Crea lo que quieres crear (3 miedos, 3 ideas)

Mi amiga I me dijo que quería empezar un blog. Acto seguido, su mente me empezó a bombardear con miedos y razones por las que era una mala idea.

Si bien no soy la experta número uno del mundo cuando se trata de escribir blogs, he aprendido un par de cosas a lo largo de los 10 años (sí, 10) que he mantenido el que estás leyendo, y me di cuenta de que tenía mucho que decir al respecto.

Decidí escribir esta entrada porque estoy segura de que hay muchas otras personas que quieren compartir sus ideas (ya sea en un blog, podcast, canal de YouTube, o hasta eventos presenciales) pero la avalancha de miedos se lo impide.

He aquí los tres principales que hablé con I (quien, por cierto, me dio permiso de escribir este texto; no creas que hago esto con todo lo que me cuentan mis amigos xD):

1. Me da miedo que me critiquen o me juzguen

Es totalmente comprensible. Después de todo, es un acto vulnerable decir lo que piensas en Internet. Y sí, hay muchos trolls y personas que se divierten poniendo comentarios groseros en las creaciones de las personas.

Sin embargo, hay dos partes del proceso que estás mezclando en una sola:

Una cosa es crear tu contenido y otra es que las personas lo consuman.

Lo que quieres es crearlo porque tienes una necesidad de expresarte, o porque quieres ver qué va saliendo conforme escribes / hablas.

Puedes crear unos 5 episodios / posts y después decidir si quieres publicarlo.

O puedes compartirlo solo con las personas más cercanas a ti, o tus amigos de Facebook.

No pienses que por estar en Internet automáticamente se va a hacer viral y lo van a ver 999,999 personas, de las cuales 999,900 te criticarán.

Si todo falla, siempre puedes desactivar los comentarios para que la gente no pueda opinar.

Puedes controlar su visibilidad hasta que te vayas sintiendo segura(o) de que más gente lo vea. Y si no llegas a ese punto, también está bien. ¡Ya creaste lo que querías!

Ahora bien: si te da miedo que te critiquen, te recomiendo que escribas una lista de las peores cosas que te podrían decir. Por lo menos unas 20. Sé tan cruel como te imaginas que podrían ser contigo, y poco a poco ve encontrando razones por las que podrías estar bien si alguien te dijera eso.

Casi siempre los comentarios críticos que nos duelen lo hacen porque son cosas que ya pensamos de nosotros mismos. Te recomiendo este hermoso y acertado post de Tara Mohr al respecto (en inglés).

2. Temo no poder ser constante y abandonarlo a la mitad

Yo tengo la convicción de que uno no es quien decide de antemano cuánto van a durar las cosas, sino que solo se va dando.

Por ejemplo, yo puedo tener el deseo de durar 30 años con una persona con la que salgo pero no hay nada que pueda hacer para que eso sea una realidad. Puedo intentarlo pero nada lo garantiza.

Lo mismo pasa con las creaciones. Puedo tener, al menos inconscientemente, la idea de que voy a escribir durante años o muchos meses y tener miles de lectores que me AMEN y demás.

Pero lo que suele pasar es al revés: empiezas a escribir y conforme avanzas te das cuenta de que no tenías tantas entradas en ti, sino que a los 10 artículos ya se satisfizo la necesidad que te llevó a crearlo y entonces lo dejas.

Sin embargo, eso no lo puedes saber de antemano.

Las cosas, incluso (¿o sobre todo?) las que nosotros creamos, nos van a otorgar lo que nos vayan a otorgar y no podemos decidir eso.

Aferrarse a la “constancia” o a publicar diario o a empezar y nunca abandonarlo no solo es artificial sino que se convierte en un deber ser, una obligación impuesta, una especie de prisión.

Si empiezas, quizá en el camino te das cuenta de que lo que querías era hablar de tres temas solamente y después se te pasa la emoción. (Sobre todo, si eres Scanner).

Yo una vez hice un podcast que solo ha escuchado una persona. Hice tres episodios y eso era todo lo que descubrí que quería hacer. Se satisfizo mi necesidad de grabarme hablando y estoy bien con eso. Me dio lo que necesitaba.

Claro que esto es mucho más difícil si lo que quieres empezar a crear tiene la finalidad de ser algo que te dé dinero o algo por el estilo, pero aun así tienes que estar dispuesta(o) a que evolucione, a que te aburra, a que el hecho de crearlo te dé otra idea para tu proyecto siguiente.

Sé que es incómodo pensar en términos de tanta incertidumbre pero lo cierto es que ir buscando certezas no es más que una ilusión.

Parte de por qué nos da miedo abandonar este tipo de proyectos es porque nos imaginamos que tendremos fans a los que de repente decepcionaremos si dejamos de escribir.

¡Primero consigue fans y luego te preocupas por ellos! Los de tu mente no cuentan todavía. 🙂

Por otro lado, y aunque suene un poco feo, no eres tan importante para otras personas. Es seguro decepcionar a la gente. No van a ir a tu casa a atacarte hasta que vuelvas a publicar. Seguramente van a encontrar a alguien más a quien seguir y van a estar bien.

Si esto te pesa, pregúntate a quién sientes que has decepcionado y qué consecuencias ha tenido. Rastrea de dónde viene ese miedo. Seguramente tiene que ver con tu infancia (como un montón de cosas) pero es muy útil hacerlo consciente. ¿Por qué se siente tan grave no cumplir las expectativas que otras personas puedan tener sobre ti?

3. Me da miedo que me digan que quién me creo que soy para escribir sobre x

Oh, sí. Muchos asociamos “escribir” con “ser la autoridad en un tema”, o “ser experta(o) en él”.

Si en tus creaciones te describes a ti misma(o), incluso sin darte cuenta, como “soy quien más sabe en el mundo del tema”, te arriesgas a darte cuenta de que no, de que hay gente que sabe más que tú, y te exiges mucho más, pues no debes ni puedes fallar.

Sin embargo, si solo partes de “voy a compartir mi perspectiva, mis vivencias, mi particular punto de vista desde donde estoy experimentando este tema”, nadie te puede contradecir.

Claro que habrá gente que no esté de acuerdo contigo, que tenga una perspectiva muy distinta y quizá hasta contradictoria con la tuya, pero eso no significa que debas esconder tu forma de ver las cosas.

Todas las perspectivas son válidas porque, aunque es lo más trillado del mundo, no hay dos personas iguales que vean la vida exactamente de la misma forma.

Por lo tanto, vale la pena que nos compartas tu perspectiva, que nos cuentes cómo has superado tus obstáculos o que nos digas las lecciones vitales que te costó mucho trabajo aprender.

Quizá le ahorras tiempo a alguien, o quizá le salvas la vida (uno nunca sabe, de verdad) o simplemente haces que se sienta menos solo.


Espero que esto te haya inspirado a sacar tus creaciones de tu cabeza y ponerlas en el mundo si es algo en lo que has estado pensando.

Sé que suena aterrador por momentos pero a mí me da mucho más miedo pensar en todas las cosas maravillosas que mucha gente se va a llevar a la tumba solo por miedo al qué dirán o a juicios que a veces ni siquiera duelen tanto una vez que se reciben.

¡Comparte lo que quieres crear! No necesita ser bueno siquiera, ni estar bien diseñado o bien planteado; definitivamente no necesitas leer más libros ni buscar más inspiración; no es necesario pulirlo tanto como tu mente te dice.

Haz que exista, después ya ves qué haces con ello.

El proceso simple para mejorar tu pronunciación

Como probablemente ya sabes, acabo de crear un programa nuevo llamado Pronunciation Practicums que te ayudará a mejorar tu pronunciación en el inglés (o el español, si no es tu lengua materna).

En él, te llevo a través de 7 pasos que, una vez llevados a la práctica, resultan muy simples y poderosos:

  1. Hacerte consciente de los 43 sonidos del inglés.

Los sonidos son una de las partes de la lengua que se adquieren cerca del “final” del aprendizaje. Es decir, necesitas tener gran parte del idioma en la cabeza para que puedas dedicarte a escucharlos y adquirirlos.

No entiendo muy bien por qué pasa esto, pero sucede. Por eso hay que hacerlos conscientes, porque rara vez pasa automáticamente.

2. Identificarlos cuando escuchas la lengua hablada.

Una vez que eres consciente de los sonidos, comienzan a saltar a tu oído.

En las canciones que ya escuchabas y que hasta te sabes de memoria, en las películas que veas. Siempre han estado ahí pero tu cerebro no te permitía escucharlos. Ahora ya puedes.

3. Reconocer las formas en las que tu cerebro hispanohablante los filtró

(y hace, por ejemplo, que la “th” de “this” acabe sonando como una “d” de “día”).

Existe un fenómeno llamado “asimilación” mediante el cual, cuando escuchas un sonido que no existe en español, tu cerebro te hace creer que suena como el más cercano a él que sí existe en español.

Si oyes la “i” de “bird”, vas a escuchar “clarito” una “e”, y la vas a pronunciar así. Todo esto, sin que te des cuenta. Pero no lo es, sino una vocal que no existe en español y que tienes que aprender a identificar.

4. Romper esos hábitos lingüísticos. 

Necesitas reconocer todos los momentos en los que ya tienes la costumbre de decir esa “e” que no es “e” y esa “d” que no es “d”, dejar de hacerlo y crear un espacio donde quepan los sonidos correctos.

4.5 Desbloquear las barreras mentales y/o emocionales que puedas tener. 

Por alguna razón, muchas personas están convencidas de que DE VERDAD no pueden pronunciar los sonidos. Maestros malos, intentos por forzar un sonido cuando el cerebro todavía no está listo para recibirlo, burlas, humillaciones, malas experiencias, creencias sobre cómo la gente te puede percibir, etcétera.

Todo esto se tiene que ir para que mejorar tu pronunciación no genere sufrimiento en tu ser y, sobre todo, sea un proceso que se pueda llevar a cabo.

5. Aprender a producir o pronunciar los sonidos reales del inglés. 

Necesitamos reentrenar tu aparato fonador (tu lengua, tus labios, tus dientes, tus cuerdas vocales, hasta tu saliva) para que produzca los sonidos que ahora ya escuchas. No te mentiré, al principio es incómodo pero después es divertido y te sientes como con superpoderes.

Mucha gente que enseña pronunciación realmente no sabe cómo decirte que pongas los labios o la boca para que generes cierto sonido.

Yo he adquirido a lo largo de los años un montón de trucos del tipo “Ok, estás haciendo una ‘a’ pero ahora haz los labios más hacia los lados” que sí funcionan y que hacen que las personas digan “Ahhhh” y lo puedan hacer por sí mismas.   

6. Practicar hasta que sean parte inalienable de ti. 

Esta parte es la que más depende de ti. De verdad me gustaría que hubiera un sustituto de la práctica porque a veces se siente lento y desesperante pero no la hay. Se necesita repetir y repetir las cosas hasta que estén completamente integradas a ti.

7. Integrarlos en el inglés que hablas espontáneamente. 

Ya que tienes cada sonido hecho consciente, ya que rompiste el hábito que tu cerebro hizo sin pedirte permiso, ya que practicaste los nuevos sonidos y ya pudiste hacerlos sin pensarlo, ahora estás lista(o) para que surjan de ti automáticamente cuando hablas.

Felicidades, mejoraste tu pronunciación.

Lo mismo se hace con la entonación (prosodia) y con un montón de cosas más que pueden hacer que tu inglés suene mejor a los oídos de quienes te escuchan hablarlo.

Como dije en la página del programa, la mayor parte de esto va sucediendo inconscientemente. No necesitas hacer un gran esfuerzo ni memorizar la gran cosa. 

Es mucho más simple de lo que parece (aunque no digo que siempre vayas a sentir que es fácil; hay algunos sonidos un poco truculentos). 

Y he visto a personas “negadas” replicar sonidos que nunca habían siquiera escuchado conscientemente. 

Muchas personas que enseñan pronunciación parten de la grafía, es decir, de la parte escrita de la lengua y te explican todas las formas en las que suena la “t” cuando la ves en un texto.

El problema con este enfoque es que:

a) el inglés no es una lengua que suene como está escrita, a diferencia del español; de hecho se podría decir que hace lo que quiere cada vez y tiene casi más excepciones que reglas y

b) es mucho mejor desconfiar de la grafía y saltarte la parte escrita. Si quieres aprender a escuchar y pronunciar tienes que partir de la lengua hablada y quedarse ahí.

No necesitas los textos de intermediarios, son una distracción y te puedes abrumar con tanta información.

En fin.

El proceso de arriba es lo más cercano a la magia que he visto, y quiero compartirlo contigo porque me encanta ser testigo una y otra vez de cómo las personas mejoran su pronunciación a pasos agigantados. 

Lee más sobre el programa si esto suena (ja) como algo que te interesa: 

Pronunciation Practicums

El último día para apartar tu lugar (sin hacer ningún pago aún) es el miércoles 9 de octubre.

Algún día acabarás de adquirir esa lengua

¿Te agobias porque sientes que nunca terminarás de aprender ese idioma?

Te entiendo.

Nunca faltan los recordatorios de que se necesitan POR LO MENOS 250 horas de estudio para llegar al nivel bebé de [lengua], o los momentos tristes en los que nos damos cuenta de que no hemos aprendido tanto como nos gustaría.

Suele ser bastante desmotivador en ocasiones.

Aunque, para ser justos, hay a quienes esto no les pasa porque aman el proceso de adquisición, pero esa ya es otra historia.

Lo que casi nadie te dice…

…es que adquirir cualquier lengua realmente es un proceso finito.

Algún día terminará.

Sí, las lenguas son ilimitadas; cada día nacen nuevas palabras en cada idioma, todo lenguaje está en constante evolución y uno nunca acaba de aprender palabras ni siquiera en su lengua materna. Eso es un hecho.

Sin embargo, sí llega un momento en el que el proceso de adquisición se termina.

En el que tu cerebro ya absorbió la gramática, ya tiene suficiente vocabulario para entender lo que lee y escucha, en el que ya puedes hablar de corrido y ser comprendida(o) por interlocutores.

Ya tienes el idioma, ya es parte de ti.

Si dejas de estudiarlo un par de meses no lo vas a perder (como yo ya perdí el hiragana porque solo lo estudié como ¿2 semanas? Quizá fue una).

Sí existe un “después”; un happily ever after, si me apuras.

Algún día terminarás de aprender esa lengua y te dedicarás a usarla.

Después de todo, para eso la estabas estudiando, ¿cierto?

Conjuntos cerrados, el musical

A mí me ha ayudado mucho entender que las lenguas son conjuntos cerrados.

Es decir, todo lo que se dice o se escribe en un idioma determinado parte de cierto número de unidades más pequeñas que se combinan solo de ciertas formas.

Cada lengua tiene solo cierto número de fonemas, que son como los átomos de la misma. No más, solo los sonidos que necesita.

Y se mezclan entre sí siguiendo cierto número (no tan grande, de hecho) de reglas. No otras, solo las que necesita.

Dicho lo anterior, no te desanimes

Esto de estudiar solo es un proceso, una serie de pasos (que muchas veces duran varios meses, es verdad) que algún día terminarás de dar.

Intenta disfrutarlos lo más que puedas y confía en que algún día no tan lejano estarás del otro lado.

Nota:

Con base en esta idea, le estoy dando los toques finales a un nuevo programa sobre los (100% finitos) sonidos del inglés, cuyo objetivo es ayudarte a mejorar tu pronunciación.

Si te interesa, pon mucha atención en este espacio en los días siguientes. 🙂

Consejos de idiomas para personas introvertidas

Una lectora llamada Lorena me pidió que escribiera sugerencias para personas introvertidas que quieren hablar idiomas.

Antes de ir a ello, definamos nuestro tema.

¿Qué es la introversión?

No tiene tanto tiempo que se ha empezado a popularizar el término “introversión”, gracias a libros como Quiet e investigaciones al respecto.

Sin embargo, los introvertidos hemos existido desde siempre.

La definición que más me gusta de este rasgo de la personalidad es la junguiana (patrocinada por el MBTI):

La diferencia entre la extroversión y la introversión es hacia dónde una persona vuelca su energía (su atención) por naturaleza.

Las personas introvertidas vierten (ja) su energía a sus percepciones, pensamientos, sensaciones, emociones, recuerdos, etcétera, mientras que una persona extrovertida lo suele hacer hacia fuera de sí mismo.

Según esto, una persona introvertida se “recarga”, como si de una pila se tratara, estando consigo misma y en soledad, percibiendo lo que ocurre dentro de ella, y una persona extrovertida lo hace poniéndole atención a lo que está en el exterior. (Más sobre esto más tarde).

Esto último incluye, evidentemente, a las personas. Si en el “afuera” hay personas, es más probable que un extrovertido quiera dirigir su energía hacia ellas que un introvertido.

Obviamente, hay matices y es un continuo que (en teoría) tendría en un extremo a la persona más introvertida del mundo y en el opuesto a la más extrovertida del mundo.

Sin embargo, en mi experiencia y mi observación, tiene mucho que ver con el contexto. Aunque yo estoy 200% segura de que soy introvertida, hay ciertos momentos en los que parezco extrovertida, como cuando estoy hablando de algo que me apasiona (aun si es a muchas personas).

Y no hay una sola persona en el mundo, extrovertida o no, que no necesite algo de tiempo en soledad y para sí misma.

Sociabilidad

Ahora bien, una vez que esto quedó más o menos claro, quiero explicar algo que siempre me da muchas vueltas cuando se habla de introversión y extroversión.

Hay muchas personas que suman 2+2=4 y dicen que los extrovertidos son sociables por naturaleza y pueden ir a hablarle a gente desconocida, por ejemplo, sin ningún problema.

¡Sin embargo, aunque ud. no lo crea, no todos los extrovertidos son sociables!

Si pones atención en las funciones cognitivas (estoy hablando otra vez del MBTI; no lo puedo evitar, lo amo), te darás cuenta de que existen cuatro tipos de extroversión (Fe, Se, Ne y Te).

Es decir, Sentimiento Extrovertido, Sensación Extrovertida, Intuición Extrovertida y Pensamiento Extrovertido.

Explicar esto a detalle me llevaría toda una entrada, pero no necesitas comprenderlo del todo para los fines de este texto. Lo único que tienes que tener claro es que hay personas extrovertidas que vuelcan su atención en [cosas externas a sí mismas] que no necesariamente son personas.

Sí, sí son extrovertidas; no, no necesariamente son el estereotipo de persona sociable y amiguera. Seguramente les es más fácil que a un introvertido comenzar una conversación, pero eso no significa ni que les guste ni que sea lo primero que harían en un lugar al que llegan.

I mean, ¡hasta hay autistas extrovertidos!

Por lo tanto, sí hay introvertidos interesados en las personas a las que, si bien no les nace ir y comenzar conversaciones, una vez que alguien se acerca (por decir algo), pueden tener la mejor conversación de la vida incluso con un grupo de personas.

Y yo digo que eso cuenta como ser sociable.

Consejos para personas introvertidas

Dicho lo anterior (espero no haberte confundido demasiado), como la persona introvertida que soy decidí escribir algunos consejos para ti, amiga(o) introvertida(o) que quieres hablar idiomas y sientes que tu naturaleza no te está ayudando:

1. Deja de forzarte. Parte de fluir como introvertido es detener esa guerra que traes todo el tiempo en la cabeza. Así eres, así estás bien. Sé que toda tu vida la gente te ha dicho que eres demasiado seria(o), o que deberías salir más o que eres un(a) aguafiestas. Seguramente has intentado cambiar y te ha salido el tiro por la culata (además, simplemente no se siente bien forzarse a ser algo que no se es). Pero ya puedes aceptarte como eres. Yo te doy permiso.

2. Recuerda que las demás personas son… personas. Muchos introvertidos tendemos a ir por la vida creyendo que los demás son dioses y que nosotros somos simples mortales que no los merecemos, o algo por el estilo. Pero no es así. Toda la gente, por más intro- o extrovertida que sea, tiene inseguridades, tiene miedo de que la rechaces o se siente mal por algo en su vida. Ten esto en mente cada vez que pienses en acercarte a alguien para entablar una conversación. Solo somos humanos.

3. El internet es tu amigo. Como dije en mi entrada de perderle el miedo a hablar inglés, yo empecé a soltarme mucho más al hablar otro idioma gracias a que encontraba personas con las cuales practicar por internet. Sobre todo si solo es una llamada de audio. Eso me dio confianza y poco a poco fui fluyendo. Puedes empezar en estas páginas:

4. No importa si lo haces mal. En muchos casos, la introversión viene acompañada de perfeccionismo. Deseamos tanto producir las oraciones perfectas y usar las palabras adecuadas; que se vea que sí aprendimos bien y demás, que nos exigimos mucho y al final acabamos balbuceando por los nervios y la presión. Pero créeme cuando te digo que a nadie le importa ni se va a acabar el mundo. Si dices I has to en vez de I have to no pasará nada malo. Probablemente te entiendan de cualquier forma.

5. Apréndete preguntas de memoria. La clave para empezar conversaciones con quien sea es memorizar preguntas (que no sean de “sí” y “no”) que puedes hacer. Muchas veces, lo único que tienes que hacer es preguntar algo y dejar que la persona con la que quieres conversar se ponga a hablar. Eso disminuirá tus nervios iniciales y hará que fluyas más al responder cuando sea tu turno.


En el 2016 escribí una hermosa guía de 60 páginas llena de consejos para personas introvertidas. Dejé de hacerle promoción por decenas de factores extraños.

Una parte de mí quiere editarla y actualizarla y volverla a lanzar con otro enfoque pero como me conozco sé que eso me llevará la vida entera. Prefiero dedicarle tiempo ahora a mis nuevos y emocionantes proyectos. 😀

Sin embargo, el material que contiene es maravilloso y funciona. Puede ser exactamente lo que estás buscando para que tu introversión ya no se sienta como un obstáculo (si es el caso).

Por lo tanto, y con esto en mente, te la ofrezco de nuevo:

Guía para personas introvertidas que quieren hablar idiomas

¿Qué es lo que más se te dificulta de ser introvertida(o) con respecto a los idiomas? Comparte tus mejores consejos en los comentarios.

 

Amiga, date cuenta. Solo son idiomas

Esta entrada es un poco diferente a las demás que he escrito.

Estructuralmente está “dirigida” a mujeres heterosexuales pero en realidad es para cualquier persona que se identifique.

Surge de que noté, en la conversación con algunas de mis amigas, cómo el factor “idiomas” influye mucho en la percepción que tenemos de las personas y de sus cualidades.

Suelo escuchar que la gente dice “Es que habla

CINCO

idiomas” como si eso fuera una especie de garantía de que una persona es, toda ella, admirable y lo más cercana posible a la divinidad.

Obviamente, no le quita mérito a nadie hablar varias lenguas.

Sobre todo si se vive en un país con una sola lengua oficial, sí se podría considerar un logro.

Pero, si nos ponemos muy realistas y si pensamos en términos sociales, la mayoría de las veces, el número de lenguas que una persona conoce nos habla más de sus privilegios que de sus cualidades morales.

Es decir, como mencioné en una entrada anterior, es más probable que una persona hable más lenguas si ha podido viajar a otros países o ha tenido más dinero para pagarse clases particulares, o incluso si no tiene que dedicarle tiempo a labores del hogar, por ejemplo, porque alguien más las hace en su lugar o porque puede pagar para que otra persona las lleve a cabo.

No siempre es el caso, evidentemente, pero como regla general funciona.

Muchas personas, pero sobre todo algunos tipos de mujeres intelectual(oid)es, tendemos mucho a irnos con la finta del CV:

Si conocemos a alguien que…

  • Estudió en una universidad de renombre
  • Habla tres o más idiomas
  • Hizo su tesis de maestría de algo súper abstracto y filosófico / denso e ininteligible / oculto
  • Ha viajado un montón o por lo menos a dos continentes distintos
  • Tiene la piel blanca o ascendencia europea y se ve que sus papás tienen dinero

…caemos redonditas y asumimos que es la mejor persona del mundo, que es lo que estábamos buscando.

Nuestra inteligencia no nos salva en estos casos. Nuestra experiencia y nuestra propia formación académica, tampoco. Estamos programadas para reaccionar casi con aplausos a este tipo de perfil.

Sobra decir que casi siempre esto nos mete en problemas, por la simple razón de que confundimos un CV “interesante” con una vida interna íntegra y un desarrollo emocional llevado a cabo con éxito (lo que sea que eso signifique).

Se nos olvida que aunque un hombre tenga dos postdoctorados puede ser violento, o que puede contribuir a que participemos en una relación tóxica.

Con esta entrada no pretendo tanto hacer una crítica sino solo nombrar que esto pasa, enunciarlo y hacerte saber que no eres la única persona a la que le ha sucedido (en dado caso).

A mí misma me ha ocurrido, más veces de las que quiero admitir.

Obviamente, está muy bien si la persona que conoces tiene un CV increíble, entiende 8 lenguas Y además es una gran persona con la que eres compatible al máximo y se aman y bla. ¡Bien por ti!

Mi mensaje es:

No eres parte del área de Reclutamiento de una empresa. No te dejes llevar por el CV de una persona antes de realmente conocerla (se dice fácil, ¡ya lo sé!).

No pienses que las personas que han tenido la oportunidad, el privilegio o la suerte de aprender otras lenguas son mejores que las que no.

A veces pienso que en ciertas partes del mundo, saber idiomas distintos a la lengua materna está demasiado bien visto, se le otorga demasiado estatus; es un hecho al que se le confiere una cantidad muy alta de puntos positivos y de pulgares arriba.

Como dije, sé que tiene su mérito. Si lograste aprender una lengua después de luchar años y años por ello, a pesar de todos los obstáculos que pudiste haber tenido y demás, estoy muy orgullosa de ti y muy feliz por ti. Jamás te quitaría tu logro.

Por otro lado, y como he dicho en entradas anteriores, no tiene nada de malo que una de tus motivaciones para aprender lenguas sea que otras personas te admiren. Está bien, es válido y hasta puede ser positivo.

Solo me gustaría que socialmente no pareciera implicar un nivel de grandeza moral que, desde mi punto de vista, no viene tanto al caso.

O tú, ¿qué opinas? ¿Le has visto cualidades morales positivas a alguien solo porque conoce otras lenguas?

Dos lecciones salseras para los idiomas y la vida

Llevo poco más de un año yendo a clases de salsa.

(Más específicamente, salsa on one) (por si quieres buscar videos).

Era uno de mis sueños más anhelados; hasta llegué a escribir aquí hace algunos años que quería hacerlo.

Un buen día de febrero, un amigo me dijo que había un lugar bueno, bonito y barato cerca de mi casa y que a él le gustaba mucho, que intentara ir.

Entonces fui y algo se acomodó dentro de mí y ahora no puedo dejar de ir.

LITERAL.

En todo este tiempo, he notado y entendido un montón de cosas que se pueden aplicar a cualquier tipo de aprendizaje. Obviamente, eso incluye al aprendizaje de idiomas.

Lecciones aprendidas:

  1. “Si solo sigo yendo, no puedo no seguir aprendiendo”.

Soy una de las personas más impacientes que conozco. Quiero que las cosas se den ya, y bien a la primera.

Pero la vida no es así. Nonono.

Donde tomo clases hay nueve niveles. Puedes ver todos al mismo tiempo. Cuando llevaba como un mes de clases y no estaba avanzando tan rápido como según yo me hubiera gustado (un parámetro totalmente arbitrario, por cierto), me empecé a desesperar.

Quería avanzar más rápido pero las cosas simplemente llevan el tiempo que necesitan llevar. No se puede forzar el aprendizaje.

Estuve a punto de abandonar las clases varias veces por esa misma desesperación y porque #perfeccionismo pero me detuve a mí misma y me dije:

Esto no se aprende en un día. Es un proceso. Que lleva tiempo. Los procesos se dan a lo largo de las semanas, los meses y los años. La única forma de permitir que el proceso se lleve a cabo es evitar que se interrumpa.

Por lo tanto, la clave es seguir viniendo y confiar en el proceso. Si no dejo de venir, va a ser inevitable aprender. Solo va a suceder, haga lo que haga. Necesito dejarme llevar y confiar.

(Easier said than done, I know!).

Y entonces escribí en un lugar donde lo podía ver frecuentemente: “Si solo sigo yendo, no puedo no seguir aprendiendo”.

Como por arte de magia, dejé de sentir esa prisa interna y la desesperación.

Sé que muchos aprendices de idiomas, sobre todo adultos que intentan adquirir el inglés por enésima vez, sienten esta misma prisa, esta sensación de que deberían reponer el tiempo “perdido”.

Si tienes un buen método, y si ya por fin encontraste un momento en tus semanas para rodearte de la lengua en cuestión, el siguiente paso es confiar en el proceso y seguir “yendo”.

El aprendizaje va a suceder. Lo que te está haciendo ruido es tu mente. Pero la buena noticia es que le puedes decir: “Gracias por tu opinión, pero te voy a dejar de poner atención”.

Nota: Si tu método es malo o no te gusta o no te funciona, quizá esto no aplica tanto. Esta lección probablemente le sea más útil a las personas, como yo, a las que les cuesta confiar en los procesos y en que las cosas llevan tiempo. Toma lo que te sirva y deja el resto 🙂

2. Algunos días van a ser mejores que otros y está bien

Aunque amo ir a mis clases y cuando dejo de ir por un par de semanas me empiezo a sentir mal hasta físicamente, hay días en que no me siento tan feliz de haber ido.

Algunas clases son increíblesnoinventeslomáximo pero otras solo son… clases.

A veces he ido con dolor de estómago, con tos, con cansancio extremo (nivel: me he tenido que ir a la mitad).

Una vez un [hombre] me dijo algo que me generó mucho enojo y como no pude defenderme porque estoy programada, al igual que el 98% de las mujeres, a solo sonreír y no buscar conflictos, mucho menos con los hombres, me enfermé de la garganta.

Pensé en dejar ir porque se había hecho un trauma en mi cuerpo (además de que me duró como dos semanas la gripa) pero después dije, no le voy a dar tanto poder a un #”$%!” y no voy a dejar que me arruine mi alegría.

Otras veces ha habido clases super aburridas en las que sentí que no aprendí nada.

Pero, por el contrario, ha habido momentos de mucha pero mucha felicidad, de placer genuino, de risas, de conexión dancística y de conocer gente bonita.

Ha sido toda una prueba para mi resiliencia y mi capacidad de adaptación (la cual, lo admito, no suele ser mi fuerte).

Pero he seguido yendo porque ver arriba. Y ha valido la pena.

Lo que he notado es que solemos detenernos a la mitad de un proceso cuando hay una situación desagradable. Es decir, tiramos la toalla al primer “día feo”.

Esto tiene todo el sentido del mundo, y mentiría si dijera que yo no he abandonado algunos proyectos o cursos por eventos dolorosos.

Nuestro organismo nos quiere proteger de lo que nos puede generar daño, y asociamos una sensación desagradable o sentirnos “mal” con un potencial riesgo. Obviamente lo queremos evitar.

Pero, en ocasiones, le damos demasiado poder a un evento negativo. Borramos de nuestra memoria todos los momentos buenos o neutrales y la totalidad de nuestro proyecto se tiñe del único momento desagradable que hubo.

Ayuda mucho ponerlo en perspectiva y decir:

Este momento desagradable fue solo uno de tantos momentos, tanto agradables como feos, que va a haber.

No necesito darle tanta importancia. No significa que siempre va a ser así. No significa que estoy en peligro.

(A menos que realmente lo estés, en cuyo caso tú sabrás mejor dadas tus circunstancias específicas).

Puedo lidiar con la incomodidad. Las sensaciones incómodas en mi cuerpo solo son eso; no tengo por qué añadirles un significado apocalíptico que no tienen.

Algunos días son mejores que otros y está bien. No significa nada malo sobre ti ni sobre el mundo.

Salsa = terapia

He aprendido y me he dado cuenta de infinidad de cosas sobre mí y el mundo (sobre todo de las relaciones entre hombres y mujeres) gracias a la salsa.

Siempre digo que es como otra terapia para mí.

Podría escribir más lecciones de este tipo pero por hoy estas dos están bien. 🙂

¿Qué opinas?

¿Algo “totalmente” no relacionado con los idiomas te ha dado pistas o claves sobre cómo mejorar tu aprendizaje o tu acercamiento a las lenguas?

O: ¿qué lecciones puedes extrapolar de alguna actividad que lleves a cabo (pintar con acuarelas, meditar, o incluso tu trabajo del día)?

Hagamos un compendio fabuloso en los comentarios. :3