¿Cómo sería el maestro de idiomas perfecto?

Últimamente he estado pensando mucho en torno a la educación.

También he pensado en cómo quienes hemos tenido la fortuna social de ser educados en una escuela o hasta una universidad hemos ido saliendo adelante gracias Y a pesar de la manera en que está diseñada la educación tradicional.

Algo que, desafortunadamente, también sale “embarrado” por las desventajas del sistema de educación tradicional es la enseñanza de idiomas (sobre todo del inglés).

La mayoría de los profesores de inglés tienen las mejores intenciones, pero en gran medida el sistema en el que estamos metidos no logra que los alumnos que entran a una clase salgan sabiendo esta lengua.

Lo anterior es una gran lástima, porque se van generando traumas y frustraciones que normalmente duran por toda la vida dado que las víctimas de este caos se echan la culpa a sí mismas, sobre todo al darse cuenta de que sí ha habido gente que pudo aprender de esa manera.

Noticias de última hora:

  • No ha sido tu culpa.
  • El sistema educativo tradicional está mal diseñado.
  • Muchos maestros con los que has tomado clase han hecho lo mejor que han podido, pero no lo mejor para ti.

Así, escribí una lista de cómo sería para mí el “ideal” de una maestra o maestro de idiomas, cómo me gustaría que fueran, basada en mi forma de ver el mundo.

(En adelante, hablaré solo en femenino por simplificar).

Para mí, la profesora ideal sería, ante todo, una persona que hiciera su trabajo con gusto.

Sería empática, auténtica, aceptante. No me impondría su forma de ver el mundo. Me ayudaría a sentirme segura de cometer errores. Respetaría mi proceso y el nivel (del idioma y de… vida) en el que estoy actualmente.

Me ayudaría a salir de mi zona de confort sin presionarme ni violentarme. Me regresaría a la realidad cuando empezara a pensar que algo anda mal conmigo. Me ayudaría a ver las cosas con perspectiva y a mantener la esperanza.

Confiaría en mí como persona y en mis capacidades de aprendizaje, y eso me ayudaría a desarrollarlas más de lo que cualquier otro método de premio y castigo podría.

Reconocería mi esfuerzo y me ayudaría a celebrar mis triunfos y mi avance. Me enseñaría a lidiar con las partes difíciles, las adversidades, y a ser más resiliente.

Me corregiría de forma amable (sin burlarse de mí ni humillarme) y estaría al pendiente de cómo me siento a cada momento, para acompañarme en los momentos difíciles.

Me guiaría solo lo necesario para que yo descubriera por mí misma mi camino, para que yo no dependa por siempre de ella y pueda ser autosuficiente. Le importaría yo como persona y mis logros serían los suyos también.

En las buenas y en las malas…

Si en algún momento yo tuviera un punto bajo de frustración o de desaliento, ella estaría a mi lado para recordarme mis fortalezas y mis recursos.

Me haría entender que no todo ha sido mi culpa, sino que ha habido factores—muchos de los cuales están fuera de mi control—que han influido en que me sienta así en ese momento.

La maestra ideal de idiomas vería que el punto al que he llegado está bien para mí, y jamás me compararía con otras personas ni con otras estudiantes porque sabría que todas las personas somos 100% únicas.

Me ayudaría a encontrar mis propias formas de motivarme y de confiar en mí misma.

Se dedicaría a resaltar y reforzar lo que ya tengo de bueno y encontraría formas de complementar lo que puedo mejorar, pero sin hacerme sentir que estoy mal y que tengo que cambiar “por mi bien”.

Podría yo confiar en ella y mostrarme tal cual soy—con todo y las cosas que me dan vergüenza o lo que creo que son mis defectos—sin temor a que me juzgara, sabiendo que ella entiende que nada humano le es ajeno.

Todo esto me haría sentir segura a un nivel muy profundo, lo cual me ayudaría a desplegar todas mis capacidades porque no tendría que andarme cuidando de ponerle una buena imagen de lo que realmente soy.

Por lo tanto, tendría mucha más energía para concentrarme en la lengua misma, y en cometer todos los errores posibles, pues sé que eso es lo que me hará aprender. Y, por lo tanto, aprendería bien, rápido, con gusto. Como debe ser.


¿Cómo te suena esto?

A algunas personas esto les va a parecer totalmente exagerado e innecesario. A algunas otras, esto les va a gustar y les va a hacer preguntarse por qué no todos los maestros son así.

Lo cierto es que ya hay personas que son así en la vida, que son “maestros” no porque sean profesores, sino porque al vernos de una forma en la que nosotros mismos no podemos en determinado momento nos enseñan sobre la vida.

Ven el potencial que tenemos y sacan lo mejor de nosotros mismos solo con su presencia cálida.

Durante los dos últimos años, he tenido la inmensa fortuna de rodearme de personas así, tal y como describí en este articulo. He aprendido muchísimo de ellas, y de hecho, como resulta inevitable en estos casos, me he ido haciendo de esa manera.

Ahora ya no puedo ver el mundo de otra forma, todo lo que soy y lo que hago está empapado de esta confianza en el ser humano y sus capacidades, en el respeto profundo a la forma de ser de la gente (aun si no me gusta o no estoy de acuerdo con ella), en valorar todo lo que una persona es, y no solo su mente, o lo que hace, o lo que me dice, sino su esencia humana.

Mi meta es ser y seguir siendo así, como la persona que describí en esta entrada, durante toda mi vida, cada día más.

Irremediablemente humanista.


Mi manera de intentar arreglar los problemas que las partes oscuras del sistema educativo han ido causando en la gente–sobre todo en los estudiantes de inglés–se encuentra en esta página.

A ver qué te parece  🙂

 

4 cosas que es mejor nunca decir si eres maestro de idiomas

Desde que aprendí a hablar, he tomado docenas de clases de idiomas.

Español en la primaria y varios cursos avanzados de gramática española en la licenciatura; inglés desde los 3 hasta los 18 años (de una variedad infinita), francés con maestros mexicanos, franceses, congoleses, haitianos, argelinos, canadienses; alemán, árabe, japonés y hasta latín.

Algunos maestros han sido realmente buenos, de los que te comparten su amor por el lenguaje, el idioma y la cultura que enseñan y hasta las clases mismas.

De los que extrañas cuando ya no los ves, y de los que siempre hablas con mucho cariño y hasta con brillo en los ojos.

Sin embargo, a veces me he encontrado con profesores que a pesar de tener buenas intenciones, por alguna razón terminan transmitiendo mensajes que no concuerdan con aquello que (desde mi punto de vista) un maestro de idiomas debería transmitir.

Es decir, un aprecio hacia las culturas del mundo, la diversidad, del hecho de que existen centenas de formas (lingüísticas) de acercarse a la realidad y de que ninguna es mejor que otra.

Mi intención con esta entrada no es criticar, ni ofender, ni hacer enojar, ni mucho menos.

Solo quiero compartir algunas cuestiones que he escuchado decir a maestros de idiomas y mi opinión al respecto.

Si eres maestro de idiomas, confío en que no te lo tomarás personal, aun si te llegaras a sentir identificado con algo de lo que leas.

Entiendo que puede ser algo fuerte, y tienes todo el derecho de dejar de leer si sientes que es lo mejor para ti.

(Y si no eres profesor, ten en cuenta que si escuchas alguna de estas cosas de boca de uno, quizá valga la pena cuestionarlas un poco).

Ahora que decidiste seguir leyendo, he aquí 4 ejemplos de cosas que me gustaría que los profesores de idiomas no dijeran (y mis razones):

1. “El idioma x [que no enseño] es horrible”

Existe un fenómeno muy curioso en el que algunas personas se enojan con una lengua que no les gusta, o que no pudieron aprender por cualquier razón y entonces piensan que es una buena idea echarle tierra.

Y si bien cada persona tiene derecho a amar o no las lenguas que quiera, un salón de idiomas no es el mejor lugar para externar este tipo de opiniones.

La idea es transmitirle a los alumnos que no existen maneras mejores ni peores de comunicarse, y que todas las lenguas tienen el mismo valor lingüístico y gramatical, por el simple hecho de que es verdad.

Es más constructivo transmitir nuestra pasión por la lengua que enseñamos que esparcir nuestros juicios (o prejuicios) hacia otra lengua que no nos corresponde criticar.

2. “Si no hablas bien español, no vas a poder hablar bien [el otro idioma]”

Al saber aunque sea un poco de sociolingüística, queda claro que “hablar bien” es un término muy borroso.

¿Se refiere a usar palabras con prestigio, a usar las reglas que propone la RAE, a pronunciar como en determinado dialecto, a evitar cierto acento? ¿Qué es hablar bien?

Yo tampoco sé. Pero lo que sí tengo por seguro es que puedes hablar el sociolecto más estigmatizado y “feo” y “mal hablado” del español y aun así hablar francés como lo haría un miembro de la Académie Française* si realmente lo deseas y lo intentas con devoción, esperanza y esfuerzo.

*Suponiendo que sea lo más “correcto”, pues. 

No necesitas corregir tu lengua materna, o ajustarla a un estándar extraño si eso no es algo que te interese hacer, sobre todo porque puedes dominar el idioma que sea.

Para mi sorpresa, he visto gente que no redactar muy bien en español escribiendo inglés como anglófono nativo. Increíble, pero cierto.

3. “Mi método es el único que funciona”

OK, quizá no lo dicen con estas palabras, pero algunos maestros insinúan que si no estás pudiendo aprender el idioma con su método / libro / clase es porque eres un caso perdido.

No es cierto.

Pasa algo muy curioso: cuando un alumno responde bien a x método, el profesor se entera y se siente feliz y reafirma su confianza en su forma de enseñar.

En cambio, cuando a un alumno no le funciona, lo que sucede es que abandona la clase y no vuelve a tener contacto con el profesor.

Así, como en esta cultura dar feedback crítico o “negativo” está muy mal visto (o simplemente no se piensa en hacerlo), el profesor no se entera de que no le funcionó el método al alumno desertor, ni las razones para que eso sucediera.

No quiero decir que todos los métodos le funcionan a todas las personas y que cuando algo no resulta así es culpa del profesor. Y no, tampoco es culpa de los estudiantes cuando un método no les sirve. ¡Hay miles de factores!

Pero lo cierto es que hacer encuestas al inicio de cada periodo y evaluaciones continuas al final de cada uno de ellos hace que los profesores mejoren cada vez más sus métodos y los adecuen a las necesidades de los estudiantes.

Muchos maestros le temen a la crítica y por eso no lo hacen, pero yo creo que es más aterrador dejar de crecer y mejorar día a día.

Hay muchos, muchísimos métodos distintos, y quizá algunos sean mejores que otros, pero no hay ninguno que sea El Mejor para todos.

4. “Probablemente este idioma no te sirva para nada porque no es inglés”

No tengo muy claro qué haría que un profesor dijera algo como esto, pero lo que sí sé es que no resulta algo que a un alumno le gustaría (o serviría) escuchar.

Además, suponiendo que fuera algo que tiene sentido decir, en realidad no hay forma de saberlo.

Nadie sabe para qué le va a servir todo lo que aprende, e incluso todo lo que le pasa. Para estar seguros, tendríamos que saber de antemano todo lo que nos depara el futuro, y no es así.

Vale más la pena propiciar la curiosidad de cada estudiante y confiar en que cada uno de ellos sabe qué hacer.

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En resumen, siempre es mejor para todos cuando los maestros deciden transmitir pasión, apertura a la experiencia, interés, curiosidad, aprecio y confianza.

Si vas a comentar esta entrada (como profesor, alumno o lo que sea) sé lo más respetuoso y amable que puedas.