Dos mil quince en retrospectiva 3/3

Dividí el recuento del 2015 en tres partes: 1-enero a abril, 2-mayo a agosto y 3-septiembre a diciembre.

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Septiembre

Lo único que recuerdo (y tengo registrado) sobre septiembre es que fui con muchos doctores y me hice varios estudios. Si esto te parece algo neutral o agradable, mis respetos.

Pero si eres como yo y la simple idea de sacar una cita con un doctor te causa malestar, sabes que hacerlo es todo una odisea. Sobre todo si creías que en una cita se iba a resolver tu asunto y en realidad es la primera de varias.

Todo se resume en: días y días de incomodidad, miedo y estrés.

(No tengo nada, solo estoy asegurándome de que mis genes estén bajo control y ese tipo de cosas).

Este mes, asimismo, decidí comprar el dominio del blog (¡por fin!), un paso que no entiendo muy bien por qué no me había atrevido a dar. Yes.

Octubre

En este mes decidí escuchar a mi Yo interior, que es más sabia de lo que yo creo que soy. Algunas personas la llaman “intuición”.

Yo todavía no estoy muy segura de su nombre “oficial”, pero es como una brújula que te llama hacia algo bueno para ti y que intenta alejarte de aquello que no resultará benéfico.

¿Sabes de qué hablo? ¿Sueles ponerle atención a lo que te dice?

Quien sabe de esto dice que si logramos seguir a nuestra voz interior con todo lo que nos dice, iremos por un camino adecuado para nosotros, mientras que si nos empeñamos en ignorarla (o no podemos escucharla), nunca nos sentiremos satisfechos a un nivel profundo.

Lo curioso es que como (en general) estamos desconectados de esa “sabiduría organísmica (en palabras de Carl Rogers), cuando logramos contactarla y—ahora sí—actuar con base en lo que nos dice, necesitamos romper con lo que ya estaba construido antes.

Y esto duele, porque implica sacrificar aquello a lo que estábamos acostumbrados y darle la bienvenida a algo nuevo que quizá ni siquiera estaba en nuestros planes.

Esto me sucedió en octubre. Decidí, con mucho miedo y bastante pesar, renunciar a algo que me daba muchas alegrías para abrirle paso a una versión más auténtica y verdadera de mí misma.

No fue que lo planeara minuciosamente, más bien comencé a sentir un mandato interno de que era lo que tenía que hacer, y llegó un momento en el que se sentía demasiado mal ignorarlo o intentar justificarlo intelectualmente.

¿Alguna vez te ha pasado eso? Siento que no lo expliqué bien porque no es algo de lo que se suela hablar… 

Como sea, eso fue lo que me pasó y me dolió, pero ahora ha estado bien.

Noviembre

En este mes estuve intentando acostumbrarme a los cambios que se dieron en mi vida durante todo el año.

Fue también en este mes que comencé a darme cuenta de que me aceptaba a mí misma más de lo que nunca lo había hecho.

No recuerdo cuándo fue exactamente, pero en algún momento del año por fin entendí lo que “aceptar” significa.

Mucha gente piensa que consiste en conformarse (como que si aceptas algo que no te gusta es porque ya te rendiste y no lo vas a cambiar) o que aceptarse a sí mismo implica un “dejarse ir” a la perdición (como si no fuéramos dignos de confianza y tuvieran que vigilarnos y presionarnos todo el tiempo).

En realidad, aceptar algo es el primer paso para cambiarlo porque significa verlo tal y como es.

No aceptar algo implica compararlo con un ideal (que puede o no existir en el mundo real), negarse a asumirlo y fingir que no existe. Evidentemente, es muy cansado hacer todos esos malabares mentales.

Pero entiendo por qué lo hacemos. Si no estamos aceptando algo es porque podría no gustarnos, o porque en el momento en el que enfrentamos una realidad nos toca asumir la responsabilidad frente a ella.

Sin embargo, aceptar (lo que sea) es mucho más liberador que evadir (lo que sea) .

Algo que me sirvió mucho para ser más aceptante de prácticamente todo, fue repetirme a mí misma: “Esto es lo que es, y no me tiene que gustar”.

También, poner atención en la frustración que sentía cuando decía: “¡AGH, es que X no debería ser así!”

No, no debería ser así, pero así es. Y no te tiene que gustar. 

Aceptar es lo más liberador que he experimentado. Y aceptarme a mí misma, aunque es un proceso que lleva toda la vida, es lo más agradable que he hecho por mí.

Ahora puedo decir cosas como:

Sí, soy perfeccionista / obsesiva / impaciente / exigente y está bien, así soy.

Sí, mi cuerpo no se ve como el de la portada de una revista y está bien, así soy.

Sí, a veces le tengo demasiado miedo a cosas totalmente cotidianas para otras personas y está bien, así soy.

Si esto te parece totalmente escandaloso, no te culpo. Nadie nos enseña a aceptarnos a nosotros mismos.

De hecho, hay personas que literalmente ganan dinero con el hecho de que la gente se la pase comparándose con un ideal casi siempre inalcanzable (diet industry, I’m looking at you).

Es un acto revolucionario poder decir “soy como soy y no está mal porque así soy”.

Entiendo muy bien si todo esto te incomoda o si el desacuerdo comienza a surgir en ti. 

Es imposible aceptarlo todo el 100% del tiempo, pero entre más nos acerquemos a ver la vida como es, a conocer a las personas como son, a darnos cuenta de qué es lo que nosotros mismos somos, más apacibles serán nuestros días.

O al menos eso fue lo que aprendí yo.

Diciembre

Diciembre todavía no acaba mientras escribo estas palabras, pero hasta ahora, ha sido un mes de encontrarle un tiempo y un espacio a hacer cosas que me gustan y que me hacen sentir conectada a lo que realmente soy, a mi esencia.

En el ajetreo de mi vida cotidiana encuentro muy complicado hacer cosas que podrían parecer improductivas (como leer una novela, tocar música o ver los adictivos videos de TSoL) pero que en realidad hacen que mi cerebro y mi ser entero sea feliz.

El 2015 se puede resumir, para mí, en un año en el que hice decenas de cosas que jamás pensé que podría hacer y en el que pude verme a mí misma con una claridad tan grande que resultó liberadora.

También fue un año en el que más de una vez sentí que me iba a romper. Y no, aquí sigo.

Aguanto mucho más de lo que pensaba.

___

Espero que estas tres largas entradas te hayan dado alguna pista sobre algún aspecto de tu vida. Si fue así, no dudes en hacérmelo saber, ya sea en los comentarios o a través de la página de contacto.

Gracias por leerme, ya sea que lo hagas desde el 2010 o desde la semana pasada. Aprecio mucho que estés ahí, de ese lado de la pantalla🙂

¡Hasta el año que entra!

Comentarios considerados y sin consejos, bienvenidos abajo.

5 comentarios en “Dos mil quince en retrospectiva 3/3

  1. Laura

    Gracias por tus reflexiones de fin de año.

    Con algunas de ellas como la felicidad por las cosas improductivas o varios de tus intereses, me siento muy identificada. También creo que tenemos algunas comedura de tarro en común. Yo también soy hipersensible, con lo bueno y malo que eso conyeva.

    Te deseo lo mejor para el año 2015. Feliz fin de año.

  2. Esteban

    Hola, Georgina, estoy pasando por el mismo proceso que tu, cuando pasa todo el proceso quedamos igual aquí junto a nuestros seres queridos y en la Tierra?

Vamos, di algo...

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