Dos mil dieciséis en retrospectiva 3/3

El mes de diciembre y el 2016 terminó, lo que significa que es hora de hacer el tercer y último recuento del año. La primera parte fue publicada en abril y la segunda a finales de agosto.

El objetivo de estos recuentos es 1) hacer un esfuerzo por plasmar mi vida, lo cual me permite ver qué va bien y qué puede mejorar, así como recordar lo que he hecho y me ha pasado; 2) que me conozcas más, 3) contagiarte las ganas de escribir algo similar.

Vamos.

La última parte del año fue como una montaña rusa de emociones.

Septiembre

En septiembre no tengo recuerdos muy claros de qué hice, pero recuerdo que a mediados de ese mes algo dentro de mí me dijo:

Si quieres lanzar las Anticlases, tienes que hacerlo AHORA.

Y así fue, así lo hice. Es lo que más orgullosa me hace sentir de todas las cosas que hice en el año, pero necesité quitarme unas 28.4 telarañas mentales por segundo.

Octubre

En este mes, que por ser el de mi cumpleaños siempre trae consigo mucha reflexión y una sensación de cambio de piel (como serpiente o algo así), fue bastante intenso y sentí que varias cosas se acomodaron dentro de mí. También comencé unas sesiones de [terapia en el sentido etimológico de la palabra] súper buena pero muy extraña en la que todavía no sé si creo pero veo que funcionan. Ya sé, es raro.

Noviembre

No recuerdo casi nada de los primeros días del mes, pero vaya que recuerdo la sensación horrible que tuve por varios días cuando me enteré de que Trump había ganado las elecciones de Estados Unidos. Estas últimas semanas he estado pensando mucho en si realmente es una tragedia, como se sintió en ese momento, o no.

Y la verdad es que no sé. Económicamente, van a cambiar muchísimas cosas, sobre todo para México, muchas de las cuales no van a ser positivas al inicio, pero tengo cierta esperanza en que de cualquier cambio siempre surge algo positivo, aun si tarda en llegar.

Lo que realmente me preocupa a mí y a mucha gente que lloró lágrimas amargas el 9 de noviembre son las personas en desventaja socioeconómica, tanto de EU como de otros países.

Porque si algo no entiende Trump es la justicia social, la empatía hacia las personas que no son como él, la opresión y el privilegio. Y no lo culpo. Si eres un hombre blanco y eres norteamericano, no tendrías por qué nacer entendiendo eso. El privilegio es invisible para quien lo tiene.

Pero Teal Swan dice que si quieres que alguien desee mucho algo tienes que torturarlo con lo opuesto, y si el resultado de que ese hombre esté en un lugar de tanto poder será violencia, división, odio, opresión y fanatismo, entonces tal vez la gente despierte y desee lo contrario: la unidad, la empatía, el respeto, la diversidad.

E incluso si no es cierto, si casi todo va a ser un caos mundial durante los siguientes 4-8 años, necesitamos mantener viva la esperanza y hacer lo que podamos por nosotros mismos y quienes nos rodean, un día a la vez.

O al menos eso es lo que voy a hacer.

Uno de los aprendizajes más grandes que tuve cuando vi que ese señor había sido elegido fue que muchas de las cosas que quiero hacer (en NOL y en otros lados) no se tratan de mí.

Es decir, que si por mis dudas, mis “fantasmas”, mis miedos, mis creencias limitantes dejo de hacer algo que podría beneficiar a los demás, ayudarles a sufrir un poco menos en sus vidas, estoy siendo profundamente egoísta.

Esa idea es mi nuevo faro.

No le sirve a nadie que yo no use y desarrolle las habilidades que contribuyen algo a los demás. No le sirve a nadie que me deje empequeñecer por mis miedos. No le sirve a nadie que no escriba las miles de palabras que siempre he querido escribir. No le sirve a nadie que me espere a ser “perfecta”.

Eso me motiva.

Diciembre

En este mes fui muy afortunada y comencé a formar parte de un [lugar] que me ha ayudado a tener bastante estructura en mi vida, algo que me fui dando cuenta a lo largo del año que me faltaba (aunque en cierto sentido ya lo sabía).

También comencé a escribir un libro-guía (que no tiene nada que ver con los idiomas) y que espero terminar y compartir a mediados del año porque… ver “noviembre” arriba.

En general el año 2016 fue de comenzar a verme como alguien que tiene algo que aportar (que yo diría que lo somos todas y todos), y de empezar a creerme las cosas buenas que poseo, lo cual, si eres como yo, resulta profundamente difícil.

Asimismo, fue el año en el que descubrí una dimensión espiritual en mí (gracias, en gran medida, a estos videos) y en el que más me lancé a hacer cosas afuera de mi “zona de confort” con la intención 100% consciente de desarrollar una confianza mucho más sólida en mí misma y mis habilidades.

Esto último ha sido lo más incómodo que he hecho en mi vida, y también agotador, porque no ha sido una incomodidad que dure unos días, sino que va conmigo casi todo el tiempo, pero también ha valido la pena cada segundo.

En resumen, siento que todo lo que hice este año fue darme permiso de ver mi propia luz y de llevarle (a quien lo necesita o busca) un poco de ese brillo.


¿Y tú?

¿Cómo estuvo tu año? ¡Nunca es tarde para hacer este tipo de recuentos!


PD: Me interesa mucho que los comentarios sigan siendo un espacio libre de discusiones de política internacional. Gracias  ❤

Dos mil dieciséis en retrospectiva 2/3

El mes de agosto terminó, lo que significa que es hora de hacer el segundo recuento del año. La primera parte fue publicada en abril y la tercera lo será a finales de año, en diciembre.

El objetivo de estos recuentos es 1) hacer un esfuerzo por plasmar mi vida, lo cual me permite ver qué va bien y qué puede mejorar, así como recordar lo que he hecho y me ha pasado; 2) que me conozcas más, 3) contagiarte las ganas de escribir algo similar.

En cuanto a estos cuatro meses del 2016, ya sé que es el cliché más común del mundo, pero se me pasaron súper rápido.

Mayo

En mayo me dediqué a desarrollar un programa para ayudarte directamente (es decir, no a través de un libro o curso) a encontrar una manera de aprender idiomas que funcione para ti.

Por una parte fue muy emocionante y por otra fue aterrador (como cada vez que lanzo algo nuevo que yo creé y que nadie me dijo que creara).

Y aunque me veo obligada a lidiar con mucha incertidumbre, al final vale la pena porque es lo que me gusta hacer, poner mis conocimientos y mi(s) experiencia(s) al servicio de la gente que lo necesita, y porque aprendo muchísimo sobre… todo.

Junio

Necesitas otra lengua cumplió 6 años. Seis. Años. What. The. F***.

Entre otras cosas, tomé por azares del destino un taller de musicoterapia humanista y aunque fue un poco incómodo, me ayudó a entender por fin algo feo que me pasó hace varios años y que, a pesar de que había hecho un montón de cosas para sanarlo / comprenderlo / tratarlo / trabajarlo / etc., no había avanzado tanto como lo hice en las 12 horas del taller.

Quizá suene exagerado, pero en muchos sentidos hubo un antes y un después de ese taller, y siento un gran alivio cuando pienso en todo aquello a lo que le dije que sí para haber estado ahí, aun cuando pudo haber sido más fácil decirme a mí misma que no.

En junio también descubrí la manera más fácil de hacer hand lettering, algo que siempre había querido hacer pero que creía que era súper complicado, y me puse a practicar y practicar de manera semi obsesiva (como buena Scanner que soy) lo cual me generó mucha satisfacción y alegría.

Julio

Este mes, por fin, después de mucho tiempo de no lograrlo, tomé valor y decidí revisar muchos recovecos de mi cuarto / habitación y me deshice de lo que no me hacía feliz conservar.

Lo sorprendente fue que al final, cuando mi escritorio quedó limpio, me sentí muy ligera y muy feliz pero a otro nivel, no solo en cuanto a “mi escritorio está hermoso” sino como si hubiera hecho una depuración profunda de mis emociones, o algo parecido.

En este mes también empecé a leer e investigar sobre un tema apasionante, extraño y súper útil relacionado con las emociones del que tal vez hable en siguientes entradas (todavía no sé cómo porque no entra en el paradigma actual de… casi nada).

Y en este mes también tuve la maravillosa oportunidad de [trabajar] con un grupo de niñas durante tres semanas en las que no solo le perdí el miedo a los niños en general, sino que me di cuenta de que tienen mucho más que enseñarme a mí de lo que yo podría enseñarle a ellos y ellas.

Agosto

Ni siquiera me di cuenta de cómo fue, pero de repente ya era 20 de agosto, con su respectivo “ya se acabó el año”.

Este mes decidí poner manos a la obra en un proyecto más (sí, amo los proyectos, no puedo evitarlo) y creé un par de sistemas que me han hecho, hasta ahora, todo mucho más fácil.

Me siento centrada, comprometida y concentrada en el mejor de los sentidos, y no, como en otras ocasiones, rebelde (hacia mí misma) por estar forzada (por mí misma) a llevar a cabo determinadas actividades en X momento.

Sobra decir que esto ha sido un gran avance y que estoy muy orgullosa de mí misma pues, entre otras cosas, ahora publico todos los días en la página de Facebook del blog (sí le diste “Me gusta”, ¿verdad?) y me siento mucho más “productiva” y creativa que antes.

En conclusión, estos meses han sido de experiencias tremendamente enriquecedoras y muy profundas, de cosas que me han hecho sentirme intensamente agradecida de haberme arriesgado a hacerlas, y que me han dejado experiencias que se van a quedar conmigo por el resto de mi vida.

Cosas maravillosas de estos cuatro meses:

  • Tener tiempo para leer muchos libros a la velocidad a la que me interesa leerlos (mi definición parcial de “felicidad”).
  • Haber tenido una conversación “normal” (o sea, no para practicar) con una estadunidense y haberme dado cuenta de que no tuve el menor asomo de nervios o miedo lingüístico antes, durante o después. Confianza total en mi inglés, aun cuando sé que no es 100% perfecto (ni siquiera mi español es 100% perfecto; nada lo es).
  • Ser valiente e ir al doctor por un problema que yo creía que era complicadísimo y que tuvo la resolución más amable del mundo.
  • Ver con una claridad absoluta cómo las cosas que sí eran para mí fluían y salían bien y las que no, simplemente no.
  • Tener una copia de este libro firmada y entregada en mis manos por el autor mismo :))
  • Tomar “té” de jengibre, ajo y canela con miel y limón y ver cómo se me quitaba, en 7 días exactos y como por arte de magia, una tos incomodísima que me había durado varias semanas y que los medicamentos no arreglaban.
  • ¡Ir al teatro! ¿Ya dije que me gusta mucho el teatro? Pues eso, me encanta.
  • Seguir escribiendo aquí después de tanto tiempo, y sobre todo, atreverme por fin a que Necesitas otra lengua evolucione.
  • Darme cuenta de toda la gente maravillosa que este blog me ha permitido conocer, y de todas las formas en las que, a través de él puedo “actualizar”—como se dice en inglés—mucho de aquello por lo que siento que vine al mundo.

Gracias por estar aquí, y ___________ [inserte cursilerías mil]

Y tú, ¿qué has hecho en este segundo tercio del año? ¿Alguna cosa maravillosa que te gustaría compartir?

¿Cambiar de identidad ayuda con los idiomas?

Te invito a acompañarme en experimento de identidad para ver si, como he leído que sucede, cambiar lo que creemos que somos ayuda a modificar lo que pasa fuera de nosotros.

Pero antes, un poco de antecedentes.

Durante varios años, me he creado (y creído) la identidad de “mata-plantas”.

La primera planta que maté (o, mejor dicho, dejé morir) fue una hortensia. Aunque tenía el color más bonito del mundo, y la regaba diario, hubo un momento de mi vida en el que salía de mi casa a las 6:40 de la mañana y regresaba como a las 10 de la noche, lo que hizo que perdiera el hábito de regarla y la flor se marchitó.

Después mantuve la planta en sí, ya sin flor, con la esperanza de que volviera a salir, pero como no lo hizo, sin querer queriendo la dejé morir.

(No, no me siento orgullosa de eso).

La segunda planta que maté fue una albahaca, una de mis hierbas favoritas para cocinar.

La compré en una maceta mediana y la regaba todos los días. Le iba arrancando hojas para cocinar con ellas, y aunque siempre tuve presente que no había que dejarla sin hojas para que pudiera hacer la fotosíntesis, un buen día se empezó a marchitar y por más que la regaba, ya no tuvo remedio.

La tercera planta que maté (ya, solo son tres) era—en teoría—una planta endémica de México que tiene unas flores amarillas que—en teoría—atraen a las mariposas. No recuerdo cómo se llama.

Un señor en el parque me vendió las semillas (junto con otras muchas cosas) con unas técnicas irresistibles de persuasión y llegué a sembrarlas. Nunca esperé nada de ellas pero para mi sorpresa, comenzaron a salir brotes.

Me emocioné mucho y los cuidaba como si su vida dependiera de mí (sí lo hacía) y no recuerdo qué pasó, o ya lo bloqueé, pero de un día para otro ya no tenía brotes. Murieron.

Esos han sido todos mis intentos por mantener viva una planta que no me han salido.

(Ah, no es cierto, también maté una composta). 😦

Quizá suene muy tonto, pero eso ha sido fuente de frustración en mi vida. Hasta me he convencido de que no me interesan las plantas y que puedo vivir perfectamente bien sin ellas.

Eso hizo que llegara a la conclusión de que soy una persona irresponsable, por ejemplo, e incluso me repito a mí misma que debería tener un cactus o algo más independiente para que no muera.

Cabe aclarar que es inconsciente lo que me pasa. No tengo claro en qué momento dejo de regar las plantas, o qué señales de que se están muriendo no veo, o qué pasa. Lo único que sé es que tiene que ver con mi ignorancia sobre temas del jardín, entre otras cosas nebulosas.

Pero hace unas semanas estaba platicando con mi amiga Ch, quien tiene un gran amor por las plantas y le dije que me gustaba mucho el cilantro, el perejil y la menta y me regaló semillas de las dos primeras.

Me dije a mí misma, las voy a sembrar y no dejaré que se mueran. (Hoy voy a cambiaaaar).

Pero no lo hice porque mi identidad de mata-plantas me ganaba.

Entonces, sin que yo me lo esperara, un día ella llegó con una plantita bebé de menta. Lo primero que hice fue emocionarme y luego preocuparme porque mi mata-plantismo ya tenía una nueva víctima.

Después, la pasé a una macetita que no recordaba que tenía guardada y la dejé bajo el sol, junto al resto de plantas que viven en mi casa (y que han sobrevivido porque no están a mi cargo, evidentemente).

Al día siguiente me di cuenta de que la pobre menta se estaba quemando, y entré en pánico, pero como no se había muerto había esperanza. La puse en un lugar con más sombra y le puse agua.

Como vi que le gustó su nuevo lugar, una esperanza comenzó a nacer dentro de mí: ¿Y si esta vez puedo no solo no matar una planta, sino hacer que viva y que explaye toda su tendencia natural al crecimiento?

Estos días he estado cuidando la menta. Pienso en ella todos los días. La voy a visitar en las mañanas y veo si el lugar en el que está le sigue gustando. Le echo agua. Voy viendo que tiene unos brotes mini y casi lloro de la emoción.

Hasta me animé a sembrar las otras semillas que Ch me regaló.

Y entre todo esto, se me ocurrió algo que había leído antes:

Quizá las plantas que han perecido lo han hecho porque yo pienso de mí que soy una mata-plantas.

Si dejo de pensar que lo soy, y lo que es mejor, si pienso que soy una cuida-plantas, o una persona que tiene lo que se necesita para tener un pequeño jardín, incluso ANTES de que la realidad me lo demuestre, ¿qué pasaría?

He estado jugando con esa idea. Cambiar de identidad de mata-plantas a cuida-plantas es difícil. No lo sabía, pero hay un montón de sentimientos y emociones estancados en eso, y veo cómo surgen dentro de mí voces de alarma:

Si soy una cuida-plantas, ¿significa que  soy responsable, que soy cuidadosa? ¿Qué va a pasar ahora en otras áreas de mi vida si me doy cuenta de que no soy tan irresponsable como creía?

De verdad me da miedo.

Haber sembrado las semillas está mostrando cosas de mí que no había querido ver. Por ejemplo, que para muchas cosas soy una mujer de poca fe. Si no veo resultados rápidos, entonces creo que no sirve.

Pero con las semillas no hay de otra, solo paciencia. Soy muy impaciente, y unos fetos de planta me ponen a prueba.

La verdad es que no sé si las plantitas van a seguir vivas durante mucho tiempo.

Pero estoy haciendo lo mejor que puedo. Estoy atreviéndome a dejar caer una identidad que yo tenía y que, por lo visto, no me estaba sirviendo. Estoy dejando que las plantitas me enseñen cosas que necesito aprender sobre mí, y estoy permitiendo que surjan cualidades positivas que tengo que, por miedo o por qué sé yo, no suelo dejar salir o admitir que poseo.

Es toda una aventura, y me gustaría invitarte a vivirla conmigo, si es algo que te interesa:

Para hacerlo, puedes pensar en alguna identidad que tengas, algo que opines sobre ti mismo(a). Por ejemplo, “soy mala para los idiomas”. “Soy pésimo para la pronunciación / para la gramática”. “No tengo suficiente disciplina para estudiar todos los días”.

Después, elige lo opuesto: “soy buena para los idiomas”. “Soy bueno para la pronunciación / para la gramática”. “Sí tengo suficiente disciplina para estudiar todos los días”.

No tienes que creértelo (de hecho, tu mente te va a decir que estás loco(a)). Solo observa qué sucede. Es muy probable que te enojes y comiences a sentirte amenazado(a): “¡Yo no soy así!”

Si te interesa, comienza a jugar y a encontrar pruebas de que quizá esa nueva identidad es algo real en ti. Por ejemplo, observa cuándo tienes suficiente disciplina, aunque sea para lavarte los dientes todos los días.

Quizá poco a poco la vieja identidad se vaya cayendo. Quizá no. Pero realmente creo que vale la pena probársela, como si de una prenda nueva se tratara, solo para ver qué pasa o qué surge, para saber un poco más de nosotros mismos.

¿Aceptas mi invitación? No tiene que ser ahora, de hecho es mejor si es a tu propio tiempo, cuando te sientas listo(a).

Gracias por leer.

No necesito consejos (gracias), pero me gustaría leer historias parecidas y muestras de empatía en los comentarios. ❤

Dos mil dieciséis en retrospectiva 1/3

El mes de abril terminó, lo que significa que es hora de hacer el primer recuento del año. La segunda parte será publicada a finales de agosto y la tercera a finales de año, en diciembre.

El objetivo de estos recuentos es 1) hacer un esfuerzo por plasmar mi vida, lo cual me permite ver qué va bien y qué puede mejorar, así como recordar lo que he hecho y me ha pasado; 2) que me conozcas más, 3) contagiarte las ganas de escribir algo similar 🙂

Enero

Como ya es prácticamente tradición para mí, cuando inició enero decidí no hacer “propósitos” de año nuevo ni nada por el estilo. Solo me plantée un par de intenciones para cómo quería que fuera el año y a partir de ahí todo fue viento en popa.

Obvio no, es broma.

En realidad fue un caos. El 5 de enero recibí una oferta que no pude rechazar (lol) que hizo que considerara cambiar radicalmente mis ideas para el año y me llenó de muchísimas ilusiones.

Y después, el 6 de enero, recibí un correo en el que esa oportunidad se volvió imposible, lo cual que me regresó a mis planes originales, con el añadido de un montón de aturdimiento y un poco de tristeza por un tiempo.

Ahora que lo pienso, fue un inicio de año muy extraño, como cuando te despiertas en un lugar que no conoces bien y tardas un poco de tiempo en recordar qué haces ahí y por qué sientes que tu cama está al revés.

Febrero

En febrero, entre otras cosas, visité una institución llamada “Alimento para todos” en el oriente de la Ciudad de México.

Lo que hacen ahí es recibir comida que los supermercados ya no pueden o quieren vender (aunque sigue buena) y gracias a personas que donan su tiempo y su dinero, llevan esos alimentos a grupos que realmente los necesitan.

Yo tuve la oportunidad de ser voluntaria durante unas cuantas horas, y fue una experiencia realmente grata.

Desde hace algún tiempo, tengo la terrible idea de que no me siento tan útil como me gustaría, y ser voluntaria me ayudó a sentirme útil al fin.

Me cuesta trabajo hablar sobre esto porque siento que para muchas personas decir que fueron voluntarios o que hicieron actos “humanitarios” es una forma de presumir, de decir indirectamente Mira, yo soy mejor que tú.

O al menos mucha gente lo siente así.

Pero de verdad yo no pienso eso, para nada. No me siento como una persona superior solo por ser voluntaria o por ayudar a los demás.

Ay, ni siquiera sé por qué estoy escribiendo esto último, ahora parece que lo siento y que lo digo para que no parezca que lo siento. 

En fin, sé que comprendes 🙂

En febrero también fui a una cata de té de las que organiza Las rutas del té. Siempre me sorprende la capacidad de Marisol para crear experiencias llenas de una profunda belleza y de mucha magia.

Las palabras me quedan cortas, ve a su blog y ve su Instagram para que veas lo que me refiero y lo sientas por ti misma(o).

Marzo

Este mes necesité mucha perseverancia y mucha, mucha resiliencia. Como quizá ya sabes, fue el mes en el que le puse los puntos finales a mi primera guía digital.

Si alguna vez has querido terminar y publicar un proyecto, sabes que no es nada fácil, tanto por razones emocionales como por razones logísticas.

Por lo tanto, me enfrenté a muchos demonios como:

“¿quién crees que eres?” o “nunca vas a poder ser original” o “todo lo que haces apesta” o “a nadie le va a gustar tu guía”

Necesité centrarme mucho para seguir adelante y para no dejarme vencer por ese crítico interno que tengo. Lo bueno es que tengo herramientas para lidiar con los miedos, y gracias a ello pude seguir adelante.

Y claro, con el apoyo de mi accountability partner, quien por cierto me hizo una entrevista en video (ay) super divertida y llena de un par de historias y opiniones mías de la que nunca he escrito en el blog.

En marzo también tuve la oportunidad de ir a ver una transmisión de esta versión de Hamlet y fue una experiencia muy ¿revitalizadora? (ok, la palabra es nourishing).

Nunca había visto a Shakespeare en escena (no me juzgues) y realmente me sentí como una persona diferente antes y después de hacerlo. Poder del arte, activado.

Abril

Después de todo el trabajo que hice y del hecho de que no me dejé caer a pesar de la incertidumbre, publiqué Aplaca tus miedos.

Fue una sensación muy intensa (más bien un conjunto de sensaciones) pero me ayudó el entender-recordar que no lo estaba haciendo por mí, sino que todo lo que contiene fue concebido y está hecho para que otras personas se beneficien de ella, por lo que no publicarla solo por temor era egoísta.

(Eso último lo dice elocuentemente Barbara Sher en este mini video).

Por otro lado, siempre que es el cambio de horario mi organismo tarda varios días en ajustarse y parezco zombie durante al menos una semana porque mis horas para dormir, comer y despertar se ven muy alteradas.

Todavía quiero seguir practicando prever esto (pues pasa dos veces al año), y prepararme para la invasión zombie (duh) haciendo lo más que pueda antes del cambio de horario para que durante esa semana pueda descansar y estar lo más relajada posible.

Abril terminó siendo un mes muy intenso emocionalmente para mí, rompí con varias barreras que tenía (muchas de las cuales me dolió hacer conscientes) y siento que crecí bastante, en general.

También tuve una experiencia con extranjeros que me resultó exageradamente fuerte (de la cual te contaré muy pronto).

En resumen, este primer tercio de año ha sido muy satisfactorio porque he estado en un estado constante de incomodidad (¡como el año pasado!). De hecho, creo que ya ni siquiera me incomoda tanto la incomodidad, de tan cotidiana que la he vuelto. Huh.

Sigo saliendo mucho de mi zona de confort, sigo aprendiendo muchísimo y sigo avanzando para convertirme en la persona que quiero ser (mientras reconozco todo lo que he hecho y a lo que he llegado).

Cosas maravillosas de estos meses:

-que una persona que no me conocía me escribiera de la nada para ayudarme a salir bien en una entrevista

-sentirme cada vez más parte de una comunidad con mis nuevos amigos ❤

-tomar té verde con jazmín sin quemarlo

-salir seguido con I y D

-haber escrito mucho en este blog y en mi journal

-permanecer a salvo de la influenza estacional (contra todo pronóstico)

-encontrar a esta autora de libros bastante extraños pero increíblemente útiles

-darle clases de escritura de ensayo al alumno ideal 😀

-ver muchas flores hermosas en las calles (a pesar de que me dan alergia)

-retomar la amistad con dos amigas muy queridas que llevaba mucho tiempo sin ver

-fui al teatro y amo el teatro y he visto puras obras buenas

-tener suficiente tiempo para descansar y reponerme

-mucha gente mostró interés en Aplaca tus miedos (lo cual anuló por completo lo que temían mis temores)

-encontrar por casualidad dónde venden xoconostle deshidratado (¡Gracias, México!)

-sentir que estoy caminando hacia lo que sueño de mi vida

¿Cómo va tu año? Si estos textos te inspiran a hacer tu propio recuento, me encantaría leerlo en los comentarios

Dos mil quince en retrospectiva 3/3

Dividí el recuento del 2015 en tres partes: 1-enero a abril, 2-mayo a agosto y 3-septiembre a diciembre.

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Septiembre

Lo único que recuerdo (y tengo registrado) sobre septiembre es que fui con muchos doctores y me hice varios estudios. Si esto te parece algo neutral o agradable, mis respetos.

Pero si eres como yo y la simple idea de sacar una cita con un doctor te causa malestar, sabes que hacerlo es todo una odisea. Sobre todo si creías que en una cita se iba a resolver tu asunto y en realidad es la primera de varias.

Todo se resume en: días y días de incomodidad, miedo y estrés.

(No tengo nada, solo estoy asegurándome de que mis genes estén bajo control y ese tipo de cosas).

Este mes, asimismo, decidí comprar el dominio del blog (¡por fin!), un paso que no entiendo muy bien por qué no me había atrevido a dar. Yes.

Octubre

En este mes decidí escuchar a mi Yo interior, que es más sabia de lo que yo creo que soy. Algunas personas la llaman “intuición”.

Yo todavía no estoy muy segura de su nombre “oficial”, pero es como una brújula que te llama hacia algo bueno para ti y que intenta alejarte de aquello que no resultará benéfico.

¿Sabes de qué hablo? ¿Sueles ponerle atención a lo que te dice?

Quien sabe de esto dice que si logramos seguir a nuestra voz interior con todo lo que nos dice, iremos por un camino adecuado para nosotros, mientras que si nos empeñamos en ignorarla (o no podemos escucharla), nunca nos sentiremos satisfechos a un nivel profundo.

Lo curioso es que como (en general) estamos desconectados de esa “sabiduría organísmica (en palabras de Carl Rogers), cuando logramos contactarla y—ahora sí—actuar con base en lo que nos dice, necesitamos romper con lo que ya estaba construido antes.

Y esto duele, porque implica sacrificar aquello a lo que estábamos acostumbrados y darle la bienvenida a algo nuevo que quizá ni siquiera estaba en nuestros planes.

Esto me sucedió en octubre. Decidí, con mucho miedo y bastante pesar, renunciar a algo que me daba muchas alegrías para abrirle paso a una versión más auténtica y verdadera de mí misma.

No fue que lo planeara minuciosamente, más bien comencé a sentir un mandato interno de que era lo que tenía que hacer, y llegó un momento en el que se sentía demasiado mal ignorarlo o intentar justificarlo intelectualmente.

¿Alguna vez te ha pasado eso? Siento que no lo expliqué bien porque no es algo de lo que se suela hablar… 

Como sea, eso fue lo que me pasó y me dolió, pero ahora ha estado bien.

Noviembre

En este mes estuve intentando acostumbrarme a los cambios que se dieron en mi vida durante todo el año.

Fue también en este mes que comencé a darme cuenta de que me aceptaba a mí misma más de lo que nunca lo había hecho.

No recuerdo cuándo fue exactamente, pero en algún momento del año por fin entendí lo que “aceptar” significa.

Mucha gente piensa que consiste en conformarse (como que si aceptas algo que no te gusta es porque ya te rendiste y no lo vas a cambiar) o que aceptarse a sí mismo implica un “dejarse ir” a la perdición (como si no fuéramos dignos de confianza y tuvieran que vigilarnos y presionarnos todo el tiempo).

En realidad, aceptar algo es el primer paso para cambiarlo porque significa verlo tal y como es.

No aceptar algo implica compararlo con un ideal (que puede o no existir en el mundo real), negarse a asumirlo y fingir que no existe. Evidentemente, es muy cansado hacer todos esos malabares mentales.

Pero entiendo por qué lo hacemos. Si no estamos aceptando algo es porque podría no gustarnos, o porque en el momento en el que enfrentamos una realidad nos toca asumir la responsabilidad frente a ella.

Sin embargo, aceptar (lo que sea) es mucho más liberador que evadir (lo que sea) .

Algo que me sirvió mucho para ser más aceptante de prácticamente todo, fue repetirme a mí misma: “Esto es lo que es, y no me tiene que gustar”.

También, poner atención en la frustración que sentía cuando decía: “¡AGH, es que X no debería ser así!”

No, no debería ser así, pero así es. Y no te tiene que gustar. 

Aceptar es lo más liberador que he experimentado. Y aceptarme a mí misma, aunque es un proceso que lleva toda la vida, es lo más agradable que he hecho por mí.

Ahora puedo decir cosas como:

Sí, soy perfeccionista / obsesiva / impaciente / exigente y está bien, así soy.

Sí, mi cuerpo no se ve como el de la portada de una revista y está bien, así soy.

Sí, a veces le tengo demasiado miedo a cosas totalmente cotidianas para otras personas y está bien, así soy.

Si esto te parece totalmente escandaloso, no te culpo. Nadie nos enseña a aceptarnos a nosotros mismos.

De hecho, hay personas que literalmente ganan dinero con el hecho de que la gente se la pase comparándose con un ideal casi siempre inalcanzable (diet industry, I’m looking at you).

Es un acto revolucionario poder decir “soy como soy y no está mal porque así soy”.

Entiendo muy bien si todo esto te incomoda o si el desacuerdo comienza a surgir en ti. 

Es imposible aceptarlo todo el 100% del tiempo, pero entre más nos acerquemos a ver la vida como es, a conocer a las personas como son, a darnos cuenta de qué es lo que nosotros mismos somos, más apacibles serán nuestros días.

O al menos eso fue lo que aprendí yo.

Diciembre

Diciembre todavía no acaba mientras escribo estas palabras, pero hasta ahora, ha sido un mes de encontrarle un tiempo y un espacio a hacer cosas que me gustan y que me hacen sentir conectada a lo que realmente soy, a mi esencia.

En el ajetreo de mi vida cotidiana encuentro muy complicado hacer cosas que podrían parecer improductivas (como leer una novela, tocar música o ver los adictivos videos de TSoL) pero que en realidad hacen que mi cerebro y mi ser entero sea feliz.

El 2015 se puede resumir, para mí, en un año en el que hice decenas de cosas que jamás pensé que podría hacer y en el que pude verme a mí misma con una claridad tan grande que resultó liberadora.

También fue un año en el que más de una vez sentí que me iba a romper. Y no, aquí sigo.

Aguanto mucho más de lo que pensaba.

___

Espero que estas tres largas entradas te hayan dado alguna pista sobre algún aspecto de tu vida. Si fue así, no dudes en hacérmelo saber, ya sea en los comentarios o a través de la página de contacto.

Gracias por leerme, ya sea que lo hagas desde el 2010 o desde la semana pasada. Aprecio mucho que estés ahí, de ese lado de la pantalla 🙂

¡Hasta el año que entra!

Comentarios considerados y sin consejos, bienvenidos abajo.

Dos mil quince en retrospectiva 2/3

Dividí el recuento del 2015 en tres partes: 1-enero a abril, 2-mayo a agosto y 3-septiembre a diciembre.

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Mayo

Cuando creé Duerme Tranquilo, lo hice porque el hecho de no haber “cerrado el ciclo” de la licenciatura me incomodaba mucho (a veces sí me mantenía despierta en la noche). Necesitaba apoyo de personas que estuvieran pasando por lo mismo o algo parecido.

No tanto porque fuera “importante” a un nivel abstracto, ni porque la sociedad me exigiera tener un título, ni nada por el estilo.

Una de las cosas que más me motivaban a obtener mi título era la “promesa” de romper muchas barreras impuestas por mí misma (y por la sociedad).

Esos límites me pesaban, y mucho. Yo sabía que no me iba a sentir contenta conmigo misma (ni orgullosa de mí) a menos que terminara con esos trámites.

Entonces lo hice. Me esforcé, lloré y pataleé y lo logré.

Y la noche posterior a mi examen profesional / defensa de tesis, por más que lo intenté, no pude dormir tranquila. *risas del público*

Estar expuesta a tantos estímulos nuevos; el remanente de los nervios, la adrenalina de que todo saliera bien, saludar a la gente, despedirme de la gente, poner atención a las preguntas, sentirme querida por mis amigos y familiares, haber llegado hasta ese punto…

me dio insomnio. Después de todo, soy una persona altamente sensible.

Pero los días siguientes me sentí muy feliz, muy tranquila y muy ligera. (Al menos a ese respecto, porque en realidad nunca iba a tener paz hasta que tuviera mi título en mis manos).

Lo volvería a hacer sin pensarlo dos veces. 😉

Junio

No lo había relacionado en su momento, pero ahora que escribo esto, me di cuenta de que tiene todo el sentido del mundo:

en junio me sentí muy, muy perdida.

Después de 3 años de luchar por ese objetivo académico, mi vida se quedó con un vacío considerable. Aunque tenía cosas que hacer que ocupaban mi tiempo, me quedé con una sensación de que necesitaba… algo.

Contribuyó mucho a ese vacío el hecho de que también perdí mi principal fuente de satisfacción laboral (y de una manera totalmente inesperada).

Entonces retomé uno de mis tantos proyectos, el cual llevo varios años escribiendo a intervalos de obsesión y abandono. (No, no lo terminé. Mientras redacto esto, me encuentro en la etapa de “abandono”).

Me ayudó mucho recordar que soy una mejor persona cuando estoy creando algo que (según yo) le va a servir al resto de las personas.

Y por si fuera poco, en búsqueda de otro “no” para 100RL, obtuve un sí muy gratificante: Mara Glatzel hizo una convocatoria para el puesto de community manager de su grupo (privado) de Facebook por 3 meses y yo lo obtuve (¡!).

No solo mi deber era publicar posts 3-4 veces a la semana (en inglés, evidentemente), sino que tuve la oportunidad de recibir 2 horas de la atención plena de Mara (1-on-1).

Una vez más, me sentí extremadamente poderosa y feliz de que ella y yo nos comprendiéramos a la perfección al hablar por Skype a través de una lengua que no hablo en mi contexto social “normal” y cotidiano.

(Aunque a mí misma sí me hablo en inglés casi siempre, pero esa es otra historia).

Julio

Este mes recibí mi primera “Carta de rechazo” (rejection letter) formal. Antes había recibido varios “no” que, si bien no me habían encantado, no me habían afectado.

Pero recibir mi primera carta con un “no” muy rotundo me dolió más de lo que pensé. Creí que por llevar ya varios meses de práctica, iba a ser indiferente.

Puttylike estaba buscando a alguien que pudiera escribir algunos artículos en su blog (sí, en inglés).

Cuando me enteré, lo primero que hice fue procrastinar para ver si el hecho de esperar iba a darme un buen pretexto para no hacerlo (porque ya habría pasado la fecha, etc). Pero no fue así. Es una señal, pensé. Voy a mandar mi solicitud.

Mandé mi solicitud. Si pasaba al siguiente nivel, Emilie me haría una entrevista por Skype y, si no, pues… nada.

No esperaba demasiado (de hecho ni siquiera llené mi solicitud tan concienzudamente) y BAM, me llegó un correo que decia: “Emilie quiere hablar contigo”.

Whaaaaat?

Tuve la entrevista con ella (solo yo y otras 8 personas llegamos a ese punto). Si pasaba al siguiente nivel, tendría que escribir un artículo de prueba y, si no, pues… nada.

Y pues nada. Me escribieron diciéndome que gracias por participar pero que hasta ahí había llegado.

En ese momento, me sentí muy triste y hasta un poco enojada, pero después pensé que lo que había logrado fue gigante y que el simple hecho de haber llegado a la entrevista con Emilie fue algo de lo que me debo sentir orgullosa (sobre todo porque pensaron en contratarme aunque el inglés ni siquiera es mi lengua materna).

Nota: Buscar el “no” o el rechazo es una gran idea porque aun si pierdes ganas.

Agosto

Durante este mes comencé a hacer una investigación sobre cómo aumentar la tolerancia a la frustración (para otro de mis proyectos).

Al hacerlo, me encontré con un interesante programa sobre la Terapia racional emotivo-conductual (REBT por sus siglas en inglés) de Albert Ellis, quien dice que las personas sufrimos no por lo que nos pasa, sino por lo que pensamos al respecto, y expone una lista de 12 creencias equivocadas que podemos tener.

Leer sobre eso y practicar algunas de las herramientas que los autores del programa sugieren se convirtió en un viaje muy interesante a mis propias creencias (resulta que tengo la cabeza llena de irracionalidades).

Si bien no puedo decir que por fin soy una persona racional (HAHAHA), debo decir que al analizar ideas absurdas como “No tendría por qué sentir incomodidad y dolor. No puedo soportarlos y debo evitarlos a toda costa” mi nivel de sufrimiento realmente ha disminuido.

Me siento mucho más tranquila con la realidad como es.

Ahora le exijo menos a la vida y a la gente que antes, cuando sin darme cuenta exigía que las personas actuaran de determinada forma y exigía que el mundo fuera justo. Ese tipo de cosas, las cuales solo me hacían enojar.

Ahora me siento mucho más libre. 🙂

Y eso que no he “dominado” el tema, por mucho. 

Aunque aquí fue donde comenzó la parte de “aceptación” de mi año, en realidad fue después cuando se puso mejor.

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Sigue leyendo mi versión de 2015 en la siguiente entrada, la última de la serie, muy pronto.

Palabras de respeto, empatía y comprensión en los comentarios.