Photo by Aziz Acharki on Unsplash

Traumas lingüísticos

¿Qué es lo primero en lo que piensas cuando escuchas la palabra “trauma”?

Seguramente, algo muy desagradable, relacionado con eventos muy fuertes y terribles, todas esas cosas que nos cimbran tanto que nos dejan una especie de cicatriz emocional.

Sin embargo, existen traumas de muchos tamaños, formas y colores.

Cualquier experiencia que percibimos como negativa y que hace que nuestro sistema nervioso entre en modo de lucha o huida por mucho tiempo se puede considerar un trauma.

Cuando alguien (incluso nosotras mismas) nos fuerza a hacer cosas que no queremos hacer, después nos queda una sensación de malestar cuando pensamos en eso. Yo he visto que esto pasa mucho en la escuela en general, y en las academias de idiomas en particular.

Cosas relativamente pequeñas como que…

  • nos hacen pasar al frente cuando no queremos (o cuando nos da igual pero al final se terminan burlando de nosotros)
  • nos fuerzan a presentar exámenes altamente estresantes para los que ni siquiera nos prepararon bien
  • nos obligan a tomar clases con un maestro que no nos cae bien o que no nos gusta cómo es o cómo nos trata
  • nos convencemos, contra nuestra voluntad, de escribir ensayos, preparar exposiciones, trabajos, etcétera
  • incluso, que nuestros padres nos obliguen ir al colegio cuando les hemos dicho más de una vez que no queremos hacerlo
  • nos quieren meter a la fuerza el inglés cuando ni siquiera nos gusta y no le vemos caso
  • y muchos más eventos del tipo

Si al leer esta lista sentiste cómo tu estómago se apretó, ¡no estás sola/o!

Es casi imposible llegar a cierta edad, después de haber pasado por los diferentes niveles escolares, sin haber tenido al menos uno de estos traumas (o muchos otros que no tienen que ver directamente con el proceso de enseñanza-aprendizaje pero que se dieron al interior de la escuela, como el bullying).

Estos a-veces-mini traumas son resultado de la mala preparación de los maestros, de todo lo que está mal en los sistemas escolarizados y del paradigma dominante de la educación (sobre todo en América Latina).

En teoría, una vez que terminamos la escuela esto no tendría por qué ser un problema, excepto por una triste e importante razón:

Esos a-veces-mini traumas nos impiden estudiar idiomas (o lo que sea) por nuestra cuenta.

Una alumna me decía que, por alguna razón, el simple hecho de usar un cuaderno nuevo para un curso genera en ella una sensación horrible de “noquieronoquieronoquiero” porque le recuerda todas las veces que estrenó un cuaderno solo para dejarlo a la mitad.

O, por ejemplo, las tablas de verbos. Si le das a ciertas personas una tabla de verbos irregulares en inglés, sufren por dentro.

Cosas por el estilo, que si lo piensas fríamente no tienen mucho sentido, pues no son un tigre de bengala o un mamut del cual se tenga que huir porque nuestra vida está en riesgo, pero son y se sienten reales.

Photo by Aziz Acharki on Unsplash

Traumas lingüísticos

Este término, que yo inventé (o si alguien más ya lo usó antes, juro que es coincidencia), son esos pequeños y no tan pequeños malestares que nos surgen, a raíz de una o varias experiencias negativas no deseadas en algún intento anterior por aprender una lengua, y que nos impiden retomar o iniciar el estudio de un idioma (o disfrutarlo si lo hacemos).

¿Cómo identificarlos?

El primer paso para saber si tienes un trauma lingüístico es responder a esta pregunta:

¿La idea de ponerme a estudiar [idioma] me genera alguna especie de sensación o emoción desagradable?

Si la respuesta es sí, es muy probable que tengas uno o varios.

(Aunque, claro está, también puede ser que simplemente no te guste ni te interese aprender una lengua o esa lengua en específico y está bien. No te tiene que gustar todo ni mucho menos).

En caso de que hayas leído hasta aquí y este texto haya resonado en ti, también es muy probable que tengas a-veces-mini traumas por ahí.

Muchos de estos a-veces-mini traumas suelen venir, como dije, de las clases que hemos tenido, pero también muchos vienen de nuestra propia frustración.

Si has intentado estudiar una lengua (o empezar cualquier proyecto) pero algo se interpuso entre tus planes y tú y te frustraste, ten por seguro que algo se quedó calcificado en tu interior —sobre todo si no lograste procesar esa emoción— que no te está permitiendo volverlo a intentar.

Señales

Si te identificas con alguna de las siguientes señales (no quiero llamarlas “síntomas” porque no estoy a favor de la medicalización de las cosas), probablemente esto de los traumas sea algo de lo que te detiene:

  • Odias una lengua (casi siempre es el inglés el que acaba siendo odiado, pero puede ser cualquier otra)
  • No te gustan las clases de idiomas pero tampoco estás logrando estudiar por tu cuenta, o no por más de un par de semanas seguidas
  • Algo feo (de cualquier tipo) te sucedió y has notado que desde entonces te cuesta mucho trabajo establecer rutinas, respetar lo que dices que harás y en general tienes problemas con la autoridad que no tenías antes de El Evento Feo
  • Sientes un hoyo en la panza cuando piensas que tienes que estudiar una lengua que no quieres aprender
  • No tienes claro por qué, pero te da enojo, tristeza o angustia (o una mezcla de todo) la idea de sentarte a estudiar una lengua
  • Hay algún tipo de material de aprendizaje (podcasts, listas de palabras, canciones, etcétera) que preferirías no volver a tocar en tu vida
  • Te da una sensación de malestar pasar por el instituto donde estudiaste una lengua y preferirías depilarte las pestañas antes de regresar
  • Fuiste a un viaje para aprender una lengua y pasaste por momentos de mucho estrés o incertidumbre o no te sentías del todo lista/o y fue más bien una experiencia desagradable
  • Tienes detonadores: ciertas actividades, ideas, palabras, materiales, frases que alguien dice, nombres, lo que sea, que poseen la capacidad de cambiar tu estado de ánimo o te hace sentir profundamente mal solo que te recuerden que existen
  • Piensas que algo anda mal contigo porque no deberías sentirte así y no entiendes de dónde viene eso y ves que otras personas se ven muy felices aprendiendo lenguas pero tú simplemente… no

En caso de que te hayas identificado con alguna o varias de estas señales, no temas.

Hay mucho que se puede hacer. No todo está perdido ni mucho menos. Al contrario. Esto es una oportunidad magnífica de conocerte y relacionarte mejor contigo misma/o.

Como dije, lo que menos quiero es que ahora vayas por la vida con la etiqueta de “persona traumada”. Las etiquetas apestan. La idea es solo que comprendas un poco mejor qué te ha pasado (si es tu caso) porque poderlo nombrar es mucho mejor que no ser capaces de hacerlo.

El paso más básico y bebé que puedes dar en este momento, si te interesa ir un poco más lejos, es tomar una hoja o un documento en tu computadora / ordenador y responder estas preguntas con lo primero que te venga a la cabeza:

  1. ¿Qué me hace pensar que tengo un trauma lingüístico? ¿Cuáles serían las “señales” que muestro?
  2. ¿Cuál es la situación que más me genera el malestar o el recuerdo del trauma? ¿Cuáles son mis detonantes?
  3. ¿Cuándo empezó esta sensación? ¿Qué estaba pasando en mi vida?
  4. ¿Cuál es la emoción (o las emociones, ¡pueden ser muchas!) que me generan los detonantes (miedo, tristeza, enojo, angustia, frustración, impotencia…)?
  5. ¿Cómo puedo comenzar a mostrarle a mi sistema nervioso que ahora estoy a salvo?

Conclusión

Sea lo que sea te haya pasado, y si es un mini trauma o un maxi trauma o algo en medio, es importante que recuerdes una cosa:

Las reacciones que tienes, aun si son profundamente desagradables, lo único quieren hacer es cuidarte, evitar que vuelva a pasarte algo feo.

Si les das las gracias por protegerte, es más probable que se reduzca su intensidad a que si te peleas con ellas (de hecho, eso es lo peor que puedes hacer, forzarte y luchar para hacer cosas que no tienes ganas de hacer, porque solo te estás creando traumas a ti misma/o).

Esta entrada es solo una brevísima introducción a los traumas lingüísticos.

Con lo que quiero que te quedes si te viste reflejada/o aquí es lo siguiente:

Hay esperanza.

Se pueden hacer muchas cosas para solucionar esto.

Nada anda mal contigo.

Todas las personas traemos traumas de todo tipo a cuestas.

No es tu culpa.

Algo bueno saldrá de esto.

¿Cómo ves? ¿Te suena familiar? Te invito a crear una conversación interesante en los comentarios.

5 libros que le dieron orden al caos

…o a lo que ni siquiera veía como caos pero en retrospectiva veo que sí lo era. 

Lo que más me gusta de leer es que me ayuda a entenderle al mundo y a la vida.

Lo que más me interesa comprender es el mundo de las personas, porque estoy convencida de que si no nos conocemos y no nos entendemos a nosotros mismos sufrimos mucho más de lo que deberíamos.

Los siguientes 5 libros son aquellos que me han ayudado más a organizar mentalmente el caos que puede implicar la realidad al verla a través de los filtros que nos imponen la cultura y la sociedad dominantes. 

Tener ciertas ideas, parámetros o conceptos en mente que creen categorías ayuda a la comprensión de las cosas, y eso es lo que estos libros (y mucho tiempo de digerirlos, conectarlos con todo lo demás que sé y darles vueltas) han hecho.

Sobra decir que todos los recomiendo más que ampliamente. Si pudiera hacer que los leyeras, lo haría, de hecho. 🙂

Sin más preámbulo, helos aquí, con una breve descripción de lo que me ayudaron a entender:

Attached – Rachel Heller y Amir Levine

(Puedes encontrarlo en español).

Image result for attached book

Este libro explica que hay 3 formas en que las personas nos podemos “apegar” a otras, sobre todo en relaciones de pareja: el apego seguro, el inseguro y el evitativo.

Tener claro en qué parte del espectro nos encontramos es clave para no rompernos (tanto) la cabeza cuando se trata de las relaciones, que de por sí ya son realmente complicadas.

El simple hecho de poder decir: “Sí, yo me veo mucho en el apego X” ya hace una gran diferencia en cómo nos relacionamos con los demás y nos ayuda a comprender nuestra historia y aprender —por fin— las lecciones que no comprendimos con nuestras parejas pasadas y, por lo tanto, evitar estar con el mismo tipo de persona una y otra y otra vez.

La conciencia sin fronteras – Ken Wilber

(puedes encontrarlo en inglés)

Image result for conciencia sin fronteras

Este libro es bastante difícil de leer (y si eres una escéptica/o hardcore probablemente te parezca una estupidez) pero vale muchísimo la pena al menos intentar hacerlo.

Si alguna vez te has preguntado por qué hay tantos tipos de terapias, por ejemplo, para la misma cosa y por qué algunos sí funcionan para algunas personas y otros no, tienes que leer este libro.

¿La respuesta? Niveles de conciencia.

NIVELES DE CONCIENCIA.

Sólo diré eso y dejaré que descubras el resto en el libro.

Este es el texto que más me ayudó a organizar el mundanal ruido.

(Si quieres leerlo pero te das cuenta de que está en chino, tienes mi permiso para saltarte las partes más densas).

Personality Types – Don Richard Riso y Russ Hudson

(no lo encuentro en español :c )

Image result for personality types book

Este libro fue mi primer acercamiento serio al mágico mundo de la personalidad.

No hay nada más bonito que comprender que muchas de nuestras cuitas se deben a nuestra personalidad y que hay miles de millones de personas que nos entienden a la perfección porque se parecen a nosotros más de lo que creemos.

Yo tenía muchos prejuicios cuando oía que alguien hablaba de este sistema de clasificación en particular, me parecía algo esotérico y místico y raro, pero estaba muy equivocada.

Entender mi personalidad y la de mi familia y otras personas que me rodean ha mejorado en un 72.85% (aproximadamente) mis relaciones con ellos (y también mi relación conmigo misma, ahora me echo menos la culpa de mis “defectos”).

Refuse to choose – Barbara Sher 

(no está en español, o no que yo sepa :c )

Image result for refuse to choose book

Ya he hablado de este libro aquí pero vale la pena que lo repita porque es muy importante:

La sociedad nos dice que todos debemos ser especialistas en algo, como los oftalmólogos que sólo se especializan en glaucoma, y que si no podemos encontrar Nuestra Pasión o si tenemos muchos intereses estamos haciendo algo mal o somos “inmaduros”.

FALSO.

En el mundo hay especialistas y hay generalistas o Scanners, como los llama la autora.

Y si eres uno de ellos puedes estar sufriendo mucho al intentar meterte en una sola caja.

También te recomiendo que lo leas si te consta que eres especialista pero hay alguna persona en tu vida con muchos intereses y que parece que va de un lado al otro; quizá puedas comprenderla mejor y ayudarla.

PD: Emilie Wapnick acaba de sacar su libro sobre el tema, How to be everything ) no lo he leído pero estoy 100% segura de que es maravilloso y genial. También puedes empezar por ahí.

The Highly Sensitive Person – Elaine Aron 

(Lo puedes encontrar en español)

Image result for highly sensitive person book

¿Alguna vez te han dicho que eres demasiado sensible? ¿Has intentado hacerte más “fuerte” y simplemente no has podido? ¿Te abruma mucho el ruido o las luces fuertes o la mucha gente y piensas que estás loca/o porque todos los demás se ven felices en la misma situación?

Según la autora de este libro, 1 de cada 5 personas es “altamente sensible”. Y como en la cultura no se valora (aún) que la gente sea así, se cree que es un defecto y a las personas sensibles se les pide que cambien, que dejen de ser así.

Saber si eres o no una persona altamente sensible te ayuda a hacer las paces contigo misma/o y con el mundo abrumador que existe, pues si eres así tienes necesidades que el resto de las personas no logran comprender y puedes volverte tu mejor aliada/o.

Y no hay nada mejor que llegar al final del libro y ver todos los dones que la sensibilidad puede tener.

Lo mismo: si hay alguna persona en tu vida que parece que “no aguanta nada” o que “todo le afecta” o que “es una exagerada”, lee este libro y tu relación con ella o él mejorará automáticamente.


Si te llamó la atención alguno de estos libros, no dudes en leerlos.

Probablemente, como a mí, te duela la cabeza un rato porque disonancia cognitiva, pero si lo haces tendrás un conocimiento mucho más organizado y claro de cómo somos y funcionamos las personas.

Y, sobre todo, tendrás una visión mucho más compasiva de lo que significa ser humano en este planeta.

Ese fue (y ha sido) el gran regalo que han tenido en común todos estos libros para mí.

Si los lees, o aunque sea uno de ellos, no olvides regresar a esta entrada y comentarme qué te parecieron, y sobre todo, cómo cambió tu visión del mundo.

Dos mil diecisiete en retrospectiva 1/3

Tradición del blog: escribo recuentos del año en curso tres veces, una en abril (esta que lees), una en agosto y otra en diciembre. Me gusta hacerlas porque tomo una pausa para ver con calma qué ha sucedido y porque mi sabiduría actual le echa luz a mi pasado y siempre me doy cuenta de cosas super útiles. Altamente recomendado. 

Enero

En este mes sentí como si no fuera real que el 2017 ya había comenzado.

Como dije en esta entrada, los últimos meses del 2016 se sentían como si el mundo se fuera a acabar en cualquier momento, y por lo tanto, los primeros meses de este año también fueron un poco así por todo lo que pasó (y sigue pasando) en Estados Unidos.

Este mes me gustó mucho al final porque me invitaron a participar en un curso de educación popular y di un taller sobre emociones, una de las cosas que más me gusta hacer en el mundo. Aprendí muchísimo y fui muy feliz. 

Febrero

Este mes, entre otras muchas cosas, vi muy claramente cómo las decisiones que tomo no sólo me afectan a mí, tanto para bien como para mal.

Mi amiga I y yo queríamos tomar desde hace mucho un taller y ninguna de las dos habíamos encontrado cómo ni dónde, y yo conocía a una persona que podía darme informes pero no me había atrevido (desde noviembre) a contactarla. 

Un buen día de febrero me armé de valor y le pregunté sobre el taller y le comenté a I. Ella a su vez invitó a otras personas (porque el taller estaba a punto de empezar por esas fechas, señal divina) y al final yo no pude entrar por el horario pero ellas sí.

Noté que cuando me atrevo a hacer cosas que me da miedo hacer, no sólo se trata mí, repercute en otras personas para bien. Quizá el anterior es un ejemplo un poco soso, pero fue muy tangible y creo que eso pasa todo el tiempo pero no lo vemos:

Lo que hacemos resuena en los demás, no estamos solos en el mundo.

Esto puede dar mucho miedo si lo pensamos de cierta forma, pero en otro sentido también libera.

Por ejemplo, si yo supero un trauma que llevo arrastrando durante años o si yo aprendo a manejar mis emociones o si yo aprendo a desengancharme de las peleas, otras personas también se benefician, por dos razones fundamentales:

1) Porque todos los seres humanos estamos conectados y relacionados, aunque no queramos.

y 2) Porque según algunas formas de pensar, en realidad todos somos uno, una misma cosa. (Yo sí lo creo). 

Marzo

Aquí comencé a centrarme, por fin, al mismo tiempo que la incertidumbre global empezó a reducirse un poco gracias a que el miedo que le tenemos al presidente de EU se convirtió en… burlas.

Una vez leí un artículo (ojalá puedas leerlo) que decía que cuando las personas estamos en una situación muy difícil nos da una cosa llamada “low-level dread”, algo así como terror de bajo nivel (¿?), que implica, entre otras cosas, que dejamos de pensar en el futuro.

Cuando lo leí, en febrero, dije: “No inventes, yo tengo eso”, y así me sentía, era muy real.

Quería esforzarme por pensar en el futuro y simplemente no podía. Me resultaba imposible hacer planes, ni se diga creer que era posible lograrlos.

Pero poco a poco, a lo largo de marzo, me fui dando cuenta de que esa sensación se iba quitando y que por fin estaba teniendo un poco de esperanza en el futuro. Y comencé a tomar cartas en el asunto.

Por otro lado, comencé a meditar de manera sustentable.

Lo había intentado de varias maneras, pero no lo había logrado y estaba comenzando a pensar que yo era un caso perdido con respecto a esto, a pesar de que hace unos dos años había logrado hacerlo por 30 días gracias a un curso que tomé por Internet.

Lo que realmente me ayudó a lograrlo esta vez fue una app llamada Headspace, la cual recomiendo y recomendaré por siempre (ok, tal vez no por siempre, pero de verdad es muy buena).

(Por cierto, si conoces alguna app o canal de YouTube o lo que sea, en español, que te haya ayudado a tener un hábito de meditación sustentable escríbelo en los comentarios, te lo agradeceré mucho).

Abril

En este mes que acaba de terminar entré en labor de parto, figurativamente hablando. (Si te incomoda esta analogía es porque nos han enseñado a desdeñar todo lo femenino, pero no te preocupes, no pasa nada). 

Comenzaron a tomar forma en mi mente un montón de ideas que habían estado flotando y que no aterrizaban en nada concreto (sobre todo porque no era su momento y necesitaban más gestación).

La palabra (que tomé de Havi) es “percolar”. Se oye mejor en inglés que en español, pero es la idea: como cuando dejas un líquido pasar a través de un filtro y poco a poco se van quedando las partes más sólidas e importantes.

Eso fue lo que me pasó. Gracias a eso, estoy actualizando mi libro y convirtiéndolo en algo mucho mejor. Nivel: infinitamente mejor. 

Me di cuenta de que no sólo a las personas que interactúan con extranjeros se les puede poner la mente en blanco al hablar. Por ello estoy creando algo que ayude a cualquier persona que en cualquier situación se ponga nerviosa al hablar cualquier lengua, incluyendo la materna.

Es decir, personas que se bloquean en exámenes orales o entrevistas de trabajo, que quieren conocer personas pero nunca se les ocurre qué decir para acercarse, que quieren dar una buena impresión en algún lugar al que acaban de llegar (un nuevo empleo o escuela o un nuevo país) y muchas cosas más.

A un año de la publicación de la guía, he aprendido una cantidad increíble de cosas y me emociona sobremanera compartirlas contigo. La nueva edición estará lista, si todo sale bien (y espero que sí) a finales de junio.

Pero por lo pronto me la estoy pasando muy bien creando.

Cosas maravillosas de estos 4 meses:

  • Ver cómo todo se acomodó cuando decidí embarcarme en una misión que había parecido imposible por más de dos años.
  • Sentir que tengo algo muy, pero muy bueno en mi interior y que el mundo se perjudicaría si lo obstruyera o guardara. Claro que me siguen atacando las dudas, pero en el fondo existe esa certeza: lo que soy y lo que sé sirve para algunas personas. (Eeeeeeeeeeeek!).
  • El cielo se está despejando. (Sí, estoy hablando de mi vida en términos metafóricos).
  • Experimentar cómo una ensalada (ni siquiera me gusta comer ensaladas) pudo generar en mí una experiencia estética sublime o: de cuando la gastronomía realmente es un arte.
  • Mi nueva postura existencial: todo lo que me pasa, sea doloroso o agradable, me sirve para aprender algo de mí que no habría aprendido de otra manera y por lo tanto, nada de lo que me pasa puede ser malo.
  • Experimentar sororidad en carne propia. La mejor. sensación. de la vida.
  • Esta mujer y su 1,000 veces maravilloso trabajo.
  • Haber conocido a un hombre hermoso que probablemente jamás se fijará en mí pero cuya sola presencia me ayudó a entender 3,498 cosas sobre el mundo y la vida (y yo) que han sido absolutamente invaluables y que no cambiaría por nada.
  • Estar abierta a la magia de la existencia.

¿Y tú? ¿Qué hiciste estos meses? ¿Alguna cosa maravillosa que quieras compartir? ¿Algo de lo que leíste te dio luz sobre algo de tu vida?

Pronto vas a poder dejar de estudiar idiomas

Sé que en ocasiones es difícil creerlo porque ya llevas mucho tiempo y esfuerzo dedicado en esto de estudiar una lengua y no ves muchos resultados que digamos, pero te lo prometo:

algún día vas a estar del otro lado

No tienes que hacerlo por siempre, un día terminarás de estudiar la lengua.

Probablemente ahora estás pensando:

“Pero si dejo de estudiar, voy a olvidar lo que aprendí”.

Y tienes razón.

Sin embargo, si el que estás estudiando es un idioma que vas a usar, y lo estás aprendiendo porque lo necesitas, eso no te va a pasar por la simple razón de que será parte de tu vida.

Solo olvidamos las lenguas cuando 1) no las aprendemos bien 2) las aprendimos sin realmente necesitarlas 3) realmente creíamos que las necesitábamos pero algo nos impedía usarlas (casi siempre, un bloqueo emocional).

Entonces, si el idioma que estás aprendiendo es uno que necesitas, es decir, si lo estás estudiando con un propósito en particular, algún día lo vas a dejar de estudiar y simplemente lo vas a disfrutar.

Es decir, el tipo de actividades que actualmente realizas para adquirir la lengua se convertirán en actividades que simplemente haces ahora en español.

(De hecho, si desde ahora puedes involucrar la mayor cantidad de actividades “cotidianas”, es decir, no de aprendizaje, en esa lengua, mejor y más rápido la aprenderás).

Algún día vas a buscar solo una (o ninguna) palabra en el diccionario cada vez que leas.

Algún día vas a entender lo que escuches, aun si hablan muy rápido, a la primera.

Algún día vas a encontrar errores de traducción en los subtítulos que leas.

Algún día vas a poder decir lo que piensas en ese idioma sin tenerlo que traducir del español primero.

¿Difícil de creer?

El hecho de que hasta ahora no hayas podido no significa que no vas a poder nunca, ni que sea imposible para ti.

Entre más rápido adquieras el hábito de estudiar, y entre más tiempo y más seguido estudies, más pronto vas a llegar a ese lugar.

Cuando tengas la gramática “completa” en la cabeza, es decir, cuando domines todos los tiempos verbales que realmente se usan, cuando sepas acomodar las palabras en las oraciones, y cuando tengas suficiente vocabulario para decir lo que quieres, vas a poder dejar de estudiar.

Si en este momento no ves la luz y sientes que esto de estudiar una lengua es algo que nunca termina y que vas a envejecer haciendo listas de verbos, o lo que es peor, sintiéndote frustrada(o) porque no comprendes lo que escuchas, deja ir esa idea.

No vas a tener que estudiar-estudiar la lengua toda tu vida. En algún momento —y quizá sea más pronto de lo que crees si te comprometes a ello— vas a poder dedicarte solo a mantener la lengua, y de hecho ni te vas a dar cuenta de que lo estás haciendo porque la estarás usando para lo que querías.

Una vez que tu cerebro llega a cierto punto de adquisición de la lengua, en que entiende su “personalidad”, ya no hay vuelta atrás. El resto se hace solo.

Si te quedas con algo de esta entrada, que sea lo siguiente:

No pierdas la esperanza. Algún día todo tu esfuerzo va a valer la pena y vas a poder disfrutar del idioma en vez de solo estudiarlo. No pierdas de vista esto; sí hay un “después”, una meta y un momento en el que todo hace clic. Y puede que esté más cerca de lo que crees. 

No te desilusiones mientras estudias (o antes de sentarte a hacerlo), no dejes que tu mente te ataque con sus preguntas tipo “¿qué caso tiene?” y pon la atención en el objetivo.

Eyes on the prize, baby. Eyes on the prize!

Nota: esto no significa que no debas intentar disfrutar del estudio, ni que debas apresurarte a aprender todo lo que puedas solo para llegar al final del camino, o algo así. Es solo un intento por ayudarte a vencer la resistencia que pueda surgir cuando tu mente siente que no tiene caso estudiar porque nunca lo vas a lograr. 😉

No huyas de lo que no entiendes

Si me dieran un peso por cada vez que escucho que alguien dice: “Ay, qué lástima que eso está en inglés, no le voy a entender, no tiene sentido ni siquiera abrirlo”, sería millonaria.

Es lógico pensar que si no lo comprendes no tiene ningún sentido ver ese video, oír ese podcast o poner esa película.

Nota: Puedes extrapolar todo lo que dice esta entrada
a cualquier cosa que no domines o que te frustre o que te intimide.

Pero esto conlleva algo más complejo:

El miedo a no sentirnos competentes

Cuando alguien se rehúsa a ver algo sólo porque está en un idioma que no entiende a pesar de haberlo estudiado antes, realmente no está huyendo de no comprender las palabras per se, sino de lo que le hace sentir el hecho de no entender. Eso es lo incómodo.

Lo más seguro es que no entender un video, por ejemplo, te haga sentir algo de lo siguiente (o todo junto):

  • Frustración: “No puedo creer que siga sin entender nada, ¡llevo 5 años estudiando inglés!”.
  • Enojo: “”#$%& gringos, hablan demasiado rápido, los odio”.
  • Desesperanza: “Esto solo demuestra que nunca voy a poder aprender la lengua”.
  • Inseguridad: “Seguramente tengo un problema muy grave y algo anda mal en mi cerebro y por eso no entiendo esto”.
  • Tristeza: “Me gustaría ya poder entender todo esto, siento que me estoy perdiendo de un montón de cosas”.
  • Miedo: “¿Y si nunca logro entender esta lengua y toda mi vida me quedo sin acceso a lo que el inglés puede ofrecerme?”.
  • Vergüenza: “No quiero que mis padres vean que sigo sin comprender lo que dice este video después de todas las clases que pagaron para mí”.

Y un largo etcétera.

Como ves, llega un punto en que, para algunas personas, enfrentarse a que no comprenden algo que escuchan o ven en otro idioma se vuelve algo hasta doloroso.

Y entre más tiempo pasa, más desagradable se vuelve. Como una bola de nieve que va creciendo.

Es absolutamente comprensible (ja) que quieras huir de todas estas emociones desagradables y por lo tanto decidas no exponerte a un material que no entiendes.

El problema es que ocurre algo como lo siguiente:

Círculo vicioso

Huir nos mantiene en el ciclo (ligeramente absurdo) de:

no quiero sentir algo feo al darme cuenta de que no entiendo -> no me expongo a la lengua -> sigo sin aprender (y de hecho se me está olvidando lo que sí sé con cada día que pasa) -> entiendo menos cada vez -> vuelvo a sentir feo, y de hecho ahora es peor porque ya perdí más tiempo.

Sería más agradable si fuera así:

no quiero sentir algo feo al darme cuenta de que no entiendo -> veré ese video, y muchos otros más, sin expectativas y sin dejar que mi mente me haga sentir mal  -> poco a poco voy aprendiendo y familiarizándome más con la lengua -> cada vez entiendo más -> me siento feliz porque veo un progreso, aunque sea pequeño.

¿Cómo se llega de un punto al otro?

Quizá con leer lo de arriba algo cambió en tu perspectiva y ahora tienes más disposición de pasar por la incomodidad de rodearte de materiales que no comprendes del todo. (De cualquier forma, es temporal).

Pero si no fue así, estas son algunas cosas que puedes hacer:

Paso cero: Decide soltar el drama. Date permiso de sentirte como te sientas, pero no le añadas capas de sufrimiento innecesario. Intenta quedarte con las emociones en su esencia.

La próxima vez que alguien te pase un video (o lo que sea) en una lengua que no entiendes, en vez de contarte la misma historia que te cuentas todas las veces, pon atención en lo que sientes.

Y después, solo obsérvalo, sin juzgarlo. Si puedes, te recomiendo escribir eso que tu cabeza te está diciendo, esas frases como las de arriba o del tipo: “No tiene caso, no le voy a entender nada”.

Una vez que identifiques esas frases o creencias, respira profundo y proponte pasar tiempo con el material sin ninguna expectativa más que eso, escucharlo con curiosidad, para ver qué sucede.

Intenta no tener ninguna reacción emocional al hecho de que algunas palabras se te fueron, o de que no comprendiste ni siquiera la idea principal. No le pongas significados sobre ti o la vida, no tiene caso.

Solo míralo un par de veces, o tres, o las que quieras, y concéntrate en lo que sí entiendes, aun si es solo una palabra. No te agobies por intentar memorizar vocabulario o abstraer ideas. Solo ve el video o lo que sea como un espectador más.

Lo que logres comprender será ganancia, y si no, no pasa nada, pero al menos ya no habrás perdido una oportunidad de exponerte a la lengua, que es lo más importante que puedes hacer cuando sientes que te falta mucho para dominar un idioma.

Si quieres explorar más a fondo esto y comenzar a desmenuzar qué te pasa cuando te enfrentas a algo que no comprendes, he aquí algunas preguntas que te puedes hacer a ti misma(o):

  1. ¿Qué significado le estoy dando al hecho de que no comprendo lo que escucho o leo? (Por ejemplo: Soy tonta; Lo que he intentado no sirve, etc)
  2. ¿Ese significado es el único que podría tener eso? ¿No podría significar otra cosa?
  3. ¿Qué emociones surgen en mí cuando me doy cuenta de que no entendí todo lo que quería?
  4. ¿Qué “historias” me estoy contando sobre mi capacidad a raíz de que no comprendo lo que escucho? ¿A qué conclusiones estoy llegando sobre mí? (Por ejemplo, “Seguramente no entiendo nada porque ya soy demasiado mayor para aprender idiomas”)
  5. ¿Podría ser que algunas de estas historias o conclusiones sean falsas? ¿Cómo las podría sustituir con creencias más acertadas u objetivas?
  6. ¿Cómo me gustaría sentirme frente a un material que no comprendo del todo? ¿Qué reacción mía promovería más mi aprendizaje?
  7. Y, sobre todo, ¿qué necesito hacer para sentirme así y permitirme exponerme a lo que aún no entiendo y recordar que algún día lo entenderé si sigo sin huir?

Porque ese es el secreto: entre menos huyas, más aprenderás.

Y por último, te regalo una palabra (que, por cierto, puedes usar para todo y con todo de todo y por todo) que puede cambiar cómo te acercas a las cosas que aún no dominas:

“Todavía”

No le entiendo a ese video todavía.

Siento que los gringos hablan muy rápido y todavía no puedo seguir lo que dicen.

Si te sigues exponiendo a la lengua, poniendo atención en ella y confiando en tu capacidad para aprender, vas a entender algún día (y probablemente sea más pronto de lo que te imaginas).

No huyas, estás a salvo. 🙂


¿Qué opinas? Dímelo todo en los comentarios.

Qué hacer con todo lo que está mal en el mundo

Cuando somos principiantes en algo, no tenemos las herramientas o la capacidad para saber si algún material o curso o lo que sea es bueno o mediocre. No tenemos puntos de comparación.

Pero después de pasar por ciertas experiencias, vamos desarrollando un criterio.

Aprendemos a ver —además de los puntos positivos— los errores, las deficiencias, los huecos, las miopías de las “obras” que consumimos.

Y llega un momento (que a mí me parece de lo más glorioso, por cierto) en el que decimos:

¡Yo podría hacer eso mejor!

Si eres como yo, seguramente esto de ver las faltas en las cosas te ha enojado.

¿Cómo es posible que X no haya sabido que Y existía? No puedo creer que un libro tan mal escrito esté publicado. Es obvio que aquí le falta esto y esto y esto.  

Es como si tuviéramos la expectativa (rota) de que toda la gente que publica libros, escribe guiones, hace videos, etc, debería saber más que nosotros y sorprendernos siempre y hacer todo bien según nuestros estándares.

Pero no tiene sentido decepcionarse.

Es mucho mejor hacer una critica constructiva.

Genuinamente constructiva, nivel: que realmente construya algo…

Criticar creando

Si estás leyendo un libro, tomando un curso, reproduciendo un video, lo que sea, y en vez de verlo como lo que es, le notas el potencial de todo lo que podría ser; si algo dentro de ti dice: “Yo podría hacerlo mejor”,

hazlo.

Hazlo mejor.

A veces es muy fácil creer que, si tienes determinada idea, es obvia para todas las demás personas, pero no es verdad. De hecho, es muy difícil recordar cómo era no tener alguna información, o cierta visión de un tema o de la vida.

¡Necesitamos la materialización de tu perspectiva!

Si tomaste un curso de alemán y durante todo él observaste lo que le faltaba, crea tu propio curso, aunque sea para ti, con las cosas que sí te gustaría que tuviera y sin las que no te satisficieron.

Critica creando.

Gran parte de lo que a mí me motiva a escribir es eso, que veo que muchas cosas están mal en el mundo.

No desde la soberbia ni la arrogancia, sino desde el hecho de que he pasado por un proceso muy largo de ruptura de paradigmas, de disonancias cognitivas, de tesis-antítesis-síntesis, y un montón de confusiones y dolores de cabeza al cuestionar lo que creo que sé.

Lo anterior me ha llevado a tener un criterio muy cultivado (por decirlo de algún modo). Y, en cierto sentido, a “buscar” que las cosas posean ciertas características que he ido descubriendo que son mas deseables que otras.

Por ejemplo,

pongo atención en que lo que consumo sea:

[+ inclusivo] [- violento] [+ empático] [+ humano] [- opresivo] [+ original]
[- patriarcal] [+ amable] [+ creativo] [+ holístico] [+ transpersonal]

y muchas otras cosas de las que probablemente ni siquiera soy consciente pero que, cuando se cumplen, me hacen decir: ¡Wow, eso es muy bueno, me encanta, gracias!

Esto no quiere decir que no pueda encontrarle gusto a cosas que no cumplan estos criterios, claro que lo hago, pues de lo contrario viviría frustrada y pos qué horror. 

Sé si que solo me sentara a quejarme amargamente sobre lo que noto que podría mejorarse, mi tiempo no se estaría usando en nada benéfico.

Por otro lado, sé que si me decido a usar mi energía vital para crear algo mejor de lo que ya existe, puedo hacer que alguien, al encontrar mi “aportación”, diga “Yo puedo hacer eso aún mejor” y entonces se vaya creando una cadena de cosas increíbles.

Progreso, baby!

Como dije, no se trata de hacerlo desde el enojo, sino desde la voluntad de aportar, de compartir nuestra perspectiva, pues no existen dos personas en el mundo que vean algo de la misma manera.

Y todas nos enriquecen.

Estoy convencida de que si crees que podrías hacer algo mejor de lo que ya es, seguramente es verdad.

Claro que no todos los proyectos que quieras criticar creando van a ser concluidos. Muchos de ellos probablemente no valdrán la pena.

Pero poco a poco irás creando tu obra, tu aporte; irás puliendo tu perspectiva y tu estilo.

Si te llama la atención ser una persona creativa pero no lo concretas porque no sabes por dónde comenzar, critica creando.

Algo bueno saldrá.

¿Qué de lo que consumes o has experimentado te gustaría mejorar?