Cómo mejorar tu pronunciación y dejar de sonar como hispanohablante

En este artículo hablo sobre todo del inglés, pero también aplica para otras lenguas que se escriben diferente a como realmente suenan, o sea, lenguas no fonéticas.

Lo primero que hay que hacer para pronunciar mejor el inglés es: desconfiar de la grafía (grafía = “modo de escribir o representar los sonidos»).

Es conveniente asumir que lo que estás leyendo en inglés no suena para nada como está escrito.

Curiosamente, los hispanohablantes solemos ir por la vida pensando que cada palabra que suena muy distinto a como «debería» sonar por la manera en la que está escrita es la excepción a la regla, y seguimos manteniéndonos firmes a nuestra hipótesis (inconsciente) de que el inglés suena como está escrito.

Sin embargo, si pensamos que la excepción es lo contrario, es decir, que prácticamente ninguna palabra suena como está escrita, tendremos más oportunidades de mejorar nuestra pronunciación.

Lo que más importa es desconfiar, es pensar:

Ok, veo una palabra escrita así, y probablemente no se pronuncia así.

Voy a investigar cómo se pronuncia, y si no quiero o puedo hacerlo ahora, no me casaré con la idea que tengo de su pronunciación.

Lo dejaré pendiente como “palabra que no estoy segura(o) de cómo se pronuncia”.

Porque lo que solemos hacer es que nos encontramos una palabra nueva, nos imaginamos cómo suena—confiamos en la grafía—y luego, cuando vemos que no sonaba así, lo corregimos y tenemos que desaprender nuestra hipótesis, lo cual quita tiempo y genera frustraciones.

Ahora bien, es imposible erradicar del todo esta situación, siempre va a pasar en mayor o menor medida porque la influencia de la lengua materna en las lenguas que aprendemos es y siempre será enorme. Incluso en niveles altos de adquisición.

Pero es un gran avance comenzar a desconfiar más, pues se nos abre todo un universo de sonidos que no se tienen que adecuar a los del español.

A mí, por ejemplo, me acaba de pasar.

En una conversación con una estadounidense, dije la palabra “mud” (lodo) en un momento en el que carecía de contexto que le ayudara a ella a entender qué palabra era (no me preguntes cómo puede pasar eso, solo créeme).

Ella no entendió qué palabra era, me preguntó What? y le volví a repetir lo mismo y me dijo “mock”? y yo así de Noo, hasta que por fin le describí qué era lo que quería decir y me entendió y me dijo Ahhhmud” pero lo pronunció de manera muy distinta, la vocal se parecía más a una “a” que a una “o”, (que era como yo lo estaba diciendo).

(En realidad, esa vocal es una ʌ, una especie de “mezcla” entre la “a” y la “o” hispanas).

Y ya aprendí.

Otra cosa que puedes hacer para no dejarte llevar por la grafía es escuchar miles y miles de canciones.

Si no estás aprendiendo una lengua con música, te sugiero que lo empieces a hacer ya.

Si te das a la tarea de escuchar al menos una canción al día mientras ves la letra, tu pronunciación mejorará exponencialmente cada día que pase.

Lo “más mejor” es aprenderte las canciones de memoria y cantarlas al unísono.

Lo segundo mejor es solo aprenderlas o solo cantarlas.

Lo tercero mejor es leer la letra mientras la escuchas.

Lo cuarto mejor es solo escucharla con mucha atención, con la intención de adquirir la lengua.

Lo quinto mejor es solo leer la letra.

Y así.

Nada supera memorizar canciones, aunque tu pronunciación también puede mejorar con videos tipo TED Talks con subtítulos en inglés y escuchar al mismo tiempo que los lees.

Pare de sufrir

Poco a poco, tu cerebro irá reconociendo los patrones y aprenderás a pronunciar las palabras bien a la primera, pero no te agobies si te vuelve a pasar que no lo logras: el inglés es profundamente ilógico en sus grafías, y lo peor que puedes hacer es tomártelo personal y/o hacer que signifique algo negativo sobre ti.

(Por ejemplo: “Si pronuncio mal y no me entendieron, significa que nunca voy a aprender / que soy una fracasada(o) / que no nací para los idiomas”).

No serías la primera(o) ni la única(o) que se frustra con la grafía del inglés. Si no me crees, lee sobre la divertida historia del Alfabeto Shaviano.

Y piensa que, aun si todo falla, a veces entre hispanohablantes no nos entendemos por la manera en la que pronunciamos nuestros dialectos (el ceceo, las “s” aspiradas, las vocales perdidas, las consonantes ignoradas…).

A cualquiera le puede pasar.

Quizá tu pronunciación nunca sea idéntica a la de un gringo o un inglés (a menos que tomes clases de fonética o que te ayude un accent / dialect coach como los de Hollywood) pero te prometo que tendrás una pronunciación lo suficientemente  buena como para darte a comprender de manera satisfactoria.

Y si todavía sientes que no es suficiente solo darte a comprender y quieres tener la mejor pronunciación del mundo, considera que tal vez haya un poco de perfeccionismo asomando la cabeza, lo cual no tiene nada de malo.

Es loable buscar la excelencia, siempre y cuando sepas que lo imperfecto suele ser suficiente en la mayoría de los casos.

En resumen,

desconfía de la grafía, escucha y apréndete todas las canciones que puedas, cántalas mientras las escuchas y las lees y tómalo con calma.

Tu pronunciación puede mejorar y lo hará.  🙂

Los objetos que te rodean pueden entorpecer tu aprendizaje

Cuando le pregunto a la gente sobre los obstáculos que la detienen a sentarse a estudiar un idioma, normalmente viene a su mente que no tienen tiempo.

Pero hasta ahora nadie me ha dicho algo igual de importante pero mucho más invisible: lo que contiene el lugar donde se pretende estudiar.

Y vaya que es importante…

Todo lo que nos rodea nos hace sentir algo

Y lo que normalmente pasa es que, como no ponemos atención en esto, todo aquello que sentimos se vuelve en nuestra contra.

Sin embargo, hay por lo menos dos beneficios que podemos obtener si nos volvemos conscientes de que nuestro entorno modifica nuestro ánimo (y nuestra motivación) y hacemos algo al respecto:

  1. Recordar durante el día nuestra intención de exponernos al idioma
  2. Evitar distracciones y reducir la procrastinación

La idea detrás de esto consiste en vincular una pista visual con una actividad que deseas hacer, para añadir una acción.

O, si lo que quieres es romper un hábito o evitar distracciones, se trata de romper una asociación o evitar una pista que te lleve a hacer una actividad.

Suena muy complicado pero en realidad es sencillísimo, como verás.

Para recordar que es momento de repasar nuestras lecciones, algo que funciona es poner un libro o un texto a la vista por donde pases seguido.

O, puede ser algo que no esté escrito en tu lengua meta, (o que ni siquiera tenga nada escrito) pero que te recuerde tu interés o motivación profunda por aprender el idioma.

Puede ser en tu mesita de noche, o en un estante o mueble que veas seguido.

El secreto para hacer esto es que el objeto que pongas como recordatorio de estudiar no te genere una sensación negativa.

Si pones atención, te darás cuenta de que los objetos que vemos de manera cotidiana influyen en tu ánimo para bien o para mal.

El simple hecho de tener un escritorio con muchas cosas desordenadas encima hace que no nos den ganas de sentarnos a hacer nada, mucho menos de estudiar un idioma.

Y más que invitarte a que limpies tu escritorio (me consta de primera mano lo difícil que puede llegar a ser mantenerlo ordenado por más de una semana seguida), a lo que te quiero exhortar es a ir poniendo atención, en las habitaciones donde pasas más tiempo, en qué sensación te genera cada objeto presente ahí.

Lo más fácil suele ser identificar qué objetos te hacen sentir no-bien.

Muchas veces pasa que, sin que nos demos cuenta, las cosas que nos rodean nos traen malos recuerdos, nos generan arrepentimientos, nos hacen sentir culpables, incluso.

Ya sea porque fueron regalos de personas non-gratas, o porque fueron compras impulsivas, o porque simplemente los relacionamos con una versión de nosotros mismos que ya no somos.

Y cada vez que pasamos frente esos objetos, aun si no estamos poniendo atención, algo desagradable se activa en nuestro interior y nos impide acceder a la claridad mental que nos permite hacer cosas nuevas o avanzar en nuestros proyectos.

A mí eso me pasaba, de entre todas las cosas que tengo, con mis libros. Muchos de ellos están en unas repisas dentro de mi clóset / armario, pero tengo unos cuantos a la vista, en el librero de mi cuarto.

Un buen día decidí depurar esos libros y no solo quitar aquellos que relacionaba con cosas desagradables, sino todos los que no me encantaban.

Solo dejé aquellos que me hacían realmente feliz y que estaban actualizados con lo que realmente soy hoy en día.

Parece mentira que algo tan relativamente pequeño pudiera tener un cambio tan grande, pero en cuanto terminé de acomodar los libros que me daba felicidad ver, sentí como si un gran peso se me hubiera quitado de encima y empecé a sentirme bien cada que mis ojos pasaban por encima de ellos.

Te invito a hacer la prueba y observar lo que te hace sentir cada objeto que tienes. Obviamente, lo que se siente no es una pasión desbordante ni un odio infinito, sino una pequeña sensación de “Ash”, o de “¡me encanta eso!”. Pero cuando esas pequeñas sensaciones se van juntando, generan actitudes importantes.

Yo me resistía a hacer eso (y me resisto a hacerlo con otros objetos) porque en general me resulta muy pesado hacer limpieza profunda por todo el polvo que sale—y porque se hace un desastre aun más grande por varios días antes de que se vea el cambio—pero lo que más me hace resistirme es el miedo al vacío.

La sensación de: “¿qué va a pasar si termino tirándolo todo y me quedo con nada?”

Es como si prefiriera tener un montón de cosas obsoletas y anticuadas a tener un vacío actualizado.

Sé que es absurdo porque ese vacío no es un vacío, sino espacio para crear, para poner lo que sí quiero de mi vida. No se puede construir un edificio encima del otro, hay que tirar el anterior.

Pero igual da miedo la nada.

En fin.

Una vez dicho lo anterior, podemos pasar al inciso b), usar los objetos que nos rodean para evitar que el tiempo se nos vaya en algo que no nos beneficia.

Por ejemplo, si te das cuenta de que pasas mucho tiempo en Facebook, más incluso del que te gustaría, podrías poner tu teléfono celular en otra habitación de tu casa.

Esto te ayudará a romper la inercia que hace a este hábito difícil de abandonar.

Muchas veces, cuando el hábito es muy fuerte (como con casi todo lo que tenga que ver con los teléfonos móviles), puede ser que esto no sea suficiente, o que funcione durante un tiempo pero después deje de hacerlo.

Esto no quiere decir que el sistema haya estado mal diseñado, sino que es necesario añadirle otro elemento, como un recordatorio, por ejemplo.

Algo sencillo, como un post-it o una nota programada en el calendario de Google: “¿Todavía sigues dejando el celular en la cocina? ¿Recuerdas que era importante para ti? [carita feliz]”

En resumen,

Los lugares y objetos que nos rodean ejercen una influencia mucho mayor de lo que creemos, para bien o para mal, en nuestro estado de ánimo y nuestras ganas de llevar a cabo nuestros proyectos.

La buena noticia es que podemos deshacernos de (o simplemente esconder de la vista) todo aquello que no nos genera emociones positivas cuando lo vemos y, por lo tanto, aumentar nuestras probabilidades de seguir adelante con nuestros propósitos.

Si te decides a hacer la prueba y editar tu espacio para rodearte únicamente de objetos que armonicen con tu forma de ser y de pensar actual, no olvides contarme en los comentarios cómo te ayudó en tu aprendizaje del idioma que estás aprendiendo.

Estoy segura de que te sorprenderá la diferencia 🙂

¿Cambiar de identidad ayuda con los idiomas?

Te invito a acompañarme en experimento de identidad para ver si, como he leído que sucede, cambiar lo que creemos que somos ayuda a modificar lo que pasa fuera de nosotros.

Pero antes, un poco de antecedentes.

Durante varios años, me he creado (y creído) la identidad de “mata-plantas”.

La primera planta que maté (o, mejor dicho, dejé morir) fue una hortensia. Aunque tenía el color más bonito del mundo, y la regaba diario, hubo un momento de mi vida en el que salía de mi casa a las 6:40 de la mañana y regresaba como a las 10 de la noche, lo que hizo que perdiera el hábito de regarla y la flor se marchitó.

Después mantuve la planta en sí, ya sin flor, con la esperanza de que volviera a salir, pero como no lo hizo, sin querer queriendo la dejé morir.

(No, no me siento orgullosa de eso).

La segunda planta que maté fue una albahaca, una de mis hierbas favoritas para cocinar.

La compré en una maceta mediana y la regaba todos los días. Le iba arrancando hojas para cocinar con ellas, y aunque siempre tuve presente que no había que dejarla sin hojas para que pudiera hacer la fotosíntesis, un buen día se empezó a marchitar y por más que la regaba, ya no tuvo remedio.

La tercera planta que maté (ya, solo son tres) era—en teoría—una planta endémica de México que tiene unas flores amarillas que—en teoría—atraen a las mariposas. No recuerdo cómo se llama.

Un señor en el parque me vendió las semillas (junto con otras muchas cosas) con unas técnicas irresistibles de persuasión y llegué a sembrarlas. Nunca esperé nada de ellas pero para mi sorpresa, comenzaron a salir brotes.

Me emocioné mucho y los cuidaba como si su vida dependiera de mí (sí lo hacía) y no recuerdo qué pasó, o ya lo bloqueé, pero de un día para otro ya no tenía brotes. Murieron.

Esos han sido todos mis intentos por mantener viva una planta que no me han salido.

(Ah, no es cierto, también maté una composta). 😦

Quizá suene muy tonto, pero eso ha sido fuente de frustración en mi vida. Hasta me he convencido de que no me interesan las plantas y que puedo vivir perfectamente bien sin ellas.

Eso hizo que llegara a la conclusión de que soy una persona irresponsable, por ejemplo, e incluso me repito a mí misma que debería tener un cactus o algo más independiente para que no muera.

Cabe aclarar que es inconsciente lo que me pasa. No tengo claro en qué momento dejo de regar las plantas, o qué señales de que se están muriendo no veo, o qué pasa. Lo único que sé es que tiene que ver con mi ignorancia sobre temas del jardín, entre otras cosas nebulosas.

Pero hace unas semanas estaba platicando con mi amiga Ch, quien tiene un gran amor por las plantas y le dije que me gustaba mucho el cilantro, el perejil y la menta y me regaló semillas de las dos primeras.

Me dije a mí misma, las voy a sembrar y no dejaré que se mueran. (Hoy voy a cambiaaaar).

Pero no lo hice porque mi identidad de mata-plantas me ganaba.

Entonces, sin que yo me lo esperara, un día ella llegó con una plantita bebé de menta. Lo primero que hice fue emocionarme y luego preocuparme porque mi mata-plantismo ya tenía una nueva víctima.

Después, la pasé a una macetita que no recordaba que tenía guardada y la dejé bajo el sol, junto al resto de plantas que viven en mi casa (y que han sobrevivido porque no están a mi cargo, evidentemente).

Al día siguiente me di cuenta de que la pobre menta se estaba quemando, y entré en pánico, pero como no se había muerto había esperanza. La puse en un lugar con más sombra y le puse agua.

Como vi que le gustó su nuevo lugar, una esperanza comenzó a nacer dentro de mí: ¿Y si esta vez puedo no solo no matar una planta, sino hacer que viva y que explaye toda su tendencia natural al crecimiento?

Estos días he estado cuidando la menta. Pienso en ella todos los días. La voy a visitar en las mañanas y veo si el lugar en el que está le sigue gustando. Le echo agua. Voy viendo que tiene unos brotes mini y casi lloro de la emoción.

Hasta me animé a sembrar las otras semillas que Ch me regaló.

Y entre todo esto, se me ocurrió algo que había leído antes:

Quizá las plantas que han perecido lo han hecho porque yo pienso de mí que soy una mata-plantas.

Si dejo de pensar que lo soy, y lo que es mejor, si pienso que soy una cuida-plantas, o una persona que tiene lo que se necesita para tener un pequeño jardín, incluso ANTES de que la realidad me lo demuestre, ¿qué pasaría?

He estado jugando con esa idea. Cambiar de identidad de mata-plantas a cuida-plantas es difícil. No lo sabía, pero hay un montón de sentimientos y emociones estancados en eso, y veo cómo surgen dentro de mí voces de alarma:

Si soy una cuida-plantas, ¿significa que  soy responsable, que soy cuidadosa? ¿Qué va a pasar ahora en otras áreas de mi vida si me doy cuenta de que no soy tan irresponsable como creía?

De verdad me da miedo.

Haber sembrado las semillas está mostrando cosas de mí que no había querido ver. Por ejemplo, que para muchas cosas soy una mujer de poca fe. Si no veo resultados rápidos, entonces creo que no sirve.

Pero con las semillas no hay de otra, solo paciencia. Soy muy impaciente, y unos fetos de planta me ponen a prueba.

La verdad es que no sé si las plantitas van a seguir vivas durante mucho tiempo.

Pero estoy haciendo lo mejor que puedo. Estoy atreviéndome a dejar caer una identidad que yo tenía y que, por lo visto, no me estaba sirviendo. Estoy dejando que las plantitas me enseñen cosas que necesito aprender sobre mí, y estoy permitiendo que surjan cualidades positivas que tengo que, por miedo o por qué sé yo, no suelo dejar salir o admitir que poseo.

Es toda una aventura, y me gustaría invitarte a vivirla conmigo, si es algo que te interesa:

Para hacerlo, puedes pensar en alguna identidad que tengas, algo que opines sobre ti mismo(a). Por ejemplo, «soy mala para los idiomas». «Soy pésimo para la pronunciación / para la gramática». «No tengo suficiente disciplina para estudiar todos los días».

Después, elige lo opuesto: «soy buena para los idiomas». «Soy bueno para la pronunciación / para la gramática». «Sí tengo suficiente disciplina para estudiar todos los días».

No tienes que creértelo (de hecho, tu mente te va a decir que estás loco(a)). Solo observa qué sucede. Es muy probable que te enojes y comiences a sentirte amenazado(a): “¡Yo no soy así!”

Si te interesa, comienza a jugar y a encontrar pruebas de que quizá esa nueva identidad es algo real en ti. Por ejemplo, observa cuándo tienes suficiente disciplina, aunque sea para lavarte los dientes todos los días.

Quizá poco a poco la vieja identidad se vaya cayendo. Quizá no. Pero realmente creo que vale la pena probársela, como si de una prenda nueva se tratara, solo para ver qué pasa o qué surge, para saber un poco más de nosotros mismos.

¿Aceptas mi invitación? No tiene que ser ahora, de hecho es mejor si es a tu propio tiempo, cuando te sientas listo(a).

Gracias por leer.

No necesito consejos (gracias), pero me gustaría leer historias parecidas y muestras de empatía en los comentarios. ❤

4 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero. ¡Esta es la última entrada de la serie!

En la entrada anterior compartí una de mis técnicas favoritas para reducir los nervios y aumentar la confianza, es decir, planear qué hacer y qué decir antes de acercarse a un extranjero. (Lee el primer artículo aquí).

El presente artículo te ayudará a adquirir las habilidades necesarias para comenzar conversaciones con confianza (co-co-co-co).

Esas habilidades consisten en:

Saber qué es exactamente a lo que le tienes miedo. Es un hecho, si te bloqueas es porque temes algo, aun si es en el fondo y aun si no eres consciente de ello.

Tener claro cuál es el escenario terrorífico del que tu miedo te está queriendo proteger. Si sabes y puedes explicar qué es lo peor que podría pasar, ya estás mucho mejor preparado(a) que si no lo tienes claro.

Acceder a los recursos internos que te permiten tranquilizarte a ti mismo(a). Muchas veces ya sabemos qué es lo que nos tranquiliza y lo que nos hace tener más miedo, pero lo olvidamos porque no ponemos atención. Tener acceso directo a estos recursos internos es la clave.

Crear un plan realista. Utilizar todo lo que sabes sobre la vida y sobre ti para crear un plan realista y convincente en caso de que suceda lo que temes. Necesitas decirle a tu mente que se puede dejar de preocupar porque tú ya sabes qué hacer. Tú estás a cargo.

Aprender a «lanzarte al ruedo». Hay que aprender a distinguir cuándo es una tontería actuar a pesar del miedo y cuándo es el único remedio.

Recordar tu razón de fondo. ¿Para qué te interesa platicar con extranjeros? ¿Para qué quieres superar tus miedos? Si no lo sabes, lo más probable es que te sabotees o lo evadas hasta el fin de los tiempos.

Usar tu cuerpo para calmarte. Es muy fácil perder el contacto con las sensaciones del cuerpo cuando estamos nerviosos por algo, pero regresar a ellas ayuda mucho a tranquilizarse.

Claro que todo esto tiene su truco.

Si hasta ahora tienes bloqueos es porque ciertos obstáculos te han impedido desarrollar esas habilidades.

Pero no te preocupes, puedes identificar esos obstáculos y aprender a desarrollarlas.

Puedes leer de esto a mucho más detalle en la guía digital que expande todo aquello de lo que he escrito en estas cuatro entradas.

Estoy muy orgullosa de haber creado algo así, y sobre todo, de haberme permitido compartirla con la gente a la que la va a beneficiar (algo que a veces puede ser muy difícil para las personas como yo).

Esta guía es una de las mejores cosas que he creado (si no es que la mejor). Puedes leer más sobre ella aquí.

Espero que te hayan servido estas entradas aun si no estás interesado(a) en la guía.

Me hace muy feliz pensar en que cada vez más personas pueden estar libres de los bloqueos al hablar otro idioma.

¿Eres tú una de ellas?

3 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero. 

En la primera entrada de esta serie puedes leer acerca de por qué es normal sentir nervios y miedos al hablar con extranjeros. En la entrada anterior expliqué 5 claves fundamentales para aumentar considerablemente tu nivel de calma.

Este artículo que estás leyendo es el más emocionante de todos. Este «pequeño» truco es el que hace toda la diferencia en tus niveles de nervios.

Esto es lo que dividirá en un antes y un después las interacciones que tengas, de sentirte inseguro(a) a confiar en tus habilidades.

Antes de llegar a ello, tengo que hacerte una advertencia.

Después de que la leas, te va a parecer lo más obvio del mundo. Probablemente te preguntarás por qué no se te había ocurrido antes. (¿O quizá sí lo había hecho?).

Pero no pienses que por ser «sencilla» no funciona, ni la descartes tan fácil.

Esto mueve montañas.

La técnica consiste en lo siguiente:

Tomar decisiones por adelantado. 

Es decir, tener muy claro:

  1. Si vas a comenzar una conversación con un saludo, una pregunta, un comentario. Y cuál.
  2. Cómo pedirle a la persona con la que estás hablando que hable más despacio
  3. Cómo pedirle que repita lo que dijo en caso de que no le hayas comprendido
  4. Cómo pedirle que te corrija
  5. Qué nivel de idioma tienes, para que no te lleguen dudas en el momento en el que estás hablando
  6. Cómo vas a reaccionar si te dicen que no te entienden
    O si te corrigen sin que se lo pidas
    O si se burlan de ti
    O si notan que estás nervioso y te lo dicen
  7. Qué hacer para terminar la conversación
  8. Etcétera

¿Por qué?

Porque si quieres decidir todas estas cosas (en tiempo récord y, de preferencia, de manera perfecta) sobre la marcha en el momento de la conversación, te vas a sentir muy nervioso(a).

En cambio, si tomas las decisiones de antemano, si ya sabes qué hacer, solo es cuestión de que lo apliques.

Es casi como manejar un auto. No tienes que decidir cuál de tus músculos mover para frenar cada vez que llegas a un alto.

Solo lo haces, y lo haces bien porque no te pones a ver las distintas opciones. Ya tomaste la decisión antes, ahora solo actúas con base en ella. No te pones nervioso(a) cada vez que tienes que frenar, ¿o sí?

De eso se trata.

Los bloqueos mentales vienen de las dudas:

«Y ahora, ¿qué hago?»

«¿Estará bien dicho lo que pregunté?»

«Podría saludar a la persona, o mejor preguntarle algo, o mejor decirle x, o…»

«¿Y si digo algo totalmente fuera de lugar?»

Así, si planeamos los escenarios con los que es más probable que nos enfrentemos, reducimos nuestros nervios al máximo porque solo tenemos que usar nuestra capacidad para la improvisación en uno o dos momentos inesperados (y no en todo).

Mucha gente cree que por el simple hecho de tener un muy bien nivel del idioma que aprendiste, esto de hablar con extranjeros se dará natural.

Pero no es verdad, se trata de todo un conjunto de habilidades (de las que casi nadie habla, por cierto) que hay que desarrollar y practicar.

Aunque para algunas personas es más fácil que para otras, te propongo que comiences a quitarte de la cabeza la idea de que eres la única persona a la que le sucede esto.

Y, sobre todo, que empieces a pensar que es posible para ti hablar con confianza, con calma, con una «indiferencia» sana frente a lo que puedan pensar de ti los demás.

Porque sí lo es, aun si te identificas más con la introversión y la timidez que con la extroversión y el arrojo.

Por lo tanto, te invito a perdonarte a ti mismo(a) por bloquearte, has hecho lo mejor que has podido.

No desperdiciaste tu tiempo al aprender una lengua que no puedes (aún) hablar, solo te falta pulir uno que otro detalle específico.

Ahora que sabes esto, te invito a darte la oportunidad de adquirir esas habilidades.

En la siguiente entrada de esta serie compartiré contigo cómo podrás comenzar a hacerlo, así que pon mucha atención. Puedes leerla aquí.

2 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero. 

En la entrada anterior expliqué que los bloqueos (totalmente normales, por cierto) que nos surgen al hablar otro idioma con extranjeros tienen en común la misma razón de fondo: la muy humana necesidad de ser aceptados y pertenecer.

Sin embargo, solo porque somos humanos no significa que tengamos que permanecer bloqueados cada vez que se nos presenta la oportunidad de practicar algún idioma que sepamos con un nativo.

Hay cosas que se pueden hacer para evitar que los miedos nos bloqueen. En esta entrada te comparto un conjunto de claves que suelen dar muy buenos resultados para alcanzar un buen nivel de calma mental.

¿A qué me refiero con «calma mental»?

Hablo de tener la certeza casi absoluta de que pase lo que pase, vas a desempeñarte de manera adecuada.

De que tu pronunciación es suficiente, de que vas a comprender lo necesario para mantener la conversación, de que tú y tu nivel del idioma están bien y que de verdad de verdad de verdad no importa lo que un extranjero pueda pensar de ti.

Es mantenerte centrado(a), presente, arraigado(a) y confiado(a). Aun si conjugaste mal un verbo. Aun si dijiste algo que estaba fuera de lugar. Aun si no supiste qué contestar y tartamudeaste o te ruborizaste.

Quizá esto suena muy alejado de lo que tu mente hace en automático actualmente, pero es absolutamente posible llegar a ese estado.

Claro que no va a ser de la noche a la mañana, se necesita determinación y práctica, como con todo.

Pero es un camino que vale mucho la pena andar, porque una vez que este tipo de bloqueos disminuyen, se abren una gran cantidad de puertas que ni siquiera sabíamos que estaban cerradas.

¿Cómo irse acercando a esa calma mental?

Sin afán de ponerme abstracta y espiritual, voy a decir que el único lugar donde existe la calma mental es el presente.

Los bloqueos viven en los recuerdos de experiencias negativas que nos sucedieron o en nuestra imaginación de un futuro aterrador.

Si logramos mantener nuestra atención en aquello que estamos viviendo en vez de en los escenarios nefastos que nos propone nuestra mente, vamos a poder estar lo más tranquilos posible.

Algunas claves son muy útiles para este fin

Por ejemplo:

1. Dejar de pensar que el resto de las personas (o sea, los extranjeros) son superhéroes perfectos.

No lo son. Son personas como tú y como yo y como todos, que cometen errores y los aceptan de buena gana en los demás.

Es más, probablemente también estén preocupados con lo que la gente piensa de ellos. También tienen miedos y también las han pasado cosas desagradables.

Sí, pertenecen a otra cultura, pero eso no les quita lo humano. A veces es muy fácil olvidarlo.

2. Poner toda la atención posible en el aquí y el ahora (de la conversación).

Aprender a ignorar, por lo menos en ese momento, las imágenes de ruina y destrucción que nos vienen, así como las voces críticas y devaluadoras que surgen dentro de nuestra cabeza.

Enfocarnos, estar presentes. Y contar con mucha disposición para practicarlo.

3. Dejar ir nuestros errores

(en lugar de obsesionarnos con ellos y reproducir la tortuosa película una y otra y otra vez).

Seguir caminando a pesar de los tropiezos. Observar cómo no sucede nada malo cuando nos equivocamos.

Darnos chance de no ser perfectos y constatar que la gente no está esperando a ver a qué hora nos equivocamos.

4. Recordar que no somos el centro de atención.

Que los demás están enfocados en ellos mismos, y que por lo tanto no se fijan en nuestro desempeño ni tienen ganas de calificarlo.

Y que aun si lo hicieran, no nos van a rechazar por haberlo hecho «mal».

Nosotros mismos somos nuestros jueces más severos.

5. Confiar en nuestra capacidad para improvisar, y en nuestro buen juicio.

Creer en que somos más hábiles de lo que pensamos para salir bien de situaciones nuevas e inesperadas.

Porque lo somos aunque a veces lo dudemos.

«¡Pero es muy difícil!»

Claro que lo es. Si fuera fácil no habría una sola persona en el mundo que olvidara el idioma al hablar con un extranjero.

La buena noticia es que practicar tales claves con estos fines crea y fortalece hábitos que ayudan a todo lo demás que hagamos en nuestras vidas.

Como todo está relacionado, aspectos de nuestros días que ni siquiera sospechábamos que eran un problema se vuelven más fáciles, más agradables, o menos complicados cuando, por ejemplo, nuestra respuesta automática a un error que cometimos es dejarlo ir y seguir adelante.

Cosas por el estilo.

Así, lo anterior es una de las prácticas difíciles que vale la pena aprender a hacer y repetir hasta que viva dentro de ti.

Estas 5 claves (recordar que los extranjeros son personas con debilidades, poner atencion en la conversación, dejar ir nuestros errores, recordar que no somos el centro de atención y confiar en nuestra capacidad para improvisar) son parte de la mentalidad que hay que tener cuando se trata de hablar con extranjeros.

Sin embargo, el resto de la calma mental se obtiene a través de una técnica aparentemente sencilla (que parece obvia una vez que  la sabes) pero tremendamente efectiva, de la que hablaré en la próxima entrada. Puedes leerla aquí.

Lee sobre esto (a mucha más profundidad) en la guía Aplaca tus miedos.