Comunicados y comunidades (anuncio importante)

¿Soy yo o este año ha empezado con todo?

Con todas las cosas que han pasado aquí en México y a nivel mundial, no puedo creer que apenas sea marzo.

El objetivo de esta entrada es compartir mi postura frente a lo que ha estado pasando y otras cosas que he pensado.

1. Mujeres

Parece que fue hace mucho tiempo pero apenas han pasado 10 días desde el Día de la Mujer.

Si has estado poniendo cierto tipo de atención seguramente te habrás dado cuenta de que durante los últimos años mis textos han evolucionado no tanto en forma (siento que necesito escribir más para pulir mi estilo) sino en el nivel de conciencia y de profundidad.

Hace 11 años, cuando empecé este blog, no tenía ni la menor idea de cómo funcionaba la sociedad. Ahora, tampoco.

Pero creo que tengo un poco más claras muchas cosas, como qué es el privilegio (y que tengo un montón) las injusticias y violencias que vivimos las mujeres y las minorías (entre más alejadas estemos de ser un hombre blanco, joven, cis-hetero, neurotípico, peor nos va).

Quiero decir y dejar en claro que apoyo profundamente la causa del movimiento de mujeres que generó las movilizaciones del 8 y 9 de marzo en México.

Aplaudo y honro la valentía que conllevó para muchas ir a la marcha del domingo, faltar a sus trabajos y/o escuelas el lunes, hacer algún tipo de acto de protesta en sus lugares cotidianos o simplemente tomarse el tiempo de reflexionar en torno a su papel como mujeres en esta sociedad.

Es evidente que las cosas ya no pueden seguir como hasta ahora, y que cada vez somos más las que estamos abriendo los ojos a lo terrible e injusto que es que tantas mujeres sean asesinadas al día, incluso por nuestras propias parejas o familiares, en el mundo en general pero sobre todo en América Latina.

Lo que sucedió esos dos días fue histórico. Todavía hay mucho que hacer, pero debemos celebrar los logros parciales y lo que se consiguió fue algo monumental.

2. Covid

Si soy muy honesta, he intentado evadir la mayor cantidad posible de información con respecto a este tema.

No porque no me guste investigar ni estar informada (ja), sino porque apenas intento leer un poco al respecto y me saturo por la cantidad de noticias falsas, teorías de conspiración, instrucciones contradictorias de los gobiernos, historias de sufrimiento humano.

Pienso que alcanzo a vislumbrar hasta cierto punto la gravedad del asunto y la importancia de tomar medidas de precaución.

Siento temor y preocupación sobre muchas cosas que están totalmente fuera de mi control (porque están fuera de mi control).

Sé que esto en algún momento va a pasar, que en menos de lo que canta un gallo la humanidad en general va a estar como si nada otra vez, contaminando el planeta sin ton ni son, olvidando todo lo que aprendió en esta crisis.

Soy consciente de que muchas personas están sufriendo, y bastante.

Que, como en todo, a quienes nos ha ido mejor en la lotería socioeconómica (y/o quienes han conseguido más cosas por su esfuerzo, claro está) estamos pasándola menos mal que muchas otras personas que, por las razones que sea, tienen muchas circunstancias en su contra.

Después de leer un par de artículos no tanto de información sino de “análisis” (por llamarlo de alguna forma) al respecto, he llegado a la conclusión de que la mejor forma de lidiar con esto es hacer actos de servicio para la gente.

Y como tengo el privilegio (lo es) de quedarme en mi casa y usar el Internet para esto, decidí hacer una serie de mini webinars / “talleres” online / conversatorios / comunidades emergentes en Zoom.

Mi idea (que seguramente evolucionará) es tratar algunos de estos temas:

  • Cómo lidiar con el miedo (propio y ajeno)
  • Cómo identificar y procesar las lecciones que todo esto nos está ofreciendo (¡son muchas!)
  • Cosas que puedes hacer para mantenerte lo más cuerda/o posible
  • O algo por el estilo que se me ocurra en ese momento

La idea de esto no es contribuir a la saturación de noticias, datos y teorías que ya tenemos, sino crear espacios para ser, para estar y para practicar herramientas de sanación y bienestar emocional en un espacio seguro.

Mi objetivo es que al final de cada una de estas reuniones te sientas mucho mejor de como llegaste.

Estas reuniones online serán muy breves (de 30 a 45 minutos) y podrán conectarse personas de cualquier parte del mundo.

Habrá una versión mixta (personas de todos los géneros), y una versión para personas que no sean hombres cis*.

Si estás interesada/o, escribe tu correo aquí y te mandaré los detalles de fechas, horas, lugares, etcétera.

*Si no tienes idea de lo que estoy hablando, elige “Mixta”. 

Estas reuniones no tendrán costo.


Sé que los temas que toqué en esta entrada son altamente controversiales y que todo mundo tiene una opinión al respecto.

Mi intención solo es ofrecer las Comunidades Emergentes para quien las quiera tomar.

Lo que menos me interesa es que se arme un debate (de esos de redes sociales, que nunca llegan a nada) en los comentarios de este post.

Si quieres decir algo al respecto pero no puedes hacerlo sin enojarte, es una señal de que no debes escribirlo aquí. Siempre puedes crear tu propio blog. 🙂 

Gracias por leer. Me encantaría conectar contigo en las reuniones de las Comunidades Emergentes.

Te dejo el link otra vez:

Ingresa tus datos.

No quiero hablar del 2019

Desde diciembre entré en una especie de bucle mental. (Me pasa seguido).

Era momento de publicar la parte 2 y 3 de la retrospectiva del 2019 (porque publiqué la 1 en noviembre) y no me sentía como para hacerlo.

Después llegó la vorágine vacacional y lo olvidé.

Luego cambió el año y ya no se sentía como que tuviera mucho sentido hacerlo.

Pero sentía que tenía que hacerlo. Solo que no quería.

Y así pasaron veintitantos días de enero hasta que hice consciente todo eso o, mejor dicho, me senté a ver qué estaba pasando porque quería escribir pero no quería escribir al mismo tiempo.

Entonces, heme aquí. Rompiendo las reglas. Mis reglas autoimpuestas sobre publicar y demás. Y siendo honesta conmigo misma:

Ya no quiero hablar del 2019.

No fue un año tan traumático como el 2018. O el 2017. No me pasaron cosas horribles. Pero se siente feo pensar en él. Creo que hay eventos que todavía no estoy lista para enfrentar. Como que se tiene que asentar todo un poco más, tal vez.

Seguramente en algún momento será terapéutico hablar de ello y hasta llegar a redactarlo, aquí o en otro lugar.

Pero por ahora, no.

Por ahora estoy bien así.

En vez de hablar del pasado, hablemos del presente. ¡Y del futuro!

No sé si esté bien pero siempre me ha emocionado más el futuro.

La verdad, este es el primer año en el que me siento como que el futuro puede realmente ser brillante. Énfasis en “puede”.

Es decir, todos los años siempre tienen cierto potencial de ser el mejor año de la vida y bla bla, pero para mí, en mi vida, es muy claro cómo todo lo que he ido construyendo y sanando a lo largo de los últimos 10 años me ha ido llevando a este momento.

Se siente como un final-principio, mucho más que otros años.

Final de las pruebas, de la parte más intensiva del aprendizaje, del túnel oscuro. De la saga de la heroína.

Principio del regreso a casa, y de realmente construir lo que realmente quiero que exista. Ya no solo las bases; la cosa en sí.

Y es un principio muy emocionante, en el que puedo ser yo misma más que nunca. En el que ya por fin dejé de sentir que no entendía nada de lo que me estaba pasando, o de cómo soy yo; en el que los cabos ya se ataron.

O al menos los más importantes.

Me siento muy emocionada por lo que esta nueva década y este nuevo año nos va a traer.

Tengo la sensación de que para muchas personas no va a ser lindo pero me gusta pensar que para la humanidad en general sí.

Ya es necesario. Ya hace falta que las cosas cambien, que los pocos que han estado demasiado cómodos a merced del sufrimiento de millones de personas despierten y se sacudan.

Un mundo más justo, más sostenible, más incluyente, ya no se puede seguir haciendo esperar.

Es momento de usar nuestras voces, nuestros talentos, contribuir en nuestra parte del mundo, con lo que tenemos a la mano y como estamos.

Ya no necesitamos prepararnos más, estudiar más, practicar más.

Ya estamos listos.

Ya estamos listos para hacer lo que vinimos al mundo a hacer, para el bien de todos.

Hay que salir y actuar.

Ahora más que nunca.

O, quizá mejor dicho, ahora porque tal vez después sea nunca.

Dos mil diecinueve en retrospectiva (1/3)

Cada año escribo una retrospectiva de los meses que han pasado para recordar lecciones, verlo todo desde otro punto de vista y procesar lo que haya quedado pendiente. Esta es la primera parte de tres. 

Enero

Enero fue un mes espeluznante para mí.

Como que quería que fuera un nuevo comienzo pero todavía traía mucha de la “vibra” del 2018. (Y, como dije en alguna otra entrada, sé que no soy la única a la que le pareció un año extremadamente intenso).

En el trabajo, por un montón de razones que no quiero recordar, hubo que quedarse 12 horas al día durante dos semanas. Es (y fue) demasiado.

No dormía bien porque, además, tenía una especie de pánico vital relacionado con algo que estaba pasado en mi familia y me daba apnea del sueño, lo que significa que dejaba de respirar mientras estaba dormida (no te lo recomiendo).

Además retomé contacto con un [hombre] que me gustaba pero con el que ya había visto que no iba a funcionar y por alguna razón los dos nos empeñábamos en intentar ser “amigos”, lo cual era imposible y por lo tanto me desgastaba emocionalmente.

Pero llegó el año lunar nuevo (también conocido como año nuevo chino) y todo se aligeró.

Febrero

Fue un mes mucho más amable. Todavía tenía resabios de enero pero algo en el aire se sentía mucho más ligero, en todos los sentidos.

Pude dormir y descansar mejor, y en muchos sentidos parecía que veía la luz.

Dejé ir al susodicho (¡soy fan de esa palabra!) y aunque fue difícil, sobre todo al principio, resultó un triunfo para mí.

Sin embargo, toda mi energía estaba enfocada en mi demandante trabajo, en el que, después de más de 4 meses, por fin sentía que me estaba adaptando.

Marzo

Lo que más recuerdo de este mes fue que, unas semanas después, lo marqué como el momento en el que R y yo empezamos a hacernos amigos.

R estaba en mi equipo de trabajo y es una de esas personas frente a las cuales nadie puede estar indiferente.

A mí al principio me parecía muy pesado y me caía mal; estaba en total resistencia a su existencia (es decir, mi opinión de él era: No debería ser así, No debería trabajar aquí, No debería estar en mi equipo, No debería haber dicho eso).

Pero un buen día (de enero, creo) me di cuenta de eso y recordé que la resistencia solo lo hace todo más difícil, por lo que decidí aceptar, aceptar y aceptar.

Aceptar que era como era. Que estaba en mi equipo de trabajo. En resumen, que era mi realidad.

Spoiler alert: Todo se transformó. Yo cambié con él y me abrí para conocerlo, él cambió conmigo y nos hicimos amigos.

Funny how that works. 

Abril

Mientras mi relación con R mejoraba y nuestra amistad se hacía cada vez más fuerte, yo empecé a sentirme mejor en ese trabajo.

Al principio sentía que no encajaba en lo más mínimo; de hecho, por momentos me sentía otra vez como en la escuela primaria y no entendía muy bien por qué, pero con él fui encontrando un espacio de pertenencia.

A finales de abril tuve una revelación (¡anagnórisis!) sobre mí misma, mi sistema nervioso y todo mi ser, patrocinado por mi mágica y hermosa amiga P.

En muchos sentidos me ayudó a entender por qué a lo largo de mi vida, desde la primaria hasta ese trabajo, no sentía que encajaba del todo.

Todavía no me siento lista para decir exactamente qué fue.

Tendrás que esperar a abril del 2020 para que te dé un par de pistas, pero definitivamente no fue algo pequeño. Fue brutal, nivel: los tres meses siguientes estuve en distintos niveles de crisis.

Pero crisis buena. (De hecho, hay quien dice que toda crisis es positiva, pero esa es otra historia).

Mi momento de anagnórisis ha sido, sin lugar a dudas, lo mejor que me ha pasado.

Notas:

Mientras escribo esto, noto que todavía tengo mucho dolor en mi ser con respecto a los primeros tres meses del año.

Quizá por eso no entré en tantos detalles como me hubiera gustado, o como suelo hacer en otras entradas de este tipo, pero si algo he aprendido es que lo más importante es ir a mi propio ritmo y respetar.

Todavía hay cosas que me parecieron muy fuertes en su momento y que, si bien ahora pienso que no fueron tan relevantes, etc., necesito respetar que, en general, el impacto de las cosas no se mide intelectualmente, sino a nivel emocional, en el cuerpo.

Por tanto, no importa tanto si algo me “parece” fuerte (en mi mente, o desde mi razón), sino cómo lo sintió mi sistema nervioso y cómo se vivió el trauma en mi cuerpo (y, por consiguiente, cómo no se ha procesado del todo).

A lo que quiero llegar es que uno no decide si un evento o situación tiene un impacto, es algo que pasa y tiene consecuencias, punto.

Esto podría parecer desalentador pero también me da la sensación de que genera espacio porque, si eres como yo, seguramente tiendes a pensar algo como esto:

Ay, POR FAVOR, no puedo creer que esto me haya afectado tanto, no debería ser así, realmente no fue nada. Estoy exagerando, amo el drama; es eso.

Si te sucede eso, te entiendo.

Seguramente hay varias personas alrededor tuyo que te dicen (o decían, cuando eras niño) lo mismo.

Pero vuelvo a lo mismo: si algo te afectó, no lo decidiste tú.

Aunque el 100% de las personas (que no son tú) opinen que no es fuerte, que no es importante, que deberías haberlo superado ayer, si te afectó te afectó. Y no es tu culpa.

Lo único que puedes hacer ahora es aceptarlo, reconocerlo, lidiar con ello, procesarlo, sanarlo, estar con lo que sientes y dejarlo ser.

Si regañarnos funcionara, ya no seríamos así, ya no nos afectaría nada.

But I digress.


Si te llama la atención, puedes ir haciendo recuentos de tu año para compartirlos en los comentarios, o para escribirlos para ti misma(o).

Por una parte siento que es pronto porque todavía no es diciembre, pero por otro lado siento que es tarde porque estoy acostumbrada a hacer el primero de estos recuentos en abril, el segundo en agosto y el tercero en diciembre, pero bueno.

Realmente creo que todo pasa en el momento adecuado, entonces henos aquí. 🙂

Hola, hola. This thing on?

Un dos tres probando probando. Is this thing on? *chirrido de micrófono*

Uno

Es muy difícil, después de casi un año (!) de no hacerlo, escribir sin mencionar el hecho de que llevo casi un año (!) sin publicar algo aquí.

Por lo tanto, decidí contar, como me saliera, una historia de qué ha pasado en todo este tiempo.

No digo “la historia” porque no quiero restringir lo que sea que vaya a acabar diciendo esta entrada con una secuencia de hechos.

Quiero que fluya lo que quiera fluir, porque está fluyendo y porque todo este tiempo no había fluido.

Solo estoy dejándome llevar, respetando el impulso de escribir de la misma forma que respeté la incapacidad (¿o “involuntad”?) de hacerlo.

Dos

Cada vez más, pienso que las personas que creamos cosas (quién me viera metiéndome en esta categoría) no somos más que canales a través de los cuales pasan nuestras creaciones.

Que nuestra voluntad al respecto es en verdad poca. Podemos hacer berrinches y bloquearnos e intentar desbloquearnos pero en el fondo nosotros no somos realmente los que decidimos qué crear ni qué características va a tener lo que hacemos.

Es como si el trabajo ya existiera en algún lugar etéreo y nosotros solo lo descargáramos, como si de bajar una película de Internet se tratara.

La primera vez que leí esto me pareció absurdo y hasta amenazó un poco la visión (escéptica y racional) que tenía del mundo, pero ahora no puedo no pensar así.

Tres

Durante este casi-año que no escribí, lo hice porque el blog no quería que lo hiciera. Yo me acercaba y él me alejaba.

Buscaba forzarme a escribir y lo único que obtenía era un gran No.

(Quizá porque ya no me fuerzo a hacer casi nada, no lo sé).

Pero simplemente no tenía lo que se necesitaba para sentarme a redactar.

Sí tenía ideas, sí tenía razones, sí tenía ganas. Aun así, no era el momento. Necesitaba esperar algo, aprender algo. Quién sabe qué era.

A veces me desesperaba, a veces me angustiaban un poco los mensajes de algunos lectores (nota curiosa: todos fueron hombres) que me escribieron para preguntarme si seguía viva, a veces me frustraba no poder mover el switch que me permitiera escribir, pero lo único que me daba paz al respecto era saber que la respuesta era confiar.

Que si el blog es una entidad aparte de mí, entonces sus razones tendrá para no dejarme escribir y no puedo sino confiar en ellas.

Cuatro

He “trabajado” mucho en aprender a confiar en la vida.

Me gustaría decir que soy toda una experta o algo así pero ni de broma. Cada vez confío en más detalles, en que quizá el universo no está en nuestra contra sino que tal vez y en una de esas es nuestro amigo.

Entonces, cuando me daba por flagelarme a mí misma por no escribir, confiaba. Cuando me preocupaba no poder hacerlo nunca más, confiaba.

Tenía la confianza de saber que si algún día iba a retomar este proyecto (y lanzar el curso que creé en el ínter) iba a hacerlo y que si no, que si todo esto había llegado a su fin, sería por una buena razón, porque vendría algo mejor.

Cinco

Mentiría si dijera que no tuve miles de distractores que de alguna forma me “ayudaron” a confiar.

He aquí algunos:

  • Un trabajo. En octubre del año pasado entré al primer trabajo de tiempo completo que he tenido en mi vida. Solo diré que ahora entiendo muchas cosas. Whew.
  • Un hombre. Ligeramente vergonzoso pero cierto. 
  • Un corazón roto. Shit happens.
  • Un examen de más de 200 preguntas. 
  • Un montón de problemas menores pero incómodos de salud.
  • Unos libros, podcasts, cursos, videos, artículos y todas esas cosas que nos dan la sensación de que estamos haciendo algo super útil para nosotros. Spoiler alert: probablemente solo nos estamos distrayendo. No digo que esté mal, solo lo enuncio porque es útil nombrar las cosas. 
  • Un año llamado 2018. (¡Sé que no fui la única!) 
  • Un corto etcétera.

La versión resumida es que antes no podía escribir y ahora ya pude. No sé por cuánto tiempo más, pero por ahora es lo que hay.

Seis

Siento que una persona totalmente distinta a mí fue quien escribió el resto del blog, y no ocultaré que más de una vez he pensado en borrar todo y comenzar a escribir con mi perspectiva actual pero no me atrevo.

(No temas, si algún día llego a hacerlo voy a avisar con antelación).

Todavía no tengo claro qué es lo que tenía que esperar o entender o descubrir en todo este tiempo pero creo que parte de ello es la idea de que ciertas cosas no pertenecen a ciertos momentos y que no está mal.

Esta fue una lección que la vida me presentó mes tras mes, en varias circunstancias.

Estamos ridículamente acostumbrados a la gratificación inmediata pero la vida no es así. Las cosas tienen su propia lógica interna, sus propios ciclos, sus ritmos, y forzar rara vez (si no es que nunca) da los frutos que pensamos que dará.

Algo me dice que no van a pasar otros 10 meses para una siguiente entrada pero quién sabe.

Confío en que lo que acabe pasando será lo mejor.

Siempre es así, aun cuando parece que no.

Y casi quiero decir: sobre todo cuando parece que no.

___

¡Si estás leyendo esto, dame señales de vida! Lo necesito :3

Cómo perdí el miedo a hablar inglés

Durante varios años, no hablé inglés a pesar de que ya sabía inglés.

Si has estudiado (en mayor o menor medida) esta lengua toda tu vida, como muchas personas en países de habla hispana, seguramente entiendes a qué me refiero.

Tienes toda la gramática en la cabeza, entiendes lo que escuchas y lees, hasta encuentras errores en posts de Facebook escritos en ese idioma, pero no lo usas mucho que digamos para hablar-hablar.

Yo estuve así muchos años, hasta que me empecé a obsesionar con los blogs por ahí del 2010. Hasta creé uno, el que estás leyendo, hola.

Los que leía eran escritos por personas de Irlanda, Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia. Y aunque empecé leyendo a Benny, el políglota irlandés, poco a poco los links me comenzaron a llevar a páginas de coaches y gente por el estilo que ya no tenía nada que ver con los idiomas.

Algunos de ellos, en diferentes ocasiones, ofrecían sesiones gratuitas para que conocieras sus servicios, por ejemplo, o para que averiguaras si eras un buen match con su forma de trabajar.

Yo las tomaba porque de verdad me interesaba genuinamente eso. Y hablaba inglés como efecto secundario.

Las primeras veces me ponía super nerviosa y me daba cuenta de que no me entendían bien. Una vez, quise decir “medicamentos” y dije drugs porque en ciertos contextos así se dice, pero por una mezcla rara de sociolingüística y dialectología, acabé dando a entender que me drogaba, cosa que no hago ni me interesa.

Poco a poco, y a lo largo de todos estos años, he ido participando llamadas (casi todas por Skype) de infinidad de temas, individuales y grupales, en cursos, conferencias, webinars, y decenas de horas de interacciones con personas de habla inglesa, de muchos lugares del mundo.

Cuando menos me di cuenta, ya no me sentía nerviosa. Ya no me encontraba en situaciones vergonzosas. Ya hasta podía hacer bromas y la gente se reía.

Cuando eran llamadas grupales, empezaba a escuchar cómo decían “As Georgina said…”, y me llenaba de emoción y felicidad que otra persona no solo comprendiera mi mensaje sino que hiciera referencia a él.

Debo confesar que me hice adicta a esa sensación.

A poder decir:

yo
hablo
inglés

y la gente me entiende

siempre había soñado esto

Disculpa

Al principio, antes de empezar a hablar, decía —como para sentir que estaba evitando burlas o algo parecido—: “Perdón, es que el inglés no es mi lengua materna”.

Después vi que era totalmente innecesario, no porque hable como nativa (creo que me acerco mucho pero dudo que alguien pudiera confundirme con una estadounidense, por ejemplo) sino porque cuando no lo decía, nadie hacía ningún comentario al respecto del tipo: “¡Qué bien hablas!”.

(Eso se le suele decir a la gente cuando no habla bien, pero se ve que lo intenta mucho. ¿Lo has notado?).

Como no eran personas con las que estaba hablando para aprender inglés, sino con el fin de usar la lengua como medio de comunicación, no me corregían.

Seguramente te estarás preguntando cómo fui subsanando mis errores si no me hacían correcciones.

La respuesta:

si de algo me sirvió estudiar lingüística durante más de cuatro años, además de toda la experiencia que he acumulado al escribir este blog y hablar con sus lectores, fue para mejorar mi inglés con una minuciosidad deliciosa.

Yo misma iba usando mis propios métodos y mis conocimientos (sobre todo de fonética) para ajustar los detalles que veía que me faltaban.

Ahora, después de ocho años de hacer eso (y otras cosas más, como literal ponerme a practicar vocales), me siento profundamente confiada cuando tengo que hablar inglés.

Y, obviamente, como es un proceso que realmente nunca se termina, lo sigo haciendo.

¿Mi inglés es perfecto? No.

Ni siquiera mi español lo es. Y estoy bien con eso.

Aun así, busco todas las oportunidades que puedo (no solo en Internet, también en la vida real) para usar mi inglés, porque lo amo y porque me parece maravilloso cada vez.

Creo que es una sensación que nunca voy a dar por hecha en el sentido de decir, Ah sí, hablo inglés pero también duermo todos los días, como sea.

Es algo que me genera endorfinas cada vez que siquiera pienso en ello.

Esto no quiere decir que te vas a tardar ocho años en pasar del estado de “sé inglés pero no lo hablo tan bien” a “hablar inglés es parte inherente de mi vida y lo amo”. Yo no me tardé tanto, en realidad fue mucho menos.

Hay gente que pasa por este proceso en pocos meses cuando tiene gente que le corrija y le enseñe, por ejemplo. Hay gente que se va a vivir a un país de habla inglesa y en semanas lo logra.

Solo te estoy contando mi historia porque así fueron los hechos.

Entonces,

le perdí el miedo a hablar inglés…

Lanzándome a hablar antes de que me sintiera realmente lista.

Aprendiendo a tomarme un poco menos en serio.

Tomando oportunidades para practicar pero no necesariamente con esa finalidad.

Usando mis conocimientos de fonética y lingüística y adquisición de lenguas extranjeras.

Escuchando música, podcasts y entrevistas con devoción fonológica.

Hablando con un montón de gente de varios dialectos del inglés.

Imitando a las personas cuando decían ciertas cosas que no había oído.

Cazando muletillas y copiándolas.

Dejando de pedir disculpas por que el inglés no sea mi lengua materna.

Soltando la idea de perfección.

Atreviéndome a sonar ridícula.

Dándome permiso de cometer errores, incluso frente a otras personas.

Haciendo que no importara cuando se reían (no burlaban) de mí por decir palabras que no eran.

Queriendo mucho hacerme entender y solo dejándome llevar por las conversaciones.

En resumen, el miedo se me fue quitando solo a medida que veía que no se iba acabando el mundo.

Los nervios se fueron reduciendo.

La satisfacción y la alegría tomaron su lugar.

Y ahora sé que eso es accesible para cualquier persona que lo intente con los medios adecuados. No es nada que otra persona no podría hacer. 

Si lo has intentado por tu cuenta o con clubes de conversación en academias y no ha funcionado, tengo un programa llamado Conversation Practicums que te puede ayudar. 

Mi lista de lectura del reto para el 2018

El otro día encontré, sin buscarlo, un reto de lectura para este año de la sorprendente página Librópatas, la cual no tenía el gusto de conocer.

Empecé a leer los 24 puntos que proponen y me emocioné muchísimo. Después, no podía dejar de pensar en ello.

Luego dije, bueno, sólo haré la lista, no creo leer ningún libro de ella. Pero mientras la hacía me iba dando cuenta de que quería leerlos prácticamente todos, y mucho.

Al final me terminé obsesionando y me puse a investigar como loca para crear mi lista de lectura. Y cuando la tenía… lista, casi lloro de lo hermosa que era y quise compartirla.

(Además de que no he podido hablar de otra cosa; ya traigo mareada a la gente cercana a mí).

He aquí mi lista #Retópata18 del reto de lectura de Librópatas para este año.

Róbatela, úsala como inspiración, hazle lo que quieras excepto ignorarla. (Es broma). (Sabes que no).

Notas:

  • No sé si voy a leer todos los libros. En ese sentido, no “entré” al reto. No estoy comprometida, pues. Pero en una de esas sí lo logro.
  • Sí estoy decidida a leer algunos libros, pero no en orden. Empezaré por los que ya tengo en mi haber o los que son muy fáciles de encontrar en pdf (sobre todo porque fueron editados hace mucho tiempo).
  • Si comienzo a leer alguno y no me gusta o me aburre o me distraigo, no me forzaré a leerlo. La vida es demasiado corta como para leer un libro que no me resuena.
  • Puede que mi investigación esté un poco… mal hecha. La hice medio de prisa, en Google y en mis tiempos libres. Tampoco me quise poner tan estricta, por lo que probablemente notes que algunos libros no encajan al 100% en su categoría. Sin embargo, si notas un error atroz, por favor corrígeme en los comentarios de esta entrada.
  • Me compliqué la vida un poco más y decidí que todos los libros tenían que estar escritos por mujeres.
  • Más o menos la mitad son libros de autoras que en mi vida había escuchado, así es que no tengo idea de si me vayan a gustar, o si alguien que sepa mucho de literatura y el famoso canon los consideraría “buenos”. Eso está por verse conforme los lea. De todos modos, no estoy tan casada con el canon. (Ya pasé esa etapa).

Sin mayor preámbulo, he aquí los 24 libros que elegí:

  1. Novela epistolar: Lady Susan de Jane Austen
  2. Poesía de alguien que nació en la Ciudad de México: Poesía no eres tú, de Rosario Castellanos
  3. Novela ambientada en Grecia: La curandera de Atenas, de Isabel Martín
  4. Novela que transcurre en Navidad: Silent Night, de Mary Higgins Clark.
  5. Libro en el que esté basada una película que ya vi: Victoria & Abdul: The True Story of the Queen’s Closest Confidant, de Shrabani Basu
  6. Novela clásica de detectives: The golden slipper, de  Anne Katharine Green
  7. Novela río: Homegoing, de Yaa Gyasi
  8. Literatura árabe contemporánea: Farewell, Damascus, de Ghada Samman
  9. Con fantasma: Beloved, de Toni Morrison. [Este libro lo intenté leer en inglés, su original, hace no mucho y entré en pánico por el tipo de lenguaje que usa. Quiero hacer una lectura simultánea con la versión traducida al español].
  10. Ensayo científico: Woman: An Intimate Geography, de Natalie Angier
  11. Obra de teatro: Las voces de Penélope, de Itziar Pascual
  12. Libro escrito por una persona famosa en un ámbito distinto a la literatura: Everything to live for, de Turia Pitt
  13. Antigüedad clásica: Poesía de Safo
  14. Ganadora del premio Cervantes: Algunos muchachos, de Ana María Matute
  15. Libro con un triángulo amoroso: Henry and June, de Anaïs Nin
  16. Autora latinoamericana publicada en el 2017: Dicen de mí, de Gabriela Wiener
  17. Novela que originalmente haya sido por entregas: La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe
  18. Libro LGBTIQ: The Color Purple, de Alice Walker
  19. Libro recomendado por un desconocido: AYÚDAME* (Edit: una lectora llamada Nuria me recomendó Mutant Message Down Under de Marlo Morgan, ¡GRACIAS!)
  20. Novela situada en Moscú: Bequest, de Anna Schevchenko
  21. Cómic de la guerra: Persépolis, de Marjane Satrapi
  22. Libro publicado en 1890: Una cristiana, de Emilia Pardo Bazán
  23. Testimonio histórico: Voces de Chernobyl – Svetlana Alexievich
  24. Óscar al mejor guión adaptado: The Little Foxes – Lillian Hellman

* Para el punto 19 necesito que me recomiendes un libro. Lo único que te pido es que esté escrito por una mujer, sea un libro que te guste mucho, y no sea de una autora que ya está en la lista ni que el título se repita en mi página de Libros que me encantan. YA ESTÁ LISTA LA LISTA, pero si lees esto y quieres recomendarme un libro, no te detengas. 🙂

Y para fines prácticos, cuentas como desconocida/o aun si te ubico por tu nombre y tu correo debido a que ya has comentado en el blog con anterioridad. No dejes que eso te intimide.

Si entras al reto, ¡avísame! Nada me gustaría más que ayudarte a conseguir lecturas o darte ideas sobre qué leer.

Gracias de antemano por tus recomendaciones; y ya te iré contando qué hago con los libros.


He aquí la lista original, copiada y pegada de la página oficial:

“¡Aquí están los 24 puntos a cumplir!

  1. Una novela epistolar o una recopilación de cartas.
  2. Un libro de poesía de un autor de tu región.
  3. Un libro ambientado en un país cuya inicial coincida con la de tu nombre (si tu nombre empieza por O, Q, X o alguna otra letra con la que no haya muchos países, te dejamos que escojas la inicial de tu apellido).
  4. Un libro que transcurra en Navidad.
  5. Un libro en el que se haya basado una película que ya viste.
  6. Una novela clásica de detectives.
  7. Una novela río.
  8. Un libro contemporáneo escrito originalmente en árabe.
  9. Un libro en el que aparezcan fantasmas.
  10. Un ensayo sobre un tema científico.
  11. Una obra de teatro.
  12. Un libro escrito por alguien famoso en otro ámbito (diferente de la literatura).
  13. Un libro de la antigüedad clásica.
  14. Un libro de un autor que haya ganado el premio Cervantes.
  15. Un libro en el que haya un triángulo amoroso.
  16. Un libro de una autora latinoamericana publicado en el último año.
  17. Una novela publicada originariamente por entregas.
  18. Una novela LGTBIQ.
  19. Un libro que te recomiende un desconocido.
  20. Un libro ambientado en una ciudad que esté a más de 10.000 km de distancia de la tuya.
  21. Un cómic sobre la guerra.
  22. Un libro publicado 100 años antes de tu nacimiento.
  23. Un testimonio histórico (un libro de tema histórico, pero publicado en un momento cercano al episodio que trata).
  24. Un libro cuya adaptación al cine se llevó el Óscar al mejor guión adaptado.”