz clic aquí.

¿Qué opinas?

¿Has notado que te fuerzas a estudiar una lengua? ¿Te funciona? ¿Te gustaría tener una alternativa (o varias)? ¿Cuál sería para ti la forma ideal de motivarte?

Cuéntamelo todo en los comentarios.

5 obstáculos para aprender italiano y cómo el turismo creativo te ayudará a superarlos

Nota: esta entrada fue escrita por una invitada*. Me gustó su perspectiva sobre el italiano, una lengua con la que yo no estoy familiarizada. Espero que la disfrutes y te sea útil. 

Gracias a la similitud en los sonidos, en la estructura y en el vocabulario entre los dos idiomas, un hispanoparlante normalmente no encuentra grandes dificultades para aprender italiano.

Sin embargo, si has hecho algún curso de italiano o estás pensando en hacerlo, verás que hay algunos aspectos que merecen tu atención para que no se conviertan en obstáculos durante el estudio de ese idioma encantador y musical.

1. “Entiendo, pero no consigo hablar”

Es algo que probablemente nos pasa a todos cuando aprendemos un idioma: parece más fácil entenderlo que hablarlo. Eso puede pasar sobre todo cuando hay similitud entre dos idiomas, como le pasa a un hispanohablante cuando estudia italiano.

Por ejemplo, a veces el hablante de español subestima la dificultad del italiano y cree de entenderlo todo, pero en la hora “X” se da cuenta que le cuesta hablarlo.

2. Las dobles consonantes

En italiano existen las dobles de todas las consonantes con la excepción de la ‘h’, y éstas juegan un rol muy importante. Si omites el sonido de una doble consonante, corres el riesgo de pronunciar otra palabra.

Por ejemplo, camino significa “chimenea”, cammino es una senda para caminar; un cappello es un sombrero, mientras que un capello es un cabello.

Claro, nuestro interlocutor acaba entendiéndonos con el contexto del diálogo, pero a veces lo ponemos a dura prueba o lo hacemos sonreír, como cuando en vez de decir anno (año) con énfasis y pronunciación más larga de la doble consonante, acabamos pronunciando la palabra con una sola ‘n’, que tiene el mismo significado que en español.

3. Falsos amigos

En italiano hay muchas palabras y verbos que se escriben o pronuncian casi como en español, pero esto no quiere decir que tengan el mismo significado. ¿Ejemplos?

Trata de adivinar el significado de las siguientes palabras:

  • Contestare
  • Guardare
  • Pronto
  • Salire
  • Accostare

A ver, ¿cuáles adivinaste?

  • Contestare = oponerse
  • Guardare = mirar
  • Pronto = listo
  • Salire = subir
  • Accostare = acercar o emparejar algo

4. Acentos regionales y dialectos

Este no es un desafío que encontrarás durante tus clases de italiano, pero podría pasarte en un día cualquiera. Vamos a imaginar que estás paseando por la calle en tu ciudad, y alguien te para diciendo “Mi scusi”… es un turista italiano que necesita tu ayuda.

O alguien te presenta un amigo italiano en una fiesta. Te animas de una vez, feliz de poder practicar lo que aprendiste, pero te das cuenta de que la persona te habla con un acento “raro”.

La pronunciación no se parece a la de tu profesora, ni a los audios de los podcasts que usas para aprender italiano. Aunque hablen correctamente el idioma nacional, los habitantes de varias partes de Italia tienen su propio acento regional, pronunciando vocales y consonantes en maneras diferentes.

Por ejemplo, ¿sabías que los toscanos pronuncian la “C” como una “H” aspirada? Los dialectos son un mundo aparte: alguien que habla el piamontés no entiende a una persona que habla napolitano.

5. No seas un turista, sé un viajero

Si aprendes italiano en tu país y luego viajas a Italia, es una lástima si no aprovechas la oportunidad para practicar el idioma.

No vale usar solo las “frases turísticas” que se aprenden para poder comunicarte con el taxi y el hotel. Para mejorar tu nivel y ponerte a prueba, lo ideal es tener conversaciones largas con italianos nativos y huir de lo fácil.

Si viajas con amigos, trata de equilibrar las conversaciones en español con ellos, alternándolas con chiacchierate con los locales, que siempre aprecian a quien tiene una actitud dispuesta a aprender.

La mejor manera de estudiar italiano y practicarlo

Esto vale tanto para el italiano como para cualquier idioma: la forma ideal para aprender rápidamente, fácilmente y de manera duradera, es viajar a Italia y vivir como un italiano más.

Aunque sea solo por una semana, una experiencia de turismo creativo y educativo te ayuda a crear relaciones, conocer gente y entablar conversaciones en italiano mientras saboreas tu gelato o visitas a un monumento histórico.

Puedes unirte a curso de italiano en tu ciudad favorita, ya sean las famosas Roma, Florencia y Venecia o las menos conocidas pero sorprendentes Orbetello, Todi y Tropea.

Si te interesan las artes y la artesanía, quizás prefieras un curso de pintura, de zapatería, de mosaico o de restauración de muebles. Si te decides por hacer un curso en Italia, allí conocerás estudiantes del mundo entero y podrás gozar de una experiencia de comunicación intercultural en italiano.

Y claro, ¡no hay como disfrutar de las costumbres mediterráneas y del carácter espontáneo y festivo de los italianos!

*Me llamo Federica Baggiani, nací y crecí en Florencia, y ahora vivo entre Italia y España. Soy la fundadora de Studiainitalia, una agencia que desde el 2005 se especializa en turismo creativo. Organizamos viajes culturales con cursos de italiano, arte, artesanía, cocina y deportes en Italia, con o sin alojamiento, en varias ciudades italianas.

 

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Traumas lingüísticos

¿Qué es lo primero en lo que piensas cuando escuchas la palabra “trauma”?

Seguramente, algo muy desagradable, relacionado con eventos muy fuertes y terribles, todas esas cosas que nos cimbran tanto que nos dejan una especie de cicatriz emocional.

Sin embargo, existen traumas de muchos tamaños, formas y colores.

Cualquier experiencia que percibimos como negativa y que hace que nuestro sistema nervioso entre en modo de lucha o huida por mucho tiempo se puede considerar un trauma.

Cuando alguien (incluso nosotras mismas) nos fuerza a hacer cosas que no queremos hacer, después nos queda una sensación de malestar cuando pensamos en eso. Yo he visto que esto pasa mucho en la escuela en general, y en las academias de idiomas en particular.

Cosas relativamente pequeñas como que…

  • nos hacen pasar al frente cuando no queremos (o cuando nos da igual pero al final se terminan burlando de nosotros)
  • nos fuerzan a presentar exámenes altamente estresantes para los que ni siquiera nos prepararon bien
  • nos obligan a tomar clases con un maestro que no nos cae bien o que no nos gusta cómo es o cómo nos trata
  • nos convencemos, contra nuestra voluntad, de escribir ensayos, preparar exposiciones, trabajos, etcétera
  • incluso, que nuestros padres nos obliguen ir al colegio cuando les hemos dicho más de una vez que no queremos hacerlo
  • nos quieren meter a la fuerza el inglés cuando ni siquiera nos gusta y no le vemos caso
  • y muchos más eventos del tipo

Si al leer esta lista sentiste cómo tu estómago se apretó, ¡no estás sola/o!

Es casi imposible llegar a cierta edad, después de haber pasado por los diferentes niveles escolares, sin haber tenido al menos uno de estos traumas (o muchos otros que no tienen que ver directamente con el proceso de enseñanza-aprendizaje pero que se dieron al interior de la escuela, como el bullying).

Estos a-veces-mini traumas son resultado de la mala preparación de los maestros, de todo lo que está mal en los sistemas escolarizados y del paradigma dominante de la educación (sobre todo en América Latina).

En teoría, una vez que terminamos la escuela esto no tendría por qué ser un problema, excepto por una triste e importante razón:

Esos a-veces-mini traumas nos impiden estudiar idiomas (o lo que sea) por nuestra cuenta.

Una alumna me decía que, por alguna razón, el simple hecho de usar un cuaderno nuevo para un curso genera en ella una sensación horrible de “noquieronoquieronoquiero” porque le recuerda todas las veces que estrenó un cuaderno solo para dejarlo a la mitad.

O, por ejemplo, las tablas de verbos. Si le das a ciertas personas una tabla de verbos irregulares en inglés, sufren por dentro.

Cosas por el estilo, que si lo piensas fríamente no tienen mucho sentido, pues no son un tigre de bengala o un mamut del cual se tenga que huir porque nuestra vida está en riesgo, pero son y se sienten reales.

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Traumas lingüísticos

Este término, que yo inventé (o si alguien más ya lo usó antes, juro que es coincidencia), son esos pequeños y no tan pequeños malestares que nos surgen, a raíz de una o varias experiencias negativas no deseadas en algún intento anterior por aprender una lengua, y que nos impiden retomar o iniciar el estudio de un idioma (o disfrutarlo si lo hacemos).

¿Cómo identificarlos?

El primer paso para saber si tienes un trauma lingüístico es responder a esta pregunta:

¿La idea de ponerme a estudiar [idioma] me genera alguna especie de sensación o emoción desagradable?

Si la respuesta es sí, es muy probable que tengas uno o varios.

(Aunque, claro está, también puede ser que simplemente no te guste ni te interese aprender una lengua o esa lengua en específico y está bien. No te tiene que gustar todo ni mucho menos).

En caso de que hayas leído hasta aquí y este texto haya resonado en ti, también es muy probable que tengas a-veces-mini traumas por ahí.

Muchos de estos a-veces-mini traumas suelen venir, como dije, de las clases que hemos tenido, pero también muchos vienen de nuestra propia frustración.

Si has intentado estudiar una lengua (o empezar cualquier proyecto) pero algo se interpuso entre tus planes y tú y te frustraste, ten por seguro que algo se quedó calcificado en tu interior —sobre todo si no lograste procesar esa emoción— que no te está permitiendo volverlo a intentar.

Señales

Si te identificas con alguna de las siguientes señales (no quiero llamarlas “síntomas” porque no estoy a favor de la medicalización de las cosas), probablemente esto de los traumas sea algo de lo que te detiene:

  • Odias una lengua (casi siempre es el inglés el que acaba siendo odiado, pero puede ser cualquier otra)
  • No te gustan las clases de idiomas pero tampoco estás logrando estudiar por tu cuenta, o no por más de un par de semanas seguidas
  • Algo feo (de cualquier tipo) te sucedió y has notado que desde entonces te cuesta mucho trabajo establecer rutinas, respetar lo que dices que harás y en general tienes problemas con la autoridad que no tenías antes de El Evento Feo
  • Sientes un hoyo en la panza cuando piensas que tienes que estudiar una lengua que no quieres aprender
  • No tienes claro por qué, pero te da enojo, tristeza o angustia (o una mezcla de todo) la idea de sentarte a estudiar una lengua
  • Hay algún tipo de material de aprendizaje (podcasts, listas de palabras, canciones, etcétera) que preferirías no volver a tocar en tu vida
  • Te da una sensación de malestar pasar por el instituto donde estudiaste una lengua y preferirías depilarte las pestañas antes de regresar
  • Fuiste a un viaje para aprender una lengua y pasaste por momentos de mucho estrés o incertidumbre o no te sentías del todo lista/o y fue más bien una experiencia desagradable
  • Tienes detonadores: ciertas actividades, ideas, palabras, materiales, frases que alguien dice, nombres, lo que sea, que poseen la capacidad de cambiar tu estado de ánimo o te hace sentir profundamente mal solo que te recuerden que existen
  • Piensas que algo anda mal contigo porque no deberías sentirte así y no entiendes de dónde viene eso y ves que otras personas se ven muy felices aprendiendo lenguas pero tú simplemente… no

En caso de que te hayas identificado con alguna o varias de estas señales, no temas.

Hay mucho que se puede hacer. No todo está perdido ni mucho menos. Al contrario. Esto es una oportunidad magnífica de conocerte y relacionarte mejor contigo misma/o.

Como dije, lo que menos quiero es que ahora vayas por la vida con la etiqueta de “persona traumada”. Las etiquetas apestan. La idea es solo que comprendas un poco mejor qué te ha pasado (si es tu caso) porque poderlo nombrar es mucho mejor que no ser capaces de hacerlo.

El paso más básico y bebé que puedes dar en este momento, si te interesa ir un poco más lejos, es tomar una hoja o un documento en tu computadora / ordenador y responder estas preguntas con lo primero que te venga a la cabeza:

  1. ¿Qué me hace pensar que tengo un trauma lingüístico? ¿Cuáles serían las “señales” que muestro?
  2. ¿Cuál es la situación que más me genera el malestar o el recuerdo del trauma? ¿Cuáles son mis detonantes?
  3. ¿Cuándo empezó esta sensación? ¿Qué estaba pasando en mi vida?
  4. ¿Cuál es la emoción (o las emociones, ¡pueden ser muchas!) que me generan los detonantes (miedo, tristeza, enojo, angustia, frustración, impotencia…)?
  5. ¿Cómo puedo comenzar a mostrarle a mi sistema nervioso que ahora estoy a salvo?

Conclusión

Sea lo que sea te haya pasado, y si es un mini trauma o un maxi trauma o algo en medio, es importante que recuerdes una cosa:

Las reacciones que tienes, aun si son profundamente desagradables, lo único quieren hacer es cuidarte, evitar que vuelva a pasarte algo feo.

Si les das las gracias por protegerte, es más probable que se reduzca su intensidad a que si te peleas con ellas (de hecho, eso es lo peor que puedes hacer, forzarte y luchar para hacer cosas que no tienes ganas de hacer, porque solo te estás creando traumas a ti misma/o).

Esta entrada es solo una brevísima introducción a los traumas lingüísticos.

Con lo que quiero que te quedes si te viste reflejada/o aquí es lo siguiente:

Hay esperanza.

Se pueden hacer muchas cosas para solucionar esto.

Nada anda mal contigo.

Todas las personas traemos traumas de todo tipo a cuestas.

No es tu culpa.

Algo bueno saldrá de esto.

¿Cómo ves? ¿Te suena familiar? Te invito a crear una conversación interesante en los comentarios.

Siete años

Uno

No sé qué mosca me picó pero un buen día de hace siete años decidí crear un blog.

Como he escrito en ocasiones anteriores, creo que lo que me permitió hacerlo fue que era muy ingenua y que no tenía tanta conciencia de muchas de las cosas que escribir un blog implicaba.

Sin embargo, esa decisión desencadenó una serie aparentemente infinita de movimientos que siguen y siguen y siguen.

Dos

Cuando yo comencé a escribir este blog no tenía idea de que fuera a durar tanto tiempo haciéndolo, porque soy el tipo de persona que piensa en comenzar muchos proyectos, inicia tres y termina 0.219 (en promedio).

Mucho menos me imaginé que iba a empezar a desarrollar algo así como una forma [innovadora] de acercarme al aprendizaje de idiomas.

Pero es lo que he estado haciendo, para mi sorpresa.

Y digo que me sorprende porque yo no decidí crear esto en el sentido de que no me senté un día y dije: “Voy a hacer lo posible por encontrar una manera de enseñarle a la gente a aprender lenguas que sea como nada de lo que he visto hasta ahora”.

Lo que siento, más bien, es que este tipo de trabajo me eligió a mí para que yo lo trajera al mundo.

Todas mis experiencias, mi muy particular forma de ver el mundo, incluso el país en el que nací y la lengua que me fue dada al crecer (el español) se han ido sumando para crear no solo el blog, sino todas las cosas que he estado construyendo alrededor (el libro, las consultorías, las Anticlases, y todo lo que viene).

Cada entrada que escribo, cada comentario que respondo, cada libro que leo (aunque no tenga, directamente, nada que ver) me van ayudando a descubrir mi aporte a este tema, porque ni yo misma sé qué es ni cómo se va a acabar viendo en unos años.

Este enfoque y el trabajo que hago aquí han tomado vida propia y tienen su muy particular esencia. Este blog me pide ciertas cosas, me rechaza otras, me lleva por caminos que ni yo misma había pensado que andaría nunca.

Se conecta con personas con las que yo, de otra manera, no me pude haber conectado, y saca cualidades mías que no demuestro en otros lugares o en otras áreas de mi vida.

Es una cosa muy rara y profundamente hermosa.

Tres

Seguramente has escuchado hablar de que —en teoría— 10 años son el tiempo que se necesita para ser “experta” en algo.

Si eres como yo, seguramente 10 años te suena como toda una vida, como un periodo después del cual vas a ser otra persona totalmente distinta a lo que eres ahora.

Pero ahora que llevo siete años de escribir aquí veo que en realidad no es mucho tiempo, que lo bueno apenas está comenzando, y ahora entiendo por qué dicen que se necesita tanto tiempo:

Yo, en los primeros 3-4 años realmente no tenía muy clara cuál era mi postura al respecto del aprendizaje de los idiomas. Me sentía como alguien que sólo aportaba su unicidad a una conversación ya gastada.

Ahora no me veo así. Ahora noto cuán distinto está siendo y es mi enfoque, y cuántas cosas me ha tomado llegar a este punto.

Tengo mucha emoción por ver cómo será en tres años esto. Tengo muchas ideas y planes, y realmente espero que se realicen porque me hace muy feliz la idea, pero no lo sé.

Lo único que sé y que puedo hacer es enfocarme en este día, escribir esta entrada, preguntarle a NOL qué necesita de mí hoy y hacerlo, y volver a empezar mañana.

Un día a la vez es lo único que se puede hacer.

Y es suficiente.

Cuatro

Si tienes un proyecto que te eligió para traerlo al mundo, te quiero invitar a que le pongas atención y le des cariño, espacio y tiempo.

Muchas veces nuestras cabezotas se ponen en el camino y nos dicen cosas como “tú quien eres para hacer esto”, o queremos verlo de una manera supuestamente práctica y juramos que no tenemos tiempo, etcétera.

Pero si algo he aprendido a lo largo de estos años es que las personas somos más pequeñas que las ideas. Muchas ideas han sobrevivido siglos y siglos, mientras que las personas vivimos a lo más 100 años y eso si bien nos va.

Me gusta pensar que si tenemos una idea que no nos deja en paz, tenemos la obligación moral de por lo menos escuchar qué dice y entregarnos a ser el vehículo para que se materialice.

(Sí, esto lo saqué primordialmente de la TED Talk de Elizabeth Gilbert, de quien siempre acabo hablando en mis entradas aunque ni siquiera me gusta tanto).

Nuestros egos son muy pequeños y muy ridículos, y no se trata de nosotros.

Cinco

En realidad esta entrada no tenía ningún punto contundente, solo es una serie de ideas en torno al aniversario de este blog (que, por cierto, no tiene fecha exacta, sólo sé que es entremayoyjunio).

Me haría intensamente feliz que te tomaras 3 minutos de tu tiempo para escribir en un comentario (o en un mensaje privado, si te gusta más la idea) qué te ha aportado o te ha dado este blog, por más pequeño que sea.

Sería el mejor regalo de cumpleaños del mundo. 🙂


Gracias por leer, aun si llevas dos minutos o siete años haciéndolo.

Sé que suena raro porque probablemente no te conozco (¿aún?) pero siento mucho aprecio y mucho agradecimiento por ti, por tu sola presencia y por la conexión que se crea entre tú y yo cuando estas palabras pasan por tu cerebro y tu corazón. ❤