Tutorial para aprender idiomas con música

Las canciones son LA herramienta para aprender idiomas.

En este tutorial aprenderás todo lo que necesitas saber para mejorar cualquier idioma con canciones, una de las mejores herramientas que puedes tener a tu alcance para mejorar tu pronunciación, tu sintaxis, para recordar palabras, aprender a usarlas de manera adecuada y hasta aprender palabras coloquiales o “slang”, entre muchas otras cosas.

Como este artículo supera las 3,000 palabras (!), decidí convertirlo en un práctico archivo PDF que puedes llevarte contigo para referirte a él cada que lo necesites.

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Lo primero que tienes que hacer es hallar las canciones.

1) Cómo encontrar canciones en el idioma que estás aprendiendo

Si estás aprendiendo inglés o francés, la tienes muy fácil en este sentido, pues es muy sencillo acceder a canciones en estas lenguas.

Solo hace falta hacer una búsqueda en YouTube con el nombre de algún artista que ya conozcas y disfrutar las miles y miles de recomendaciones que esa página te hace automáticamente hasta que encuentres algo que te guste.

Si te interesa aprender otras lenguas no tan famosas y hasta “raras”, YouTube y Google te pueden ayudar, pero solo hasta cierto punto. Lo que puedes hacer en ese caso es algo o una mezcla de lo siguiente:

  1. Buscar dónde queda la embajada del país donde se habla [idioma] y llamar para preguntar si tienen una especie de colección de música.
  2. Averiguar si hay algún centro de cultura de ese mismo país, o algún “barrio” donde nativos de ahí vivan en el lugar donde vives (algo así como el barrio chino de tu localidad, etc). Si piensas que ya sabrías si algo así existiera, te invito a dejar esa idea de lado y a ponerte a investigar.
  3. Ponte de acuerdo con algún habitante de ese país por Skype, y deja que parte de tu conversación con ella o él sea pedirle recomendaciones de artistas que canten en su idioma. Y, si sientes que es adecuado, pídele que te envíe por correo o Dropbox o WeTransfer, uno que otro mp3 de alguna canción que le guste. Lo peor que puede pasar es que te digan que no o que no sepan cómo, pero hay tutoriales en internet. También puedes conseguir esta información si dejas un mensaje en algún foro de idiomas o de aprendizaje de la lengua que te interesa.

Si estás estudiando una lengua indígena, lo más probable es que haya por ahí un centro de estudios musicales o algo parecido donde tengan un registro de esa lengua, y si no, ve a la Facultad de Filosofía y Letras o de Lenguas o como se llame de tu universidad más cercana y ponte a investigar si existe algún investigador que se dedique a estudiar la lengua de estas personas. Quizá ella o él conozcan a alguien que investigue la música de esos pueblos, o si tienes suerte, quizá hasta tengan ya música grabada. Cuestión de no rendirse a la primera.

4. Ya que tengas nombres de artistas / bandas / cantantes, búscalos en Google poniendo “canciones” después de su nombre. Por ejemplo, si buscas “Wir Sind Helden canciones”, automáticamente te saldrá una lista de las pistas más populares de esa banda, y te buscará automáticamente si existen videos de las mismas en todo el internet (no solo en YouTube).

5. Busca en Jango. para encontrar artistas similares a aquellos que ya has ido encontrando y toma nota sobre cuáles te gustan para buscar sus canciones. Puedes hacer lo mismo en Spotify (aunque prefiero Jango porque tiene menos anuncios).

La idea es que consigas unas 3-5 canciones para empezar (entre más tengas, mejor). Si te acomoda, puedes ver el video que hallaste en YouTube una y otra vez, pero lo que yo te recomiendo es tener la canción, es decir, poder hacer con el archivo mp3 lo que quieras.

Para esto, conviene comprar los discos que te gusten en iTunes o en las páginas oficiales de los artistas, pero si por alguna razón no quieres o no puedes hacer esto, hay una forma de obtener canciones a través de videos en la red.

No le digas a nadie que te dije, pero existen páginas de Internet como onlinevideoconverter, por ejemplo, con los que puedes descargar audios desde videos (hay muchas, muchas más).

2) Qué hacer una vez que tienes las canciones

¿Ya conseguiste unas cuantas canciones? ¡Excelente!

En este momento es hora de hacer varias cosas:

  • Solo escucharlas
  • “Sacar” la letra
  • Buscar la letra
  • Escucharla mientras lees la letra
  • Aprendértela de memoria
  • Cantarla

a) Solo escucharlas

Hay quienes afirman que se puede aprender una lengua exponiéndose a ella de manera pasiva, y aunque creo que hasta cierto punto eso tiene sentido, lo realmente útil es escucharlas con mucha pero mucha atención, incluso dedicarle un momento específico del día a sentarse a oírlas y no hacer nada más.

b) “Sacar” la letra

Dependiendo del nivel que tengas y la complejidad de la canción, suele ser una buena idea “sacar” las letras, es decir, hacer como si la voz de quien canta te estuviera dictando y tu trabajo fuera escribirla en papel.

Hacer esto suele ser muy divertido y también, en ocasiones, bastante frustrante (sobre todo si no conoces mucho vocabulario o si apenas estás comenzando con la lengua), por lo que te invito a hacer una prueba y ver qué tanto te podrías beneficiar de tal actividad en este momento de tu aprendizaje.

En general es una gran práctica que te ayuda a afinar muchísmo tu oído, a deducir, imaginar y sorprenderte por todo lo que podrían decir las palabras que escuchas, y a sentir una gran satisfación cuando aciertas, después de varios intentos, con la palabra exacta.

Lo cierto es que lleva bastante tiempo, además de que necesitas escuchar una canción muchas veces, tal vez hasta una docena, y puedes terminar odiándola después de esto, pero vale mucho la pena por lo menos intentarlo.

Digo, de cualquier forma puedes hacerlo en el transcurso de varios días, no necesita ser toda la canción de golpe. Y tienes todo el permiso del mundo de dejar espacios vacíos si de plano no entiendes qué dice.

A mí me suele suceder, cuando hago esto, que dejo una canción con varios espacios vacíos, no busco cuál es la letra oficial, y después de unos días, cuando la vuelvo a escuchar, las palabras se me revelan como si fueran lo más obvio del mundo.

Es bastante sorprendente y hace que ame más a mi cerebro.

¿Cómo sabes si las palabras que escuchaste y escribiste son las correctas?

Buscando la letra en Google y comparándola con tu escrito.

c) Buscar la letra

Puedes buscar el nombre de la canción + “lyrics”, una palabra que suele resultar bastante universal para encontrar letras en el buscador de Internet. Si no encuentras nada así, investiga cómo se dice “letra de canción” en el idioma que estás aprendiendo y añádele esa palabra a tu búsqueda.

Y si es una lengua muy rara y nadie ha subido las letras, siempre puedes pedirle a algún nativo que conozcas que la escriba para ti (a cambio de algo).

Yo me he topado decenas de veces con que las letras subidas a Internet tienen “errores”, por así decirlo. Por ejemplo, que cambian “peace of mind” (lo correcto, “paz mental”) por “piece of mind” (¿qué rayos es eso?), o que cometen faltas de ortografía, o que simplemente escucharon mal las frases, por lo que unas lyrics de Internet no deben ser consideradas la última palabra del mundo.

De hecho, conforme tu nivel en la lengua vaya subiendo, te darás cuenta de estos errores y quién sabe, quizá hasta tú misma(o) subas las correcciones 🙂 (yo lo he hecho muchas veces con canciones en inglés, y me hace sentir poderosa).

Sin embargo, no dejes que esto te detenga, es parte del proceso de adquisición de una lengua aprender cosas que no son y después corregirlas sobre la marcha.

d) Escucharlas mientras lees la letra

Ahora que tienes la letra, ya sea porque la sacaste de oído o porque la buscaste en Internet, es momento de leer cada palabra al tiempo que la escuchas.

Hay varias formas de hacer y de beneficiarse de esto:

  • Ir aprendiendo frases hechas o incluso verbos con preposiciones (como los famosos phrasal verbs).
  • Ver cuáles palabras riman con otras (muchas veces, sobre todo en inglés, esto resulta sorpresivo, sobre todo por la grafía).
  • Ir tomando nota de la pronunciación de cada palabra escrita
  • Que las frases se vayan grabando en tu memoria por siempre para que puedas acceder a ellas de manera automática.
  • Comprender poco a poco el significado de las oraciones que contiene la canción
  • Entender cabalmente el mensaje o el feeling de la canción en conjunto, es decir, la intención comunicativa que tenía quien la escribió.

La idea es crear toda una experiencia audiovisual a la que, como dije más arriba, le debes dedicar toda tu atención para obtener los mejores resultados.

Una manera súper agradable de escuchar una canción mientras lees la letra suele ser buscando videos de lyrics o de Karaoke en YouTube.

Evidentemente, esto suele ser más fácil de encontrar en las lenguas más comunes, pero quién sabe qué puedas encontrar si buscas.

Solo necesitas poner en la cajita de búsqueda cosas como: “[nombre de la canción] + lyrics” o “[nombre de la canción] karaoke”.

Incluso hay canales enteros de YouTube que se dedican a subir canciones con las letras en el video. Cuestión de buscar.

La clave aquí (y en todo lo que tenga que ver con los idiomas) es la repetición. Entre más escuches una canción, mejor. Lo que nos lleva al siguiente punto:

e) Aprendértelas de memoria

Los resultados que yo he visto en mi propia fluidez vienen en gran parte de que me he aprendido un montón y medio de canciones, sobre todo en inglés.

Cuando te gusta una canción, suele ser inevitable comenzar a aprenderte el coro, o ciertas frases, pero la idea aquí es—como ya repetí varias veces—hacer un esfuerzo para sentarse a memorizar la canción en turno.

Seguramente tienes claro el hecho de que las canciones populares, como las rimas de niños y ese tipo de rimas, se han ido pasando a través de los siglos, de generación en generación, gracias a que son cantadas y no solo recitadas.

La música tiene algo muy especial que nos ayuda a que la información se grabe en nuestro cerebro, muchas veces incluso más tiempo del que nos gustaría (como muchos jingles de anuncios de productos y marcas en la tele o el radio).

Como aprendices de idiomas, podemos beneficiarnos muchísimo de esto, pues de lo que se trata es de que el orden “oficial” de las frases se grabe en nuestra memoria de tal manera que, cuando necesitamos decir una oración que no estamos seguros cómo se dice, una canción memorizada en algún rinconcito de nuestra mente nos puede salvar en el momento exacto.

Además de que es muy agradable darse cuenta de cómo las canciones van formando parte de nosotros mismos, el hecho de repetir las palabras y escuchar repetidas veces las piezas va haciendo que veamos más significados que antes habían permanecido ocultos.

Me refiero, por ejemplo, a muchos tintes metafóricos que en ocasiones las (los) compositoras(es) le dan a sus letras, o cosas como juegos de palabras.

Claro que esto depende de qué tan artísticas(os)/poéticas(os) sean quienes escriben, pero cuando escuchamos canciones de manera “normal” no solemos revisar tantas veces el texto (a veces ni le ponemos atención) y es muy común que nos perdamos de todo ese mundo sorprendente que se busca transmitir con la composición de una melodía.

Lo anterior, además de resultar muy satisfactorio, nos permite tener cierta idea de la cultura de un país, pues un japonés, por ejemplo, no hace las mismas alegorías o símiles que una francesa, y es una buena ventana hacia la forma de ver el mundo de otras culturas.

Una vez que te aprendas la canción de memoria, será inevitable que la comiences a cantar.

f) Cantarla

Cantar la canción por sí sola, en la regadera o cuando nadie te escucha, es un gran ejercicio para tu aparato fonador (lengua, labios, cuerdas vocales, etc) sobre todo si te esmeras por sonar como la (el) cantante.

Cantar la canción mientras la escuchas muy atentamente es la manera más óptima de mejorar tu pronunciación y descubrir sonidos que no sabías que existían.

Cuando estaba aprendiendo francés me aprendí muchísimas canciones de Tryo (las que había en ese momento; gracias a todos los santos del cielo han seguido sacando más discos).

Y recuerdo que un buen día, mientras cantaba al unísono una de ellas, escuché algo raro con la “t”, como un ruidito extraño que generaba una discrepancia entre la forma en la que yo la pronunciaba y en la que sonaba.

Después de sentir que estaba descubriendo el hilo negro, y de escuchar con mucha atención esa canción y otras más, y unos podcasts que tenía a la mano, me di cuenta de que la “t” francesa, cuando es seguida por una “i”, no es como la española, sino que tiene una pequeña aspiración después, lo que la hace sonar como “tsi” (más o menos).

Whoa.

Y me han seguido pasando muchas cosas así, las cuales amo.

Al aprenderte las canciones de memoria tienes más probabilidades y disponibilidad para enfocarte en este tipo de cosas, por eso (también) es importante hacerlo.

Si no te gusta cantar, lo entiendo (yo canto súper feo). No se trata de un concurso de canto ni mucho menos, nadie tiene que escucharte, solamente es un ejercicio (fonético) para tu aparato fonador, como las pesas son un ejercicio para el resto de tus músculos.

En realidad, no importa qué tan afinada(o) estés, porque lo que importa son los sonidos de la lengua y, sobre todo, la práctica que eso te da al pronunciar y hablar. Te hace una perosna más espontánea en [idioma]. Entonces, vale la pena aguantar un poco la vergüenza y atreverse a hacer un poco el ridículo.

(Aunque si no te gusta, tienes todo el permiso del mundo de no hacerlo).

3) Otras cosas que debes saber sobre las canciones:

Esta lista (no exhaustiva) son un conjunto de ideas que he querido escribir desde el inicio de este blog y nunca había hecho. Espero que te guste.

a) Sobre los géneros

En general es una buena idea practicar con canciones que te gustan (y mucho) para que escucharlas no solo sea agradable sino que te salga natural.

Pero entre más rara sea una lengua, más difícil se vuelve esto, y hay que adecuarse a lo que haya.

Sin embargo, parte de hacer toda esta investigación sobre el mundo de la música en [idioma] es eso, salir de lo conocido, encontrar sonidos ajenos a lo que nos ponen en el radio en nuestro lugar de origen y descubrir qué ocurre dentro de nosotras(os) mismas(os) con esa novedad.

Por ejemplo, a mí me encanta la música de Bollywood, la disfruto mucho cuando la llego a escuchar, pero hay algo que hace que me resista a ponerla yo. Es decir, nunca llega un momento en que digo:

Bien, ahora es el momento de poner música de Bollywood.

No lo vuelvo una prioridad en mi vida.

Pero a ti te recomiendo no cerrarte a los diferentes géneros que te vayas encontrando. Por ejemplo, si no escuchas rap en español, ¿por qué no intentas hacerlo en francés?

Incluso si no termina gustándote (no todo es para todos), puede que te dé un montón de palabras extremadamente coloquiales que no habrías encontrado de otra forma.

Y también puede que sientas otro tipo de cosas nuevas:

b) Sobre las emociones

La música en general (tenga o no letra en cualquier lengua) es una forma de conectarnos de manera muy directa con nuestras emociones.

A veces nos impedimos sentir algo o admitir que lo sentimos, pero por naturaleza, la música puede despertar sentimientos dormidos en nosotros sin que pase por nuestro intelecto.

Por lo tanto, tiene la capacidad de cambiar nuestro ánimo (temporalmente).

Y como seguramente ya has notado, cuando nos sentimos de determinada manera, tendemos a buscar música que nos refleje esas emociones.

Si esto te sucede y de repente te pones triste por una canción que estás “sacando” o estudiando, te recomiendo que no intentes fingir que esa emoción no existe; solo reconócela, ubica en qué parte de tu cuerpo la estás sintiendo y decide si quieres seguir con esa actividad en el momento.

He aprendido en la vida que las emociones quieren ser sentidas, y que si las “reprimimos” y las ignoramos, se hacen más fuertes (lo que resistes persiste, como se dice en inglés).

Así, solo permítete sentir la emoción e intenta averiguar el mensaje que te quiere dar.

Si hay cierto nivel de determinada emoción ya en tu sistema, una canción puede despertar una reacción más fuerte en ti que en otra persona que tengas menos de esa emoción “atrapada” en su organismo.

Es decir, si una melodía te pone muy triste, más de lo que crees que “debería”, es porque está resonando con una tristeza que tú ya traes.

Por lo tanto, vale la pena aventurarse a sentirla para que logre procesarse.

De otra forma, al ser una emoción no procesada, va a encontrar otras maneras de expresarse y salir, así que yo diría que es mejor que una emoción “brinque” a la conciencia cuando estás escuchando música a que surja cuando estás teniendo una conversación complicada con un ser querido y arda Troya.

Todo esto te lo digo solo para que seas consciente, no hay nada de qué preocuparse. Seguramente te ha pasado varias veces esto y todo ha estado bien 🙂

c) Sobre las asociaciones

Parte de la relación tan cercana entre música y emociones ayuda a un fenómeno muy interesante: las canciones se suelen “cargar”.

Por ejemplo, cuando escucho las canciones de Incubus recuerdo automáticamente y sin quererlo mi época de la preparatoria (bachillerato), y todo lo bueno y díficil que me pasó entonces.

Esto tiene varias implicaciones:

La primera es que a veces me resisto a escuchar esas piezas, es decir, me las salto cuando salen en modo aleatorio en mi biblioteca musical.

(Lo anterior te puede ayudar a entender por qué te resistes, si es que lo haces, a estudiar un idioma con canciones).

La segunda implicación de que las canciones se carguen es que las canciones que escuches en este momento de tu vida, sobre todo si las repites mucho, van a recordarte siempre la “esencia” de este momento de tu vida.

La tercera es que puedes usar esto a tu favor y cargar canciones a propósito. Si un día estás muy enojada(o), por ejemplo, y te pones a escuchar una canción para estudiar, es muy probable que la siguiente vez que lo hagas te vuelvas a sentir enojada(o) sin razón aparente.

Así, puedes escuchar una canción que nunca has oído (de preferencia de un artista que no tienda a la depresión) en un momento en que estás muy feliz, para que escucharla después sea una especie de píldora mágica para subir tu ánimo cuando no tengas ganas de hacer algo.

O como mi amiga B, que siempre que escucha la canción Believe de Cher le dan ganas de lavar los trastes porque tiene una lista de reproducción específica para hacer este tipo de tareas y ya lo asocia automáticamente.

Conclusión

Muy pocas cosas son tan buena herramienta para aprender un idioma como las canciones (de hecho yo diría que nada es mejor).

Si estás aprendiendo una lengua muy común, no te rindas hasta encontrar música que te haga estúpidamente feliz cuando la escuchas. Si tu idioma no es tan común, haz lo posible por buscar la mayor cantidad de canciones que puedas (siempre hay forma).

Pon mucha atención mientras escuchas las palabras de la música y apréndetela de memoria, para cantarla al unísono o solo para disfrutarla.

Recuerda que la clave es la repetición y estate atenta(o) a las emociones que te genera lo que escuchas.

Y eso es todo lo que quería que supieras sobre las canciones.

Sin embargo, no es todo lo que hay que saber, por lo que si sientes que me faltó algo que a ti te suele funcionar para adquirir una lengua con música, escríbelo en los comentarios.

Comparte este tutorial con una persona a la que creas que le puede gustar.

La magia de la schwa o: Cómo adquirir un nuevo sonido

Hace no mucho, por razones de las que quizá algún día escriba aquí, empecé a escuchar muchos podcasts para aprender inglés.

(Aunque, como tú sabes, el inglés y yo somos muy buenos amigos).

Esta breve incursión en el mundo del aprendizaje del inglés me ayudó a refinar un fonema que yo no sabía que no conocía, la schwa (se pronuncia /shuá/ y se transcribe ə , como una e al revés).

La schwa es no solo la vocal más común del idioma inglés, sino su sonido más frecuente. Y, curiosamente, el acento nunca cae una ə:

Quiero ser una schwa, nunca está acentuada /
Quiero ser una schwa, nunca está acentuada / “estresada”

Es decir, que cada vez que nos exponemos al inglés hablado, escuchamos una gran cantidad de schwas. Siempre y cuando estemos preparados para hacerlo, porque de otro modo, las filtramos y las asimilamos a otras vocales que sí podemos escuchar o, como es muy común que suceda, las “forzamos” a la letra que vemos escrita.

Es decir, si leemos “pencil” obligamos a la segunda vocal, que en realidad es una schwa, a que suene como “i”, porque dice pencil

Todo lo anterior es lo que me pasaba hasta que dejó de pasarme.

Entra la schwa

Como seguramente sabes si te preocupas por escuchar sonidos de otras lenguas y/o por mejorar tu pronunciación y/o si simplemente te gusta la fonética, tiene que haber ciertas condiciones para que un sonido nuevo realmente entre a tu sistema fonético.

Es decir, tienes que decirle a tu cerebro:

Hey, pon atención, este sonido nuevo suena como una j pero que en realidad es una h y se pronuncia como si echaras vaho a un espejo, pero sin abrir tanto los labios, y haciendo que vibren las cuerdas vocales pero no tanto. Ahora practícalo mil veces. Bien. Ahora estás listo para escucharlo. Aunque probablemente solo en algunos contextos.

Algo así fue lo que hice con esta vocal.

El primer lugar donde lo escuché fue en este episodio del podcast Go Natural English y mi cabeza explotó. ¡¿Eso existe?! Al principio era solo un concepto teórico, no podía identificar a la schwa.

La repetía varias veces, la intentaba oír, y sentía que no me salía.

Pero, conforme iba pasando el tiempo (y no fue poco tiempo, durante todo el proceso pasaron unos 2 o 3 meses), pude comenzar a escuchar una vocal rara en algunas frases en otros podcasts que oigo (que no son para aprendices de inglés; podcasts normales).

No se oía tal cual como la imagen acústica que yo tenía de la schwa, más bien era como un sonido que sobresalía, que antes no estaba.

Por eso supe que era la schwa, porque era la única vocal que me había esmerado en aprender a escuchar.

Después, vi este video de Amigos Ingleses:

…y memoricé las frases que ponen a partir del minuto 10:17. Las practiqué hasta que me aburrí.

Después, como no me aprendí todos los contextos en los que la vocal puede estar, a veces me surgía la duda de si llevaba schwa alguna palabra que yo sentía que la tenía. Entonces buscaba en el diccionario la transcripción fonética y la amigable “e” al revés me saludaba o no.

Todo esto fue afinando mi oído y mi intuición lingüística a tal punto que corregí en mi mente la pronunciación del inglés que ya había aprendido, palabra por palabra (de las más comunes, claro está, no pueden ser todas).

Por ejemplo, antes decía /bɑˈnɑːnɑ/ y me entrené para decir /bəˈnɑːnə/ (banana). Antes decía /tuˈmɒroʊ/ y ahora digo /təˈmɒrəʊ/ (tomorrow). Me veía chistosa:

llama linguista
Persona en la biblioteca haciendo sonidos raros No está loca, solo es un estudiante de lingüística.

Como es lógico, todavía me queda mucho por seguir corrigiendo y puliendo, pero siento que hice un gran avance en mi pronunciación.

Te cuento esto porque fue algo extremadamente divertido para mí, sobre todo porque me recordó (otra vez) que uno nunca termina de aprender una lengua, ni siquiera cuando ya la entiende completamente.

Muchas personas no comprenden el inglés hablado porque su cerebro no tiene registrados los sonidos (y por lo mismo, no pronuncian tan bien como les gustaría, lo que hace que sus interlocutores no los entiendan cuando hablan).

Sin embargo, este no era mi caso, porque como entiendo todo lo que oigo* no me había dado cuenta de que no escuchaba la schwa.

*excepto si hablan en dialecto. Sálvenme de algunos dialectos del inglés de EUA, y el de Australia, no les entiendo nada

En resumen:

  1. Para adquirir un sonido nuevo, lo primero que tienes que hacer es saber que existe. Si se trata del inglés, hay miles de podcasts y videos en los que te explican todos y cada uno de los fonemas de esta lengua. Si se trata de otra lengua, quizá no haya tantos, pero estoy segura de que puedes encontrar materiales.
  2. Repítelo hasta que te sientas ridículo. Contrástalo con los otros sonidos que antes creías que eran. Vuelve a escucharlos y practícalos mientras escuchas alguna grabación de ese fonema (es decir, para que se oiga al unísono el mismo fonema).
  3. Escucha mucho inglés hablado hasta que salte un sonido raro que antes no escuchabas. Seguramente es el fonema que acabas de aprender. ¡Esto es muy buena señal!
  4. Si lo necesitas, busca la transcripción de algunas palabras en el diccionario para confirmar tu intuición.
  5. Sigue practicando palabras y frases enteras hasta que se vuelva automático. Si es tu caso, hazlo también para corregir la forma en la que solías pronunciar antes.
  6. Felicidades, has adquirido un sonido nuevo.

Y tú, ¿has aprendido recientemente un sonido nuevo? ¿Cómo le hiciste? Cuéntamelo todo en los comentarios

Cambios pequeños, grandes resultados 3: Mini hábitos

Esta es la tercera y última parte de una serie de entradas sobre cómo pequeños ajustes en las actividades de todos los días pueden hacer que, de repente y sin darte cuenta, estés avanzando a pasos agigantados con la lengua que estás aprendiendo.

Por si sientes que te has detenido o por si quieres subir de nivel más rápidamente.

O incluso por si quieres aplicarlo a otro tipo de cosas que no tengan que ver con las lenguas. Todo es válido una vez que comprendes cómo funcionan estos pequeños cambios.

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Mini hábitos

La idea detrás de los mini hábitos es que sean realmente pequeños con el fin de que no necesites depender de la motivación ni de la fuerza de voluntad para realizarlos, que generes sentimientos bonitos después de haberlo hecho, y que lo hagas durante 5 días.

Miniature Food Fruit Prep'Board  #2

Ejemplo:

Imagina que tienes una lista de libros que quieres leer en el idioma que estás estudiando, y deseas establecerte el hábito de la lectura (para que en vez de pensar en hacerlo y recordar que no tienes tiempo, lo realices sin esfuerzo). Es una gran oportunidad para poner en práctica los Mini hábitos.

1. Para empezar, tienes que pensar cuál es la primera actividad que se requiere para el nuevo hábito que quieres lograr: “Leer libros en alemán”.

En este caso, la actividad más pequeña (que dure menos de 30 segundos) es: “Leer una sola línea”.

2. Piensa si quieres que tu nuevo hábito se forme en la mañana o en la noche, o en la tarde. Luego, establece una actividad después de la cual vas a crear tu nuevo hábito (no puede ser “antes”):

Después de desayunar, voy a leer una sola línea (de uno de los libros).

Esa actividad previa a tu nuevo mini hábito tiene que ser algo que hagas todos los días, es decir, un hábito que ya esté formado. Vas a “colgar” tu mini hábito del que ya está consolidado.

Lo interesante de este método es que concluir con una mini actividad te lleva a seguir adelante con lo que se necesita para llegar. Por ejemplo, el creador del método dice que un buen mini hábito es “Después de lavarme la boca, voy a pasar hilo dental por uno solo de mis dientes”. Como eso es tan fácil, lo puedes hacer sin pensarlo, y ya que lo realizaste, puedes continuar con el resto de tu dentadura.

Siguiente paso:

3. Cuando recuerdes abrir tu libro después de desayunar y una vez que leas la primera línea, celebra. Puedes sonreír, bailar en tu lugar, levantar los brazos en señal de victoria, o simplemente sentir el logro (como quiera que eso sea). Entre más feliz te sientas, más fácil será que repitas el comportamiento.

4. Repítelo durante 5 días. Cerca del día 3 o 4 seguramente tendrás que hacer ajustes, pero es normal. Arregla lo que debas arreglar y repítelo.

Antes del primer día tienes que acomodar el mundo a tu alrededor para que propicie tu nuevo hábito. Por ejemplo, elegir el libro que vas a leer, ponerlo en un lugar visible y quitarle todas las cosas de encima, o asegurarte de que tengas un separador a la mano para que no pierdas la página en la que te quedaste.

Resumen de lo que necesitas:

  • Piensa en una actividad que hagas todos los días una vez al día.
  • Escribe: “Después de [esa actividad], voy a [nuevo hábito]”.
  • El inicio del nuevo mini hábito no puede llevarte más de 30 segundos (aunque sí menos).
  • Tiene que implicar poco o ningún esfuerzo.
  • Celebra cuando lo hagas, o incluso en cuanto recuerdes que dijiste que lo harías.
  • Continúa con la actividad a la que te lleva (en este caso, leer dos líneas, o toda la página),

Después del quinto día será un comportamiento más o menos automático, y está en ti continuarlo, ajustarlo otra vez, o abandonarlo.

Entre más simple, más breve y menos cargado de emociones, mejor probabilidades tendrás de que se cree tu hábito nuevo.

Así, sólo por recordar que cuando termines de desayunar vas a tomar el libro que deseas leer, ya estás acercándote mucho a la meta inicial de “Leer todos los días” o “Leer libros en alemán”, porque una cosa te lleva a la otra. Siempre y cuando no te distraigas. Pero supongo que esa es otra historia.

¿Un hábito nuevo en 5 días?

Una buena definición de hábito implica que es un comportamiento automático y no consciente; es decir, que ya forma parte de ti.

Ciertamente, una actividad que no estás acostumbrado a hacer no se vuelve 100% maquinal en cinco días, pero ya es un gran inicio (seguramente te sorprenderá, como a mí cuando lo practiqué por primera vez, lo fácil que es implementar estos Mini hábitos).

La mejor ventaja de este método es que te hace obtener práctica en la habilidad de establecer nuevos hábitos, y por lo tanto, puedes hacer hasta tres al mismo tiempo.

Intenta un mini hábito para leer, otro para escribir, otro para escuchar y uno más para hablar la lengua que aprendes, y si haces uno por semana, en un mes ya tendrás cuatro fundamentos de hábito que te harán avanzar muy rápido.

Aunque, claro está, siempre estás bienvenido a tomártelo con calma porque la idea es que sea diferente a todos los intentos anteriores que has llevado a cabo, es decir, que ahora sí funcione y que puedas mantener esos hábitos.

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Otras ideas de Mini hábitos:

  • “Después de prender mi computadora, voy a abrir el documento en el que estoy trabajando”. (Así, lo primero que hago ya no es abrir Facebook y ahorro mucho tiempo).
  • “Después de ver que mi cama está destendida, voy a acomodar las cobijas”. (Gracias a eso tiendo mi cama todos los días y mi cuarto no parece zona de guerra.)
  • “Después de escribir, voy a guardar mi cuaderno en el cajón”. (He descubierto que dejar afuera mi cuaderno hace que sea imposible mantener el orden de mi escritorio).

¿Qué activdad te gustaría añadir a tu vida de esta manera fácil y totalmente  indolora?

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Esta fue la última entrada de esta serie. Espero que te haya dado ideas de cómo avanzar poco a poco. Porque una sola cosa, quince minutos al día, o 30 segundos de mini hábito son mucho más satisfactorios y útiles que nada.

No olvides decir en los comentarios cuál de los “Cambios pequeños” has intentado, y cuál te resultó más efectivo o te gustó más.

Y recuerda que eres totalmente libre de modificarlos como mejor te funcionen a ti.

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Cambios pequeños, grandes resultados 1: Una sola cosa
Cambios pequeños, grandes resultados 2: Sufre durante 15 minutos

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*BJF

Foto de Stéphanie Kilgast

Cambios pequeños, grandes resultados 2: Sufre durante 15 minutos

Esta es la segunda parte de una serie de entradas sobre cómo pequeños ajustes en las actividades de todos los días pueden hacer que, de repente y sin darte cuenta, estés avanzando a pasos agigantados con la lengua que estás aprendiendo.

Por si sientes que te has detenido o por si quieres subir de nivel más rápidamente.

O incluso por si quieres aplicarlo a otro tipo de cosas que no tengan que ver con las lenguas. Todo es válido una vez que comprendes cómo funcionan estos pequeños cambios.

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Sufre por 15 minutos al día

La idea detrás de este pequeño cambio (¿qué son 15 minutos en un día de 24 horas?) es que elijas una actividad que te gustaría haber llevado a cabo, pero que llevas mucho tiempo evadiendo porque piensas que va a ser muy difícil o incómodo.

En lo general yo estoy en contra de maltratarte a ti mismo para hacer las cosas, pero como verás si sigues leyendo, esta vez “sufrir” es más bien amigable.

Requisito para “Sufrir durante 15 minutos al día” correctamente:

  • Elige una actividad–relacionada con tu nueva lengua–que tenga un fin claro (y, de preferencia, no tan lejano):

Ver 5 películas sin subtítulos. Avanzar un nivel más en Duolingo. Escuchar 20 episodios de un podcast. Etcétera.

Si tienes mucho tiempo libre, quizá no te parezcan incómodas este tipo de actividades, pero llega un momento en la vida en que pensar en hacer algo nuevo, por benéfico que pueda llegar a ser, implica una gran resistencia.

15 Speed Limit Sign
Aquí es cuando entra la magia de este pequeño cambio:

  1. Deja muy claro qué es lo que quieres hacer:
    Escuchar 20 episodios de un podcast.
  2. Consigue lo que necesitas:
    ¿Ya descargaste los episodios del podcast que quieres escuchar? 
  3. Elige el día que vas a empezar a realizarlo, y en qué momento del día vas a acomodar esos 15 minutos.
    Después de llegar a mi casa de la escuela.
  4. Consigue un temporizador / cuenta regresiva. Casi todos los celulares traen uno. Y si el tuyo no, aquí tienes uno original. Ajústalo por 15 minutos justo antes de empezar.
  5. Pon manos a la obra, y en cuanto pasen los 15 minutos, deja de hacerlo.
  6. Repítelo por 15 minutos al día durante los días necesarios para terminar la actividad que te propusiste.

Si no tienes ni la menor idea de cómo se le hace para escuchar un podcast, o de qué es eso, dedícale el “sufrir por 15 minutos” a aprender a hacerlo, y no lo dejes hasta que puedas descargar podcasts como si hubieras nacido sabiéndolo hacer. Por ejemplo.

Como puedes ver, en realidad no se trata de sufrir, sino de hacerte a la idea de que, mientras comienzas a aprender algo nuevo, surge la frustración y la incomodidad de intentar cosas que no dominamos.

Es saber de antemano que no va a ser lo más placentero del mundo durante unos minutos, pero que cuando termines los episodios del podcast, o cuando subas de nivel en Duolingo, o cuando veas esas 5 películas, ya vas a tener una habilidad y un logro más, además del recuerdo de que pudiste hacer algo que te costó trabajo y de que no siempre tienes que sentirte bien.

Claro que para que este pequeño cambio sea útil, tiene que ser con algo que realmente desees tener hecho, o cuyos beneficios sean muy grandes para ti.

Recuerda tratarte bien en el proceso y pensar que lo estás haciendo porque al final te vas a sentir más feliz que si hubieras seguido sin hacer lo que hiciste en esos 15 minutos de cada día. (Si en cualquier momento te molesta demasiado, puedes abandonarlo).

Ten en cuenta que si la tarea es muy larga o laboriosa es mejor continuar después de los 15 minutos porque, de otro modo, jamás terminarás. Es una buena idea aumentar de 5 minutos en 5 minutos hasta llegar a un bloque de tiempo en el que puedas trabajar sin cansarte.

Lo más probable al poner esto en práctica es que te des cuenta de que en tu mente el sufrimiento se había hecho más grande de lo que es y que, en realidad, no se siente tan mal ir por la vida como un aprendiz.

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Otras formas de aplicar “Sufre por 15 minutos al día”:

  • Cada vez que te enfrentes a algo que quieres (o debes) hacer, pero la simple idea de sentarte a aprender te provoca aversión.
  • Cuando tengas la necesidad o la obligación de completar una tarea aburrida. Ejemplo: limpiar tu casa
  • Cuando lleves mucho tiempo diciendo que vas a probar una actividad nueva y simplemente no has hallado un momento para hacerlo.

¿Hay alguna actividad a la que podrías acercarte durante sólo 15 minutos?

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Cambios pequeños, grandes resultados 1: Una sola cosa
Cambios pequeños, grandes resultados 3: Mini hábitos

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*GR

Foto de Vlasta Juricek

6 cosas emocionantes que hacer en Internet cuando estás aburrido(a)

Para mucha gente, lo contrario del aburrimiento es “divertirse” o “entretenerse”. Para mí, lo contrario del aburrimiento es “aprender”, “ver el mundo de otra forma”, “sorprenderme”, “maravillarme” o simplemente “interesarme en algo”.

Sé que no todas las personas son así, pero si esto suena como algo que tú has pensado, te invito a seguir leyendo.

¿Quieres saber por qué estás aburrido(a)?

Si buscaste en Google cosas interesantes para hacer, quizá es mejor que entiendas por qué te sientes así para curarlo de una vez por todas.

Estar aburrido(a) es como si tu mente te estuviera diciendo que le hace falta algo (al igual que la sed es un mensaje de que a tu cuerpo le faltan líquidos y te motiva a buscar agua).

Así como la sed se quita, el aburrimiento también se puede quitar si encuentras ese “algo”.

Buscas y buscas algo que pueda hacerte dejar de sentir aburrimiento porque tu mente te está motivando a que encuentres algo que le falta actualmente a tu vida.

Sé que no es tan fácil pasar de ver gifs chistosos a empezar a desarrollar un proyecto que te apasione mucho, por ejemplo.

Por eso hice una lista de actividades (que tienen que ver con los idiomas, el tema principal de este blog) que te pueden servir como inspiración o hasta como cura del aburrimiento.

Deja que los links te lleven y te sorprendan, y dale una oportunidad a todos los items de la lista antes de buscar otra cosa.

1. Cámbiale el país a YouTube

Entra a Youtube, ignora todos los videos que hay, y ve hasta abajo. Verás dos letreros con una flechita, uno que dice “Idioma” y al lado otro de “País”.youtubeElige uno de los países donde se habla la lengua que estás estudiando, sube la pantalla y en el centro verás una opción que dice “Videos del momento”. Ve ahí y reproduce algún video que te llame la atención, solo para ver qué pasa.

Si alguno te da mucha curiosidad, puedes usarlo para practicar tu oído y ponerle play todas las veces que sean necesarias hasta que lo entiendas por completo.

Opcional: Cámbiale también el idioma de la interfaz de Youtube para que los letreros como de “Inicio” o “Suscripciones” te aparezcan en la lengua que te interesa.

2. TED

¿Youtube ya te aburrió? Prueba TED. Está en inglés, pero en cuanto haces clic en uno de los videos, aparece una caja que dice: “[número] languages“.

Ve una plática (o muchas) dada por una persona brillante que pertenezca a categorías como “para quedarse con la boca abierta” (jaw-dropping), “fascinante”, “inspiradora”, “bella” o”divertida”.

Te reto a encontrar alguna que no sea, al menos, interesante. Por si te aburre ser un espectador pasivo, puedes contribuir a traducir pláticas.

Aquí puedes ver muchas charlas que han dado sobre el tema del lenguaje (y que han sido traducidas al español). Muy muy recomendables.

3. Wikipedia

Ya que estamos en traducir y aportar, la enciclopedia libre te da la oportunidad de hacerlo. Empieza por crear una cuenta y, una vez que la tengas, hacer tu página de usuario (sólo haz clic en tu propio nombre, hasta arriba). Puedes crear una torre de Babel como esta:

Mi propia torre (borrosa…)

O puedes ayudar a corregir y traducir artículos. Para que sea una mejor experiencia, ten en cuenta que los textos que corriges o traduces deben interesarte.

Si no tienes ganas de hacer eso, puedes simplemente dar clic en “Página aleatoria” y revisar alfabetos que te llamen la atención de la lista de la izquierda.

Yo así he aprendido a identificar varias lenguas, además de averiguar dónde se hablan y cómo suenan, esto último gracias a la ayuda de…

4. Google Translate

Ya sé que ya conoces el traductor de Google, pero es muy probable que no hayas usado una herramienta que tiene: el sintetizador de voz.

Es uno de los mejores sintetizadores de los que tengo noticia (hay unos muy malos…).

Para sacar sus bondades a la luz, copia un texto desde Wikipedia en una lengua que te haya dado curiosidad cómo suena, pégalo, y haz clic en el símbolo del altavoz.

Antes de eso debes tener activada la opción de “Detectar idioma” en la caja de la izquierda.

También está muy bien el botón de Ä, que escribe fonéticamente las palabras que vas escuchando para lenguas no escritas con el alfabeto latino, como el ruso, el japonés, el chino, etc.

Ah, por cierto, puedes ver la traducción a la derecha.

5. Duolingo

Esta página de aprendizaje de idiomas es adictiva, retadora, muy disfrutable y totalmente gratuita.

Lo único “malo” es que tiene muy pocas lenguas (aunque cada vez hay más, todo el tiempo están actualizando su app y su página).

En verdad creo que es muy buena para arrancar de una vez por todas con una lengua.

Una pequeña desventaja es que estás aprendiendo una lengua frente a una máquina, y como tú sabes, yo soy partidaria de hablar con personas porque te aportan más cosas que un programa de computadora, pero para eso tenemos al último ítem de la lista…

6. Habla con un extranjero

Esto es lo más emocionante. 😀

Existen páginas como PolyglotClub o Italki, que son comunidades de personas interesadas en las lenguas extranjeras.

Crea una cuenta, ya sea en para encontrar gente con la que puedas intercambiar las lenguas que hablas. (O si ya tienes una en otra página similar, úsala).

Para hacerlo, hay que conseguir un micrófono e instalar Skype en tu computadora, para que tengas cómo hablar con la gente disponible en cada una de las páginas.

Puedes escribirles un mensaje privado ofreciéndoles intercambiar idiomas, y pedirles su nombre de usuario en Skype.

Si te pones la meta de enviar 10 correos como mínimo en un día, al menos una persona te responderá y tendrás un amigo del otro lado del mundo con el que podrás conocer una o varias culturas distintas a la tuya y expandir tu vida.

Nota: a veces tienes que ser un poco insistente para concertar citas con las personas, teniendo en cuenta la diferencia horaria y todos los pequeños obstáculos que pueden hacer que el destinatario del mensaje diga: sí quisiera, pero no tengo tiempo… En realidad, sí lo tiene, todos lo tenemos. No tiene que ser una hora al día, pueden ser 20 minutos a la semana.

Si hablar con algún extranjero suena como algo aterrador, te recomiendo que leas la serie de artículos que escribí justo para ayudarte con eso.

Espero que después de explorar estas opciones te sientas menos aburrido(a).

Y si lo que acabas de leer te gustó, te invito a quedarte en necesitasotralengua.com y leer más sobre mí y sobre el blog.

 

Foto de left-hand

Tienes que (querer) hacer el ridículo

Sentir que uno ha hecho el ridículo es algo muy, muy incómodo. Yo lo he vivido. He hecho el ridículo decenas de veces… y contando.

Pero es posible acostumbrarse. Puedes tranquilizar a tu mente: no eres ni serás el único que se equivoque enfrente de mucha gente, o que diga algo que no pretendía ser cómico. Es parte de ser un humano social viviendo una existencia humana.

¿Una prueba? Tú también te has reído (¿o burlado?) de alguien que dice algo involuntariamente gracioso.

A fin de cuentas, de lo que se ríe la gente no es de ti, sino de lo que dijiste. Claro que está relacionado, pues te voltean a ver cuando lo hacen, pero se trata de algo más bien inocente: tú no eres lo que haces.

Una mujer que hace algo grosero no es una grosera todo el tiempo (seguramente a veces también hace cosas tiernas con sus hijos), así como alguien que hace algo ridículo no es un ridículo todo el tiempo. Los seres humanos hacemos cosas ridículas, tontas, inteligentes, impresionantes, imprudentes… pero somos mucho más que nuestras acciones.

En el momento en que entiendas que el ridículo es no sólo parte de la vida, sino parte del aprendizaje de cualquier cosa, y a medida que te des cuenta de que la vida sigue y después ya prácticamente nadie se acuerda, entonces serás casi invencible.

Tal vez no me creas, pero llega un momento en que, si se lo propone, uno comienza a dejar de identificarse con lo que dice, con las lenguas que habla, con el trabajo que le costó aprender tal o cual construcción gramatical, y entonces el miedo al ridículo desaparece. O por lo menos se reduce considerablemente.

Si alguien se ríe de ti, ríes con él. Si alguien te corrige, te da gusto (y no te lo tomas personal).

La verdad es que sí da risa…

Recuerdo que una vez, hace unos años, yo llegué al centro de lenguas donde estudiaba francés y como llegué temprano, el profesor de español hizo que el austriaco que estaba estudiando español con él practicara conmigo. El extranjero tuvo la desgracia de decir: “Mucho gusta” en vez de “Mucho gusto”.

¿Qué hubieras hecho tú? Yo me reí. Pero no es que me haya burlado de él: se veía que le costaba mucho trabajo. Y entonces, como yo era demasiado joven para entender muchas cosas, me seguí riendo, pero—lo juro—no era para que él sintiera que estaba haciendo el ridículo y se fuera a su casa pensando que era un fracaso para el español, sino porque, en ese momento, lo que yo creía era que estaba denotando alegría y un ambiente casual, y que eso lo animaba.

Ahora ya sé que se agradece más hacer un esfuerzo por no reírse.

La anécdota anterior fue para mostrarte que, a veces, si la gente se ríe de ti, no es DE TI. Es de lo que dijiste, o de lo que pensaron que dijiste, no de tu esencia, ni de tus principios, ni de tus talentos y cualidades. Ni siquiera de tus defectos.

En fin.

No le tengas tanto miedo al ridículo. Sí, uno se siente mal cuando todos lo ven raro, pero si uno simplemente lo deja pasar (en vez de repetirse mil veces “¡Maldición, hice el ridículo, hice el ridículo y todos se rieron de mí y ya no me respetan!”), se olvida a la misma velocidad que a los demás. (Tienen cosas más importantes en que pensar, créeme).

En el fondo, a lo que le tememos es a que nos excluyan de la tribu social, de quedarnos sin contactos y morirnos de hambre y frío (sí, seguimos reaccionando como hombres y mujeres de las cavernas).

Sin embargo, recuerda que aunque es muy importante, muy útil y muy agradable, no es indispensable para sobrevivir en este mundo moderno que todas las personas que conoces te aprueben y te adoren y te aplaudan. Puedes soportar (como seguramente has hecho varias veces en tu vida) el que algunas de ellas tengan o hayan tenido una opinión no taaaan favorable de ti.

Te deseo que el miedo al ridículo no te detenga tanto para practicar con otras personas.

Hazte a la idea de que se van a reír de las inevitablemente imperfectas palabras que salgan de tu boca y que no vas a dejar que te afecte: es parte del camino al perfeccionamiento, para que después ya no pase. Tal vez al final ni siquiera ocurra, de cualquier forma.

Si quien se ríe de tus construcciones agramaticales es un grupo de personas, piensa que la risa tiene la virtud de romper la tensión y de producir sustancias que hacen que te sientas más cercano a las personas que ríen contigo. Es como si te dieran una bienvenida. (Incómodo, sí, pero al fin y al cabo es mejor causar risa que aversión, u otro tipo de emociones desagradables).

Por último, aprende a reírte de ti mismo. La verdad es que sí da risa…

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Cómo tener una mente abierta
El temido primer nivel