Dos mil diecisiete en retrospectiva 2/3

Tradición del blog: escribo recuentos del año en curso tres veces, una en abril, una en agosto (esta que lees) y otra en diciembre. Me gusta hacerlas porque tomo una pausa para ver con calma qué ha sucedido y porque mi sabiduría actual le echa luz a mi pasado y siempre me doy cuenta de cosas útiles. 

Debo confesar que se me andaba olvidando que a finales de agosto corresponde hacer esta segunda parte de la retrospectiva del año.

Eso, y que también siento mucha resistencia a revisar o repasar los últimos meses. La verdad no entiendo muy bien por qué, pero es como si me diera miedo encontrar cosas que ya había medio bloqueado o negado.

Siempre me sorprende lo mucho que olvido cosas que en su momento parecían lo más grande o importante de mi vida (y bueno, en cierto sentido lo eran porque constituían mi presente).

Eso solo me recuerda que todo pasa, lo “bueno” y lo “malo”, nada permanece.

Bueno, ya.

Mayo

Este fue uno de esos meses raros donde pude concentrarme muchísimo en un proyecto. Todos los días, hasta los fines de semana, trabajaba en él, pero no porque me forzara, sino porque había tomado un ritmo hermoso.

Al mismo tiempo, fue un mes en el que sentí que había progresado mucho en un [tema en específico que he venido arrastrando prácticamente toda mi vida] y después… no, lo cual fue muy fuerte para mí porque volví a visitar esas temibles cavernas de mi mente que tienen escrito en las paredes: “Nada de lo que has intentado funciona”.

Sin embargo, ahora que lo veo con distancia, fue realmente un mes en el que se gestaron muchas cosas muy buenas que ahora estoy disfrutando. Pero vaya que fue difícil.

Junio

En junio escribí el primer cuento que he escrito en mi vida motu proprio. Soy mundialmente famosa por no poder escribir ficción pero este cuento fue especial. No, no lo puedes leer (¿aún?). Quizá en un par de años.

Es sobre algo muy fuerte que estuvo a punto de pasarme pero no pasó y recurrí a la ficción para sacarlo de mi sistema. Amé (re)encontrarme con la parte de mí que encuentra un valor muy grande en la literatura.

En otro sentido, mi cuerpo resintió mucho este mes. Parte de lo que escribí arriba, sobre cómo estaba logrando proyectear a un ritmo agradable, etcétera, mi mente lo convirtió (algo que me pasa mucho) en un deber y en una meta y en una razón para exigirme resultados a mí misma.

Este es un patrón muy arraigado en mí, que no me sirve mucho que digamos, pero que está presente. Este mes me enfermé del estómago nivel antibiótico y me torcí el tobillo cayéndome en un hoyo en la calle bajo la lluvia, por mencionar sólo lo más aparatoso.

Aquí también comencé otra vez desde cero a meditar porque lo había dejado porque si no no sería yo. Intenté darle mil vueltas a no pagar la app de Headspace en los meses anteriores, buscando alternativas y todo eso, pero nada la supera. De verdad vale la pena, al menos para mí, y cada peso pagado tiene sentido, al menos para mí.

En resumen, siento que en junio aprendí lecciones que no había aprendido en años y tomé un montón de riesgos que no me había atrevido a tomar antes.

Además, terminé un curso que había comenzado a tomar hace más de dos años (¿o eran tres?) y eso siempre ayuda, como que se pone en movimiento la energía o algo así.

Julio

Empecé este mes un poco destanteada porque hice un pequeño viaje y eso siempre me desorienta. Pero esa falta de oriente (sic) no se comparó con lo que sentí como a mediados del mes, cuando una coach me hizo ver algo que de verdad no quería ver; es más, que llevaba años ignorando casi activamente porque dolía.

Fue uno de esos momentos fundamentales en la vida que son como un turning point, un antes y después, en los que ya no puedes seguir fingiendo que la realidad no existe y enfrentarse a ella DUELE UN MONTÓN.

Claro que al final fue lo mejor que me pudo haber pasado en lo que va del año, pero estuve en una crisis bastante fuerte un par de días.

Este mes mi cuerpo también sufrió considerablemente por un [desequilibrio] persistente que me generaba mucho malestar. Y luego fue el Jiu Jitsu. 😀

Fui a un par de clases de este arte marcial japonesa gracias, de hecho, a una lectora de este blog (¡hola, P!) y fui profundamente feliz por dos días. Después mis músculos sufrieron mucho por otros dos días pero valió la pena.

En julio también hubo un cambio bastante grande en mi vida que hizo que muchas cosas cambiaran y ahora que lo veo con los sabios ojos del futuro, me doy cuenta de que realmente no me di la oportunidad de dejar ir lo que fue y darle la bienvenida a lo que es, lo cual tiene que ver con que no le quise dar mucha importancia (pero sí la tuvo y la tiene).

Julio marca el mes en el que me abrí un poco más a sentir y a recibir la vida más como es y menos como yo creo que tiene que ser. Sobra decir que no es fácil, pues por algo (o muchos algos, en realidad) me he aferrado durante toda mi vida a querer controlar todo lo que pasa.

En fin.

Agosto

Creo que parte de aquello por lo que me resistía a hacer esta retrospectiva era este mes. Ay, agosto, ¿qué onda contigo? Si agosto es el mar, yo me quedé atrapada en las olas y me di unos 15 revolcones. Al día.

Leo mis notas y digo “auch por siempre” de todo lo que me pasó, sobre todo a nivel emocional. Es muy largo de contar, pero solo diré que tener apego ansioso is a real bitch y no se lo recomiendo a nadie.

Luego: las lluvias. Ya sé que no me puedo quejar porque cientos de personas han perdido sus pertenencias e incluso hasta la vida por los huracanes, y de verdad lo siento mucho, me gustaría que no fuera así, y mi corazoncito de pollo sufre mucho cuando ve las noticias.

Sin embargo, negar el hecho de que para mí, aun con los privilegios que tengo, ha sido muy difícil (sobre todo emocionalmente) moverme en la ciudad con las lluvias, sería una especie de auto abandono, y eso es lo que menos quiero hacer.

Hola, sí he sufrido y mi sufrimiento es válido aunque haya gente que sufre mucho más que yo. No es una competencia. 

De hecho, hablando de eso, este mes por fin comprendí lo que se siente como La Clave de la Vida: que si logramos validar y presenciar todas las emociones de nuestra(o) niña(o) interna(o), ella o él dejan de sufrir, y por lo tanto, nosotros podemos ser más libres.

Esto ya lo “sabía” intelectualmente, gracias en gran parte al hermoso y sumamente importante trabajo de Bethany, pero por fin lo comprendí de comprender, a un nivel muy profundo.

El resultado de los revolcones en el mar de agosto fue, entre otras cosas, un resfriado, a fin de mes, que se complicó (otra razón por la que publiqué esto casi una semana después del 31) y todo el estrés-por-hipocondria que eso conlleva.


No me deja de sorprender lo intenso que fueron para mí estos cuatro meses, ahora entiendo por qué lo evadía tanto 🙂

Pero me fue muy útil notar todo lo que ha pasado; hasta me di cuenta de que hay cosas que todavía no he procesado muy bien, y sobre todo entendí por qué de repente solo dejé de trabajar en el proyecto al que tanta diligencia puse en mayo.

Cosas maravillosas de estos cuatro meses:

  • Comprar una lata entera de mi té favorito :3
  • Las diosas. El oráculo de las diosas (¡!). Los oráculos aunque no sean de diosas. Ohmygod(dess) esto me hace muy feliz.
  • Dar un salto cuántico para sanar [tema de años que mencioné arriba], algo con lo que, estaba convencida, sentía que nadie me iba a poder ayudar. SÍ ME ESTÁN PUDIENDO AYUDAR, TODO EN ORDEN, GRACIAS MÉXICO.
  • Por fin por fin por fin terminar una relación-no-relación que me desgastaba considerablemente.
  • Aprender y volver a reaprender (sic) a disfrutar la vida. Suena fácil, no lo es.
  • Sentirme agradecida por poder caminar y moverme y tener movilidad (que no es lo mismo), así como por la resiliencia de mi cuerpo y su mágico poder de sanación. ❤
  • Hallar y leer algunos de los maravillosos libros de JSB y todo el orden que le trajeron al caos.
  • Reencontrarme con partes de mí que creía que estaban perdidas o que pensaba que ya no eran mías. (Sí lo son y están vivas).
  • Reunirme con mi profundo amor a la literatura en inglés gracias a bp.com.
  • Conectarme con mi fuerza creativa, poco a poco. Todavía no sé muy bien hacia dónde me quiere llevar, pero puedo sentirla y creo que es una buena señal.
  • Tener los recursos necesarios, de todo tipo, para navegar la vida. Aunque a veces las olas me arrastren un poco, aquí sigo y no he hecho más que aprender y crecer. Y eso es lo que cuenta.

Tu turno. Cuéntamelo todo. ¿Qué aprendiste o cómo creciste en estos cuatro meses? ¿Qué te pasó, qué creaste o qué construiste?

No necesitas escribirlo aquí en público, puedes escribirlo para ti misma. Lo importante es generar una pequeña reflexión sobre nuestros días, pues hay mucha riqueza en ello.

Si te diste cuenta de algo de tu vida al leer sobre la mía, me encantaría saberlo 🙂

2 comentarios en “Dos mil diecisiete en retrospectiva 2/3

  1. l.inderwelt

    Me ha gustado leerte Georgina: Me he sentido identificada contigo en la intensidad con que vivo y he vivido lo bueno y lo malo. Yo he escrito unos 6 o 7 cuentos o relatos aproximadamente en mi vida y me han animado a escribir más, pero por una buena temporada eso lo he tenido bloqueado. Este año me he aficionado más a la poesía en distintos idiomas. ¿Te gusta la poesía?. Yo tengo mucha conexiòn con la música.Cantar y descubrir nueva música me ha llenado mucho este año hasta ahora. De momento esto quiero contarme. Siento mucho lo de las lluvias y el huracán. Un abrazo de ánimos, Laura

    1. Hola, Laura; sí me gusta mucho la poesía, sobre todo en inglés, aunque me resisto a ella. Es muy fácil que la escritura se bloquee (me han contado) pero a veces solo es una temporada y también está bien dejarla ser. Gracias por compartir lo de la música. Abrazo de vuelta 🙂

Vamos, di algo...

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