Dos mil once: recuento de los daños. Not.

Creo que es inevitable ponerse algo cursi a estas alturas del año. Esta vez es mi turno. Te voy a contar un muy breve resumen de qué hice durante el año. Muchas cosas las pudiste leer si seguiste mi blog, pero otras no las escribía.

Fue un año lleno de cambios y muchas emociones que no sabía que podía sentir. Fue un buen año. Si recuerdas, hace unos meses escribí una Guía para las pruebas de 30 días, y hace casi un año, en enero, publiqué también una serie de propósitos acerca de lo que sería el 2011 para mí. Fue algo muy extraño, porque no contaba con muchas cosas, pero al final logré hacer lo que me propuse.

En enero decidí que aprendería a cocinar costara lo que costase. En esta entrada resumo lo que resultó. Me tardé no un mes, sino como 6 o 7. Y de hecho, a veces lo sigo quemando o dejando cruda la comida, pero fue un gran logro. Me felicito por ello.

En febrero me propuse ser lo que en inglés se conoce como early riser, es decir, levantarme temprano. Lee aquí lo que ocurrió. Este hábito no tuvo suficiente fama en mi vida y murió por la patria. Pero fue un buen experimento y si en algún momento se me ocurre volverlo a hacer, queda como prueba de que soy capaz de hacerlo.

En este mismo mes conocí a mi novio, del que ya he hablado en otras entradas. Es, fue y será mágico. Gracias a él logré muchas de las cosas que hicieron que este año significara mucho para mí.

Para marzo decidí hacer algo más sencillo. Me puse a hacer smoothies hasta dominarlos y que supieran bien. Al principio sólo los hacía con fruta y agua, después con jugos, después con yogurt. La condición es que todo sea natural y sin azúcar refinada.

Lo que aprendí al hacerlos no fue solamente una habilidad que hace feliz a la gente (v. infra), sino a persistir. Uno tiene que vencer muchas dificultades para que algo le salga bien. Es fácil olvidarlo, pero siempre vale la pena seguir intentando hasta que funcione. También fue útil porque le tenía miedo a la leche dado que en algún momento de mi vida me hizo daño y con esto me hice fan del yogurt. Si nunca sabes qué desayunar, te los recomiendo mucho.

Blueberry doughboy Smoothie

Abril fue un mes en el que me enfoqué en mis amistades. Hice una reunión de smoothies con mis amigas (que, por cierto, fue todo un éxito) y volví a ver a algunas de mis amigas de la preparatoria. Es bueno ver a tus amigos, son [palabra cursi] y [frase cursi]. En serio: ¿qué seria de uno sin amigos?

Por su parte, mayo fue un mes un poco fracasado. Cerca del 30 de abril dije: “No me importa, voy a hacer ejercicio. Ya me harté de no hacer nada más que caminar de mi facultad al metro y de regreso. Me tengo que mover”. Me vi influenciada por este gran blog. Después, pasó algo así:

  • Encontrar una rutina de ejercicios de fortalecimiento  √
  • Empezar en mayo  √
  • Encontrar un pretexto perfecto para no seguir haciendo ejercicio √

El día 3 de mayo me caí de la bicicleta y me lastimé las rodillas. ¿Así o más absurdo? Ni modo… A esperar.

Para junio dejé de lado mis temores absurdos con relación a la comida (mis ideas contra el pollo, la leche, los hongos, el azúcar, etc.) y empecé a comer mucho más variadamente. Me sentí feliz de ser omnívora (siempre con algunos días sin carne). Léase Michael Pollan. (Sí, el mismo que mencioné en la entrada de la comida). Quitarse el estrés de la alimentación es maravilloso. Consejo del día: si tu forma de comer te causa más estrés que placer y no te gusta, escríbeme, creo que te puedo ayudar. 

En julio fui a Canadá. Aprendí que soy más capaz de lo que pensaba de moverme en lugares donde no se habla español. Se siente bien poder comunicarte con quien sea (yo hablo inglés y francés, las lenguas oficiales del país: me sentí superpoderosa) y esforzarte por darte a entender y lograrlo. Fue una buena experiencia, pero me arrepiento de no haber hablado con más gente. Lo que más me gustó fue que, cuando regresé, tenía muchas ganas de hacer muchas cosas, venía muy motivada a aplicar las cosas que vi que funcionaban allá y traerlas–adaptándolas–a mi país. O al menos a mi casa. Viajar sirve.

En ese país me compre un lector de libros electrónico. ¿Sería exagerado decir que cambió mi forma de leer? No importa: cambió mi forma de leer. Si tienes la oportunidad, no lo dudes, cómprate uno. Gracias a él pude leer un montón de PDFs que había bajado “para después” de los blogs que solía leer. Ahí encontré El arte de ser minimalista, lo que me llevó a…

Agosto, mes en el que decidí que no compraría nada. Me deshice de mi hábito absurdo del consumismo que no decidí tener. Me había sido impuesto por la sociedad en la que vivo y ni siquiera me había dado cuenta. Durante los 30 días de agosto me esmeré en no caer en tentaciones–que más bien eran costumbres–de comprar cosas que no usaría. No compré más que dos cosas: una lamparita de halógeno que de verdad creí que necesitaba y una revista de la Academia Mexicana de las Ciencias sobre la conciencia. Nada más.

conciencia

Este mes fue fuerte para mí porque empezó el último año de mi carrera universitaria. Mi horario era asesino, pero sobreviví. (Note to self: Tener clases de 11am a 9pm un día no está bien.) Conocí a maestros maravillosos. Sobre todo, a dos mujeres que se convirtieron en mi inspiración y mi ejemplo de que se puede ser increíble como maestro, investigador, persona, etc.

Me estoy cansando de escribir esta entrada, lo que tal vez significa que también ya te cansaste de leer. Descansemos.

Ya.

Mi interés por erradicarme el consumismo me hizo preocuparme por mis gastos. ¿Cuánto cuesto? ¿Cuánto gasto en un mes? Para septiembre tomé una libreta y escribí absolutamente todo el dinero que gastaba. La cifra fue sorprendente cuando, al final del mes, separé gastos para notar cuánto gastaba en transporte, comida, ocio, etc. y pude ver cuánta comida chatarra consumía. Es un buen ejercicio, te lo recomiendo.

Octubre, el mes de mi cumpleaños fue el mes del enfoque (focus). Me esforcé por concentrarme en lo que estaba haciendo en el momento, dejando de lado Facebook, Twitter, el blog, todo. Funcionó durante un momento porque pensar en mi cumpleaños me estresa sobremanera y, por darle atención a eso, no pude adquirir el hábito de concentrarme.

Lo que pude lograr fue satisfactorio. Llegué a hacer cosas extremas como desconectar el internet con tal de no distraerme. Es agradable tener disciplina a la hora de trabajar, se obtienen mejores resultados.

Noviembre fue mi mes favorito en cuanto a lo que logré. Hasta octubre, mi cuarto era un de-sas-tre. No tenía dónde sentarme a hacer mi tarea, me ponía de malas, me deseperaba, me costaba aún más trabajo levantar el desastre porque era infinito. Casi.

Decidí que el desorden externo me estaba afectando demasiado y puse manos a la obra. El 31 de octubre limpié todo y me establecí el firme propósito de que mi cuarto estuviera así durante 30 días. Aprendí cosas que se volvieron como lemas en mi cabeza: “El orden externo contribuye a la calma interna”. “La ropa sólo está limpia (se guarda) o sucia (se saca del cuarto)”. “Lavar los trastes justo después de usarlos es 10 veces más fácil”.

Justo como lo pensé, me sentía mil veces más tranquila y feliz de que mi cuarto me diera la bienvenida en vez de que me rechazara el desorden que contenía. Justo lo que necesitaba para un Fin de Semestre pesado.

Diciembre ha sido un mes de reflexión. De planes. De temores olvidados (otra vez). De ver qué va a pasar.

Ojalá haya sido un buen año para ti. Me gusta escribir lo que hice para darme cuenta de que sí he vivido. Hasta los momentos más felices se olvidan si no te esfuerzas por recordarlos.

Muchas gracias por compartir conmigo otro año. ¡Hasta pronto!

(Foto: miriamwilcox)

6 comentarios en “Dos mil once: recuento de los daños. Not.

  1. Mi año fue como una mala mezcla de bebidas. Al inicio todo bien, pero la cruda, inimaginable. Total, uno siempre aprende. Me gustó mucho tu entrada. Recibe un fuerte abrazo y mis mejores deseos para tí y tu chico🙂
    Hasta pronto😀

    1. Georgina

      Hola, Marco!

      Sí, volví a animarme y hace pocos meses recorrí 26 km en bici. Era una tándem y no llevaba yo todo el peso, pero nunca dejé de pedalear. Ya fue algo. Sin embargo, fue hasta hace como un mes que tomé una bicicleta y por fin me sentí ama y señora del manubrio. Por fin realmente lo disfruté y parecía una niña emocionada por haberme subido sin haberme caído. Yo solita, sin tener miedo, siendo feliz sobre ruedas.

  2. Ida

    Hola Georgina!

    Me gusta bastante esta idea de escribir lo que haces, creo
    que me convenciste y la voy a utilizar.

    Es sorprendente las cosas similares que tratamos o hicimos. Hice lo mismo con mi cuarto y también funciono, lo de los trastes lo hice un par de veces hehe en la noche me da una flojera increíble y no me gusta hacerlo, lo del presupuesto también lo hice y casi nunca salgo con dinero si se que voy a dejarme llevar por lo que veo, y comprar solo cuando se me termine lo que tengo, como maquillaje y productos de belleza y si voy a la tienda trato de llevar el dinero solo para lo que voy a comprar no mas. También he hecho algunos retos de 30 días y no es fácil eh sobre todo cuando tiene que ver con la comida.

    Otro año de oportunidades nos espera, y estoy segura de que las haremos nuestras.

    Felices Fiestas y Gracias por compartir;)

    1. Georgina

      Hola, Ida!

      Qué bien que te haya convencido de escribir lo que hiciste, se siente bien, ¿no? Es curioso que hayamos hecho cosas similares, me da gusto que hayas hecho P30D, así uno va avanzando poco a poco hacia algo más bonito.
      Gracias por compartir😀

      Feliz año nuevo

Vamos, di algo...

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