Actualización vital

Hola.

Sigo viva.

Traigo pensamientos aleatorios para tu día.


Anoche soñé que contraía La Enfermedad y que tenía que ir a una reunión familiar pero olvidaba mi cubrebocas.

Ya que llegaba ahí, veía que mis familiares tampoco lo traían, aunque todos hacíamos comentarios del tipo “¡Lo olvidé!”. Creo que me dolía la garganta en la noche por resequedad.


Últimamente he estado pensando cómo el inglés me salvó la vida.

Leí un post hermoso de Sam Dylan Finch y me di cuenta de cómo tener la capacidad de leer en inglés desde hace muchos años fue lo que me ha ayudado a conseguir todo lo bueno que tengo en la vida actualmente.

Haber encontrado y seguir leyendo a Havi, a Ragen, a Matt, a Chris, a Karen, a Rachel, a Bethany, a Barbara, a Naomi, a Larisa, a Cassie, a Layla, a Virgie, a Helen, a Summer, a Kerry, a Teal, a Kerryanna, a Mel y a un montón de gente más que se me está olvidando, ha hecho TODA la diferencia en mi vida.

He podido nombrar infinidad de situaciones, ver las circunstancias que me cuestan trabajo con otros ojos, entender todas las fuerzas que pueden estar en nuestra contra, notar mis privilegios y miles de cosas super valiosas más, gracias a entender esta lengua.

Literalmente me ha salvado la vida. O al menos la cordura.


Quiero decir algo inspiracional pero no se me ocurre nada.

Todo Esto está siendo muy duro para todo el mundo, en el sentido más literal de esa frase.

Lo único que sé en este momento es que tenemos que hacer lo posible por confiar en que Todo Esto tiene un sentido y un propósito “espiritual” (a falta de una mejor palabra) y que no está pasando nada más porque a la Tierra o a la humanidad se le ocurrió arruinarnos la vida que teníamos antes.

Quiero pedirte algo:

Permítete sentir todo lo que sientes. No, nadie se ha muerto por sentir mucho. Sí es incómodo pero entre más te lo permites menos desagradable se vuelve.

Cada cosa que ha cambiado, cada persona que se ha ido, ha creado un duelo. Es muy importante darse permiso de atravesar ese proceso no con los pensamientos sino con el cuerpo (es decir, sentirlo).

Por alguna razón que no entiendo, muchos hombres leen este blog.

Este mensaje es sobre todo para ustedes: déjense llorar. Dejen de reprimir su tristeza. Dejen de “subirla” a su cabeza y racionalizarla y justificarla y decirse frases como “bueno, todo va a estar bien” o “hay que verle el lado bueno” o “lo importante es tener una buena actitud” o “tiene sentido…”.

Las emociones no tienen ese tipo de sentido pero sí tienen un sentido. Es muy importante dejar que nos atraviesen el cuerpo y el alma.

Si quieren llorar, háganlo. Está bien si al principio no quieren que nadie los vea. No nos hace débiles, eso es una idea absurda que nos regaló la sociedad. Al contrario.

Yo lo que he hecho últimamente es levantarme, desayunar y encerrarme en mi cuarto a escribir un inventario de dolor. Escribo todo lo que me duele.

La primera vez que lo hice fue muy incómodo y difícil, pero cada vez se ha vuelto más fácil y ya casi hasta me emociona ese momento del día.

A veces salen listas de una situación tras otra, a veces párrafos enteros de una misma cosa.

Acaban plasmados dolores físicos (ni siquiera tienen que ser grandes), dolores emocionales, momentos que me enojaron ayer, situaciones que llevan años causándome malestar.

A veces me tardo 15 minutos y a veces una hora.

Casi diario vierto un montón de lágrimas que no sabía que tenía ahí guardadas y listas para salir.

Y siempre —siempre— me siento mejor después de que lo hago. Después de varios días de hacerlo, hasta mi perspectiva sobre la vida cambia y todo se siente mucho más esperanzador.

Suena sencillo y es difícil. Suena complicado pero es muy simple.

Hagas lo que hagas, llora, siente, saca todo ese dolor viejo de años y años.

Este año es el momento para aprender a conectar lo que tenemos adentro. Es nuestra oportunidad de dejar de ser tan cerebrales porque no podemos vivir solamente de nuestro cuello para arriba. Eso no es vida.

(D, si estás leyendo esto, ya sé :v).


En realidad no sabía qué iba a salir cuando me sentara a escribir.

A diferencia de las otras 199 entradas que he escrito (ajá, esta es la #200, WTF), esta no nació porque sintiera que quería decir algo.

Pero ya está.

Cuéntame en los comentarios sobre cómo estás viviendo esto.

No estás sola. No estás solo. Estamos todxs juntxs en esto.

Literal.

Qué bárbara, Barbara

No sé cómo empezar esta entrada.

Hoy me llegó un correo que me puso triste de una forma en la que no sabía que era posible.

No en cantidad (sí he estado más triste otras veces) sino porque de cierta forma no se trataba sobre alguien que conociera en persona.

Si has leído este blog con suficiente profundidad, sabes que soy super fan del término Scanner (palabra que inventó Barbara Sher y que nombra a las personas, como yo, que no somos especialistas sino generalistas, que tenemos muchos intereses y que somos altamente intolerantes al aburrimiento).

Si has puesto suficiente atención, seguramente has notado que haber entendido que soy Scanner me ayudó mucho y que parte de lo que más quiero en el mundo es que todos los Scanners que me leen sepan que lo son (porque hay mucha libertad al hacerlo y al aceptarse a una misma como tal).

La semana pasada, una de mis amigas mostró interés en Refuse to Choose, y como ella no tiene el libro y yo quería volverlo a leer, le propuse hacer una lectura con ella. (El libro no está traducido aún pero Mathias Luz hizo un maravilloso resumen en español que puedes leer aquí.)

Conforme lo leía pensé en facilitar un club de lectura a profundidad (es decir, haciendo los ejercicios en grupo y compartiendo lo que surge) de ese libro. (Ahora con más ganas quiero hacerlo; escribe un comentario en esta entrada si te interesa y si hay suficientes Scanners que quieran hacerlo, lo armamos 🙂 ).

Cada que leo un libro de Barbara o veo uno de sus videos, la tengo muy presente y empieza a surgir un profundo agradecimiento en mi cuerpo. Siento mucho amor por ella, no sé cómo explicarlo, y me inspira a compartir lo que sé y lo que pienso con la gente, a no quedarme con mis talentos dentro de mí, a realizar los proyectos que quiero empezar.

Y también llega a mí la sensación de que, al ser una señora ya grande, ya era cuestión de tiempo que se fuera de este mundo tridimensional.

Por eso, de alguna forma ya estaba relativamente preparada para cuando abrí el correo y vi que decía que Barbara falleció el domingo pasado a los casi 85 años. Pero en realidad no.

Nunca se me ha muerto nadie cercano. Y cuando han fallecido autores que me gustan (como cuando murió Fernando del Paso) he sentido feo pero siempre he dicho, bueno, me quedan sus libros, me queda su arte.

Pero con Barbara fue diferente. Sigo llorando desde hace como una hora y mientras escribo esto.

Creo que en parte es porque su obra siempre me ha inspirado a dejar un legado y ella lo dejó, en mí y en muchas otras personas que seguramente también están muy tristes hoy.

Creo que es porque me identifico mucho con ella y porque me encanta cómo escribe y a mí me gustaría hacerlo así de claro.

O porque de muchas formas la adopté como una abuelita que me explicara de qué iba la vida y me recordara lo que era importante.

Ahora que murió solo quiero que todos sus libros se traduzcan al español (sigo sin entender por qué ninguna editorial lo ha hecho, más que parcialmente y con títulos aburridos que hacen que se pierda su esencia y nadie los quiera comprar) y que mucha gente conozca su trabajo.

Yo me siento profundamente honrada de haberlo hecho mientras ella estaba con vida y, si ahora que falleció se vuelve más famosa, poder decir que yo la leía desde antes :v

Te dejo con una frase de ella que veo más o menos seguido (traducida por mí, corrígeme) y que, en algún correo o libro, no recuerdo, dijo que era SU mensaje, LO que quería que se recordara que decía:

Tienes que hacer lo que amas. Todo eso. Y lo que te está deteniendo no es el dinero ni el tiempo ni tu actitud. Es el aislamiento. Necesitas que a otra gente le importe lo que estás haciendo, que crean en ti y te animen. Y ellos necesitan que hagas lo que amas, porque importa demasiado, y todos sabemos ahora que esos son los dones que estás hecho para compartir con el mundo.

Barbara, gracias por todo.

Has marcado y sigues marcando, cada que leo tus libros, una diferencia tremenda en mi vida, me has dado permiso de hacer un montón de cosas que la sociedad simplemente no me iba a dar y gracias a tu ejemplo me he animado a ser yo en (casi) todo mi esplendor.

Gracias a ti aprendí que la sociedad no siempre ha visto mal a las personas que tienen muchos intereses y que saben de muchas cosas (¡eso eso algo reciente en la historia!), que no necesito ir por la vida perfeccionándome para ser feliz (lo que sea que eso signifique), que es egoísta no compartir mis talentos y lo que me emociona, y que si la gente no me entiende son ellxs lxs que se lo pierden.

Gracias por ser tan original, tan clara, tan concisa, tan chistosa, por decir las cosas de una manera tan directa y profunda; por no haber muerto en el 91 cuando te dio cáncer y por habernos compartido todo lo que nos regalaste.

Dejas un hueco bastante grande en el mundo, pero espero que donde sea que estés ahora puedas seguir disfrutando de todos tus intereses.

Comunicados y comunidades (anuncio importante)

¿Soy yo o este año ha empezado con todo?

Con todas las cosas que han pasado aquí en México y a nivel mundial, no puedo creer que apenas sea marzo.

El objetivo de esta entrada es compartir mi postura frente a lo que ha estado pasando y otras cosas que he pensado.

1. Mujeres

Parece que fue hace mucho tiempo pero apenas han pasado 10 días desde el Día de la Mujer.

Si has estado poniendo cierto tipo de atención seguramente te habrás dado cuenta de que durante los últimos años mis textos han evolucionado no tanto en forma (siento que necesito escribir más para pulir mi estilo) sino en el nivel de conciencia y de profundidad.

Hace 11 años, cuando empecé este blog, no tenía ni la menor idea de cómo funcionaba la sociedad. Ahora, tampoco.

Pero creo que tengo un poco más claras muchas cosas, como qué es el privilegio (y que tengo un montón) las injusticias y violencias que vivimos las mujeres y las minorías (entre más alejadas estemos de ser un hombre blanco, joven, cis-hetero, neurotípico, peor nos va).

Quiero decir y dejar en claro que apoyo profundamente la causa del movimiento de mujeres que generó las movilizaciones del 8 y 9 de marzo en México.

Aplaudo y honro la valentía que conllevó para muchas ir a la marcha del domingo, faltar a sus trabajos y/o escuelas el lunes, hacer algún tipo de acto de protesta en sus lugares cotidianos o simplemente tomarse el tiempo de reflexionar en torno a su papel como mujeres en esta sociedad.

Es evidente que las cosas ya no pueden seguir como hasta ahora, y que cada vez somos más las que estamos abriendo los ojos a lo terrible e injusto que es que tantas mujeres sean asesinadas al día, incluso por nuestras propias parejas o familiares, en el mundo en general pero sobre todo en América Latina.

Lo que sucedió esos dos días fue histórico. Todavía hay mucho que hacer, pero debemos celebrar los logros parciales y lo que se consiguió fue algo monumental.

2. Covid

Si soy muy honesta, he intentado evadir la mayor cantidad posible de información con respecto a este tema.

No porque no me guste investigar ni estar informada (ja), sino porque apenas intento leer un poco al respecto y me saturo por la cantidad de noticias falsas, teorías de conspiración, instrucciones contradictorias de los gobiernos, historias de sufrimiento humano.

Pienso que alcanzo a vislumbrar hasta cierto punto la gravedad del asunto y la importancia de tomar medidas de precaución.

Siento temor y preocupación sobre muchas cosas que están totalmente fuera de mi control (porque están fuera de mi control).

Sé que esto en algún momento va a pasar, que en menos de lo que canta un gallo la humanidad en general va a estar como si nada otra vez, contaminando el planeta sin ton ni son, olvidando todo lo que aprendió en esta crisis.

Soy consciente de que muchas personas están sufriendo, y bastante.

Que, como en todo, a quienes nos ha ido mejor en la lotería socioeconómica (y/o quienes han conseguido más cosas por su esfuerzo, claro está) estamos pasándola menos mal que muchas otras personas que, por las razones que sea, tienen muchas circunstancias en su contra.

Después de leer un par de artículos no tanto de información sino de “análisis” (por llamarlo de alguna forma) al respecto, he llegado a la conclusión de que la mejor forma de lidiar con esto es hacer actos de servicio para la gente.

Y como tengo el privilegio (lo es) de quedarme en mi casa y usar el Internet para esto, decidí hacer una serie de mini webinars / “talleres” online / conversatorios / comunidades emergentes en Zoom.

Mi idea (que seguramente evolucionará) es tratar algunos de estos temas:

  • Cómo lidiar con el miedo (propio y ajeno)
  • Cómo identificar y procesar las lecciones que todo esto nos está ofreciendo (¡son muchas!)
  • Cosas que puedes hacer para mantenerte lo más cuerda/o posible
  • O algo por el estilo que se me ocurra en ese momento

La idea de esto no es contribuir a la saturación de noticias, datos y teorías que ya tenemos, sino crear espacios para ser, para estar y para practicar herramientas de sanación y bienestar emocional en un espacio seguro.

Mi objetivo es que al final de cada una de estas reuniones te sientas mucho mejor de como llegaste.

Estas reuniones online serán muy breves (de 30 a 45 minutos) y podrán conectarse personas de cualquier parte del mundo.

Habrá una versión mixta (personas de todos los géneros), y una versión para personas que no sean hombres cis*.

Si estás interesada/o, escribe tu correo aquí y te mandaré los detalles de fechas, horas, lugares, etcétera.

*Si no tienes idea de lo que estoy hablando, elige “Mixta”. 

Estas reuniones no tendrán costo.


Sé que los temas que toqué en esta entrada son altamente controversiales y que todo mundo tiene una opinión al respecto.

Mi intención solo es ofrecer las Comunidades Emergentes para quien las quiera tomar.

Lo que menos me interesa es que se arme un debate (de esos de redes sociales, que nunca llegan a nada) en los comentarios de este post.

Si quieres decir algo al respecto pero no puedes hacerlo sin enojarte, es una señal de que no debes escribirlo aquí. Siempre puedes crear tu propio blog. 🙂 

Gracias por leer. Me encantaría conectar contigo en las reuniones de las Comunidades Emergentes.

Te dejo el link otra vez:

Ingresa tus datos.

No quiero hablar del 2019

Desde diciembre entré en una especie de bucle mental. (Me pasa seguido).

Era momento de publicar la parte 2 y 3 de la retrospectiva del 2019 (porque publiqué la 1 en noviembre) y no me sentía como para hacerlo.

Después llegó la vorágine vacacional y lo olvidé.

Luego cambió el año y ya no se sentía como que tuviera mucho sentido hacerlo.

Pero sentía que tenía que hacerlo. Solo que no quería.

Y así pasaron veintitantos días de enero hasta que hice consciente todo eso o, mejor dicho, me senté a ver qué estaba pasando porque quería escribir pero no quería escribir al mismo tiempo.

Entonces, heme aquí. Rompiendo las reglas. Mis reglas autoimpuestas sobre publicar y demás. Y siendo honesta conmigo misma:

Ya no quiero hablar del 2019.

No fue un año tan traumático como el 2018. O el 2017. No me pasaron cosas horribles. Pero se siente feo pensar en él. Creo que hay eventos que todavía no estoy lista para enfrentar. Como que se tiene que asentar todo un poco más, tal vez.

Seguramente en algún momento será terapéutico hablar de ello y hasta llegar a redactarlo, aquí o en otro lugar.

Pero por ahora, no.

Por ahora estoy bien así.

En vez de hablar del pasado, hablemos del presente. ¡Y del futuro!

No sé si esté bien pero siempre me ha emocionado más el futuro.

La verdad, este es el primer año en el que me siento como que el futuro puede realmente ser brillante. Énfasis en “puede”.

Es decir, todos los años siempre tienen cierto potencial de ser el mejor año de la vida y bla bla, pero para mí, en mi vida, es muy claro cómo todo lo que he ido construyendo y sanando a lo largo de los últimos 10 años me ha ido llevando a este momento.

Se siente como un final-principio, mucho más que otros años.

Final de las pruebas, de la parte más intensiva del aprendizaje, del túnel oscuro. De la saga de la heroína.

Principio del regreso a casa, y de realmente construir lo que realmente quiero que exista. Ya no solo las bases; la cosa en sí.

Y es un principio muy emocionante, en el que puedo ser yo misma más que nunca. En el que ya por fin dejé de sentir que no entendía nada de lo que me estaba pasando, o de cómo soy yo; en el que los cabos ya se ataron.

O al menos los más importantes.

Me siento muy emocionada por lo que esta nueva década y este nuevo año nos va a traer.

Tengo la sensación de que para muchas personas no va a ser lindo pero me gusta pensar que para la humanidad en general sí.

Ya es necesario. Ya hace falta que las cosas cambien, que los pocos que han estado demasiado cómodos a merced del sufrimiento de millones de personas despierten y se sacudan.

Un mundo más justo, más sostenible, más incluyente, ya no se puede seguir haciendo esperar.

Es momento de usar nuestras voces, nuestros talentos, contribuir en nuestra parte del mundo, con lo que tenemos a la mano y como estamos.

Ya no necesitamos prepararnos más, estudiar más, practicar más.

Ya estamos listos.

Ya estamos listos para hacer lo que vinimos al mundo a hacer, para el bien de todos.

Hay que salir y actuar.

Ahora más que nunca.

O, quizá mejor dicho, ahora porque tal vez después sea nunca.

Dos mil diecinueve en retrospectiva (1/3)

Cada año escribo una retrospectiva de los meses que han pasado para recordar lecciones, verlo todo desde otro punto de vista y procesar lo que haya quedado pendiente. Esta es la primera parte de tres. 

Enero

Enero fue un mes espeluznante para mí.

Como que quería que fuera un nuevo comienzo pero todavía traía mucha de la “vibra” del 2018. (Y, como dije en alguna otra entrada, sé que no soy la única a la que le pareció un año extremadamente intenso).

En el trabajo, por un montón de razones que no quiero recordar, hubo que quedarse 12 horas al día durante dos semanas. Es (y fue) demasiado.

No dormía bien porque, además, tenía una especie de pánico vital relacionado con algo que estaba pasado en mi familia y me daba apnea del sueño, lo que significa que dejaba de respirar mientras estaba dormida (no te lo recomiendo).

Además retomé contacto con un [hombre] que me gustaba pero con el que ya había visto que no iba a funcionar y por alguna razón los dos nos empeñábamos en intentar ser “amigos”, lo cual era imposible y por lo tanto me desgastaba emocionalmente.

Pero llegó el año lunar nuevo (también conocido como año nuevo chino) y todo se aligeró.

Febrero

Fue un mes mucho más amable. Todavía tenía resabios de enero pero algo en el aire se sentía mucho más ligero, en todos los sentidos.

Pude dormir y descansar mejor, y en muchos sentidos parecía que veía la luz.

Dejé ir al susodicho (¡soy fan de esa palabra!) y aunque fue difícil, sobre todo al principio, resultó un triunfo para mí.

Sin embargo, toda mi energía estaba enfocada en mi demandante trabajo, en el que, después de más de 4 meses, por fin sentía que me estaba adaptando.

Marzo

Lo que más recuerdo de este mes fue que, unas semanas después, lo marqué como el momento en el que R y yo empezamos a hacernos amigos.

R estaba en mi equipo de trabajo y es una de esas personas frente a las cuales nadie puede estar indiferente.

A mí al principio me parecía muy pesado y me caía mal; estaba en total resistencia a su existencia (es decir, mi opinión de él era: No debería ser así, No debería trabajar aquí, No debería estar en mi equipo, No debería haber dicho eso).

Pero un buen día (de enero, creo) me di cuenta de eso y recordé que la resistencia solo lo hace todo más difícil, por lo que decidí aceptar, aceptar y aceptar.

Aceptar que era como era. Que estaba en mi equipo de trabajo. En resumen, que era mi realidad.

Spoiler alert: Todo se transformó. Yo cambié con él y me abrí para conocerlo, él cambió conmigo y nos hicimos amigos.

Funny how that works. 

Abril

Mientras mi relación con R mejoraba y nuestra amistad se hacía cada vez más fuerte, yo empecé a sentirme mejor en ese trabajo.

Al principio sentía que no encajaba en lo más mínimo; de hecho, por momentos me sentía otra vez como en la escuela primaria y no entendía muy bien por qué, pero con él fui encontrando un espacio de pertenencia.

A finales de abril tuve una revelación (¡anagnórisis!) sobre mí misma, mi sistema nervioso y todo mi ser, patrocinado por mi mágica y hermosa amiga P.

En muchos sentidos me ayudó a entender por qué a lo largo de mi vida, desde la primaria hasta ese trabajo, no sentía que encajaba del todo.

Todavía no me siento lista para decir exactamente qué fue.

Tendrás que esperar a abril del 2020 para que te dé un par de pistas, pero definitivamente no fue algo pequeño. Fue brutal, nivel: los tres meses siguientes estuve en distintos niveles de crisis.

Pero crisis buena. (De hecho, hay quien dice que toda crisis es positiva, pero esa es otra historia).

Mi momento de anagnórisis ha sido, sin lugar a dudas, lo mejor que me ha pasado.

Notas:

Mientras escribo esto, noto que todavía tengo mucho dolor en mi ser con respecto a los primeros tres meses del año.

Quizá por eso no entré en tantos detalles como me hubiera gustado, o como suelo hacer en otras entradas de este tipo, pero si algo he aprendido es que lo más importante es ir a mi propio ritmo y respetar.

Todavía hay cosas que me parecieron muy fuertes en su momento y que, si bien ahora pienso que no fueron tan relevantes, etc., necesito respetar que, en general, el impacto de las cosas no se mide intelectualmente, sino a nivel emocional, en el cuerpo.

Por tanto, no importa tanto si algo me “parece” fuerte (en mi mente, o desde mi razón), sino cómo lo sintió mi sistema nervioso y cómo se vivió el trauma en mi cuerpo (y, por consiguiente, cómo no se ha procesado del todo).

A lo que quiero llegar es que uno no decide si un evento o situación tiene un impacto, es algo que pasa y tiene consecuencias, punto.

Esto podría parecer desalentador pero también me da la sensación de que genera espacio porque, si eres como yo, seguramente tiendes a pensar algo como esto:

Ay, POR FAVOR, no puedo creer que esto me haya afectado tanto, no debería ser así, realmente no fue nada. Estoy exagerando, amo el drama; es eso.

Si te sucede eso, te entiendo.

Seguramente hay varias personas alrededor tuyo que te dicen (o decían, cuando eras niño) lo mismo.

Pero vuelvo a lo mismo: si algo te afectó, no lo decidiste tú.

Aunque el 100% de las personas (que no son tú) opinen que no es fuerte, que no es importante, que deberías haberlo superado ayer, si te afectó te afectó. Y no es tu culpa.

Lo único que puedes hacer ahora es aceptarlo, reconocerlo, lidiar con ello, procesarlo, sanarlo, estar con lo que sientes y dejarlo ser.

Si regañarnos funcionara, ya no seríamos así, ya no nos afectaría nada.

But I digress.


Si te llama la atención, puedes ir haciendo recuentos de tu año para compartirlos en los comentarios, o para escribirlos para ti misma(o).

Por una parte siento que es pronto porque todavía no es diciembre, pero por otro lado siento que es tarde porque estoy acostumbrada a hacer el primero de estos recuentos en abril, el segundo en agosto y el tercero en diciembre, pero bueno.

Realmente creo que todo pasa en el momento adecuado, entonces henos aquí. 🙂

Hola, hola. This thing on?

Un dos tres probando probando. Is this thing on? *chirrido de micrófono*

Uno

Es muy difícil, después de casi un año (!) de no hacerlo, escribir sin mencionar el hecho de que llevo casi un año (!) sin publicar algo aquí.

Por lo tanto, decidí contar, como me saliera, una historia de qué ha pasado en todo este tiempo.

No digo “la historia” porque no quiero restringir lo que sea que vaya a acabar diciendo esta entrada con una secuencia de hechos.

Quiero que fluya lo que quiera fluir, porque está fluyendo y porque todo este tiempo no había fluido.

Solo estoy dejándome llevar, respetando el impulso de escribir de la misma forma que respeté la incapacidad (¿o “involuntad”?) de hacerlo.

Dos

Cada vez más, pienso que las personas que creamos cosas (quién me viera metiéndome en esta categoría) no somos más que canales a través de los cuales pasan nuestras creaciones.

Que nuestra voluntad al respecto es en verdad poca. Podemos hacer berrinches y bloquearnos e intentar desbloquearnos pero en el fondo nosotros no somos realmente los que decidimos qué crear ni qué características va a tener lo que hacemos.

Es como si el trabajo ya existiera en algún lugar etéreo y nosotros solo lo descargáramos, como si de bajar una película de Internet se tratara.

La primera vez que leí esto me pareció absurdo y hasta amenazó un poco la visión (escéptica y racional) que tenía del mundo, pero ahora no puedo no pensar así.

Tres

Durante este casi-año que no escribí, lo hice porque el blog no quería que lo hiciera. Yo me acercaba y él me alejaba.

Buscaba forzarme a escribir y lo único que obtenía era un gran No.

(Quizá porque ya no me fuerzo a hacer casi nada, no lo sé).

Pero simplemente no tenía lo que se necesitaba para sentarme a redactar.

Sí tenía ideas, sí tenía razones, sí tenía ganas. Aun así, no era el momento. Necesitaba esperar algo, aprender algo. Quién sabe qué era.

A veces me desesperaba, a veces me angustiaban un poco los mensajes de algunos lectores (nota curiosa: todos fueron hombres) que me escribieron para preguntarme si seguía viva, a veces me frustraba no poder mover el switch que me permitiera escribir, pero lo único que me daba paz al respecto era saber que la respuesta era confiar.

Que si el blog es una entidad aparte de mí, entonces sus razones tendrá para no dejarme escribir y no puedo sino confiar en ellas.

Cuatro

He “trabajado” mucho en aprender a confiar en la vida.

Me gustaría decir que soy toda una experta o algo así pero ni de broma. Cada vez confío en más detalles, en que quizá el universo no está en nuestra contra sino que tal vez y en una de esas es nuestro amigo.

Entonces, cuando me daba por flagelarme a mí misma por no escribir, confiaba. Cuando me preocupaba no poder hacerlo nunca más, confiaba.

Tenía la confianza de saber que si algún día iba a retomar este proyecto (y lanzar el curso que creé en el ínter) iba a hacerlo y que si no, que si todo esto había llegado a su fin, sería por una buena razón, porque vendría algo mejor.

Cinco

Mentiría si dijera que no tuve miles de distractores que de alguna forma me “ayudaron” a confiar.

He aquí algunos:

  • Un trabajo. En octubre del año pasado entré al primer trabajo de tiempo completo que he tenido en mi vida. Solo diré que ahora entiendo muchas cosas. Whew.
  • Un hombre. Ligeramente vergonzoso pero cierto. 
  • Un corazón roto. Shit happens.
  • Un examen de más de 200 preguntas. 
  • Un montón de problemas menores pero incómodos de salud.
  • Unos libros, podcasts, cursos, videos, artículos y todas esas cosas que nos dan la sensación de que estamos haciendo algo super útil para nosotros. Spoiler alert: probablemente solo nos estamos distrayendo. No digo que esté mal, solo lo enuncio porque es útil nombrar las cosas. 
  • Un año llamado 2018. (¡Sé que no fui la única!) 
  • Un corto etcétera.

La versión resumida es que antes no podía escribir y ahora ya pude. No sé por cuánto tiempo más, pero por ahora es lo que hay.

Seis

Siento que una persona totalmente distinta a mí fue quien escribió el resto del blog, y no ocultaré que más de una vez he pensado en borrar todo y comenzar a escribir con mi perspectiva actual pero no me atrevo.

(No temas, si algún día llego a hacerlo voy a avisar con antelación).

Todavía no tengo claro qué es lo que tenía que esperar o entender o descubrir en todo este tiempo pero creo que parte de ello es la idea de que ciertas cosas no pertenecen a ciertos momentos y que no está mal.

Esta fue una lección que la vida me presentó mes tras mes, en varias circunstancias.

Estamos ridículamente acostumbrados a la gratificación inmediata pero la vida no es así. Las cosas tienen su propia lógica interna, sus propios ciclos, sus ritmos, y forzar rara vez (si no es que nunca) da los frutos que pensamos que dará.

Algo me dice que no van a pasar otros 10 meses para una siguiente entrada pero quién sabe.

Confío en que lo que acabe pasando será lo mejor.

Siempre es así, aun cuando parece que no.

Y casi quiero decir: sobre todo cuando parece que no.

___

¡Si estás leyendo esto, dame señales de vida! Lo necesito :3