Por qué no debes esforzarte por adquirir una lengua

Ya he hablado sobre esta idea en otros textos que he escrito pero nunca le he dado su lugar en una entrada.

El proceso de aprendizaje ocurre, en su mayoría, fuera de nuestra conciencia.

Esto quiere decir que no necesitas hacer un esfuerzo por adquirir una lengua. Es algo que mayormente solo pasa.

En cierto sentido, sí hay que hacer varios esfuerzos. Como sentarte a estudiar, exponerte a materiales en la lengua, dejar de lado las distracciones, no caer en las tentaciones de abandonarlo, etcétera.

Pero eso se trata de crear las condiciones para que el proceso de adquisición suceda por sí mismo.

Claro, puedes llevar a cabo acciones que lo optimicen y todo eso, pero en sí, pasa sin que tú hagas nada.

Buenas noticias

Esto es una gran noticia para los aprendices de lenguas desmotivados:

¡Estás adquiriendo esa lengua, aunque creas que no!

O, mejor dicho, sobre todo cuando crees que no.

¿Notas cuando te está creciendo el cabello? ¿O solo cuando ya lo tienes demasiado largo y hay que hacer algo al respecto?

Pasa algo muy parecido con las lenguas.

Hay etapas en las que parece que no está pasando nada, en la que nuestro cerebro y nuestras emociones hacen que nos enfoquemos en todo lo que no sabemos, en todo lo que no hemos aprendido, en lo que no entendimos de ese podcast.

Pero eso no significa que no esté pasando nada behind the scenes.

Algún día lo notarás, como notas que ya te creció el cabello, y te sentirás feliz.

Pero mientras no lo notes, lo peor que puedes hacer es desesperarte.

¡Tienes que confiar en que sí está pasando algo!

(Porque está pasando). 

No lo notas, pero es real

Desde que inició noviembre le he estado dando clases de comprensión de lectura en inglés a una amiga.

Me di cuenta de que, en las primeras clases, le costaba mucho identificar cuándo un verbo con -ing en inglés podía ser traducido como un gerundio o como un infinitivo en español.

Es decir, si dice “feeling”, ¿es “sentir” o “sintiendo”?

Obviamente, depende del contexto, pero ella me decía que no entendía muy bien cómo diferenciarlo y se sentía un poco frustrada.

No te preocupes, le dije, en menos de lo que canta un gallo tu cerebro lo va a entender. Tú no tienes que hacer nada para entenderlo.

Y así fue.

Ayer estábamos leyendo un texto donde venía uno de esos verbos con -ing y automáticamente lo identificó. No, no veo el futuro, solo confío en el poder del cerebro. 

Entonces, me emocioné y le pregunté:

¿Te diste cuenta de que no dudaste ni un milisegundo para decir que era un “sentir” y no un “sintiendo”?

Para su sorpresa (que no la mía, porque ya sé que así pasa), no se había dado cuenta. Solo lo hizo y estaba siguiendo con el texto.

En cuanto se lo hice notar se sintió muy feliz y aproveché para decirle un resumen de todo lo que estoy escribiendo en esta entrada.

A lo que quiero llegar:

Los seres humanos, por definición, somos muy malos para notar lo bueno, el avance, lo positivo, lo que sí tenemos, lo que no nos duele, lo hermoso de la vida.

Somos medio adictos al drama y a lo que está mal y no sale y no podemos.

Mi punto no es exhortarte a que te enfoques en lo bueno (aunque tampoco estaría mal), sino que te hagas del hábito de abrir tu mente, cada que te acuerdes, a la posibilidad de que quizá hay un montón de avances y hermosuras que sí se encuentran ahí pero no estás viendo.

Nuestros cerebros están aprendiendo cosas TODO EL TIEMPO, 24/7.

Y solo una fracción pequeña de ese proceso es consciente.

No conviene basar tus juicios sobre tu capacidad en lo que notas que aprendes.

Enfoca tu energía en lo que te corresponde, que es exponerte a la lengua o al material que estás intentando aprender, en mantener un ritmo de estudio constante, y deja que tu cerebro haga el resto.

¿Qué opinas?

Dos mil diecinueve en retrospectiva (1/3)

Cada año escribo una retrospectiva de los meses que han pasado para recordar lecciones, verlo todo desde otro punto de vista y procesar lo que haya quedado pendiente. Esta es la primera parte de tres. 

Enero

Enero fue un mes espeluznante para mí.

Como que quería que fuera un nuevo comienzo pero todavía traía mucha de la “vibra” del 2018. (Y, como dije en alguna otra entrada, sé que no soy la única a la que le pareció un año extremadamente intenso).

En el trabajo, por un montón de razones que no quiero recordar, hubo que quedarse 12 horas al día durante dos semanas. Es (y fue) demasiado.

No dormía bien porque, además, tenía una especie de pánico vital relacionado con algo que estaba pasado en mi familia y me daba apnea del sueño, lo que significa que dejaba de respirar mientras estaba dormida (no te lo recomiendo).

Además retomé contacto con un [hombre] que me gustaba pero con el que ya había visto que no iba a funcionar y por alguna razón los dos nos empeñábamos en intentar ser “amigos”, lo cual era imposible y por lo tanto me desgastaba emocionalmente.

Pero llegó el año lunar nuevo (también conocido como año nuevo chino) y todo se aligeró.

Febrero

Fue un mes mucho más amable. Todavía tenía resabios de enero pero algo en el aire se sentía mucho más ligero, en todos los sentidos.

Pude dormir y descansar mejor, y en muchos sentidos parecía que veía la luz.

Dejé ir al susodicho (¡soy fan de esa palabra!) y aunque fue difícil, sobre todo al principio, resultó un triunfo para mí.

Sin embargo, toda mi energía estaba enfocada en mi demandante trabajo, en el que, después de más de 4 meses, por fin sentía que me estaba adaptando.

Marzo

Lo que más recuerdo de este mes fue que, unas semanas después, lo marqué como el momento en el que R y yo empezamos a hacernos amigos.

R estaba en mi equipo de trabajo y es una de esas personas frente a las cuales nadie puede estar indiferente.

A mí al principio me parecía muy pesado y me caía mal; estaba en total resistencia a su existencia (es decir, mi opinión de él era: No debería ser así, No debería trabajar aquí, No debería estar en mi equipo, No debería haber dicho eso).

Pero un buen día (de enero, creo) me di cuenta de eso y recordé que la resistencia solo lo hace todo más difícil, por lo que decidí aceptar, aceptar y aceptar.

Aceptar que era como era. Que estaba en mi equipo de trabajo. En resumen, que era mi realidad.

Spoiler alert: Todo se transformó. Yo cambié con él y me abrí para conocerlo, él cambió conmigo y nos hicimos amigos.

Funny how that works. 

Abril

Mientras mi relación con R mejoraba y nuestra amistad se hacía cada vez más fuerte, yo empecé a sentirme mejor en ese trabajo.

Al principio sentía que no encajaba en lo más mínimo; de hecho, por momentos me sentía otra vez como en la escuela primaria y no entendía muy bien por qué, pero con él fui encontrando un espacio de pertenencia.

A finales de abril tuve una revelación (¡anagnórisis!) sobre mí misma, mi sistema nervioso y todo mi ser, patrocinado por mi mágica y hermosa amiga P.

En muchos sentidos me ayudó a entender por qué a lo largo de mi vida, desde la primaria hasta ese trabajo, no sentía que encajaba del todo.

Todavía no me siento lista para decir exactamente qué fue.

Tendrás que esperar a abril del 2020 para que te dé un par de pistas, pero definitivamente no fue algo pequeño. Fue brutal, nivel: los tres meses siguientes estuve en distintos niveles de crisis.

Pero crisis buena. (De hecho, hay quien dice que toda crisis es positiva, pero esa es otra historia).

Mi momento de anagnórisis ha sido, sin lugar a dudas, lo mejor que me ha pasado.

Notas:

Mientras escribo esto, noto que todavía tengo mucho dolor en mi ser con respecto a los primeros tres meses del año.

Quizá por eso no entré en tantos detalles como me hubiera gustado, o como suelo hacer en otras entradas de este tipo, pero si algo he aprendido es que lo más importante es ir a mi propio ritmo y respetar.

Todavía hay cosas que me parecieron muy fuertes en su momento y que, si bien ahora pienso que no fueron tan relevantes, etc., necesito respetar que, en general, el impacto de las cosas no se mide intelectualmente, sino a nivel emocional, en el cuerpo.

Por tanto, no importa tanto si algo me “parece” fuerte (en mi mente, o desde mi razón), sino cómo lo sintió mi sistema nervioso y cómo se vivió el trauma en mi cuerpo (y, por consiguiente, cómo no se ha procesado del todo).

A lo que quiero llegar es que uno no decide si un evento o situación tiene un impacto, es algo que pasa y tiene consecuencias, punto.

Esto podría parecer desalentador pero también me da la sensación de que genera espacio porque, si eres como yo, seguramente tiendes a pensar algo como esto:

Ay, POR FAVOR, no puedo creer que esto me haya afectado tanto, no debería ser así, realmente no fue nada. Estoy exagerando, amo el drama; es eso.

Si te sucede eso, te entiendo.

Seguramente hay varias personas alrededor tuyo que te dicen (o decían, cuando eras niño) lo mismo.

Pero vuelvo a lo mismo: si algo te afectó, no lo decidiste tú.

Aunque el 100% de las personas (que no son tú) opinen que no es fuerte, que no es importante, que deberías haberlo superado ayer, si te afectó te afectó. Y no es tu culpa.

Lo único que puedes hacer ahora es aceptarlo, reconocerlo, lidiar con ello, procesarlo, sanarlo, estar con lo que sientes y dejarlo ser.

Si regañarnos funcionara, ya no seríamos así, ya no nos afectaría nada.

But I digress.


Si te llama la atención, puedes ir haciendo recuentos de tu año para compartirlos en los comentarios, o para escribirlos para ti misma(o).

Por una parte siento que es pronto porque todavía no es diciembre, pero por otro lado siento que es tarde porque estoy acostumbrada a hacer el primero de estos recuentos en abril, el segundo en agosto y el tercero en diciembre, pero bueno.

Realmente creo que todo pasa en el momento adecuado, entonces henos aquí. 🙂

Crea lo que quieres crear (3 miedos, 3 ideas)

Mi amiga I me dijo que quería empezar un blog. Acto seguido, su mente me empezó a bombardear con miedos y razones por las que era una mala idea.

Si bien no soy la experta número uno del mundo cuando se trata de escribir blogs, he aprendido un par de cosas a lo largo de los 10 años (sí, 10) que he mantenido el que estás leyendo, y me di cuenta de que tenía mucho que decir al respecto.

Decidí escribir esta entrada porque estoy segura de que hay muchas otras personas que quieren compartir sus ideas (ya sea en un blog, podcast, canal de YouTube, o hasta eventos presenciales) pero la avalancha de miedos se lo impide.

He aquí los tres principales que hablé con I (quien, por cierto, me dio permiso de escribir este texto; no creas que hago esto con todo lo que me cuentan mis amigos xD):

1. Me da miedo que me critiquen o me juzguen

Es totalmente comprensible. Después de todo, es un acto vulnerable decir lo que piensas en Internet. Y sí, hay muchos trolls y personas que se divierten poniendo comentarios groseros en las creaciones de las personas.

Sin embargo, hay dos partes del proceso que estás mezclando en una sola:

Una cosa es crear tu contenido y otra es que las personas lo consuman.

Lo que quieres es crearlo porque tienes una necesidad de expresarte, o porque quieres ver qué va saliendo conforme escribes / hablas.

Puedes crear unos 5 episodios / posts y después decidir si quieres publicarlo.

O puedes compartirlo solo con las personas más cercanas a ti, o tus amigos de Facebook.

No pienses que por estar en Internet automáticamente se va a hacer viral y lo van a ver 999,999 personas, de las cuales 999,900 te criticarán.

Si todo falla, siempre puedes desactivar los comentarios para que la gente no pueda opinar.

Puedes controlar su visibilidad hasta que te vayas sintiendo segura(o) de que más gente lo vea. Y si no llegas a ese punto, también está bien. ¡Ya creaste lo que querías!

Ahora bien: si te da miedo que te critiquen, te recomiendo que escribas una lista de las peores cosas que te podrían decir. Por lo menos unas 20. Sé tan cruel como te imaginas que podrían ser contigo, y poco a poco ve encontrando razones por las que podrías estar bien si alguien te dijera eso.

Casi siempre los comentarios críticos que nos duelen lo hacen porque son cosas que ya pensamos de nosotros mismos. Te recomiendo este hermoso y acertado post de Tara Mohr al respecto (en inglés).

2. Temo no poder ser constante y abandonarlo a la mitad

Yo tengo la convicción de que uno no es quien decide de antemano cuánto van a durar las cosas, sino que solo se va dando.

Por ejemplo, yo puedo tener el deseo de durar 30 años con una persona con la que salgo pero no hay nada que pueda hacer para que eso sea una realidad. Puedo intentarlo pero nada lo garantiza.

Lo mismo pasa con las creaciones. Puedo tener, al menos inconscientemente, la idea de que voy a escribir durante años o muchos meses y tener miles de lectores que me AMEN y demás.

Pero lo que suele pasar es al revés: empiezas a escribir y conforme avanzas te das cuenta de que no tenías tantas entradas en ti, sino que a los 10 artículos ya se satisfizo la necesidad que te llevó a crearlo y entonces lo dejas.

Sin embargo, eso no lo puedes saber de antemano.

Las cosas, incluso (¿o sobre todo?) las que nosotros creamos, nos van a otorgar lo que nos vayan a otorgar y no podemos decidir eso.

Aferrarse a la “constancia” o a publicar diario o a empezar y nunca abandonarlo no solo es artificial sino que se convierte en un deber ser, una obligación impuesta, una especie de prisión.

Si empiezas, quizá en el camino te das cuenta de que lo que querías era hablar de tres temas solamente y después se te pasa la emoción. (Sobre todo, si eres Scanner).

Yo una vez hice un podcast que solo ha escuchado una persona. Hice tres episodios y eso era todo lo que descubrí que quería hacer. Se satisfizo mi necesidad de grabarme hablando y estoy bien con eso. Me dio lo que necesitaba.

Claro que esto es mucho más difícil si lo que quieres empezar a crear tiene la finalidad de ser algo que te dé dinero o algo por el estilo, pero aun así tienes que estar dispuesta(o) a que evolucione, a que te aburra, a que el hecho de crearlo te dé otra idea para tu proyecto siguiente.

Sé que es incómodo pensar en términos de tanta incertidumbre pero lo cierto es que ir buscando certezas no es más que una ilusión.

Parte de por qué nos da miedo abandonar este tipo de proyectos es porque nos imaginamos que tendremos fans a los que de repente decepcionaremos si dejamos de escribir.

¡Primero consigue fans y luego te preocupas por ellos! Los de tu mente no cuentan todavía. 🙂

Por otro lado, y aunque suene un poco feo, no eres tan importante para otras personas. Es seguro decepcionar a la gente. No van a ir a tu casa a atacarte hasta que vuelvas a publicar. Seguramente van a encontrar a alguien más a quien seguir y van a estar bien.

Si esto te pesa, pregúntate a quién sientes que has decepcionado y qué consecuencias ha tenido. Rastrea de dónde viene ese miedo. Seguramente tiene que ver con tu infancia (como un montón de cosas) pero es muy útil hacerlo consciente. ¿Por qué se siente tan grave no cumplir las expectativas que otras personas puedan tener sobre ti?

3. Me da miedo que me digan que quién me creo que soy para escribir sobre x

Oh, sí. Muchos asociamos “escribir” con “ser la autoridad en un tema”, o “ser experta(o) en él”.

Si en tus creaciones te describes a ti misma(o), incluso sin darte cuenta, como “soy quien más sabe en el mundo del tema”, te arriesgas a darte cuenta de que no, de que hay gente que sabe más que tú, y te exiges mucho más, pues no debes ni puedes fallar.

Sin embargo, si solo partes de “voy a compartir mi perspectiva, mis vivencias, mi particular punto de vista desde donde estoy experimentando este tema”, nadie te puede contradecir.

Claro que habrá gente que no esté de acuerdo contigo, que tenga una perspectiva muy distinta y quizá hasta contradictoria con la tuya, pero eso no significa que debas esconder tu forma de ver las cosas.

Todas las perspectivas son válidas porque, aunque es lo más trillado del mundo, no hay dos personas iguales que vean la vida exactamente de la misma forma.

Por lo tanto, vale la pena que nos compartas tu perspectiva, que nos cuentes cómo has superado tus obstáculos o que nos digas las lecciones vitales que te costó mucho trabajo aprender.

Quizá le ahorras tiempo a alguien, o quizá le salvas la vida (uno nunca sabe, de verdad) o simplemente haces que se sienta menos solo.


Espero que esto te haya inspirado a sacar tus creaciones de tu cabeza y ponerlas en el mundo si es algo en lo que has estado pensando.

Sé que suena aterrador por momentos pero a mí me da mucho más miedo pensar en todas las cosas maravillosas que mucha gente se va a llevar a la tumba solo por miedo al qué dirán o a juicios que a veces ni siquiera duelen tanto una vez que se reciben.

¡Comparte lo que quieres crear! No necesita ser bueno siquiera, ni estar bien diseñado o bien planteado; definitivamente no necesitas leer más libros ni buscar más inspiración; no es necesario pulirlo tanto como tu mente te dice.

Haz que exista, después ya ves qué haces con ello.

El proceso simple para mejorar tu pronunciación

Como probablemente ya sabes, acabo de crear un programa nuevo llamado Pronunciation Practicums que te ayudará a mejorar tu pronunciación en el inglés (o el español, si no es tu lengua materna).

En él, te llevo a través de 7 pasos que, una vez llevados a la práctica, resultan muy simples y poderosos:

  1. Hacerte consciente de los 43 sonidos del inglés.

Los sonidos son una de las partes de la lengua que se adquieren cerca del “final” del aprendizaje. Es decir, necesitas tener gran parte del idioma en la cabeza para que puedas dedicarte a escucharlos y adquirirlos.

No entiendo muy bien por qué pasa esto, pero sucede. Por eso hay que hacerlos conscientes, porque rara vez pasa automáticamente.

2. Identificarlos cuando escuchas la lengua hablada.

Una vez que eres consciente de los sonidos, comienzan a saltar a tu oído.

En las canciones que ya escuchabas y que hasta te sabes de memoria, en las películas que veas. Siempre han estado ahí pero tu cerebro no te permitía escucharlos. Ahora ya puedes.

3. Reconocer las formas en las que tu cerebro hispanohablante los filtró

(y hace, por ejemplo, que la “th” de “this” acabe sonando como una “d” de “día”).

Existe un fenómeno llamado “asimilación” mediante el cual, cuando escuchas un sonido que no existe en español, tu cerebro te hace creer que suena como el más cercano a él que sí existe en español.

Si oyes la “i” de “bird”, vas a escuchar “clarito” una “e”, y la vas a pronunciar así. Todo esto, sin que te des cuenta. Pero no lo es, sino una vocal que no existe en español y que tienes que aprender a identificar.

4. Romper esos hábitos lingüísticos. 

Necesitas reconocer todos los momentos en los que ya tienes la costumbre de decir esa “e” que no es “e” y esa “d” que no es “d”, dejar de hacerlo y crear un espacio donde quepan los sonidos correctos.

4.5 Desbloquear las barreras mentales y/o emocionales que puedas tener. 

Por alguna razón, muchas personas están convencidas de que DE VERDAD no pueden pronunciar los sonidos. Maestros malos, intentos por forzar un sonido cuando el cerebro todavía no está listo para recibirlo, burlas, humillaciones, malas experiencias, creencias sobre cómo la gente te puede percibir, etcétera.

Todo esto se tiene que ir para que mejorar tu pronunciación no genere sufrimiento en tu ser y, sobre todo, sea un proceso que se pueda llevar a cabo.

5. Aprender a producir o pronunciar los sonidos reales del inglés. 

Necesitamos reentrenar tu aparato fonador (tu lengua, tus labios, tus dientes, tus cuerdas vocales, hasta tu saliva) para que produzca los sonidos que ahora ya escuchas. No te mentiré, al principio es incómodo pero después es divertido y te sientes como con superpoderes.

Mucha gente que enseña pronunciación realmente no sabe cómo decirte que pongas los labios o la boca para que generes cierto sonido.

Yo he adquirido a lo largo de los años un montón de trucos del tipo “Ok, estás haciendo una ‘a’ pero ahora haz los labios más hacia los lados” que sí funcionan y que hacen que las personas digan “Ahhhh” y lo puedan hacer por sí mismas.   

6. Practicar hasta que sean parte inalienable de ti. 

Esta parte es la que más depende de ti. De verdad me gustaría que hubiera un sustituto de la práctica porque a veces se siente lento y desesperante pero no la hay. Se necesita repetir y repetir las cosas hasta que estén completamente integradas a ti.

7. Integrarlos en el inglés que hablas espontáneamente. 

Ya que tienes cada sonido hecho consciente, ya que rompiste el hábito que tu cerebro hizo sin pedirte permiso, ya que practicaste los nuevos sonidos y ya pudiste hacerlos sin pensarlo, ahora estás lista(o) para que surjan de ti automáticamente cuando hablas.

Felicidades, mejoraste tu pronunciación.

Lo mismo se hace con la entonación (prosodia) y con un montón de cosas más que pueden hacer que tu inglés suene mejor a los oídos de quienes te escuchan hablarlo.

Como dije en la página del programa, la mayor parte de esto va sucediendo inconscientemente. No necesitas hacer un gran esfuerzo ni memorizar la gran cosa. 

Es mucho más simple de lo que parece (aunque no digo que siempre vayas a sentir que es fácil; hay algunos sonidos un poco truculentos). 

Y he visto a personas “negadas” replicar sonidos que nunca habían siquiera escuchado conscientemente. 

Muchas personas que enseñan pronunciación parten de la grafía, es decir, de la parte escrita de la lengua y te explican todas las formas en las que suena la “t” cuando la ves en un texto.

El problema con este enfoque es que:

a) el inglés no es una lengua que suene como está escrita, a diferencia del español; de hecho se podría decir que hace lo que quiere cada vez y tiene casi más excepciones que reglas y

b) es mucho mejor desconfiar de la grafía y saltarte la parte escrita. Si quieres aprender a escuchar y pronunciar tienes que partir de la lengua hablada y quedarse ahí.

No necesitas los textos de intermediarios, son una distracción y te puedes abrumar con tanta información.

En fin.

El proceso de arriba es lo más cercano a la magia que he visto, y quiero compartirlo contigo porque me encanta ser testigo una y otra vez de cómo las personas mejoran su pronunciación a pasos agigantados. 

Lee más sobre el programa si esto suena (ja) como algo que te interesa: 

Pronunciation Practicums

El último día para apartar tu lugar (sin hacer ningún pago aún) es el miércoles 9 de octubre.

Algún día acabarás de adquirir esa lengua

¿Te agobias porque sientes que nunca terminarás de aprender ese idioma?

Te entiendo.

Nunca faltan los recordatorios de que se necesitan POR LO MENOS 250 horas de estudio para llegar al nivel bebé de [lengua], o los momentos tristes en los que nos damos cuenta de que no hemos aprendido tanto como nos gustaría.

Suele ser bastante desmotivador en ocasiones.

Aunque, para ser justos, hay a quienes esto no les pasa porque aman el proceso de adquisición, pero esa ya es otra historia.

Lo que casi nadie te dice…

…es que adquirir cualquier lengua realmente es un proceso finito.

Algún día terminará.

Sí, las lenguas son ilimitadas; cada día nacen nuevas palabras en cada idioma, todo lenguaje está en constante evolución y uno nunca acaba de aprender palabras ni siquiera en su lengua materna. Eso es un hecho.

Sin embargo, sí llega un momento en el que el proceso de adquisición se termina.

En el que tu cerebro ya absorbió la gramática, ya tiene suficiente vocabulario para entender lo que lee y escucha, en el que ya puedes hablar de corrido y ser comprendida(o) por interlocutores.

Ya tienes el idioma, ya es parte de ti.

Si dejas de estudiarlo un par de meses no lo vas a perder (como yo ya perdí el hiragana porque solo lo estudié como ¿2 semanas? Quizá fue una).

Sí existe un “después”; un happily ever after, si me apuras.

Algún día terminarás de aprender esa lengua y te dedicarás a usarla.

Después de todo, para eso la estabas estudiando, ¿cierto?

Conjuntos cerrados, el musical

A mí me ha ayudado mucho entender que las lenguas son conjuntos cerrados.

Es decir, todo lo que se dice o se escribe en un idioma determinado parte de cierto número de unidades más pequeñas que se combinan solo de ciertas formas.

Cada lengua tiene solo cierto número de fonemas, que son como los átomos de la misma. No más, solo los sonidos que necesita.

Y se mezclan entre sí siguiendo cierto número (no tan grande, de hecho) de reglas. No otras, solo las que necesita.

Dicho lo anterior, no te desanimes

Esto de estudiar solo es un proceso, una serie de pasos (que muchas veces duran varios meses, es verdad) que algún día terminarás de dar.

Intenta disfrutarlos lo más que puedas y confía en que algún día no tan lejano estarás del otro lado.

Nota:

Con base en esta idea, le estoy dando los toques finales a un nuevo programa sobre los (100% finitos) sonidos del inglés, cuyo objetivo es ayudarte a mejorar tu pronunciación.

Si te interesa, pon mucha atención en este espacio en los días siguientes. 🙂

Consejos de idiomas para personas introvertidas

Una lectora llamada Lorena me pidió que escribiera sugerencias para personas introvertidas que quieren hablar idiomas.

Antes de ir a ello, definamos nuestro tema.

¿Qué es la introversión?

No tiene tanto tiempo que se ha empezado a popularizar el término “introversión”, gracias a libros como Quiet e investigaciones al respecto.

Sin embargo, los introvertidos hemos existido desde siempre.

La definición que más me gusta de este rasgo de la personalidad es la junguiana (patrocinada por el MBTI):

La diferencia entre la extroversión y la introversión es hacia dónde una persona vuelca su energía (su atención) por naturaleza.

Las personas introvertidas vierten (ja) su energía a sus percepciones, pensamientos, sensaciones, emociones, recuerdos, etcétera, mientras que una persona extrovertida lo suele hacer hacia fuera de sí mismo.

Según esto, una persona introvertida se “recarga”, como si de una pila se tratara, estando consigo misma y en soledad, percibiendo lo que ocurre dentro de ella, y una persona extrovertida lo hace poniéndole atención a lo que está en el exterior. (Más sobre esto más tarde).

Esto último incluye, evidentemente, a las personas. Si en el “afuera” hay personas, es más probable que un extrovertido quiera dirigir su energía hacia ellas que un introvertido.

Obviamente, hay matices y es un continuo que (en teoría) tendría en un extremo a la persona más introvertida del mundo y en el opuesto a la más extrovertida del mundo.

Sin embargo, en mi experiencia y mi observación, tiene mucho que ver con el contexto. Aunque yo estoy 200% segura de que soy introvertida, hay ciertos momentos en los que parezco extrovertida, como cuando estoy hablando de algo que me apasiona (aun si es a muchas personas).

Y no hay una sola persona en el mundo, extrovertida o no, que no necesite algo de tiempo en soledad y para sí misma.

Sociabilidad

Ahora bien, una vez que esto quedó más o menos claro, quiero explicar algo que siempre me da muchas vueltas cuando se habla de introversión y extroversión.

Hay muchas personas que suman 2+2=4 y dicen que los extrovertidos son sociables por naturaleza y pueden ir a hablarle a gente desconocida, por ejemplo, sin ningún problema.

¡Sin embargo, aunque ud. no lo crea, no todos los extrovertidos son sociables!

Si pones atención en las funciones cognitivas (estoy hablando otra vez del MBTI; no lo puedo evitar, lo amo), te darás cuenta de que existen cuatro tipos de extroversión (Fe, Se, Ne y Te).

Es decir, Sentimiento Extrovertido, Sensación Extrovertida, Intuición Extrovertida y Pensamiento Extrovertido.

Explicar esto a detalle me llevaría toda una entrada, pero no necesitas comprenderlo del todo para los fines de este texto. Lo único que tienes que tener claro es que hay personas extrovertidas que vuelcan su atención en [cosas externas a sí mismas] que no necesariamente son personas.

Sí, sí son extrovertidas; no, no necesariamente son el estereotipo de persona sociable y amiguera. Seguramente les es más fácil que a un introvertido comenzar una conversación, pero eso no significa ni que les guste ni que sea lo primero que harían en un lugar al que llegan.

I mean, ¡hasta hay autistas extrovertidos!

Por lo tanto, sí hay introvertidos interesados en las personas a las que, si bien no les nace ir y comenzar conversaciones, una vez que alguien se acerca (por decir algo), pueden tener la mejor conversación de la vida incluso con un grupo de personas.

Y yo digo que eso cuenta como ser sociable.

Consejos para personas introvertidas

Dicho lo anterior (espero no haberte confundido demasiado), como la persona introvertida que soy decidí escribir algunos consejos para ti, amiga(o) introvertida(o) que quieres hablar idiomas y sientes que tu naturaleza no te está ayudando:

1. Deja de forzarte. Parte de fluir como introvertido es detener esa guerra que traes todo el tiempo en la cabeza. Así eres, así estás bien. Sé que toda tu vida la gente te ha dicho que eres demasiado seria(o), o que deberías salir más o que eres un(a) aguafiestas. Seguramente has intentado cambiar y te ha salido el tiro por la culata (además, simplemente no se siente bien forzarse a ser algo que no se es). Pero ya puedes aceptarte como eres. Yo te doy permiso.

2. Recuerda que las demás personas son… personas. Muchos introvertidos tendemos a ir por la vida creyendo que los demás son dioses y que nosotros somos simples mortales que no los merecemos, o algo por el estilo. Pero no es así. Toda la gente, por más intro- o extrovertida que sea, tiene inseguridades, tiene miedo de que la rechaces o se siente mal por algo en su vida. Ten esto en mente cada vez que pienses en acercarte a alguien para entablar una conversación. Solo somos humanos.

3. El internet es tu amigo. Como dije en mi entrada de perderle el miedo a hablar inglés, yo empecé a soltarme mucho más al hablar otro idioma gracias a que encontraba personas con las cuales practicar por internet. Sobre todo si solo es una llamada de audio. Eso me dio confianza y poco a poco fui fluyendo. Puedes empezar en estas páginas:

4. No importa si lo haces mal. En muchos casos, la introversión viene acompañada de perfeccionismo. Deseamos tanto producir las oraciones perfectas y usar las palabras adecuadas; que se vea que sí aprendimos bien y demás, que nos exigimos mucho y al final acabamos balbuceando por los nervios y la presión. Pero créeme cuando te digo que a nadie le importa ni se va a acabar el mundo. Si dices I has to en vez de I have to no pasará nada malo. Probablemente te entiendan de cualquier forma.

5. Apréndete preguntas de memoria. La clave para empezar conversaciones con quien sea es memorizar preguntas (que no sean de “sí” y “no”) que puedes hacer. Muchas veces, lo único que tienes que hacer es preguntar algo y dejar que la persona con la que quieres conversar se ponga a hablar. Eso disminuirá tus nervios iniciales y hará que fluyas más al responder cuando sea tu turno.


En el 2016 escribí una hermosa guía de 60 páginas llena de consejos para personas introvertidas. Dejé de hacerle promoción por decenas de factores extraños.

Una parte de mí quiere editarla y actualizarla y volverla a lanzar con otro enfoque pero como me conozco sé que eso me llevará la vida entera. Prefiero dedicarle tiempo ahora a mis nuevos y emocionantes proyectos. 😀

Sin embargo, el material que contiene es maravilloso y funciona. Puede ser exactamente lo que estás buscando para que tu introversión ya no se sienta como un obstáculo (si es el caso).

Por lo tanto, y con esto en mente, te la ofrezco de nuevo:

Guía para personas introvertidas que quieren hablar idiomas

¿Qué es lo que más se te dificulta de ser introvertida(o) con respecto a los idiomas? Comparte tus mejores consejos en los comentarios.