Crea lo que quieres crear (3 miedos, 3 ideas)

Mi amiga I me dijo que quería empezar un blog. Acto seguido, su mente me empezó a bombardear con miedos y razones por las que era una mala idea.

Si bien no soy la experta número uno del mundo cuando se trata de escribir blogs, he aprendido un par de cosas a lo largo de los 10 años (sí, 10) que he mantenido el que estás leyendo, y me di cuenta de que tenía mucho que decir al respecto.

Decidí escribir esta entrada porque estoy segura de que hay muchas otras personas que quieren compartir sus ideas (ya sea en un blog, podcast, canal de YouTube, o hasta eventos presenciales) pero la avalancha de miedos se lo impide.

He aquí los tres principales que hablé con I (quien, por cierto, me dio permiso de escribir este texto; no creas que hago esto con todo lo que me cuentan mis amigos xD):

1. Me da miedo que me critiquen o me juzguen

Es totalmente comprensible. Después de todo, es un acto vulnerable decir lo que piensas en Internet. Y sí, hay muchos trolls y personas que se divierten poniendo comentarios groseros en las creaciones de las personas.

Sin embargo, hay dos partes del proceso que estás mezclando en una sola:

Una cosa es crear tu contenido y otra es que las personas lo consuman.

Lo que quieres es crearlo porque tienes una necesidad de expresarte, o porque quieres ver qué va saliendo conforme escribes / hablas.

Puedes crear unos 5 episodios / posts y después decidir si quieres publicarlo.

O puedes compartirlo solo con las personas más cercanas a ti, o tus amigos de Facebook.

No pienses que por estar en Internet automáticamente se va a hacer viral y lo van a ver 999,999 personas, de las cuales 999,900 te criticarán.

Si todo falla, siempre puedes desactivar los comentarios para que la gente no pueda opinar.

Puedes controlar su visibilidad hasta que te vayas sintiendo segura(o) de que más gente lo vea. Y si no llegas a ese punto, también está bien. ¡Ya creaste lo que querías!

Ahora bien: si te da miedo que te critiquen, te recomiendo que escribas una lista de las peores cosas que te podrían decir. Por lo menos unas 20. Sé tan cruel como te imaginas que podrían ser contigo, y poco a poco ve encontrando razones por las que podrías estar bien si alguien te dijera eso.

Casi siempre los comentarios críticos que nos duelen lo hacen porque son cosas que ya pensamos de nosotros mismos. Te recomiendo este hermoso y acertado post de Tara Mohr al respecto (en inglés).

2. Temo no poder ser constante y abandonarlo a la mitad

Yo tengo la convicción de que uno no es quien decide de antemano cuánto van a durar las cosas, sino que solo se va dando.

Por ejemplo, yo puedo tener el deseo de durar 30 años con una persona con la que salgo pero no hay nada que pueda hacer para que eso sea una realidad. Puedo intentarlo pero nada lo garantiza.

Lo mismo pasa con las creaciones. Puedo tener, al menos inconscientemente, la idea de que voy a escribir durante años o muchos meses y tener miles de lectores que me AMEN y demás.

Pero lo que suele pasar es al revés: empiezas a escribir y conforme avanzas te das cuenta de que no tenías tantas entradas en ti, sino que a los 10 artículos ya se satisfizo la necesidad que te llevó a crearlo y entonces lo dejas.

Sin embargo, eso no lo puedes saber de antemano.

Las cosas, incluso (¿o sobre todo?) las que nosotros creamos, nos van a otorgar lo que nos vayan a otorgar y no podemos decidir eso.

Aferrarse a la “constancia” o a publicar diario o a empezar y nunca abandonarlo no solo es artificial sino que se convierte en un deber ser, una obligación impuesta, una especie de prisión.

Si empiezas, quizá en el camino te das cuenta de que lo que querías era hablar de tres temas solamente y después se te pasa la emoción. (Sobre todo, si eres Scanner).

Yo una vez hice un podcast que solo ha escuchado una persona. Hice tres episodios y eso era todo lo que descubrí que quería hacer. Se satisfizo mi necesidad de grabarme hablando y estoy bien con eso. Me dio lo que necesitaba.

Claro que esto es mucho más difícil si lo que quieres empezar a crear tiene la finalidad de ser algo que te dé dinero o algo por el estilo, pero aun así tienes que estar dispuesta(o) a que evolucione, a que te aburra, a que el hecho de crearlo te dé otra idea para tu proyecto siguiente.

Sé que es incómodo pensar en términos de tanta incertidumbre pero lo cierto es que ir buscando certezas no es más que una ilusión.

Parte de por qué nos da miedo abandonar este tipo de proyectos es porque nos imaginamos que tendremos fans a los que de repente decepcionaremos si dejamos de escribir.

¡Primero consigue fans y luego te preocupas por ellos! Los de tu mente no cuentan todavía. 🙂

Por otro lado, y aunque suene un poco feo, no eres tan importante para otras personas. Es seguro decepcionar a la gente. No van a ir a tu casa a atacarte hasta que vuelvas a publicar. Seguramente van a encontrar a alguien más a quien seguir y van a estar bien.

Si esto te pesa, pregúntate a quién sientes que has decepcionado y qué consecuencias ha tenido. Rastrea de dónde viene ese miedo. Seguramente tiene que ver con tu infancia (como un montón de cosas) pero es muy útil hacerlo consciente. ¿Por qué se siente tan grave no cumplir las expectativas que otras personas puedan tener sobre ti?

3. Me da miedo que me digan que quién me creo que soy para escribir sobre x

Oh, sí. Muchos asociamos “escribir” con “ser la autoridad en un tema”, o “ser experta(o) en él”.

Si en tus creaciones te describes a ti misma(o), incluso sin darte cuenta, como “soy quien más sabe en el mundo del tema”, te arriesgas a darte cuenta de que no, de que hay gente que sabe más que tú, y te exiges mucho más, pues no debes ni puedes fallar.

Sin embargo, si solo partes de “voy a compartir mi perspectiva, mis vivencias, mi particular punto de vista desde donde estoy experimentando este tema”, nadie te puede contradecir.

Claro que habrá gente que no esté de acuerdo contigo, que tenga una perspectiva muy distinta y quizá hasta contradictoria con la tuya, pero eso no significa que debas esconder tu forma de ver las cosas.

Todas las perspectivas son válidas porque, aunque es lo más trillado del mundo, no hay dos personas iguales que vean la vida exactamente de la misma forma.

Por lo tanto, vale la pena que nos compartas tu perspectiva, que nos cuentes cómo has superado tus obstáculos o que nos digas las lecciones vitales que te costó mucho trabajo aprender.

Quizá le ahorras tiempo a alguien, o quizá le salvas la vida (uno nunca sabe, de verdad) o simplemente haces que se sienta menos solo.


Espero que esto te haya inspirado a sacar tus creaciones de tu cabeza y ponerlas en el mundo si es algo en lo que has estado pensando.

Sé que suena aterrador por momentos pero a mí me da mucho más miedo pensar en todas las cosas maravillosas que mucha gente se va a llevar a la tumba solo por miedo al qué dirán o a juicios que a veces ni siquiera duelen tanto una vez que se reciben.

¡Comparte lo que quieres crear! No necesita ser bueno siquiera, ni estar bien diseñado o bien planteado; definitivamente no necesitas leer más libros ni buscar más inspiración; no es necesario pulirlo tanto como tu mente te dice.

Haz que exista, después ya ves qué haces con ello.

El proceso simple para mejorar tu pronunciación

Como probablemente ya sabes, acabo de crear un programa nuevo llamado Pronunciation Practicums que te ayudará a mejorar tu pronunciación en el inglés (o el español, si no es tu lengua materna).

En él, te llevo a través de 7 pasos que, una vez llevados a la práctica, resultan muy simples y poderosos:

  1. Hacerte consciente de los 43 sonidos del inglés.

Los sonidos son una de las partes de la lengua que se adquieren cerca del “final” del aprendizaje. Es decir, necesitas tener gran parte del idioma en la cabeza para que puedas dedicarte a escucharlos y adquirirlos.

No entiendo muy bien por qué pasa esto, pero sucede. Por eso hay que hacerlos conscientes, porque rara vez pasa automáticamente.

2. Identificarlos cuando escuchas la lengua hablada.

Una vez que eres consciente de los sonidos, comienzan a saltar a tu oído.

En las canciones que ya escuchabas y que hasta te sabes de memoria, en las películas que veas. Siempre han estado ahí pero tu cerebro no te permitía escucharlos. Ahora ya puedes.

3. Reconocer las formas en las que tu cerebro hispanohablante los filtró

(y hace, por ejemplo, que la “th” de “this” acabe sonando como una “d” de “día”).

Existe un fenómeno llamado “asimilación” mediante el cual, cuando escuchas un sonido que no existe en español, tu cerebro te hace creer que suena como el más cercano a él que sí existe en español.

Si oyes la “i” de “bird”, vas a escuchar “clarito” una “e”, y la vas a pronunciar así. Todo esto, sin que te des cuenta. Pero no lo es, sino una vocal que no existe en español y que tienes que aprender a identificar.

4. Romper esos hábitos lingüísticos. 

Necesitas reconocer todos los momentos en los que ya tienes la costumbre de decir esa “e” que no es “e” y esa “d” que no es “d”, dejar de hacerlo y crear un espacio donde quepan los sonidos correctos.

4.5 Desbloquear las barreras mentales y/o emocionales que puedas tener. 

Por alguna razón, muchas personas están convencidas de que DE VERDAD no pueden pronunciar los sonidos. Maestros malos, intentos por forzar un sonido cuando el cerebro todavía no está listo para recibirlo, burlas, humillaciones, malas experiencias, creencias sobre cómo la gente te puede percibir, etcétera.

Todo esto se tiene que ir para que mejorar tu pronunciación no genere sufrimiento en tu ser y, sobre todo, sea un proceso que se pueda llevar a cabo.

5. Aprender a producir o pronunciar los sonidos reales del inglés. 

Necesitamos reentrenar tu aparato fonador (tu lengua, tus labios, tus dientes, tus cuerdas vocales, hasta tu saliva) para que produzca los sonidos que ahora ya escuchas. No te mentiré, al principio es incómodo pero después es divertido y te sientes como con superpoderes.

Mucha gente que enseña pronunciación realmente no sabe cómo decirte que pongas los labios o la boca para que generes cierto sonido.

Yo he adquirido a lo largo de los años un montón de trucos del tipo “Ok, estás haciendo una ‘a’ pero ahora haz los labios más hacia los lados” que sí funcionan y que hacen que las personas digan “Ahhhh” y lo puedan hacer por sí mismas.   

6. Practicar hasta que sean parte inalienable de ti. 

Esta parte es la que más depende de ti. De verdad me gustaría que hubiera un sustituto de la práctica porque a veces se siente lento y desesperante pero no la hay. Se necesita repetir y repetir las cosas hasta que estén completamente integradas a ti.

7. Integrarlos en el inglés que hablas espontáneamente. 

Ya que tienes cada sonido hecho consciente, ya que rompiste el hábito que tu cerebro hizo sin pedirte permiso, ya que practicaste los nuevos sonidos y ya pudiste hacerlos sin pensarlo, ahora estás lista(o) para que surjan de ti automáticamente cuando hablas.

Felicidades, mejoraste tu pronunciación.

Lo mismo se hace con la entonación (prosodia) y con un montón de cosas más que pueden hacer que tu inglés suene mejor a los oídos de quienes te escuchan hablarlo.

Como dije en la página del programa, la mayor parte de esto va sucediendo inconscientemente. No necesitas hacer un gran esfuerzo ni memorizar la gran cosa. 

Es mucho más simple de lo que parece (aunque no digo que siempre vayas a sentir que es fácil; hay algunos sonidos un poco truculentos). 

Y he visto a personas “negadas” replicar sonidos que nunca habían siquiera escuchado conscientemente. 

Muchas personas que enseñan pronunciación parten de la grafía, es decir, de la parte escrita de la lengua y te explican todas las formas en las que suena la “t” cuando la ves en un texto.

El problema con este enfoque es que:

a) el inglés no es una lengua que suene como está escrita, a diferencia del español; de hecho se podría decir que hace lo que quiere cada vez y tiene casi más excepciones que reglas y

b) es mucho mejor desconfiar de la grafía y saltarte la parte escrita. Si quieres aprender a escuchar y pronunciar tienes que partir de la lengua hablada y quedarse ahí.

No necesitas los textos de intermediarios, son una distracción y te puedes abrumar con tanta información.

En fin.

El proceso de arriba es lo más cercano a la magia que he visto, y quiero compartirlo contigo porque me encanta ser testigo una y otra vez de cómo las personas mejoran su pronunciación a pasos agigantados. 

Lee más sobre el programa si esto suena (ja) como algo que te interesa: 

Pronunciation Practicums

El último día para apartar tu lugar (sin hacer ningún pago aún) es el miércoles 9 de octubre.

Algún día acabarás de adquirir esa lengua

¿Te agobias porque sientes que nunca terminarás de aprender ese idioma?

Te entiendo.

Nunca faltan los recordatorios de que se necesitan POR LO MENOS 250 horas de estudio para llegar al nivel bebé de [lengua], o los momentos tristes en los que nos damos cuenta de que no hemos aprendido tanto como nos gustaría.

Suele ser bastante desmotivador en ocasiones.

Aunque, para ser justos, hay a quienes esto no les pasa porque aman el proceso de adquisición, pero esa ya es otra historia.

Lo que casi nadie te dice…

…es que adquirir cualquier lengua realmente es un proceso finito.

Algún día terminará.

Sí, las lenguas son ilimitadas; cada día nacen nuevas palabras en cada idioma, todo lenguaje está en constante evolución y uno nunca acaba de aprender palabras ni siquiera en su lengua materna. Eso es un hecho.

Sin embargo, sí llega un momento en el que el proceso de adquisición se termina.

En el que tu cerebro ya absorbió la gramática, ya tiene suficiente vocabulario para entender lo que lee y escucha, en el que ya puedes hablar de corrido y ser comprendida(o) por interlocutores.

Ya tienes el idioma, ya es parte de ti.

Si dejas de estudiarlo un par de meses no lo vas a perder (como yo ya perdí el hiragana porque solo lo estudié como ¿2 semanas? Quizá fue una).

Sí existe un “después”; un happily ever after, si me apuras.

Algún día terminarás de aprender esa lengua y te dedicarás a usarla.

Después de todo, para eso la estabas estudiando, ¿cierto?

Conjuntos cerrados, el musical

A mí me ha ayudado mucho entender que las lenguas son conjuntos cerrados.

Es decir, todo lo que se dice o se escribe en un idioma determinado parte de cierto número de unidades más pequeñas que se combinan solo de ciertas formas.

Cada lengua tiene solo cierto número de fonemas, que son como los átomos de la misma. No más, solo los sonidos que necesita.

Y se mezclan entre sí siguiendo cierto número (no tan grande, de hecho) de reglas. No otras, solo las que necesita.

Dicho lo anterior, no te desanimes

Esto de estudiar solo es un proceso, una serie de pasos (que muchas veces duran varios meses, es verdad) que algún día terminarás de dar.

Intenta disfrutarlos lo más que puedas y confía en que algún día no tan lejano estarás del otro lado.

Nota:

Con base en esta idea, le estoy dando los toques finales a un nuevo programa sobre los (100% finitos) sonidos del inglés, cuyo objetivo es ayudarte a mejorar tu pronunciación.

Si te interesa, pon mucha atención en este espacio en los días siguientes. 🙂

Consejos de idiomas para personas introvertidas

Una lectora llamada Lorena me pidió que escribiera sugerencias para personas introvertidas que quieren hablar idiomas.

Antes de ir a ello, definamos nuestro tema.

¿Qué es la introversión?

No tiene tanto tiempo que se ha empezado a popularizar el término “introversión”, gracias a libros como Quiet e investigaciones al respecto.

Sin embargo, los introvertidos hemos existido desde siempre.

La definición que más me gusta de este rasgo de la personalidad es la junguiana (patrocinada por el MBTI):

La diferencia entre la extroversión y la introversión es hacia dónde una persona vuelca su energía (su atención) por naturaleza.

Las personas introvertidas vierten (ja) su energía a sus percepciones, pensamientos, sensaciones, emociones, recuerdos, etcétera, mientras que una persona extrovertida lo suele hacer hacia fuera de sí mismo.

Según esto, una persona introvertida se “recarga”, como si de una pila se tratara, estando consigo misma y en soledad, percibiendo lo que ocurre dentro de ella, y una persona extrovertida lo hace poniéndole atención a lo que está en el exterior. (Más sobre esto más tarde).

Esto último incluye, evidentemente, a las personas. Si en el “afuera” hay personas, es más probable que un extrovertido quiera dirigir su energía hacia ellas que un introvertido.

Obviamente, hay matices y es un continuo que (en teoría) tendría en un extremo a la persona más introvertida del mundo y en el opuesto a la más extrovertida del mundo.

Sin embargo, en mi experiencia y mi observación, tiene mucho que ver con el contexto. Aunque yo estoy 200% segura de que soy introvertida, hay ciertos momentos en los que parezco extrovertida, como cuando estoy hablando de algo que me apasiona (aun si es a muchas personas).

Y no hay una sola persona en el mundo, extrovertida o no, que no necesite algo de tiempo en soledad y para sí misma.

Sociabilidad

Ahora bien, una vez que esto quedó más o menos claro, quiero explicar algo que siempre me da muchas vueltas cuando se habla de introversión y extroversión.

Hay muchas personas que suman 2+2=4 y dicen que los extrovertidos son sociables por naturaleza y pueden ir a hablarle a gente desconocida, por ejemplo, sin ningún problema.

¡Sin embargo, aunque ud. no lo crea, no todos los extrovertidos son sociables!

Si pones atención en las funciones cognitivas (estoy hablando otra vez del MBTI; no lo puedo evitar, lo amo), te darás cuenta de que existen cuatro tipos de extroversión (Fe, Se, Ne y Te).

Es decir, Sentimiento Extrovertido, Sensación Extrovertida, Intuición Extrovertida y Pensamiento Extrovertido.

Explicar esto a detalle me llevaría toda una entrada, pero no necesitas comprenderlo del todo para los fines de este texto. Lo único que tienes que tener claro es que hay personas extrovertidas que vuelcan su atención en [cosas externas a sí mismas] que no necesariamente son personas.

Sí, sí son extrovertidas; no, no necesariamente son el estereotipo de persona sociable y amiguera. Seguramente les es más fácil que a un introvertido comenzar una conversación, pero eso no significa ni que les guste ni que sea lo primero que harían en un lugar al que llegan.

I mean, ¡hasta hay autistas extrovertidos!

Por lo tanto, sí hay introvertidos interesados en las personas a las que, si bien no les nace ir y comenzar conversaciones, una vez que alguien se acerca (por decir algo), pueden tener la mejor conversación de la vida incluso con un grupo de personas.

Y yo digo que eso cuenta como ser sociable.

Consejos para personas introvertidas

Dicho lo anterior (espero no haberte confundido demasiado), como la persona introvertida que soy decidí escribir algunos consejos para ti, amiga(o) introvertida(o) que quieres hablar idiomas y sientes que tu naturaleza no te está ayudando:

1. Deja de forzarte. Parte de fluir como introvertido es detener esa guerra que traes todo el tiempo en la cabeza. Así eres, así estás bien. Sé que toda tu vida la gente te ha dicho que eres demasiado seria(o), o que deberías salir más o que eres un(a) aguafiestas. Seguramente has intentado cambiar y te ha salido el tiro por la culata (además, simplemente no se siente bien forzarse a ser algo que no se es). Pero ya puedes aceptarte como eres. Yo te doy permiso.

2. Recuerda que las demás personas son… personas. Muchos introvertidos tendemos a ir por la vida creyendo que los demás son dioses y que nosotros somos simples mortales que no los merecemos, o algo por el estilo. Pero no es así. Toda la gente, por más intro- o extrovertida que sea, tiene inseguridades, tiene miedo de que la rechaces o se siente mal por algo en su vida. Ten esto en mente cada vez que pienses en acercarte a alguien para entablar una conversación. Solo somos humanos.

3. El internet es tu amigo. Como dije en mi entrada de perderle el miedo a hablar inglés, yo empecé a soltarme mucho más al hablar otro idioma gracias a que encontraba personas con las cuales practicar por internet. Sobre todo si solo es una llamada de audio. Eso me dio confianza y poco a poco fui fluyendo. Puedes empezar en estas páginas:

4. No importa si lo haces mal. En muchos casos, la introversión viene acompañada de perfeccionismo. Deseamos tanto producir las oraciones perfectas y usar las palabras adecuadas; que se vea que sí aprendimos bien y demás, que nos exigimos mucho y al final acabamos balbuceando por los nervios y la presión. Pero créeme cuando te digo que a nadie le importa ni se va a acabar el mundo. Si dices I has to en vez de I have to no pasará nada malo. Probablemente te entiendan de cualquier forma.

5. Apréndete preguntas de memoria. La clave para empezar conversaciones con quien sea es memorizar preguntas (que no sean de “sí” y “no”) que puedes hacer. Muchas veces, lo único que tienes que hacer es preguntar algo y dejar que la persona con la que quieres conversar se ponga a hablar. Eso disminuirá tus nervios iniciales y hará que fluyas más al responder cuando sea tu turno.


En el 2016 escribí una hermosa guía de 60 páginas llena de consejos para personas introvertidas. Dejé de hacerle promoción por decenas de factores extraños.

Una parte de mí quiere editarla y actualizarla y volverla a lanzar con otro enfoque pero como me conozco sé que eso me llevará la vida entera. Prefiero dedicarle tiempo ahora a mis nuevos y emocionantes proyectos. 😀

Sin embargo, el material que contiene es maravilloso y funciona. Puede ser exactamente lo que estás buscando para que tu introversión ya no se sienta como un obstáculo (si es el caso).

Por lo tanto, y con esto en mente, te la ofrezco de nuevo:

Guía para personas introvertidas que quieren hablar idiomas

¿Qué es lo que más se te dificulta de ser introvertida(o) con respecto a los idiomas? Comparte tus mejores consejos en los comentarios.

 

Hola, hola. This thing on?

Un dos tres probando probando. Is this thing on? *chirrido de micrófono*

Uno

Es muy difícil, después de casi un año (!) de no hacerlo, escribir sin mencionar el hecho de que llevo casi un año (!) sin publicar algo aquí.

Por lo tanto, decidí contar, como me saliera, una historia de qué ha pasado en todo este tiempo.

No digo “la historia” porque no quiero restringir lo que sea que vaya a acabar diciendo esta entrada con una secuencia de hechos.

Quiero que fluya lo que quiera fluir, porque está fluyendo y porque todo este tiempo no había fluido.

Solo estoy dejándome llevar, respetando el impulso de escribir de la misma forma que respeté la incapacidad (¿o “involuntad”?) de hacerlo.

Dos

Cada vez más, pienso que las personas que creamos cosas (quién me viera metiéndome en esta categoría) no somos más que canales a través de los cuales pasan nuestras creaciones.

Que nuestra voluntad al respecto es en verdad poca. Podemos hacer berrinches y bloquearnos e intentar desbloquearnos pero en el fondo nosotros no somos realmente los que decidimos qué crear ni qué características va a tener lo que hacemos.

Es como si el trabajo ya existiera en algún lugar etéreo y nosotros solo lo descargáramos, como si de bajar una película de Internet se tratara.

La primera vez que leí esto me pareció absurdo y hasta amenazó un poco la visión (escéptica y racional) que tenía del mundo, pero ahora no puedo no pensar así.

Tres

Durante este casi-año que no escribí, lo hice porque el blog no quería que lo hiciera. Yo me acercaba y él me alejaba.

Buscaba forzarme a escribir y lo único que obtenía era un gran No.

(Quizá porque ya no me fuerzo a hacer casi nada, no lo sé).

Pero simplemente no tenía lo que se necesitaba para sentarme a redactar.

Sí tenía ideas, sí tenía razones, sí tenía ganas. Aun así, no era el momento. Necesitaba esperar algo, aprender algo. Quién sabe qué era.

A veces me desesperaba, a veces me angustiaban un poco los mensajes de algunos lectores (nota curiosa: todos fueron hombres) que me escribieron para preguntarme si seguía viva, a veces me frustraba no poder mover el switch que me permitiera escribir, pero lo único que me daba paz al respecto era saber que la respuesta era confiar.

Que si el blog es una entidad aparte de mí, entonces sus razones tendrá para no dejarme escribir y no puedo sino confiar en ellas.

Cuatro

He “trabajado” mucho en aprender a confiar en la vida.

Me gustaría decir que soy toda una experta o algo así pero ni de broma. Cada vez confío en más detalles, en que quizá el universo no está en nuestra contra sino que tal vez y en una de esas es nuestro amigo.

Entonces, cuando me daba por flagelarme a mí misma por no escribir, confiaba. Cuando me preocupaba no poder hacerlo nunca más, confiaba.

Tenía la confianza de saber que si algún día iba a retomar este proyecto (y lanzar el curso que creé en el ínter) iba a hacerlo y que si no, que si todo esto había llegado a su fin, sería por una buena razón, porque vendría algo mejor.

Cinco

Mentiría si dijera que no tuve miles de distractores que de alguna forma me “ayudaron” a confiar.

He aquí algunos:

  • Un trabajo. En octubre del año pasado entré al primer trabajo de tiempo completo que he tenido en mi vida. Solo diré que ahora entiendo muchas cosas. Whew.
  • Un hombre. Ligeramente vergonzoso pero cierto. 
  • Un corazón roto. Shit happens.
  • Un examen de más de 200 preguntas. 
  • Un montón de problemas menores pero incómodos de salud.
  • Unos libros, podcasts, cursos, videos, artículos y todas esas cosas que nos dan la sensación de que estamos haciendo algo super útil para nosotros. Spoiler alert: probablemente solo nos estamos distrayendo. No digo que esté mal, solo lo enuncio porque es útil nombrar las cosas. 
  • Un año llamado 2018. (¡Sé que no fui la única!) 
  • Un corto etcétera.

La versión resumida es que antes no podía escribir y ahora ya pude. No sé por cuánto tiempo más, pero por ahora es lo que hay.

Seis

Siento que una persona totalmente distinta a mí fue quien escribió el resto del blog, y no ocultaré que más de una vez he pensado en borrar todo y comenzar a escribir con mi perspectiva actual pero no me atrevo.

(No temas, si algún día llego a hacerlo voy a avisar con antelación).

Todavía no tengo claro qué es lo que tenía que esperar o entender o descubrir en todo este tiempo pero creo que parte de ello es la idea de que ciertas cosas no pertenecen a ciertos momentos y que no está mal.

Esta fue una lección que la vida me presentó mes tras mes, en varias circunstancias.

Estamos ridículamente acostumbrados a la gratificación inmediata pero la vida no es así. Las cosas tienen su propia lógica interna, sus propios ciclos, sus ritmos, y forzar rara vez (si no es que nunca) da los frutos que pensamos que dará.

Algo me dice que no van a pasar otros 10 meses para una siguiente entrada pero quién sabe.

Confío en que lo que acabe pasando será lo mejor.

Siempre es así, aun cuando parece que no.

Y casi quiero decir: sobre todo cuando parece que no.

___

¡Si estás leyendo esto, dame señales de vida! Lo necesito :3

Deja que la gente sufra

El otro día, estaba en la fila para tomar un camión y una chica se me acercó a preguntarme si era el que iba para X.

Noté que no era de aquí porque tenía un acento bastante evidente (aunque no logré descifrar de dónde era) pero hablaba un español muy bueno, no dudaba de las palabras que escogía para hablar y le funcionaba más que bien para comunicarse.

Mi primer impulso fue preguntarle de dónde era para ver si yo conocía su lengua materna y poder practicar con ella, o simplemente para ver si hablaba inglés. Lo típico que nos dan ganas de hacer con los extranjeros.

Pero me detuve porque ya lo he pensado y me estresa que la gente haga eso.

¿Por qué?, te preguntarás

Supongamos que tu lengua materna es el español y que has estado practicando y estudiando francés como si no hubiera mañana.

Un buen día vas a Francia como turista, o a tomar un curso de gastronomía, y hablas francés. Como te sale, con todo y acento, con todo y pausas y muletillas.

Y la gente lo nota y te pregunta de dónde eres. De [hispanohablantelandia], dices. ¡AH!, te contestan,

y se ponen

a hablar

en #$%&

español.

En ese momento, odias tu vida porque no fuiste a Francia a que los franceses practicaran su español. Estás ahí para practicar tu francés.

Y si hablan contigo en tu lengua no te están dejando practicar. Están siendo un poco egoístas…

Otro escenario

Supongamos que pasa lo mismo que en la situación de arriba excepto que la persona con la que estás conversando no habla español.

Tú estás intentando hablar francés y tiene la paciencia de escucharte aunque se desespere porque todavía no hablas tan rápido.

Te va corrigiendo de vez en cuando y de repente quieres decir un número (sí, es normal que a los estudiantes de lenguas nos cueste, en general, mucho trabajo decir rápido los números) y estás buscando en tu mente el recuerdo de tus primeras clases y haciendo tipo matemáticas mentales y en eso la persona te interrumpe: “Quatre-vingt dix!”

Tú la odias porque no te dejó acordarte pero sonríes porque hay que ser amables y hasta le das las gracias, pero en el fondo hubieras preferido que te dejara traer esa información de tu cerebro a tu lengua.

Otra historia

Un día estaba con unas amigas en un café en un lugar muy turístico de la ciudad y llegó una chica con un acento muy marcado (que sonaba como si su lengua materna fuera ruso o uno de esos idiomas) para hacernos un par de preguntas y pedirnos que le tomáramos una foto con un adorno que había en la pared.

Sabía muy poco español pero se veía que lo estaba intentando. He visto cómo muchos otros extranjeros ni siquiera lo intentan y te hablan en inglés aunque saben que no es la lengua oficial de México, por ejemplo, pero este no era el caso. 

Yo la estaba viendo con mucha atención para escuchar lo que decía y tener más probabilidades de entenderle y se veía que le estaba costando trabajo, por lo que una de mis amigas me dijo: Tú sabes inglés, ¿no? ¿Por qué no la ayudaste?

Le contesté que era porque si estaba aquí era probablemente porque quería practicar o aprender español.

Porque si ella quisiera hablar inglés o su lengua materna, hablaría inglés o su lengua materna, o preguntaría si alguien usa esos idiomas.

Porque hay que dejar que a la gente le cueste trabajo hablar tu lengua porque sólo así algún día los caminos neuronales en su cerebro se van a consolidar, a través de la práctica, hasta que algún día sean automáticos.

Porque si les hablamos en inglés o si les adivinamos las palabras o les soplamos las respuestas cuando no nos las piden, no les estamos ayudando.

Porque a menos que sea una situación de emergencia o de vida o muerte, no tiene ningún sentido apresurar la conversación de la persona que no domina la lengua, sobre todo si se ve feliz de que lo está logrando.

Porque muchas veces interrumpimos a alguien preguntándole de dónde es y qué lengua habla por nuestras razones, no por las suyas.

Piénsalo: la última vez que abordaste a un extranjero ¿fue por ayudarlo o fue por presumir que conoces su lengua? No tiene nada de malo, pero la honestidad es una cosa hermosa.

Porque queremos sentirnos como los héroes del día al “evitarle el sufrimiento” a la persona que está teniendo dificultades encontrando las palabras.

A menos que de verdad veas que están sufriendo (lo vas a ver en su cara), o te lo digan, o te pidan ayuda con señas o empiecen a gritar en otra lengua para ver si alguien puede entenderlos, deja que la gente “sufra”.

No seas ese nacional incómodo que impide que las personas que quieren aprender la lengua practiquen.

Si en tu escuela o trabajo o algún lugar que frecuentes seguido hay una persona de otro país o que hable otra lengua, con el paso del tiempo te enterarás de dónde es y qué lengua habla y cuánto tiempo piensa estar aquí. No necesita ser lo primero que le preguntes.

Si es alguien que te pide ayuda en la fila del camión, quizá puedas ahorrártelo. (Recuerda, es tu curiosidad lo que te está motivando, piensa en que la otra persona probablemente tiene que responder esa pregunta 34.5 veces en un día).

Si ves que una persona tiene acento al intentar hablar tu lengua, deja que se esfuerce, no le hables más fuerte de lo normal (!), usa palabras normales y sólo da información que crees que es útil si te pregunta.

Sé que no voy a poder cambiar este hábito tan arraigado que tenemos en muchos países de hacerle una fiesta extrema a las y los extranjeros (DE DÓNDE ERES QUÉ BIEN HABLAS QUÉ BONITOS OJOS SAL CONMIGO PARA QUE ME ENVIDIEN) pero sí puedo influir en ti para que pienses más en la otra persona y en lo incómodo que debe ser que no te dejen hablar en la lengua que estás intentando aprender y perfeccionar.

Además, qué triste es pensar que si no le tienes paciencia a las personas que están practicando tu lengua, no les estás dejando sentir la satisfacción de:

Wow, hoy tuve una conversación entera con una persona en la fila del camión sin que me preguntara de dónde soy, tal vez eso significa que ya me estoy pudiendo comunicar a un nivel de comunicación y no de persona que solo balbucea y nunca lo logrará.

¿No te gustaría sentir eso tú con las lenguas que has aprendido o estás estudiando?

Obviamente, tú tendrás el mejor juicio in situ y sabrás si es momento de adivinarle la palabra a la persona con la que estás o no, o si es una situación riesgosa y es importante comunicarse como sea y rápido.

Desde luego, no estoy hablando por todos los extranjeros del mundo. Habrá quien sí ame que le pregunten todo el tiempo de dónde es y que le hagan la gran fiesta del mundo por su acento o su color de piel. Hay de todo en la viña del señor. 

El único mensaje de este texto es:

Deja de lado tu ego y tus ganas de impresionar y si ves que alguien está haciendo un esfuerzo por practicar tu lengua, y sientes que necesitas salvarla(o) de su “sufrimiento”, no lo hagas.

Deja que lo intente. Deja que las palabras vengan a su mente. Deja de querer lucirte frente a ella o las personas que están alrededor.

Paradójicamente, vas a acabar dando una mejor impresión.

O al menos eso pienso yo.

¿Qué opinas?