Pronto vas a poder dejar de estudiar idiomas

Sé que en ocasiones es difícil creerlo porque ya llevas mucho tiempo y esfuerzo dedicado en esto de estudiar una lengua y no ves muchos resultados que digamos, pero te lo prometo:

algún día vas a estar del otro lado

No tienes que hacerlo por siempre, un día terminarás de estudiar la lengua.

Probablemente ahora estás pensando:

“Pero si dejo de estudiar, voy a olvidar lo que aprendí”.

Y tienes razón.

Sin embargo, si el que estás estudiando es un idioma que vas a usar, y lo estás aprendiendo porque lo necesitas, eso no te va a pasar por la simple razón de que será parte de tu vida.

Solo olvidamos las lenguas cuando 1) no las aprendemos bien 2) las aprendimos sin realmente necesitarlas 3) realmente creíamos que las necesitábamos pero algo nos impedía usarlas (casi siempre, un bloqueo emocional).

Entonces, si el idioma que estás aprendiendo es uno que necesitas, es decir, si lo estás estudiando con un propósito en particular, algún día lo vas a dejar de estudiar y simplemente lo vas a disfrutar.

Es decir, el tipo de actividades que actualmente realizas para adquirir la lengua se convertirán en actividades que simplemente haces ahora en español.

(De hecho, si desde ahora puedes involucrar la mayor cantidad de actividades “cotidianas”, es decir, no de aprendizaje, en esa lengua, mejor y más rápido la aprenderás).

Algún día vas a buscar solo una (o ninguna) palabra en el diccionario cada vez que leas.

Algún día vas a entender lo que escuches, aun si hablan muy rápido, a la primera.

Algún día vas a encontrar errores de traducción en los subtítulos que leas.

Algún día vas a poder decir lo que piensas en ese idioma sin tenerlo que traducir del español primero.

¿Difícil de creer?

El hecho de que hasta ahora no hayas podido no significa que no vas a poder nunca, ni que sea imposible para ti.

Entre más rápido adquieras el hábito de estudiar, y entre más tiempo y más seguido estudies, más pronto vas a llegar a ese lugar.

Cuando tengas la gramática “completa” en la cabeza, es decir, cuando domines todos los tiempos verbales que realmente se usan, cuando sepas acomodar las palabras en las oraciones, y cuando tengas suficiente vocabulario para decir lo que quieres, vas a poder dejar de estudiar.

Si en este momento no ves la luz y sientes que esto de estudiar una lengua es algo que nunca termina y que vas a envejecer haciendo listas de verbos, o lo que es peor, sintiéndote frustrada(o) porque no comprendes lo que escuchas, deja ir esa idea.

No vas a tener que estudiar-estudiar la lengua toda tu vida. En algún momento —y quizá sea más pronto de lo que crees si te comprometes a ello— vas a poder dedicarte solo a mantener la lengua, y de hecho ni te vas a dar cuenta de que lo estás haciendo porque la estarás usando para lo que querías.

Una vez que tu cerebro llega a cierto punto de adquisición de la lengua, en que entiende su “personalidad”, ya no hay vuelta atrás. El resto se hace solo.

Si te quedas con algo de esta entrada, que sea lo siguiente:

No pierdas la esperanza. Algún día todo tu esfuerzo va a valer la pena y vas a poder disfrutar del idioma en vez de solo estudiarlo. No pierdas de vista esto; sí hay un “después”, una meta y un momento en el que todo hace clic. Y puede que esté más cerca de lo que crees. 

No te desilusiones mientras estudias (o antes de sentarte a hacerlo), no dejes que tu mente te ataque con sus preguntas tipo “¿qué caso tiene?” y pon la atención en el objetivo.

Eyes on the prize, baby. Eyes on the prize!

Nota: esto no significa que no debas intentar disfrutar del estudio, ni que debas apresurarte a aprender todo lo que puedas solo para llegar al final del camino, o algo así. Es solo un intento por ayudarte a vencer la resistencia que pueda surgir cuando tu mente siente que no tiene caso estudiar porque nunca lo vas a lograr. 😉

No huyas de lo que no entiendes

Si me dieran un peso por cada vez que escucho que alguien dice: “Ay, qué lástima que eso está en inglés, no le voy a entender, no tiene sentido ni siquiera abrirlo”, sería millonaria.

Es lógico pensar que si no lo comprendes no tiene ningún sentido ver ese video, oír ese podcast o poner esa película.

Nota: Puedes extrapolar todo lo que dice esta entrada
a cualquier cosa que no domines o que te frustre o que te intimide.

Pero esto conlleva algo más complejo:

El miedo a no sentirnos competentes

Cuando alguien se rehúsa a ver algo sólo porque está en un idioma que no entiende a pesar de haberlo estudiado antes, realmente no está huyendo de no comprender las palabras per se, sino de lo que le hace sentir el hecho de no entender. Eso es lo incómodo.

Lo más seguro es que no entender un video, por ejemplo, te haga sentir algo de lo siguiente (o todo junto):

  • Frustración: “No puedo creer que siga sin entender nada, ¡llevo 5 años estudiando inglés!”.
  • Enojo: “”#$%& gringos, hablan demasiado rápido, los odio”.
  • Desesperanza: “Esto solo demuestra que nunca voy a poder aprender la lengua”.
  • Inseguridad: “Seguramente tengo un problema muy grave y algo anda mal en mi cerebro y por eso no entiendo esto”.
  • Tristeza: “Me gustaría ya poder entender todo esto, siento que me estoy perdiendo de un montón de cosas”.
  • Miedo: “¿Y si nunca logro entender esta lengua y toda mi vida me quedo sin acceso a lo que el inglés puede ofrecerme?”.
  • Vergüenza: “No quiero que mis padres vean que sigo sin comprender lo que dice este video después de todas las clases que pagaron para mí”.

Y un largo etcétera.

Como ves, llega un punto en que, para algunas personas, enfrentarse a que no comprenden algo que escuchan o ven en otro idioma se vuelve algo hasta doloroso.

Y entre más tiempo pasa, más desagradable se vuelve. Como una bola de nieve que va creciendo.

Es absolutamente comprensible (ja) que quieras huir de todas estas emociones desagradables y por lo tanto decidas no exponerte a un material que no entiendes.

El problema es que ocurre algo como lo siguiente:

Círculo vicioso

Huir nos mantiene en el ciclo (ligeramente absurdo) de:

no quiero sentir algo feo al darme cuenta de que no entiendo -> no me expongo a la lengua -> sigo sin aprender (y de hecho se me está olvidando lo que sí sé con cada día que pasa) -> entiendo menos cada vez -> vuelvo a sentir feo, y de hecho ahora es peor porque ya perdí más tiempo.

Sería más agradable si fuera así:

no quiero sentir algo feo al darme cuenta de que no entiendo -> veré ese video, y muchos otros más, sin expectativas y sin dejar que mi mente me haga sentir mal  -> poco a poco voy aprendiendo y familiarizándome más con la lengua -> cada vez entiendo más -> me siento feliz porque veo un progreso, aunque sea pequeño.

¿Cómo se llega de un punto al otro?

Quizá con leer lo de arriba algo cambió en tu perspectiva y ahora tienes más disposición de pasar por la incomodidad de rodearte de materiales que no comprendes del todo. (De cualquier forma, es temporal).

Pero si no fue así, estas son algunas cosas que puedes hacer:

Paso cero: Decide soltar el drama. Date permiso de sentirte como te sientas, pero no le añadas capas de sufrimiento innecesario. Intenta quedarte con las emociones en su esencia.

La próxima vez que alguien te pase un video (o lo que sea) en una lengua que no entiendes, en vez de contarte la misma historia que te cuentas todas las veces, pon atención en lo que sientes.

Y después, solo obsérvalo, sin juzgarlo. Si puedes, te recomiendo escribir eso que tu cabeza te está diciendo, esas frases como las de arriba o del tipo: “No tiene caso, no le voy a entender nada”.

Una vez que identifiques esas frases o creencias, respira profundo y proponte pasar tiempo con el material sin ninguna expectativa más que eso, escucharlo con curiosidad, para ver qué sucede.

Intenta no tener ninguna reacción emocional al hecho de que algunas palabras se te fueron, o de que no comprendiste ni siquiera la idea principal. No le pongas significados sobre ti o la vida, no tiene caso.

Solo míralo un par de veces, o tres, o las que quieras, y concéntrate en lo que sí entiendes, aun si es solo una palabra. No te agobies por intentar memorizar vocabulario o abstraer ideas. Solo ve el video o lo que sea como un espectador más.

Lo que logres comprender será ganancia, y si no, no pasa nada, pero al menos ya no habrás perdido una oportunidad de exponerte a la lengua, que es lo más importante que puedes hacer cuando sientes que te falta mucho para dominar un idioma.

Si quieres explorar más a fondo esto y comenzar a desmenuzar qué te pasa cuando te enfrentas a algo que no comprendes, he aquí algunas preguntas que te puedes hacer a ti misma(o):

  1. ¿Qué significado le estoy dando al hecho de que no comprendo lo que escucho o leo? (Por ejemplo: Soy tonta; Lo que he intentado no sirve, etc)
  2. ¿Ese significado es el único que podría tener eso? ¿No podría significar otra cosa?
  3. ¿Qué emociones surgen en mí cuando me doy cuenta de que no entendí todo lo que quería?
  4. ¿Qué “historias” me estoy contando sobre mi capacidad a raíz de que no comprendo lo que escucho? ¿A qué conclusiones estoy llegando sobre mí? (Por ejemplo, “Seguramente no entiendo nada porque ya soy demasiado mayor para aprender idiomas”)
  5. ¿Podría ser que algunas de estas historias o conclusiones sean falsas? ¿Cómo las podría sustituir con creencias más acertadas u objetivas?
  6. ¿Cómo me gustaría sentirme frente a un material que no comprendo del todo? ¿Qué reacción mía promovería más mi aprendizaje?
  7. Y, sobre todo, ¿qué necesito hacer para sentirme así y permitirme exponerme a lo que aún no entiendo y recordar que algún día lo entenderé si sigo sin huir?

Porque ese es el secreto: entre menos huyas, más aprenderás.

Y por último, te regalo una palabra (que, por cierto, puedes usar para todo y con todo de todo y por todo) que puede cambiar cómo te acercas a las cosas que aún no dominas:

“Todavía”

No le entiendo a ese video todavía.

Siento que los gringos hablan muy rápido y todavía no puedo seguir lo que dicen.

Si te sigues exponiendo a la lengua, poniendo atención en ella y confiando en tu capacidad para aprender, vas a entender algún día (y probablemente sea más pronto de lo que te imaginas).

No huyas, estás a salvo. 🙂


¿Qué opinas? Dímelo todo en los comentarios.

Qué hacer con todo lo que está mal en el mundo

Cuando somos principiantes en algo, no tenemos las herramientas o la capacidad para saber si algún material o curso o lo que sea es bueno o mediocre. No tenemos puntos de comparación.

Pero después de pasar por ciertas experiencias, vamos desarrollando un criterio.

Aprendemos a ver —además de los puntos positivos— los errores, las deficiencias, los huecos, las miopías de las “obras” que consumimos.

Y llega un momento (que a mí me parece de lo más glorioso, por cierto) en el que decimos:

¡Yo podría hacer eso mejor!

Si eres como yo, seguramente esto de ver las faltas en las cosas te ha enojado.

¿Cómo es posible que X no haya sabido que Y existía? No puedo creer que un libro tan mal escrito esté publicado. Es obvio que aquí le falta esto y esto y esto.  

Es como si tuviéramos la expectativa (rota) de que toda la gente que publica libros, escribe guiones, hace videos, etc, debería saber más que nosotros y sorprendernos siempre y hacer todo bien según nuestros estándares.

Pero no tiene sentido decepcionarse.

Es mucho mejor hacer una critica constructiva.

Genuinamente constructiva, nivel: que realmente construya algo…

Criticar creando

Si estás leyendo un libro, tomando un curso, reproduciendo un video, lo que sea, y en vez de verlo como lo que es, le notas el potencial de todo lo que podría ser; si algo dentro de ti dice: “Yo podría hacerlo mejor”,

hazlo.

Hazlo mejor.

A veces es muy fácil creer que, si tienes determinada idea, es obvia para todas las demás personas, pero no es verdad. De hecho, es muy difícil recordar cómo era no tener alguna información, o cierta visión de un tema o de la vida.

¡Necesitamos la materialización de tu perspectiva!

Si tomaste un curso de alemán y durante todo él observaste lo que le faltaba, crea tu propio curso, aunque sea para ti, con las cosas que sí te gustaría que tuviera y sin las que no te satisficieron.

Critica creando.

Gran parte de lo que a mí me motiva a escribir es eso, que veo que muchas cosas están mal en el mundo.

No desde la soberbia ni la arrogancia, sino desde el hecho de que he pasado por un proceso muy largo de ruptura de paradigmas, de disonancias cognitivas, de tesis-antítesis-síntesis, y un montón de confusiones y dolores de cabeza al cuestionar lo que creo que sé.

Lo anterior me ha llevado a tener un criterio muy cultivado (por decirlo de algún modo). Y, en cierto sentido, a “buscar” que las cosas posean ciertas características que he ido descubriendo que son mas deseables que otras.

Por ejemplo,

pongo atención en que lo que consumo sea:

[+ inclusivo] [- violento] [+ empático] [+ humano] [- opresivo] [+ original]
[- patriarcal] [+ amable] [+ creativo] [+ holístico] [+ transpersonal]

y muchas otras cosas de las que probablemente ni siquiera soy consciente pero que, cuando se cumplen, me hacen decir: ¡Wow, eso es muy bueno, me encanta, gracias!

Esto no quiere decir que no pueda encontrarle gusto a cosas que no cumplan estos criterios, claro que lo hago, pues de lo contrario viviría frustrada y pos qué horror. 

Sé si que solo me sentara a quejarme amargamente sobre lo que noto que podría mejorarse, mi tiempo no se estaría usando en nada benéfico.

Por otro lado, sé que si me decido a usar mi energía vital para crear algo mejor de lo que ya existe, puedo hacer que alguien, al encontrar mi “aportación”, diga “Yo puedo hacer eso aún mejor” y entonces se vaya creando una cadena de cosas increíbles.

Progreso, baby!

Como dije, no se trata de hacerlo desde el enojo, sino desde la voluntad de aportar, de compartir nuestra perspectiva, pues no existen dos personas en el mundo que vean algo de la misma manera.

Y todas nos enriquecen.

Estoy convencida de que si crees que podrías hacer algo mejor de lo que ya es, seguramente es verdad.

Claro que no todos los proyectos que quieras criticar creando van a ser concluidos. Muchos de ellos probablemente no valdrán la pena.

Pero poco a poco irás creando tu obra, tu aporte; irás puliendo tu perspectiva y tu estilo.

Si te llama la atención ser una persona creativa pero no lo concretas porque no sabes por dónde comenzar, critica creando.

Algo bueno saldrá.

¿Qué de lo que consumes o has experimentado te gustaría mejorar?

Dos mil dieciséis en retrospectiva 3/3

El mes de diciembre y el 2016 terminó, lo que significa que es hora de hacer el tercer y último recuento del año. La primera parte fue publicada en abril y la segunda a finales de agosto.

El objetivo de estos recuentos es 1) hacer un esfuerzo por plasmar mi vida, lo cual me permite ver qué va bien y qué puede mejorar, así como recordar lo que he hecho y me ha pasado; 2) que me conozcas más, 3) contagiarte las ganas de escribir algo similar.

Vamos.

La última parte del año fue como una montaña rusa de emociones.

Septiembre

En septiembre no tengo recuerdos muy claros de qué hice, pero recuerdo que a mediados de ese mes algo dentro de mí me dijo:

Si quieres lanzar las Anticlases, tienes que hacerlo AHORA.

Y así fue, así lo hice. Es lo que más orgullosa me hace sentir de todas las cosas que hice en el año, pero necesité quitarme unas 28.4 telarañas mentales por segundo.

Octubre

En este mes, que por ser el de mi cumpleaños siempre trae consigo mucha reflexión y una sensación de cambio de piel (como serpiente o algo así), fue bastante intenso y sentí que varias cosas se acomodaron dentro de mí. También comencé unas sesiones de [terapia en el sentido etimológico de la palabra] súper buena pero muy extraña en la que todavía no sé si creo pero veo que funcionan. Ya sé, es raro.

Noviembre

No recuerdo casi nada de los primeros días del mes, pero vaya que recuerdo la sensación horrible que tuve por varios días cuando me enteré de que Trump había ganado las elecciones de Estados Unidos. Estas últimas semanas he estado pensando mucho en si realmente es una tragedia, como se sintió en ese momento, o no.

Y la verdad es que no sé. Económicamente, van a cambiar muchísimas cosas, sobre todo para México, muchas de las cuales no van a ser positivas al inicio, pero tengo cierta esperanza en que de cualquier cambio siempre surge algo positivo, aun si tarda en llegar.

Lo que realmente me preocupa a mí y a mucha gente que lloró lágrimas amargas el 9 de noviembre son las personas en desventaja socioeconómica, tanto de EU como de otros países.

Porque si algo no entiende Trump es la justicia social, la empatía hacia las personas que no son como él, la opresión y el privilegio. Y no lo culpo. Si eres un hombre blanco y eres norteamericano, no tendrías por qué nacer entendiendo eso. El privilegio es invisible para quien lo tiene.

Pero Teal Swan dice que si quieres que alguien desee mucho algo tienes que torturarlo con lo opuesto, y si el resultado de que ese hombre esté en un lugar de tanto poder será violencia, división, odio, opresión y fanatismo, entonces tal vez la gente despierte y desee lo contrario: la unidad, la empatía, el respeto, la diversidad.

E incluso si no es cierto, si casi todo va a ser un caos mundial durante los siguientes 4-8 años, necesitamos mantener viva la esperanza y hacer lo que podamos por nosotros mismos y quienes nos rodean, un día a la vez.

O al menos eso es lo que voy a hacer.

Uno de los aprendizajes más grandes que tuve cuando vi que ese señor había sido elegido fue que muchas de las cosas que quiero hacer (en NOL y en otros lados) no se tratan de mí.

Es decir, que si por mis dudas, mis “fantasmas”, mis miedos, mis creencias limitantes dejo de hacer algo que podría beneficiar a los demás, ayudarles a sufrir un poco menos en sus vidas, estoy siendo profundamente egoísta.

Esa idea es mi nuevo faro.

No le sirve a nadie que yo no use y desarrolle las habilidades que contribuyen algo a los demás. No le sirve a nadie que me deje empequeñecer por mis miedos. No le sirve a nadie que no escriba las miles de palabras que siempre he querido escribir. No le sirve a nadie que me espere a ser “perfecta”.

Eso me motiva.

Diciembre

En este mes fui muy afortunada y comencé a formar parte de un [lugar] que me ha ayudado a tener bastante estructura en mi vida, algo que me fui dando cuenta a lo largo del año que me faltaba (aunque en cierto sentido ya lo sabía).

También comencé a escribir un libro-guía (que no tiene nada que ver con los idiomas) y que espero terminar y compartir a mediados del año porque… ver “noviembre” arriba.

En general el año 2016 fue de comenzar a verme como alguien que tiene algo que aportar (que yo diría que lo somos todas y todos), y de empezar a creerme las cosas buenas que poseo, lo cual, si eres como yo, resulta profundamente difícil.

Asimismo, fue el año en el que descubrí una dimensión espiritual en mí (gracias, en gran medida, a estos videos) y en el que más me lancé a hacer cosas afuera de mi “zona de confort” con la intención 100% consciente de desarrollar una confianza mucho más sólida en mí misma y mis habilidades.

Esto último ha sido lo más incómodo que he hecho en mi vida, y también agotador, porque no ha sido una incomodidad que dure unos días, sino que va conmigo casi todo el tiempo, pero también ha valido la pena cada segundo.

En resumen, siento que todo lo que hice este año fue darme permiso de ver mi propia luz y de llevarle (a quien lo necesita o busca) un poco de ese brillo.


¿Y tú?

¿Cómo estuvo tu año? ¡Nunca es tarde para hacer este tipo de recuentos!


PD: Me interesa mucho que los comentarios sigan siendo un espacio libre de discusiones de política internacional. Gracias  ❤

Hazte la vida más fácil con este sencillo cambio

¿Qué tan amable eres con tu Yo del futuro?

La procrastinación–la tendencia a dejar las cosas para después a través de la realización de una actividad no relacionada con lo que nos ocupa–, parte de una idea que, a decir verdad, es bastante absurda:

“Mañana seré una mejor persona de la que soy hoy”.

De hecho, es una falacia reconocida y documentada, y se han hecho numerosos estudios al respecto.

Así, vamos por la vida engañándonos “sin querer queriendo”, lo que nos lleva a sobresaturar a nuestro pobre Yo del futuro con las consecuencias de nuestras decisiones actuales.

Es normal, a todos nos pasa

Desde hace unos años, comencé a implementar la idea de ser amable con mi Yo del futuro, al menos en ese sentido; dándole la vuelta a ese sesgo de mi pensamiento y recordando que mi Yo del futuro también es… yo.

Y asumiendo, sobre todo, que a pesar de mis mejores intentos y de que me hacía a mí misma las promesas más contundentes que podía, seguía sin poseer las características que le ponía como expectativas a la “persona mejor” que pensaba que sería más adelante.

Un buen día empecé a identificar los momentos en los que le ponía las cosas complicadas a mi Yo-de-después.

Cosas tan sencillas como dejar mi ropa en mi cama en lugar de ponerla en el cesto de la ropa sucia, o cosas más complicadas y difíciles de cachar.

Como que después de romperme la cabeza por averiguar cómo pagar en línea el plan de mi celular, no guardé el link del portal de pago, haciendo que mi yo del mes siguiente perdiera una cantidad absurda de tiempo buscando la bendita página y hablando a servicio al cliente para preguntar. Todo esto, cuando la factura ya estaba vencida y el sistema no me dejaba entrar. Oops.

Muchas de las cosas que le encargamos a nuestro Yo del futuro son realmente fáciles de hacer en el momento, y casi no llevan tiempo en su mayoría, pero conforme van pasando los días se van complicando a un nivel bola de nieve que no es nada fácil de resolver para nuestro Yo-de-luego.

Pero aun así lo hacemos.

Luces, cámara, acción

Es verdad: pensar en determinado momento qué está haciéndonos la vida más difícil en el futuro y qué podría hacérnosla más fácil conlleva mucha energía mental.

Y, como seguramente sabes, es bastante limitada la cantidad de recursos mentales que tenemos cada día (como la energía, la cantidad de fuerza de voluntad, la capacidad de tomar decisiones, etc.).

De hecho, estoy convencida de que esto es un factor fundamental en que nuestro pobre Yo del futuro se la pase tan mal cuando ya es el presente:

Si la fuerza de voluntad que tenemos disponible durante el día la agotamos en no gritarle a la gente en el transporte público, cuando llegamos en la noche a casa lo único que queremos es aventar todo y dormir, y que el resto del mundo se las arregle como pueda.

Sin embargo, no está tan mal abrirle la puerta la posibilidad de observar si hay algunas cositas que podamos hacer, sobre todo si no llevan mucho tiempo, para que nuestro Yo del futuro no se meta en tantos líos.

Cosas que yo hago (o por lo menos de verdad, de verdad, intento hacer) para ser amable con mi Yo del futuro:

  • Quitarme de la cabeza la idea de que mañana o la semana que entra voy a tener más fuerza de voluntad, más capacidad, más energía o más juventud. We’re not getting any younger!
  • Dejar a la mano lo que voy a necesitar antes de sentarme en la computadora o a leer o a estudiar (ir al baño, llenar mi botella de agua, poner una libreta / post-it y una pluma al alcance, llevar mi cuaderno donde tengo anotadas mis ideas, acercarme una cobija por si me da frío, tener quizá algo de comer, dependiendo de la hora, todo eso).Esto es muy, muy difícil de establecer como un hábito, pero nunca me he arrepentido de hacerlo. Al contrario; me siento cuidada, como que hay suficiente para mí, y como que hay esperanza en el mundo.
  • Preparar mis cosas para el día siguiente.
  • Poner suficiente dinero en mi tarjeta del metro aunque todavía tenga saldo, para no tener que hacer una larga fila cuando lleve prisa.
  • Aunque tengo una “regla” de no comer en mi cuarto nunca, a veces llevo tazas o vasos y mi primer impulso es dejarlas ahí hasta el fin de los tiempos.Pero hago una pausa y le regalo a mi Yo futuro el sacarlas de ahí. Sobre todo porque sé que dejar cosas sucias a la vista afecta considerablemente mi estado de ánimo.
  • Cuando hago algo complicado en Internet (como sacar facturas o ese tipo de cosas) y sé que no lo voy a hacer diario, como para aprenderme los pasos de memoria, los escribo.Me anoto a mí misma un mapa súper detallado, como si estuviera escrito para un marciano que no sabe qué es una computadora (ok, no tanto, pero tienes la idea). Y lo guardo donde sé que lo voy a encontrar.
  • Al ser la persona más desorientada que conozco viviendo en una de las ciudades más grandes y caóticas del mundo, me proveo de mapas, explicaciones geo-friendly (jaja) de cómo llegar a lugares (sobre todo aquellos a los que no voy seguido), recordatorios que quizá para otras personas serían absurdos pero para mí no.
  • En resumen, parto de que me conozco a mí misma y de ver y reconocer mis necesidades, (aun si no me terminan de gustar o si preferiría ser diferente o más “normal”) y proveerme lo que sé que me hará bien.

Mucho de esto, como seguramente viste, consiste en hacer lo contrario de pensar que nuestro Yo del futuro es una especie de genio que soluciona todos los problemas bajo presión.

Ser amable con nuestro Yo-del-viernes-que-entra consiste en llegar a la conclusión de que es mejor tratarlo como una persona más tonta, lenta y con menos energía de lo que somos actualmente.

No porque realmente vayamos a ser menos brillantes, sino porque—en mi experiencia—es una buena manera de ser amables con nosotros mismos y de dejarnos de complicar la existencia, recordando que de cualquier forma la vida se encargará de hacer lo propio.

Es mejor si no contribuimos al caos, o hacemos lo posible por reducirlo.

Y tú, ¿podrías ser más amable con tu Yo del futuro? ¿Qué se te ocurre que podrías hacer?

5 “reglas” vitales que me mantienen cuerda y concentrada

A lo largo de los años he ido reuniendo ciertos conceptos que hacen que todo en mi vida sea mejor, y quiero compartirlos contigo porque son de lo más útiles para aprender idiomas.

Puedo decir con mucho orgullo que son “reglas” que aplico regularmente y que nunca me han defraudado (o no que yo recuerde).

Pongo “reglas” entre comillas porque no me gusta sentir que son órdenes o mandatos o que si las rompo algo malo va a pasar, y aunque la palabra “lineamiento” es mucho más acertada a lo que realmente son, preferí quedarme con “regla” porque “lineamiento” es una palabra cero emocionante.

Pero te invito a que tú les pongas el nombre que más te guste.  🙂

Los escribo en imperativo no como cosas que debes seguir tú, sino como recordatorios que me hace mi Yo del pasado, a veces más de una vez.

Entonces:

  1. Si no te funciona después de darle al menos una buena oportunidad, déjalo ir.

Es muy fácil obstinarse y aferrarse a que algo debe funcionar sí o sí, sobre todo porque no tendemos a confiar en nosotros mismos y en nuestras percepciones, pero hay un gran mérito en detenerse de vez en cuando y decir:

A ver, ya intenté esto 16 veces, en diferentes momentos de mi vida, en distintas maneras y simplemente no me funciona, quizá sea hora de dejarlo ir con elegancia y dignidad.

Esto suele suceder muchísimo con los métodos de aprendizaje de idiomas que todo mundo va por la vida diciendo que son lo mejor y lo único que le han funcionado.

A mí, por ejemplo, no me funciona en lo más mínimo hacer flashcards de palabras o frases sueltas para recordar vocabulario, y sé que a mucha gente sí.

Así, en lugar de pensar que algo anda mal conmigo porque debería servirme y gustarme, lo dejé ir porque tengo alternativas, puedo aprender vocabulario de otras formas que sí me gustan y funcionan.

Y ya está, no pasa nada.

  1. Piensa en pequeño, lo más pequeño que puedas.

Mi lema preferido en la vida es “when in doubt, think small”.

Si un proyecto me aterra o estoy estancada o pienso que va a ser muy difícil o me doy cuenta de que ya llevo mucho tiempo procrastinándolo, siempre me pregunto a mí misma:

¿Cuál es el paso más pequeño que puedo dar?

Y, casi siempre, el simple hecho de hacerlo consciente me genera ganas de hacerlo y romper el muro que me separa de mi proyecto.

También funciona, por ejemplo, cuando elegí hacer algo que en el presente, por alguna razón, no tengo tantas ganas de hacer como quería. Me digo a mí misma:

No necesitas enviar el correo completo, solo abre [el explorador de Internet].

O:

No necesitas leer todo el libro, solo la primera frase.

Funciona de maravilla.

  1. La incomodidad es tu amiga cuando en el fondo hay un “sí” real.

Durante los últimos dos años, he estado intensamente incómoda.

No todo el tiempo (¿te imaginas?) ni en todas las áreas de mi vida, pero vaya que he aplicado eso del salir de mi zona de confort (con todo y cliché).

He hecho cosas que no me imaginaba haciendo, y aunque al principio esa sensación de “no voy a poder, qué estoy haciendo, no quiero no puedo no quiero” era sumamente desagradable, poco a poco me he hecho su amiga y ahora convivimos cotidianamente sin mayor problema. Cada vez la siento con menos fuerza.

En mi caso, esa incomodidad casi siempre es miedo. Por lo tanto, ha ayudado a que seamos amigas el hecho de que he visto que no pasa lo que temía, o de que cuando pasa tengo herramientas y recursos con los que le puedo hacer frente.

Lo cierto es que hay de incomodidades a incomodidades.

No es lo mismo sentirme incómoda porque estoy dando a conocer un proyecto que amo y que creo que le va a servir a la gente que sentirme incómoda porque alguien está intentando obligarme a hacer algo.

En el primer caso, aventarme a sentir la incomodidad es de lo que más cosas buenas me ha dejado en la vida.

Pero es cierto, tiene que haber un “sí” genuino detrás, una alineación, por decirlo de algún modo, con lo que quiero de mi vida, o de otra forma la incomodidad solo se convierte en sufrimiento sin sentido.

  1. “El aislamiento es el asesino de sueños”

Esta frase se la robé a mi ídolo Barbara Sher porque tiene muchísima razón.

Nunca se me ocurren más ideas que cuando estoy rodeada de personas, involucrada en el mundo, hablando de mis proyectos, mis sueños, mis obstáculos y mis retos y escuchando todo lo que la gente tenga que decir sobre cualquier cosa.

Si me aíslo (como tiendo a hacer), se me olvida que tengo sueños, que son posibles, que hay maneras, que existe todo un mundo lleno de oportunidades.

Solo eso: isolation is the dream killer y la conexión es lo que les da vida.

  1. Es mejor avanzar a la velocidad de la erosión que no avanzar nada por esperar el momento / contexto perfecto.

No sé de dónde sacamos la idea de que existía algo llamado “el momento perfecto” o “el momento adecuado”. Es una ilusión a la que nos aferramos para no hacer lo que queremos (por temor, entre otras cosas).

Es mejor escribir un párrafo a la semana para completar tu novela que “esperar” a que pase “algo” que haga que de repente tengas dos horas libres en un día.

Es mejor aprender un verbo al día que soñar con el momento en el que tengas una hora completa todos los días para sentarte a estudiar japonés.

Y resulta muy curioso porque, al pensar en esto, nuestro cerebro nos engaña.

Nos dice:

Uff, pero ¿cuándo vamos a acabar si escribimos un párrafo a la semana? ¡Nunca!

A lo que nosotros podemos contestarle:

Pues no lo sé, pero seguramente vamos a acabar más rápido que si seguimos sin hacer nada.

Y así como él nos engaña, nosotros también podemos engañarlo.

Una vez que te propones memorizar una frase al día, y eso te da satisfacciones, y logras encontrar el tiempo para hacerlo, como por arte de magia comienza a aparecer más tiempo donde antes no existía.

(Pero shh, es nuestro secreto, no dejes que tu cerebro se entere).

Y aun si esto último no sucede, es mejor avanzar desesperantemente lento que no avanzar.

De verdad  🙂


¿Cuál de estas “reglas” ya aplicas en tu vida? ¿Cuál te gustaría comenzar a recordar?

¿Tienes algunas “reglas” que te ayuden a seguir por el buen camino? Cuéntamelo todo en los comentarios.