¿Cómo sería el maestro de idiomas perfecto?

Últimamente he estado pensando mucho en torno a la educación.

También he pensado en cómo quienes hemos tenido la fortuna social de ser educados en una escuela o hasta una universidad hemos ido saliendo adelante gracias Y a pesar de la manera en que está diseñada la educación tradicional.

Algo que, desafortunadamente, también sale “embarrado” por las desventajas del sistema de educación tradicional es la enseñanza de idiomas (sobre todo del inglés).

La mayoría de los profesores de inglés tienen las mejores intenciones, pero en gran medida el sistema en el que estamos metidos no logra que los alumnos que entran a una clase salgan sabiendo esta lengua.

Lo anterior es una gran lástima, porque se van generando traumas y frustraciones que normalmente duran por toda la vida dado que las víctimas de este caos se echan la culpa a sí mismas, sobre todo al darse cuenta de que sí ha habido gente que pudo aprender de esa manera.

Noticias de última hora:

  • No ha sido tu culpa.
  • El sistema educativo tradicional está mal diseñado.
  • Muchos maestros con los que has tomado clase han hecho lo mejor que han podido, pero no lo mejor para ti.

Así, escribí una lista de cómo sería para mí el “ideal” de una maestra o maestro de idiomas, cómo me gustaría que fueran, basada en mi forma de ver el mundo.

(En adelante, hablaré solo en femenino por simplificar).

Para mí, la profesora ideal sería, ante todo, una persona que hiciera su trabajo con gusto.

Sería empática, auténtica, aceptante. No me impondría su forma de ver el mundo. Me ayudaría a sentirme segura de cometer errores. Respetaría mi proceso y el nivel (del idioma y de… vida) en el que estoy actualmente.

Me ayudaría a salir de mi zona de confort sin presionarme ni violentarme. Me regresaría a la realidad cuando empezara a pensar que algo anda mal conmigo. Me ayudaría a ver las cosas con perspectiva y a mantener la esperanza.

Confiaría en mí como persona y en mis capacidades de aprendizaje, y eso me ayudaría a desarrollarlas más de lo que cualquier otro método de premio y castigo podría.

Reconocería mi esfuerzo y me ayudaría a celebrar mis triunfos y mi avance. Me enseñaría a lidiar con las partes difíciles, las adversidades, y a ser más resiliente.

Me corregiría de forma amable (sin burlarse de mí ni humillarme) y estaría al pendiente de cómo me siento a cada momento, para acompañarme en los momentos difíciles.

Me guiaría solo lo necesario para que yo descubriera por mí misma mi camino, para que yo no dependa por siempre de ella y pueda ser autosuficiente. Le importaría yo como persona y mis logros serían los suyos también.

En las buenas y en las malas…

Si en algún momento yo tuviera un punto bajo de frustración o de desaliento, ella estaría a mi lado para recordarme mis fortalezas y mis recursos.

Me haría entender que no todo ha sido mi culpa, sino que ha habido factores—muchos de los cuales están fuera de mi control—que han influido en que me sienta así en ese momento.

La maestra ideal de idiomas vería que el punto al que he llegado está bien para mí, y jamás me compararía con otras personas ni con otras estudiantes porque sabría que todas las personas somos 100% únicas.

Me ayudaría a encontrar mis propias formas de motivarme y de confiar en mí misma.

Se dedicaría a resaltar y reforzar lo que ya tengo de bueno y encontraría formas de complementar lo que puedo mejorar, pero sin hacerme sentir que estoy mal y que tengo que cambiar “por mi bien”.

Podría yo confiar en ella y mostrarme tal cual soy—con todo y las cosas que me dan vergüenza o lo que creo que son mis defectos—sin temor a que me juzgara, sabiendo que ella entiende que nada humano le es ajeno.

Todo esto me haría sentir segura a un nivel muy profundo, lo cual me ayudaría a desplegar todas mis capacidades porque no tendría que andarme cuidando de ponerle una buena imagen de lo que realmente soy.

Por lo tanto, tendría mucha más energía para concentrarme en la lengua misma, y en cometer todos los errores posibles, pues sé que eso es lo que me hará aprender. Y, por lo tanto, aprendería bien, rápido, con gusto. Como debe ser.


¿Cómo te suena esto?

A algunas personas esto les va a parecer totalmente exagerado e innecesario. A algunas otras, esto les va a gustar y les va a hacer preguntarse por qué no todos los maestros son así.

Lo cierto es que ya hay personas que son así en la vida, que son “maestros” no porque sean profesores, sino porque al vernos de una forma en la que nosotros mismos no podemos en determinado momento nos enseñan sobre la vida.

Ven el potencial que tenemos y sacan lo mejor de nosotros mismos solo con su presencia cálida.

Durante los dos últimos años, he tenido la inmensa fortuna de rodearme de personas así, tal y como describí en este articulo. He aprendido muchísimo de ellas, y de hecho, como resulta inevitable en estos casos, me he ido haciendo de esa manera.

Ahora ya no puedo ver el mundo de otra forma, todo lo que soy y lo que hago está empapado de esta confianza en el ser humano y sus capacidades, en el respeto profundo a la forma de ser de la gente (aun si no me gusta o no estoy de acuerdo con ella), en valorar todo lo que una persona es, y no solo su mente, o lo que hace, o lo que me dice, sino su esencia humana.

Mi meta es ser y seguir siendo así, como la persona que describí en esta entrada, durante toda mi vida, cada día más.

Irremediablemente humanista.


Mi manera de intentar arreglar los problemas que las partes oscuras del sistema educativo han ido causando en la gente–sobre todo en los estudiantes de inglés–se encuentra en esta página.

A ver qué te parece  🙂

 

Tutorial para aprender idiomas con música

Las canciones son LA herramienta para aprender idiomas.

En este tutorial aprenderás todo lo que necesitas saber para mejorar cualquier idioma con canciones, una de las mejores herramientas que puedes tener a tu alcance para mejorar tu pronunciación, tu sintaxis, para recordar palabras, aprender a usarlas de manera adecuada y hasta aprender palabras coloquiales o “slang”, entre muchas otras cosas.

Como este artículo supera las 3,000 palabras (!), decidí convertirlo en un práctico archivo PDF que puedes llevarte contigo para referirte a él cada que lo necesites.

Haz clic aquí para iniciar la descarga.


Lo primero que tienes que hacer es hallar las canciones.

1) Cómo encontrar canciones en el idioma que estás aprendiendo

Si estás aprendiendo inglés o francés, la tienes muy fácil en este sentido, pues es muy sencillo acceder a canciones en estas lenguas.

Solo hace falta hacer una búsqueda en YouTube con el nombre de algún artista que ya conozcas y disfrutar las miles y miles de recomendaciones que esa página te hace automáticamente hasta que encuentres algo que te guste.

Si te interesa aprender otras lenguas no tan famosas y hasta “raras”, YouTube y Google te pueden ayudar, pero solo hasta cierto punto. Lo que puedes hacer en ese caso es algo o una mezcla de lo siguiente:

  1. Buscar dónde queda la embajada del país donde se habla [idioma] y llamar para preguntar si tienen una especie de colección de música.
  2. Averiguar si hay algún centro de cultura de ese mismo país, o algún “barrio” donde nativos de ahí vivan en el lugar donde vives (algo así como el barrio chino de tu localidad, etc). Si piensas que ya sabrías si algo así existiera, te invito a dejar esa idea de lado y a ponerte a investigar.
  3. Ponte de acuerdo con algún habitante de ese país por Skype, y deja que parte de tu conversación con ella o él sea pedirle recomendaciones de artistas que canten en su idioma. Y, si sientes que es adecuado, pídele que te envíe por correo o Dropbox o WeTransfer, uno que otro mp3 de alguna canción que le guste. Lo peor que puede pasar es que te digan que no o que no sepan cómo, pero hay tutoriales en internet. También puedes conseguir esta información si dejas un mensaje en algún foro de idiomas o de aprendizaje de la lengua que te interesa.

Si estás estudiando una lengua indígena, lo más probable es que haya por ahí un centro de estudios musicales o algo parecido donde tengan un registro de esa lengua, y si no, ve a la Facultad de Filosofía y Letras o de Lenguas o como se llame de tu universidad más cercana y ponte a investigar si existe algún investigador que se dedique a estudiar la lengua de estas personas. Quizá ella o él conozcan a alguien que investigue la música de esos pueblos, o si tienes suerte, quizá hasta tengan ya música grabada. Cuestión de no rendirse a la primera.

4. Ya que tengas nombres de artistas / bandas / cantantes, búscalos en Google poniendo “canciones” después de su nombre. Por ejemplo, si buscas “Wir Sind Helden canciones”, automáticamente te saldrá una lista de las pistas más populares de esa banda, y te buscará automáticamente si existen videos de las mismas en todo el internet (no solo en YouTube).

5. Busca en Jango. para encontrar artistas similares a aquellos que ya has ido encontrando y toma nota sobre cuáles te gustan para buscar sus canciones. Puedes hacer lo mismo en Spotify (aunque prefiero Jango porque tiene menos anuncios).

La idea es que consigas unas 3-5 canciones para empezar (entre más tengas, mejor). Si te acomoda, puedes ver el video que hallaste en YouTube una y otra vez, pero lo que yo te recomiendo es tener la canción, es decir, poder hacer con el archivo mp3 lo que quieras.

Para esto, conviene comprar los discos que te gusten en iTunes o en las páginas oficiales de los artistas, pero si por alguna razón no quieres o no puedes hacer esto, hay una forma de obtener canciones a través de videos en la red.

No le digas a nadie que te dije, pero existen páginas de Internet como onlinevideoconverter, por ejemplo, con los que puedes descargar audios desde videos (hay muchas, muchas más).

2) Qué hacer una vez que tienes las canciones

¿Ya conseguiste unas cuantas canciones? ¡Excelente!

En este momento es hora de hacer varias cosas:

  • Solo escucharlas
  • “Sacar” la letra
  • Buscar la letra
  • Escucharla mientras lees la letra
  • Aprendértela de memoria
  • Cantarla

a) Solo escucharlas

Hay quienes afirman que se puede aprender una lengua exponiéndose a ella de manera pasiva, y aunque creo que hasta cierto punto eso tiene sentido, lo realmente útil es escucharlas con mucha pero mucha atención, incluso dedicarle un momento específico del día a sentarse a oírlas y no hacer nada más.

b) “Sacar” la letra

Dependiendo del nivel que tengas y la complejidad de la canción, suele ser una buena idea “sacar” las letras, es decir, hacer como si la voz de quien canta te estuviera dictando y tu trabajo fuera escribirla en papel.

Hacer esto suele ser muy divertido y también, en ocasiones, bastante frustrante (sobre todo si no conoces mucho vocabulario o si apenas estás comenzando con la lengua), por lo que te invito a hacer una prueba y ver qué tanto te podrías beneficiar de tal actividad en este momento de tu aprendizaje.

En general es una gran práctica que te ayuda a afinar muchísmo tu oído, a deducir, imaginar y sorprenderte por todo lo que podrían decir las palabras que escuchas, y a sentir una gran satisfación cuando aciertas, después de varios intentos, con la palabra exacta.

Lo cierto es que lleva bastante tiempo, además de que necesitas escuchar una canción muchas veces, tal vez hasta una docena, y puedes terminar odiándola después de esto, pero vale mucho la pena por lo menos intentarlo.

Digo, de cualquier forma puedes hacerlo en el transcurso de varios días, no necesita ser toda la canción de golpe. Y tienes todo el permiso del mundo de dejar espacios vacíos si de plano no entiendes qué dice.

A mí me suele suceder, cuando hago esto, que dejo una canción con varios espacios vacíos, no busco cuál es la letra oficial, y después de unos días, cuando la vuelvo a escuchar, las palabras se me revelan como si fueran lo más obvio del mundo.

Es bastante sorprendente y hace que ame más a mi cerebro.

¿Cómo sabes si las palabras que escuchaste y escribiste son las correctas?

Buscando la letra en Google y comparándola con tu escrito.

c) Buscar la letra

Puedes buscar el nombre de la canción + “lyrics”, una palabra que suele resultar bastante universal para encontrar letras en el buscador de Internet. Si no encuentras nada así, investiga cómo se dice “letra de canción” en el idioma que estás aprendiendo y añádele esa palabra a tu búsqueda.

Y si es una lengua muy rara y nadie ha subido las letras, siempre puedes pedirle a algún nativo que conozcas que la escriba para ti (a cambio de algo).

Yo me he topado decenas de veces con que las letras subidas a Internet tienen “errores”, por así decirlo. Por ejemplo, que cambian “peace of mind” (lo correcto, “paz mental”) por “piece of mind” (¿qué rayos es eso?), o que cometen faltas de ortografía, o que simplemente escucharon mal las frases, por lo que unas lyrics de Internet no deben ser consideradas la última palabra del mundo.

De hecho, conforme tu nivel en la lengua vaya subiendo, te darás cuenta de estos errores y quién sabe, quizá hasta tú misma(o) subas las correcciones 🙂 (yo lo he hecho muchas veces con canciones en inglés, y me hace sentir poderosa).

Sin embargo, no dejes que esto te detenga, es parte del proceso de adquisición de una lengua aprender cosas que no son y después corregirlas sobre la marcha.

d) Escucharlas mientras lees la letra

Ahora que tienes la letra, ya sea porque la sacaste de oído o porque la buscaste en Internet, es momento de leer cada palabra al tiempo que la escuchas.

Hay varias formas de hacer y de beneficiarse de esto:

  • Ir aprendiendo frases hechas o incluso verbos con preposiciones (como los famosos phrasal verbs).
  • Ver cuáles palabras riman con otras (muchas veces, sobre todo en inglés, esto resulta sorpresivo, sobre todo por la grafía).
  • Ir tomando nota de la pronunciación de cada palabra escrita
  • Que las frases se vayan grabando en tu memoria por siempre para que puedas acceder a ellas de manera automática.
  • Comprender poco a poco el significado de las oraciones que contiene la canción
  • Entender cabalmente el mensaje o el feeling de la canción en conjunto, es decir, la intención comunicativa que tenía quien la escribió.

La idea es crear toda una experiencia audiovisual a la que, como dije más arriba, le debes dedicar toda tu atención para obtener los mejores resultados.

Una manera súper agradable de escuchar una canción mientras lees la letra suele ser buscando videos de lyrics o de Karaoke en YouTube.

Evidentemente, esto suele ser más fácil de encontrar en las lenguas más comunes, pero quién sabe qué puedas encontrar si buscas.

Solo necesitas poner en la cajita de búsqueda cosas como: “[nombre de la canción] + lyrics” o “[nombre de la canción] karaoke”.

Incluso hay canales enteros de YouTube que se dedican a subir canciones con las letras en el video. Cuestión de buscar.

La clave aquí (y en todo lo que tenga que ver con los idiomas) es la repetición. Entre más escuches una canción, mejor. Lo que nos lleva al siguiente punto:

e) Aprendértelas de memoria

Los resultados que yo he visto en mi propia fluidez vienen en gran parte de que me he aprendido un montón y medio de canciones, sobre todo en inglés.

Cuando te gusta una canción, suele ser inevitable comenzar a aprenderte el coro, o ciertas frases, pero la idea aquí es—como ya repetí varias veces—hacer un esfuerzo para sentarse a memorizar la canción en turno.

Seguramente tienes claro el hecho de que las canciones populares, como las rimas de niños y ese tipo de rimas, se han ido pasando a través de los siglos, de generación en generación, gracias a que son cantadas y no solo recitadas.

La música tiene algo muy especial que nos ayuda a que la información se grabe en nuestro cerebro, muchas veces incluso más tiempo del que nos gustaría (como muchos jingles de anuncios de productos y marcas en la tele o el radio).

Como aprendices de idiomas, podemos beneficiarnos muchísimo de esto, pues de lo que se trata es de que el orden “oficial” de las frases se grabe en nuestra memoria de tal manera que, cuando necesitamos decir una oración que no estamos seguros cómo se dice, una canción memorizada en algún rinconcito de nuestra mente nos puede salvar en el momento exacto.

Además de que es muy agradable darse cuenta de cómo las canciones van formando parte de nosotros mismos, el hecho de repetir las palabras y escuchar repetidas veces las piezas va haciendo que veamos más significados que antes habían permanecido ocultos.

Me refiero, por ejemplo, a muchos tintes metafóricos que en ocasiones las (los) compositoras(es) le dan a sus letras, o cosas como juegos de palabras.

Claro que esto depende de qué tan artísticas(os)/poéticas(os) sean quienes escriben, pero cuando escuchamos canciones de manera “normal” no solemos revisar tantas veces el texto (a veces ni le ponemos atención) y es muy común que nos perdamos de todo ese mundo sorprendente que se busca transmitir con la composición de una melodía.

Lo anterior, además de resultar muy satisfactorio, nos permite tener cierta idea de la cultura de un país, pues un japonés, por ejemplo, no hace las mismas alegorías o símiles que una francesa, y es una buena ventana hacia la forma de ver el mundo de otras culturas.

Una vez que te aprendas la canción de memoria, será inevitable que la comiences a cantar.

f) Cantarla

Cantar la canción por sí sola, en la regadera o cuando nadie te escucha, es un gran ejercicio para tu aparato fonador (lengua, labios, cuerdas vocales, etc) sobre todo si te esmeras por sonar como la (el) cantante.

Cantar la canción mientras la escuchas muy atentamente es la manera más óptima de mejorar tu pronunciación y descubrir sonidos que no sabías que existían.

Cuando estaba aprendiendo francés me aprendí muchísimas canciones de Tryo (las que había en ese momento; gracias a todos los santos del cielo han seguido sacando más discos).

Y recuerdo que un buen día, mientras cantaba al unísono una de ellas, escuché algo raro con la “t”, como un ruidito extraño que generaba una discrepancia entre la forma en la que yo la pronunciaba y en la que sonaba.

Después de sentir que estaba descubriendo el hilo negro, y de escuchar con mucha atención esa canción y otras más, y unos podcasts que tenía a la mano, me di cuenta de que la “t” francesa, cuando es seguida por una “i”, no es como la española, sino que tiene una pequeña aspiración después, lo que la hace sonar como “tsi” (más o menos).

Whoa.

Y me han seguido pasando muchas cosas así, las cuales amo.

Al aprenderte las canciones de memoria tienes más probabilidades y disponibilidad para enfocarte en este tipo de cosas, por eso (también) es importante hacerlo.

Si no te gusta cantar, lo entiendo (yo canto súper feo). No se trata de un concurso de canto ni mucho menos, nadie tiene que escucharte, solamente es un ejercicio (fonético) para tu aparato fonador, como las pesas son un ejercicio para el resto de tus músculos.

En realidad, no importa qué tan afinada(o) estés, porque lo que importa son los sonidos de la lengua y, sobre todo, la práctica que eso te da al pronunciar y hablar. Te hace una perosna más espontánea en [idioma]. Entonces, vale la pena aguantar un poco la vergüenza y atreverse a hacer un poco el ridículo.

(Aunque si no te gusta, tienes todo el permiso del mundo de no hacerlo).

3) Otras cosas que debes saber sobre las canciones:

Esta lista (no exhaustiva) son un conjunto de ideas que he querido escribir desde el inicio de este blog y nunca había hecho. Espero que te guste.

a) Sobre los géneros

En general es una buena idea practicar con canciones que te gustan (y mucho) para que escucharlas no solo sea agradable sino que te salga natural.

Pero entre más rara sea una lengua, más difícil se vuelve esto, y hay que adecuarse a lo que haya.

Sin embargo, parte de hacer toda esta investigación sobre el mundo de la música en [idioma] es eso, salir de lo conocido, encontrar sonidos ajenos a lo que nos ponen en el radio en nuestro lugar de origen y descubrir qué ocurre dentro de nosotras(os) mismas(os) con esa novedad.

Por ejemplo, a mí me encanta la música de Bollywood, la disfruto mucho cuando la llego a escuchar, pero hay algo que hace que me resista a ponerla yo. Es decir, nunca llega un momento en que digo:

Bien, ahora es el momento de poner música de Bollywood.

No lo vuelvo una prioridad en mi vida.

Pero a ti te recomiendo no cerrarte a los diferentes géneros que te vayas encontrando. Por ejemplo, si no escuchas rap en español, ¿por qué no intentas hacerlo en francés?

Incluso si no termina gustándote (no todo es para todos), puede que te dé un montón de palabras extremadamente coloquiales que no habrías encontrado de otra forma.

Y también puede que sientas otro tipo de cosas nuevas:

b) Sobre las emociones

La música en general (tenga o no letra en cualquier lengua) es una forma de conectarnos de manera muy directa con nuestras emociones.

A veces nos impedimos sentir algo o admitir que lo sentimos, pero por naturaleza, la música puede despertar sentimientos dormidos en nosotros sin que pase por nuestro intelecto.

Por lo tanto, tiene la capacidad de cambiar nuestro ánimo (temporalmente).

Y como seguramente ya has notado, cuando nos sentimos de determinada manera, tendemos a buscar música que nos refleje esas emociones.

Si esto te sucede y de repente te pones triste por una canción que estás “sacando” o estudiando, te recomiendo que no intentes fingir que esa emoción no existe; solo reconócela, ubica en qué parte de tu cuerpo la estás sintiendo y decide si quieres seguir con esa actividad en el momento.

He aprendido en la vida que las emociones quieren ser sentidas, y que si las “reprimimos” y las ignoramos, se hacen más fuertes (lo que resistes persiste, como se dice en inglés).

Así, solo permítete sentir la emoción e intenta averiguar el mensaje que te quiere dar.

Si hay cierto nivel de determinada emoción ya en tu sistema, una canción puede despertar una reacción más fuerte en ti que en otra persona que tengas menos de esa emoción “atrapada” en su organismo.

Es decir, si una melodía te pone muy triste, más de lo que crees que “debería”, es porque está resonando con una tristeza que tú ya traes.

Por lo tanto, vale la pena aventurarse a sentirla para que logre procesarse.

De otra forma, al ser una emoción no procesada, va a encontrar otras maneras de expresarse y salir, así que yo diría que es mejor que una emoción “brinque” a la conciencia cuando estás escuchando música a que surja cuando estás teniendo una conversación complicada con un ser querido y arda Troya.

Todo esto te lo digo solo para que seas consciente, no hay nada de qué preocuparse. Seguramente te ha pasado varias veces esto y todo ha estado bien 🙂

c) Sobre las asociaciones

Parte de la relación tan cercana entre música y emociones ayuda a un fenómeno muy interesante: las canciones se suelen “cargar”.

Por ejemplo, cuando escucho las canciones de Incubus recuerdo automáticamente y sin quererlo mi época de la preparatoria (bachillerato), y todo lo bueno y díficil que me pasó entonces.

Esto tiene varias implicaciones:

La primera es que a veces me resisto a escuchar esas piezas, es decir, me las salto cuando salen en modo aleatorio en mi biblioteca musical.

(Lo anterior te puede ayudar a entender por qué te resistes, si es que lo haces, a estudiar un idioma con canciones).

La segunda implicación de que las canciones se carguen es que las canciones que escuches en este momento de tu vida, sobre todo si las repites mucho, van a recordarte siempre la “esencia” de este momento de tu vida.

La tercera es que puedes usar esto a tu favor y cargar canciones a propósito. Si un día estás muy enojada(o), por ejemplo, y te pones a escuchar una canción para estudiar, es muy probable que la siguiente vez que lo hagas te vuelvas a sentir enojada(o) sin razón aparente.

Así, puedes escuchar una canción que nunca has oído (de preferencia de un artista que no tienda a la depresión) en un momento en que estás muy feliz, para que escucharla después sea una especie de píldora mágica para subir tu ánimo cuando no tengas ganas de hacer algo.

O como mi amiga B, que siempre que escucha la canción Believe de Cher le dan ganas de lavar los trastes porque tiene una lista de reproducción específica para hacer este tipo de tareas y ya lo asocia automáticamente.

Conclusión

Muy pocas cosas son tan buena herramienta para aprender un idioma como las canciones (de hecho yo diría que nada es mejor).

Si estás aprendiendo una lengua muy común, no te rindas hasta encontrar música que te haga estúpidamente feliz cuando la escuchas. Si tu idioma no es tan común, haz lo posible por buscar la mayor cantidad de canciones que puedas (siempre hay forma).

Pon mucha atención mientras escuchas las palabras de la música y apréndetela de memoria, para cantarla al unísono o solo para disfrutarla.

Recuerda que la clave es la repetición y estate atenta(o) a las emociones que te genera lo que escuchas.

Y eso es todo lo que quería que supieras sobre las canciones.

Sin embargo, no es todo lo que hay que saber, por lo que si sientes que me faltó algo que a ti te suele funcionar para adquirir una lengua con música, escríbelo en los comentarios.

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Cómo mejorar tu pronunciación y dejar de sonar como hispanohablante

En este artículo hablo sobre todo del inglés, pero también aplica para otras lenguas que se escriben diferente a como realmente suenan, o sea, lenguas no fonéticas.

Lo primero que hay que hacer para pronunciar mejor el inglés es: desconfiar de la grafía (grafía = “modo de escribir o representar los sonidos”).

Es conveniente asumir que lo que estás leyendo en inglés no suena para nada como está escrito.

Curiosamente, los hispanohablantes solemos ir por la vida pensando que cada palabra que suena muy distinto a como “debería” sonar por la manera en la que está escrita es la excepción a la regla, y seguimos manteniéndonos firmes a nuestra hipótesis (inconsciente) de que el inglés suena como está escrito.

Sin embargo, si pensamos que la excepción es lo contrario, es decir, que prácticamente ninguna palabra suena como está escrita, tendremos más oportunidades de mejorar nuestra pronunciación.

Lo que más importa es desconfiar, es pensar:

Ok, veo una palabra escrita así, y probablemente no se pronuncia así.

Voy a investigar cómo se pronuncia, y si no quiero o puedo hacerlo ahora, no me casaré con la idea que tengo de su pronunciación.

Lo dejaré pendiente como “palabra que no estoy segura(o) de cómo se pronuncia”.

Porque lo que solemos hacer es que nos encontramos una palabra nueva, nos imaginamos cómo suena—confiamos en la grafía—y luego, cuando vemos que no sonaba así, lo corregimos y tenemos que desaprender nuestra hipótesis, lo cual quita tiempo y genera frustraciones.

Ahora bien, es imposible erradicar del todo esta situación, siempre va a pasar en mayor o menor medida porque la influencia de la lengua materna en las lenguas que aprendemos es y siempre será enorme. Incluso en niveles altos de adquisición.

Pero es un gran avance comenzar a desconfiar más, pues se nos abre todo un universo de sonidos que no se tienen que adecuar a los del español.

A mí, por ejemplo, me acaba de pasar.

En una conversación con una estadounidense, dije la palabra “mud” (lodo) en un momento en el que carecía de contexto que le ayudara a ella a entender qué palabra era (no me preguntes cómo puede pasar eso, solo créeme).

Ella no entendió qué palabra era, me preguntó What? y le volví a repetir lo mismo y me dijo “mock”? y yo así de Noo, hasta que por fin le describí qué era lo que quería decir y me entendió y me dijo Ahhhmud” pero lo pronunció de manera muy distinta, la vocal se parecía más a una “a” que a una “o”, (que era como yo lo estaba diciendo).

(En realidad, esa vocal es una ʌ, una especie de “mezcla” entre la “a” y la “o” hispanas).

Y ya aprendí.

Otra cosa que puedes hacer para no dejarte llevar por la grafía es escuchar miles y miles de canciones.

Si no estás aprendiendo una lengua con música, te sugiero que lo empieces a hacer ya.

Si te das a la tarea de escuchar al menos una canción al día mientras ves la letra, tu pronunciación mejorará exponencialmente cada día que pase.

Lo “más mejor” es aprenderte las canciones de memoria y cantarlas al unísono.

Lo segundo mejor es solo aprenderlas o solo cantarlas.

Lo tercero mejor es leer la letra mientras la escuchas.

Lo cuarto mejor es solo escucharla con mucha atención, con la intención de adquirir la lengua.

Lo quinto mejor es solo leer la letra.

Y así.

Nada supera memorizar canciones, aunque tu pronunciación también puede mejorar con videos tipo TED Talks con subtítulos en inglés y escuchar al mismo tiempo que los lees.

Pare de sufrir

Poco a poco, tu cerebro irá reconociendo los patrones y aprenderás a pronunciar las palabras bien a la primera, pero no te agobies si te vuelve a pasar que no lo logras: el inglés es profundamente ilógico en sus grafías, y lo peor que puedes hacer es tomártelo personal y/o hacer que signifique algo negativo sobre ti.

(Por ejemplo: “Si pronuncio mal y no me entendieron, significa que nunca voy a aprender / que soy una fracasada(o) / que no nací para los idiomas”).

No serías la primera(o) ni la única(o) que se frustra con la grafía del inglés. Si no me crees, lee sobre la divertida historia del Alfabeto Shaviano.

Y piensa que, aun si todo falla, a veces entre hispanohablantes no nos entendemos por la manera en la que pronunciamos nuestros dialectos (el ceceo, las “s” aspiradas, las vocales perdidas, las consonantes ignoradas…).

A cualquiera le puede pasar.

Quizá tu pronunciación nunca sea idéntica a la de un gringo o un inglés (a menos que tomes clases de fonética o que te ayude un accent / dialect coach como los de Hollywood) pero te prometo que tendrás una pronunciación lo suficientemente  buena como para darte a comprender de manera satisfactoria.

Y si todavía sientes que no es suficiente solo darte a comprender y quieres tener la mejor pronunciación del mundo, considera que tal vez haya un poco de perfeccionismo asomando la cabeza, lo cual no tiene nada de malo.

Es loable buscar la excelencia, siempre y cuando sepas que lo imperfecto suele ser suficiente en la mayoría de los casos.

En resumen,

desconfía de la grafía, escucha y apréndete todas las canciones que puedas, cántalas mientras las escuchas y las lees y tómalo con calma.

Tu pronunciación puede mejorar y lo hará.  🙂

Cómo evitar que te distraigan cuando estás estudiando

Durante varias semanas (¿o fueron meses?) me di de topes contra una pared invisible.

Llegaba a mi casa a las 7:00 pm, me sentaba a escribir o a leer o a hacer cualquier cosa para la que necesitara concentración, y cuando menos me daba cuenta, eran las 10 de la noche, tenía hambre y sueño y no había hecho lo que me había propuesto.

Lo peor era que no entendía qué rayos había pasado, simplemente me frustraba, me prometía que al día siguiente sería diferente y la historia se repetía.

¿Por qué no estaba logrando hacer lo que quería?

Un buen día, no recuerdo muy bien cómo fue, pero me di cuenta de algo que parece totalmente obvio pero que—lo juro—no había notado: no me distraía, me distraían.

No me había dado cuenta de que las personas con las que vivo llegaban a las 8:00 pm, la hora en la que yo había por fin logrado concentrarme, y aunque no me hablaran directamente, hacían un montón de ruido y se comunicaban en voz alta de cuarto a cuarto, platicando de cosas que ni me interesaban ni me eran totalmente indiferentes pero que lograban que rompiera mi tan preciada concentración.

A veces sí me hablaban directamente y me pedían favores, o ayuda, o pasaban a saludarme o a contarme su día, frente a lo cual yo no reaccionaba con mi atención plena, sino—lo confieso—esperando a que se fueran. (No porque los odie sino porque ya estaba en “modo de concentración”).

Bien dicen que si no puedes contra el enemigo, te le unas, pero el primer paso, creo yo, es identificar y observar a este “enemigo” (que en realidad solo es una situación, neutral en sí misma).

En mi caso, puse muchísima atención, cuaderno en mano, en varias cosas:

  • A qué hora llegaba yo y cuánto tiempo tardaba en preparar todo para sentarme a concentrarme
  • Cuánto tiempo tardaba en lograr concentrarme y entrar en estado de flow (o lo más cercano a eso; no siempre lo logro)
  • A qué hora llegaban Las Personas
  • Cuánto tiempo duraban las conversaciones de cuarto a cuarto / los saludos / las “interrupciones” / el ruido en general (he notado que cuando la gente llega a su casa hace mucho ruido pero poco a poco, conforme se va enfocando en alguna actividad, el ruido disminuye).
  • A qué hora me daba hambre (yo con hambre ya no puedo concentrarme ni ser feliz)
  • A qué hora me daba sueño

Y así, con esta información y otras observaciones antropológicas tanto de mí como de las circunstancias, pude elegir más conscientemente qué hacer en ese momento, de 7 a 10pm.

Tenía varias opciones:

  1. Pedirle a Las Personas que cuando llegaran no hicieran ruido y/o encerrarme en mi cuarto y poner un letrero de no molestar (esto podría funcionar, pero entre más personas son, más difícil es modificar su comportamiento). (Además, la manera más fácil de mejorar una situación ajena a nosotros es cambiar cómo nos sentimos al respecto).
  2. Salir durante esas horas y llegar cuando estuvieran dormidos (este… no).
  3. Llevar a cabo una actividad que de cualquier forma tuviera que hacer pero que a) no importara si me interrumpían y b) no necesitara de un periodo largo de concentración mental.
  4. Resignarme y ver mi feed de Instagram hasta el día siguiente.

Al final me decidí por dejar de nadar contra corriente e hice una lista de cosas que cumplieran los requisitos que puse en 3., es decir, algo que de cualquier forma necesitara hacer y que no requiriera del silencio por un tiempo prolongado.

Ahora, cuando llego a mi casa a las 7:00 pm y noto el silencio de ser la primera en llegar, soy más consciente de que no durará mucho y me apuro a aprovecharlo, sabiendo que en cuando la primera Persona entre por la puerta el ambiente cambiará.

Además, busqué concienzudamente un nuevo momento para La Actividad Enfocada que quería llevar a cabo, con la finalidad de que no se quedara sin hacer. (Casi siempre es leer o escribir, soy súper predecible, ya lo sé).

Este simple (jaja, simple) cambio ha hecho que dejen de incomodarme las “interrupciones” de las otras personas (que de cualquier forma solo son intentos por satisfacer la muy humana necesidad de comunicarse y conectar), y me ha hecho sentir que tengo más poder sobre mi vida y mi tiempo, que puedo tomar decisiones de manera deliberada y que me puedo adaptar a mis circunstancias.

Yeah, baby.

Claro que no siempre funciona así y muchas veces se me olvida, o a veces yo misma llego haciéndole ruido a las Personas; a veces necesito usar ese tiempo y les pido por favor que no hagan ruido (y a veces me hacen caso y otras no).

Pero la idea ahí está, y los recuerdos de los momentos en que “el plan ideal” ha funcionado y salido bien me ayudan a seguir buscando la satisfacción que he llegado a sentir al final del día, esa sensación de:

Wow, hoy hice un montón de cosas que quería hacer y hasta lo disfruté; me siento orgullosa de mí misma.

Tu turno:

¿Cómo influyen las personas que te rodean en tus niveles de concentración?

¿Estás intentando concentrarte para aprender [idioma] o hacer lo que sea mientras hay una situación que no lo favorece?

¿Qué circunstancia o momento de tus días podrías observar para obtener más información y tomar decisiones más conscientes?

Me encantaría saber qué opinas sobre esto. 🙂

Dos mil dieciséis en retrospectiva 2/3

El mes de agosto terminó, lo que significa que es hora de hacer el segundo recuento del año. La primera parte fue publicada en abril y la tercera lo será a finales de año, en diciembre.

El objetivo de estos recuentos es 1) hacer un esfuerzo por plasmar mi vida, lo cual me permite ver qué va bien y qué puede mejorar, así como recordar lo que he hecho y me ha pasado; 2) que me conozcas más, 3) contagiarte las ganas de escribir algo similar.

En cuanto a estos cuatro meses del 2016, ya sé que es el cliché más común del mundo, pero se me pasaron súper rápido.

Mayo

En mayo me dediqué a desarrollar un programa para ayudarte directamente (es decir, no a través de un libro o curso) a encontrar una manera de aprender idiomas que funcione para ti.

Por una parte fue muy emocionante y por otra fue aterrador (como cada vez que lanzo algo nuevo que yo creé y que nadie me dijo que creara).

Y aunque me veo obligada a lidiar con mucha incertidumbre, al final vale la pena porque es lo que me gusta hacer, poner mis conocimientos y mi(s) experiencia(s) al servicio de la gente que lo necesita, y porque aprendo muchísimo sobre… todo.

Junio

Necesitas otra lengua cumplió 6 años. Seis. Años. What. The. F***.

Entre otras cosas, tomé por azares del destino un taller de musicoterapia humanista y aunque fue un poco incómodo, me ayudó a entender por fin algo feo que me pasó hace varios años y que, a pesar de que había hecho un montón de cosas para sanarlo / comprenderlo / tratarlo / trabajarlo / etc., no había avanzado tanto como lo hice en las 12 horas del taller.

Quizá suene exagerado, pero en muchos sentidos hubo un antes y un después de ese taller, y siento un gran alivio cuando pienso en todo aquello a lo que le dije que sí para haber estado ahí, aun cuando pudo haber sido más fácil decirme a mí misma que no.

En junio también descubrí la manera más fácil de hacer hand lettering, algo que siempre había querido hacer pero que creía que era súper complicado, y me puse a practicar y practicar de manera semi obsesiva (como buena Scanner que soy) lo cual me generó mucha satisfacción y alegría.

Julio

Este mes, por fin, después de mucho tiempo de no lograrlo, tomé valor y decidí revisar muchos recovecos de mi cuarto / habitación y me deshice de lo que no me hacía feliz conservar.

Lo sorprendente fue que al final, cuando mi escritorio quedó limpio, me sentí muy ligera y muy feliz pero a otro nivel, no solo en cuanto a “mi escritorio está hermoso” sino como si hubiera hecho una depuración profunda de mis emociones, o algo parecido.

En este mes también empecé a leer e investigar sobre un tema apasionante, extraño y súper útil relacionado con las emociones del que tal vez hable en siguientes entradas (todavía no sé cómo porque no entra en el paradigma actual de… casi nada).

Y en este mes también tuve la maravillosa oportunidad de [trabajar] con un grupo de niñas durante tres semanas en las que no solo le perdí el miedo a los niños en general, sino que me di cuenta de que tienen mucho más que enseñarme a mí de lo que yo podría enseñarle a ellos y ellas.

Agosto

Ni siquiera me di cuenta de cómo fue, pero de repente ya era 20 de agosto, con su respectivo “ya se acabó el año”.

Este mes decidí poner manos a la obra en un proyecto más (sí, amo los proyectos, no puedo evitarlo) y creé un par de sistemas que me han hecho, hasta ahora, todo mucho más fácil.

Me siento centrada, comprometida y concentrada en el mejor de los sentidos, y no, como en otras ocasiones, rebelde (hacia mí misma) por estar forzada (por mí misma) a llevar a cabo determinadas actividades en X momento.

Sobra decir que esto ha sido un gran avance y que estoy muy orgullosa de mí misma pues, entre otras cosas, ahora publico todos los días en la página de Facebook del blog (sí le diste “Me gusta”, ¿verdad?) y me siento mucho más “productiva” y creativa que antes.

En conclusión, estos meses han sido de experiencias tremendamente enriquecedoras y muy profundas, de cosas que me han hecho sentirme intensamente agradecida de haberme arriesgado a hacerlas, y que me han dejado experiencias que se van a quedar conmigo por el resto de mi vida.

Cosas maravillosas de estos cuatro meses:

  • Tener tiempo para leer muchos libros a la velocidad a la que me interesa leerlos (mi definición parcial de “felicidad”).
  • Haber tenido una conversación “normal” (o sea, no para practicar) con una estadunidense y haberme dado cuenta de que no tuve el menor asomo de nervios o miedo lingüístico antes, durante o después. Confianza total en mi inglés, aun cuando sé que no es 100% perfecto (ni siquiera mi español es 100% perfecto; nada lo es).
  • Ser valiente e ir al doctor por un problema que yo creía que era complicadísimo y que tuvo la resolución más amable del mundo.
  • Ver con una claridad absoluta cómo las cosas que sí eran para mí fluían y salían bien y las que no, simplemente no.
  • Tener una copia de este libro firmada y entregada en mis manos por el autor mismo :))
  • Tomar “té” de jengibre, ajo y canela con miel y limón y ver cómo se me quitaba, en 7 días exactos y como por arte de magia, una tos incomodísima que me había durado varias semanas y que los medicamentos no arreglaban.
  • ¡Ir al teatro! ¿Ya dije que me gusta mucho el teatro? Pues eso, me encanta.
  • Seguir escribiendo aquí después de tanto tiempo, y sobre todo, atreverme por fin a que Necesitas otra lengua evolucione.
  • Darme cuenta de toda la gente maravillosa que este blog me ha permitido conocer, y de todas las formas en las que, a través de él puedo “actualizar”—como se dice en inglés—mucho de aquello por lo que siento que vine al mundo.

Gracias por estar aquí, y ___________ [inserte cursilerías mil]

Y tú, ¿qué has hecho en este segundo tercio del año? ¿Alguna cosa maravillosa que te gustaría compartir?

Los objetos que te rodean pueden entorpecer tu aprendizaje

Cuando le pregunto a la gente sobre los obstáculos que la detienen a sentarse a estudiar un idioma, normalmente viene a su mente que no tienen tiempo.

Pero hasta ahora nadie me ha dicho algo igual de importante pero mucho más invisible: lo que contiene el lugar donde se pretende estudiar.

Y vaya que es importante…

Todo lo que nos rodea nos hace sentir algo

Y lo que normalmente pasa es que, como no ponemos atención en esto, todo aquello que sentimos se vuelve en nuestra contra.

Sin embargo, hay por lo menos dos beneficios que podemos obtener si nos volvemos conscientes de que nuestro entorno modifica nuestro ánimo (y nuestra motivación) y hacemos algo al respecto:

  1. Recordar durante el día nuestra intención de exponernos al idioma
  2. Evitar distracciones y reducir la procrastinación

La idea detrás de esto consiste en vincular una pista visual con una actividad que deseas hacer, para añadir una acción.

O, si lo que quieres es romper un hábito o evitar distracciones, se trata de romper una asociación o evitar una pista que te lleve a hacer una actividad.

Suena muy complicado pero en realidad es sencillísimo, como verás.

Para recordar que es momento de repasar nuestras lecciones, algo que funciona es poner un libro o un texto a la vista por donde pases seguido.

O, puede ser algo que no esté escrito en tu lengua meta, (o que ni siquiera tenga nada escrito) pero que te recuerde tu interés o motivación profunda por aprender el idioma.

Puede ser en tu mesita de noche, o en un estante o mueble que veas seguido.

El secreto para hacer esto es que el objeto que pongas como recordatorio de estudiar no te genere una sensación negativa.

Si pones atención, te darás cuenta de que los objetos que vemos de manera cotidiana influyen en tu ánimo para bien o para mal.

El simple hecho de tener un escritorio con muchas cosas desordenadas encima hace que no nos den ganas de sentarnos a hacer nada, mucho menos de estudiar un idioma.

Y más que invitarte a que limpies tu escritorio (me consta de primera mano lo difícil que puede llegar a ser mantenerlo ordenado por más de una semana seguida), a lo que te quiero exhortar es a ir poniendo atención, en las habitaciones donde pasas más tiempo, en qué sensación te genera cada objeto presente ahí.

Lo más fácil suele ser identificar qué objetos te hacen sentir no-bien.

Muchas veces pasa que, sin que nos demos cuenta, las cosas que nos rodean nos traen malos recuerdos, nos generan arrepentimientos, nos hacen sentir culpables, incluso.

Ya sea porque fueron regalos de personas non-gratas, o porque fueron compras impulsivas, o porque simplemente los relacionamos con una versión de nosotros mismos que ya no somos.

Y cada vez que pasamos frente esos objetos, aun si no estamos poniendo atención, algo desagradable se activa en nuestro interior y nos impide acceder a la claridad mental que nos permite hacer cosas nuevas o avanzar en nuestros proyectos.

A mí eso me pasaba, de entre todas las cosas que tengo, con mis libros. Muchos de ellos están en unas repisas dentro de mi clóset / armario, pero tengo unos cuantos a la vista, en el librero de mi cuarto.

Un buen día decidí depurar esos libros y no solo quitar aquellos que relacionaba con cosas desagradables, sino todos los que no me encantaban.

Solo dejé aquellos que me hacían realmente feliz y que estaban actualizados con lo que realmente soy hoy en día.

Parece mentira que algo tan relativamente pequeño pudiera tener un cambio tan grande, pero en cuanto terminé de acomodar los libros que me daba felicidad ver, sentí como si un gran peso se me hubiera quitado de encima y empecé a sentirme bien cada que mis ojos pasaban por encima de ellos.

Te invito a hacer la prueba y observar lo que te hace sentir cada objeto que tienes. Obviamente, lo que se siente no es una pasión desbordante ni un odio infinito, sino una pequeña sensación de “Ash”, o de “¡me encanta eso!”. Pero cuando esas pequeñas sensaciones se van juntando, generan actitudes importantes.

Yo me resistía a hacer eso (y me resisto a hacerlo con otros objetos) porque en general me resulta muy pesado hacer limpieza profunda por todo el polvo que sale—y porque se hace un desastre aun más grande por varios días antes de que se vea el cambio—pero lo que más me hace resistirme es el miedo al vacío.

La sensación de: “¿qué va a pasar si termino tirándolo todo y me quedo con nada?”

Es como si prefiriera tener un montón de cosas obsoletas y anticuadas a tener un vacío actualizado.

Sé que es absurdo porque ese vacío no es un vacío, sino espacio para crear, para poner lo que sí quiero de mi vida. No se puede construir un edificio encima del otro, hay que tirar el anterior.

Pero igual da miedo la nada.

En fin.

Una vez dicho lo anterior, podemos pasar al inciso b), usar los objetos que nos rodean para evitar que el tiempo se nos vaya en algo que no nos beneficia.

Por ejemplo, si te das cuenta de que pasas mucho tiempo en Facebook, más incluso del que te gustaría, podrías poner tu teléfono celular en otra habitación de tu casa.

Esto te ayudará a romper la inercia que hace a este hábito difícil de abandonar.

Muchas veces, cuando el hábito es muy fuerte (como con casi todo lo que tenga que ver con los teléfonos móviles), puede ser que esto no sea suficiente, o que funcione durante un tiempo pero después deje de hacerlo.

Esto no quiere decir que el sistema haya estado mal diseñado, sino que es necesario añadirle otro elemento, como un recordatorio, por ejemplo.

Algo sencillo, como un post-it o una nota programada en el calendario de Google: “¿Todavía sigues dejando el celular en la cocina? ¿Recuerdas que era importante para ti? [carita feliz]”

En resumen,

Los lugares y objetos que nos rodean ejercen una influencia mucho mayor de lo que creemos, para bien o para mal, en nuestro estado de ánimo y nuestras ganas de llevar a cabo nuestros proyectos.

La buena noticia es que podemos deshacernos de (o simplemente esconder de la vista) todo aquello que no nos genera emociones positivas cuando lo vemos y, por lo tanto, aumentar nuestras probabilidades de seguir adelante con nuestros propósitos.

Si te decides a hacer la prueba y editar tu espacio para rodearte únicamente de objetos que armonicen con tu forma de ser y de pensar actual, no olvides contarme en los comentarios cómo te ayudó en tu aprendizaje del idioma que estás aprendiendo.

Estoy segura de que te sorprenderá la diferencia 🙂