2 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero. 

En la entrada anterior expliqué que los bloqueos (totalmente normales, por cierto) que nos surgen al hablar otro idioma con extranjeros tienen en común la misma razón de fondo: la muy humana necesidad de ser aceptados y pertenecer.

Sin embargo, solo porque somos humanos no significa que tengamos que permanecer bloqueados cada vez que se nos presenta la oportunidad de practicar algún idioma que sepamos con un nativo.

Hay cosas que se pueden hacer para evitar que los miedos nos bloqueen. En esta entrada te comparto un conjunto de claves que suelen dar muy buenos resultados para alcanzar un buen nivel de calma mental.

¿A qué me refiero con “calma mental”?

Hablo de tener la certeza casi absoluta de que pase lo que pase, vas a desempeñarte de manera adecuada.

De que tu pronunciación es suficiente, de que vas a comprender lo necesario para mantener la conversación, de que tú y tu nivel del idioma están bien y que de verdad de verdad de verdad no importa lo que un extranjero pueda pensar de ti.

Es mantenerte centrado(a), presente, arraigado(a) y confiado(a). Aun si conjugaste mal un verbo. Aun si dijiste algo que estaba fuera de lugar. Aun si no supiste qué contestar y tartamudeaste o te ruborizaste.

Quizá esto suena muy alejado de lo que tu mente hace en automático actualmente, pero es absolutamente posible llegar a ese estado.

Claro que no va a ser de la noche a la mañana, se necesita determinación y práctica, como con todo.

Pero es un camino que vale mucho la pena andar, porque una vez que este tipo de bloqueos disminuyen, se abren una gran cantidad de puertas que ni siquiera sabíamos que estaban cerradas.

¿Cómo irse acercando a esa calma mental?

Sin afán de ponerme abstracta y espiritual, voy a decir que el único lugar donde existe la calma mental es el presente.

Los bloqueos viven en los recuerdos de experiencias negativas que nos sucedieron o en nuestra imaginación de un futuro aterrador.

Si logramos mantener nuestra atención en aquello que estamos viviendo en vez de en los escenarios nefastos que nos propone nuestra mente, vamos a poder estar lo más tranquilos posible.

Algunas claves son muy útiles para este fin

Por ejemplo:

1. Dejar de pensar que el resto de las personas (o sea, los extranjeros) son superhéroes perfectos.

No lo son. Son personas como tú y como yo y como todos, que cometen errores y los aceptan de buena gana en los demás.

Es más, probablemente también estén preocupados con lo que la gente piensa de ellos. También tienen miedos y también las han pasado cosas desagradables.

Sí, pertenecen a otra cultura, pero eso no les quita lo humano. A veces es muy fácil olvidarlo.

2. Poner toda la atención posible en el aquí y el ahora (de la conversación).

Aprender a ignorar, por lo menos en ese momento, las imágenes de ruina y destrucción que nos vienen, así como las voces críticas y devaluadoras que surgen dentro de nuestra cabeza.

Enfocarnos, estar presentes. Y contar con mucha disposición para practicarlo.

3. Dejar ir nuestros errores

(en lugar de obsesionarnos con ellos y reproducir la tortuosa película una y otra y otra vez).

Seguir caminando a pesar de los tropiezos. Observar cómo no sucede nada malo cuando nos equivocamos.

Darnos chance de no ser perfectos y constatar que la gente no está esperando a ver a qué hora nos equivocamos.

4. Recordar que no somos el centro de atención.

Que los demás están enfocados en ellos mismos, y que por lo tanto no se fijan en nuestro desempeño ni tienen ganas de calificarlo.

Y que aun si lo hicieran, no nos van a rechazar por haberlo hecho “mal”.

Nosotros mismos somos nuestros jueces más severos.

5. Confiar en nuestra capacidad para improvisar, y en nuestro buen juicio.

Creer en que somos más hábiles de lo que pensamos para salir bien de situaciones nuevas e inesperadas.

Porque lo somos aunque a veces lo dudemos.

“¡Pero es muy difícil!”

Claro que lo es. Si fuera fácil no habría una sola persona en el mundo que olvidara el idioma al hablar con un extranjero.

La buena noticia es que practicar tales claves con estos fines crea y fortalece hábitos que ayudan a todo lo demás que hagamos en nuestras vidas.

Como todo está relacionado, aspectos de nuestros días que ni siquiera sospechábamos que eran un problema se vuelven más fáciles, más agradables, o menos complicados cuando, por ejemplo, nuestra respuesta automática a un error que cometimos es dejarlo ir y seguir adelante.

Cosas por el estilo.

Así, lo anterior es una de las prácticas difíciles que vale la pena aprender a hacer y repetir hasta que viva dentro de ti.

Estas 5 claves (recordar que los extranjeros son personas con debilidades, poner atencion en la conversación, dejar ir nuestros errores, recordar que no somos el centro de atención y confiar en nuestra capacidad para improvisar) son parte de la mentalidad que hay que tener cuando se trata de hablar con extranjeros.

Sin embargo, el resto de la calma mental se obtiene a través de una técnica aparentemente sencilla (que parece obvia una vez que  la sabes) pero tremendamente efectiva, de la que hablaré en la próxima entrada. Puedes leerla aquí.

Lee sobre esto (a mucha más profundidad) en la guía Aplaca tus miedos.

1 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero.

Inicio

Para saber qué hacer cuando estamos cerca de algún nativo, hay que tener claro es que existen diferentes tipos de comunicaciones con extranjeros.

A lo largo de estos artículos, cuando diga “extranjeros” en realidad me refiero a cualquier persona con la que sientes que podrías practicar el idioma que estás aprendiendo o alguno otro que ya hayas adquirido.

No necesariamente tiene que vivir en otro país y, por lo tanto, puede que hable tu lengua materna.

Hay, entonces, varios tipos de “encuentros” con extranjeros.

1. Estás en una fiesta / viaje / en la calle / en el banco y de repente escuchas hablar a las personas que están cerca de ti y OMG, hablan el idioma que tú estás aprendiendo y consideras que es tu oportunidad para practicar con ellos.

2. Te metiste a una página como polyglotclub.com y te quedaste de reunir por Skype con un extranjero al que no conoces y quien también está interesado en el español que tú le puedas enseñar.

3. Conoces a una persona (quizá el nuevo novio de tu prima) que domina el idioma que tú quieres perfeccionar. A él no le interesa que tú le ayudes a practicar español, y probablemente te lo sigas encontrando en distintas ocasiones.

4. El encargado de una tienda, un maestro en la misma universidad que tú, un colega relativamente distante con el que sabes que podrías practicar pero con el que no te animas a sacar el tema, probablemente ni sabe que hablas su lengua.

5. Todas las personas que ahora te rodean. Es decir, ¡ eres el extranjero! Te mudaste de país o estás de visita y esto te intimida.

6. Una mezcla de los anteriores, ya sean individuos o grupos.

Si bien para acercarse a cada uno de estos tipos de extranjeros se necesitan tácticas ligeramente distintas, en el fondo lo que tienen en común (para la mayoría de las personas) todos estos escenarios es que generan toda una gama de miedos y bloqueos mentales.

Tipos de bloqueos al hablar con extranjeros

Para muchos, la sola idea de acercarse a un extranjero genera un sentimiento desagradable en la boca del estómago.

Para otros, comenzar a interactuar no es el problema, sino ser capaz de emitir algún sonido en el otro idioma (es de lo más común olvidar el idioma en una situación así, se pone la mente en blanco).

En algunos casos, la dificultad no consiste en empezar a hablar ni en recordar la lengua, sino en una preocupación extrema por hablar y pronunciar de manera perfecta y comprender absolutamente todo lo que el extranjero responda o diga.

En otros, el bloqueo radica no en hablar o comprenderlo todo, sino en el contenido de las interacciones, en los significados que se transmiten y en aquello que la otra persona puede estar pensando de nosotros.

Desde mi punto de vista, todos los miedos y bloqueos mentales cuando se trata de hablar un idioma con extranjeros tienen su raíz en eso último: el temor a la opinión que tendrán las demás personas sobre nosotros (y lo que eso implica).

Es decir, los miedos “lingüísticos”, por llamarlos de alguna forma, son miedos “humanos”, que tienen que ver con aquello que le importa a nuestra parte más elemental: sentirnos incluidos en vez de excluidos, aceptados en vez de rechazados, apreciados en vez de devaluados.

De ahí que no sea un miedo tan fácil de superar para la mayoría de las personas: pertenecer es algo muy importante.

Por eso consejos como “¡Solo lánzate!” no suelen funcionar. Porque no están atendiendo el verdadero problema de fondo.

Yo he pensado mucho en torno a esto, pues desde que tengo memoria he sido una persona bastante miedosa.

Además, soy introvertida, por lo que ciertos tipos de interacciones sociales no me salen de forma natural.

Pero gracias a que soy así, he desarrollado ciertos “apoyos” que me han hecho darle la vuelta a mis preferencias innatas y que me han permitido hacer cosas que me dan miedo, incluso mucho.

Esto me hace sentir muy orgullosa de mí misma, pues todo lo que he aprendido sobre cómo lidiar con el miedo es algo que puedo enseñarle a la gente que no es arrojada por naturaleza y que está frustrada consigo misma por ello.

No hay necesidad de vivir frustrados, enojados y atemorizados.

Es posible hacer cosas que dan miedo—como hablar con extranjeros—sin sufrir demasiado y, sobre todo, sin hacer cosas aparentemente lógicas pero totalmente contraproducentes.

Mucha gente cree que el miedo es un enemigo al que se debe destruir, pero en la práctica, verlo así resulta muy perjudicial.

En resumen,

el miedo a hablar con extranjeros vive en un lugar muy profundo de nuestras psiques, y tiene sentido que nos pase. Es humano bloquearse.

Pero eso no significa que sea nuestro destino por siempre, es posible (y relativamente fácil) cambiar nuestra relación con el miedo y con la imagen que tenemos de los extranjeros.

En la siguiente entrada de esta serie te explicaré qué es exactamente lo que hay que hacer para disminuir el miedo a hablar con extranjeros. Puedes leerla aquí.

Si no lo has hecho, te recomiendo suscribirte al blog para que el nuevo artículo llegue a tu bandeja de entrada.

¿Tienes alguna pregunta o comentario? Te leo.

¿Mi estilo se necesita corregir?

El otro día que leía mi propio blog (oh, curioso hábito), me di cuenta de que nunca he hablado acerca de algo muy importante para mí: la claridad del lenguaje.

Podemos escribir—poner una palabra tras otra—en cualquier lengua que sepamos, y muy probablemente nos van a entender (o al menos eso esperamos), pero hay una dimensión de los idiomas que muy pocas personas tienen la capacidad de generar:

el esplendor.

Me refiero a un texto tan bien escrito, tan bien hecho, que es bello aun si se trata de un manual de instrucciones.

A un conjunto de palabras y frases tan correctamente enlazadas que son en sí mismas una obra de arte, independientemente de su contenido.

O como pensar en que muchas de las paredes de las mezquitas están cubiertas de caligrafía porque se considera que las palabras son lo más hermoso con lo que se puede adornar un lugar sagrado.

Ese tipo de cosas.

Corregir tu estilo

Muchas personas, sobre todo aquellos amantes del lenguaje que deciden escribir, preguntan cosas como:

¿Por qué alguien tiene que corregir mi estilo, si es totalmente mío y personal y subjetivo y lo amo?

Entiendo. Veo de dónde surge esa confusión. Una vez leí que el estilo, la “voz” escrita, consiste en plasmar nuestra personalidad en palabras. Obviamente, eso no se puede ni se debe corregir.

Como dice Alejandro Quintana, la corrección de estilo es, simplemente, asegurarse de que un texto se apegue a las normas lingüísticas para que se pueda comprender bien. Incluye lo siguiente:

  • Las frases están bien construidas y expresan las ideas de la forma más clara
  • Las palabras están debidamente empleadas y correctamente escritas
  • Además, las palabras suenan bien en el orden que han sido escritas
  • Los signos de puntuación están donde deben estar, ni más ni menos

Debo hacer una aclaración: algunos puntos de la anterior lista son subjetivos

Es decir, puedes tener un estilo literario muy propio, las frases puedes construirlas como quieras y los signos de puntuación colocarlos donde te apetezca…

pero hay normas que no puedes saltarte de ninguna de las maneras

oficiodeescritor.com

A eso me refiero.

Tal y como dije en este artículo sobre mi amor a los errores de ortografía, la mayoría de las lenguas tienen una versión estandarizada que nadie habla pero que todos intentamos escribir para que nos entiendan.

Al hacer corrección de estilo, se ajusta la redacción, la ortografía, la sintaxis y muchos otros detalles más, con la única finalidad de amplificar el poder del contenido.

Así, un buen corrector de estilo no interfiere con la personalidad-por-escrito del autor. Solo lo hace sonar más profesional, y convierte su texto en la mejor versión de sí mismo que pueda ser.

Es decir, desarrolla el potencial de ese conjunto de palabras.

Todo esto, y mucho más, es por lo que amo hacer corrección de textos. Para mí, es como llegar al nivel más íntimo y profundo de mi relación con el lenguaje. Conocerlo por dentro y por fuera, por arriba y por abajo, entenderlo a más no poder.

Aunque mucha gente no lo aprecie (por ignorancia, sobre todo) siempre me he sentido extremadamente afortunada de que mi cerebro esté tan adecuado al lenguaje (¿o es al revés? ¿el lenguaje está adecuado a mi cerebro?).

Sí, no doy una en matemáticas y no puedo dibujar algo que parezca terrícola, pero en realidad no me importa porque el español no me guarda prácticamente ningún secreto.

Y, como dije, muy pocas personas tienen acceso a eso.

Si eres corrector de estilo, o simplemente has identificado que tienes una gran facilidad para el lenguaje, te invito a que valores ese don que tienes.

Si tus dones están en otro lado, valóralos, también. Desde luego.

En resumen:

Antes de entrar a la universidad, yo pensaba que los correctores de estilo eran personas enojadas todo el tiempo porque la gente habla mal y escribe peor y bla bla bla.

Sé que muchos son así. No me identifico con ellos.

Hacer corrección de estilo no es “enmendarle la plana” a la forma única en la que se expresa cada persona.

Se trata de contribuir a que sus ideas sean comunicadas de la manera más clara posible, para que puedan generar el efecto que su autor desea en las personas a las que está dirigido su mensaje.

Es una forma de ayudar a las personas a cumplir sus metas. Yo lo sé porque lo hago todo el tiempo.

¿Alguna vez habías pensado que escribir con claridad está relacionado con cumplir metas?

rutina estudio

Diseña tu propia rutina para estudiar idiomas

Cuando esperamos encontrar como por arte de magia un momento para ser consistentes con un idioma, lo más probable es que nos demos cuenta de que eso no va a suceder. Necesitamos crear ese tiempo nosotros.

El otro día, un lector llamado Felipe me preguntó que si le podía recomendar alguna rutina de estudio diaria para el aprendizaje de idiomas.

¡Sí puedo! Y más que recomendar alguna rutina de estudio, lo que hago en esta entrada es enseñar a cualquier persona a diseñar su propia rutina de aprendizaje.

rutina estudio

Sistemas

Para crear un plan de estudio lo primero que necesitas hacer es generar un sistema.

(Esto lo aprendí de Cairene, quien es una genio de los sistemas y la organización).

Existen 6 elementos de todos los sistemas funcionales:

POR QUÉ

QUIÉN

DÓNDE

QUÉ

CUÁNDO

CÓMO

Una vez que logras tener una respuesta para cada rubro, tendrás un sistema más o menos estructurado al que le podrás hacer arreglos.

Te daré solo una pequeña explicación de cada uno porque de lo contrario me estaría robando el trabajo de Cairene (y de todos modos ella lo explica mil veces mejor), pero estoy segura de que tener una idea es mejor que estar confundido por querer estudiar y no poderlo hacer por falta de claridad.

POR QUÉ

Este rubro es igual a lo que una vez escribí acerca de la intención:

¿Cuál es la razón por la que quieres estudiar, aprender y/o dominar esta lengua? ¿Por qué es realmente importante para ti?

Porque es un sueño que tengo, algo que siempre he querido hacer y sé que me va a hacer muy feliz. 

QUIÉN

Aquí debes preguntar a quién le ayuda que aprendas un idioma o quién te va a ayudar a lograrlo.

El que yo aprenda inglés le va a ayudar a mi hermanita porque le serviré como ejemplo. 

No puedo practicar yo solo, me aburro muchísimo si no interactúo con otras personas.

DÓNDE

Implica el lugar y las herramientas que necesitas.

En mi escritorio (que esté limpio y sin distracciones). (Quizá el primer paso sea tirar toda la basura que tengo en mi escritorio).

Necesito un esquema o plan que me permita ver mi progreso, necesito materiales de las cuatro habilidades, una libreta exclusiva del inglés, una pluma, audífonos, el cargador de mi celular…

QUÉ

Qué cosas necesitas hacer para “estudiar tu idioma” (los pasos).

Lo primero que tengo que hacer es comer porque con hambre no puedo aprender.

Después, sentarme en mi escritorio si se trata de practicar lectura o escritura (o de ir al instituto para practicar con mi amigo X).

Luego, ver el esquema-calendario para ver dónde me quedé el día anterior y poder continuar con mi progreso. 

Luego, decidir con qué habilidad voy a empezar en este tiempo, y elegir un material para practicar.

Comenzar y descansar a la mitad.

Anotar dónde me quedé para futuras referencias y otras notas sobre qué me gustó y qué no. 

Guardar mis materiales donde los encuentre rápido para la siguiente vez. 

Esto irá quedando más claro conforme sigas con el sistema y con su puesta en escena.

CUÁNDO

Implica preguntarte tres cosas:

¿Durante cuánto tiempo?

Media hora cada vez. 

¿Cada cuánto tiempo?

Todos los días de lunes a viernes. 

¿En qué momento?

De 8:30 a 9:00 pm porque a esa hora nadie me distrae y no tengo hambre porque ya terminé de cenar. 

CÓMO

Es aquí donde se encuentra la clave para todo esto, pues tienes que poner atención en cuatro aspectos de tu energía:

1. Tu cuerpo

¿Tienes energía física? ¿Cómo involucras a tus sentidos en esta actividad?

Justo ahora no tengo sueño ni me siento cansado, y estoy disfrutando la energía que me dio la comida. Me gusta mucho oler mi libro de ejercicios y me encanta ver los colores de las plumas con las que escribo. 

2. Tu mente

¿Te puedes concentrar? ¿Entiendes lo que lees?

Puedo concentrarme y aprender muy bien porque ya pasaron varias horas desde que hice un esfuerzo mental grande. 

3. Tus emociones

Cuando nos sentimos tristes o enojados, no podemos poner atención en lo que estamos haciendo. ¿Te emociona lo que estás haciendo, o te aburre, o te deprime?

Me frustra un poco no avanzar tan rápido pero me entusiasma mucho ver mi tabla de progreso, eso me ayuda a que mis emociones no sean negativas.

4. Tu alma

Cuando sentimos que nuestro aprendizaje de idiomás está “conectado” con algo más grande que nosotros (el Universo, la vida, el resto de las personas, Dios, la trascendencia, el planeta…), nuestra parte “espiritual” nos llena de energía para hacerlo.

Siento que cada vez que me siento a aprender inglés, mi comunidad y mi país son un poco mejores.

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Si sientes que hay algo que está disminuyendo de cierta forma tu energía física, mental, emocional o espiritual, haz ajustes para arreglar eso. Por ejemplo, si intentas estudiar pero te distraes mucho porque estás cansado, intenta hacer algo distinto antes (como lavar los platos) para que tu mente descanse.

Poco a poco irá tomando forma tu sistema hasta que se sienta ahhh, adecuado.

Afinación

Mientras vayas creando el sistema verás que hay cosas que debes regresar a cambiar, y muchas ideas se te irán ocurriendo conforme lo escribas.

Cuando termines de hacer tu sistema, debes aplicarlo y ajustar los detalles sobre la marcha y a medida que vayas notando qué le falta (o sobra) en la práctica.

Cada vez que cambie algo en tu vida (tus horarios, tu nivel de energía, tu locación) deberás revisar el sistema para ver si se sigue adaptando y afinar lo que no.

Funciona

Cuando encontré esto de los sistemas mi vida cambió para siempre en el sentido de que dejé de echarme la culpa por no hacer las cosas que realmente quería (como meditar, o escuchar podcasts, o simplemente usar hilo dental a intervalos saludables).

Sí, tenía mucha resistencia y hasta flojera de hacer algunas cosas (difíciles o no tanto), pero lo que más afectaba era que no sabía dónde hacerlas, cuándo hacerlas o cómo hacerlas.

Ahora todo tiene sentido y procrastino mucho menos, me siento más relajada y aunque siga habiendo resistencia, ya sé por dónde empezar, lo cual es de gran ayuda.

Dale una oportunidad a los sistemas, aplícalos a tu aprendizaje de idiomas y a todo aquello que quieres o “debes” hacer y no puedes porque no encuentras el tiempo.

Y si te gusta este tipo de trabajo y, como yo, sientes que es mágico, maravilloso y no puedes creer no haber oído de él antes, échale un ojo a todas las guías de Third Hand Works. Te lo recomiendo más que ampliamente, sobre todo si te sientes desorganizado en tu día a día y sin esperanza al respecto.

En resumen, cuando tienes claro por qué, cómo, dónde, cuándo, quién y qué es lo que quieres hacer cuando dices que quieres “estudiar” o “aprender” un idioma, tendrás la claridad necesaria para realmente poner manos a la obra y hacer que deje de estar en el mundo de ilusiones del “algún día”.

Si creas un sistema y te funciona o te hace notar algo que no sabías acerca de tu relación con el aprendizaje de idiomas, no dudes en contármelo, me interesa mucho.

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Foto de Sebastien Wiertz 

Cómo encontrar más tiempo (del que creías que tenías) para aprender otro idioma

Si te preguntas cosas como “¿De dónde saco tiempo para aprender otro idioma?” o realmente piensas que tus días están demasiado llenos de cosas como para poder encontrar espacio para otras lenguas, esta entrada te puede dar varias respuestas.

Como no es tan fácil contar el tiempo (a diferencia del dinero, por ejemplo), es muy común no tener ni idea de cuánto nos lleva hacer cada actividad, o qué tantas cosas podemos meter en un día o una semana o un mes.

Sin embargo, tener este tipo de cosas claras puede ser la diferencia entre dedicarle un poco de tiempo cada día a aprender otra lengua (si es importante para ti y no puedes hallar un momento para hacerlo) o darte cuenta de que tu último intento por practicar el idioma fue hace seis meses (aunque creías que había sido menos).

El tiempo es una de las cosas más abstractas que existen (¿se puede decir que existe?), pero eso no significa que no podamos verlo y usarlo a nuestro favor con algunas herramientas.

What time is love?

Unschedule

Un sistema muy útil para esto es el “Unschedule“, que se podría traducir como “inhorario” o “deshorario” (pero no lo haré porque aprecio la salud de tus ojos).

A diferencia de un horario, que comienza lleno y te “dice” qué hacer, este no-horario es una tabla vacía de las 168 horas de cada semana, que has de llenar, de memoria, con las cosas que ya sabes que vas a hacer a lo largo de toda la semana que viene, incluyendo:

  • dormir
  • bañarte
  • comer
  • transportarte
  • trabajar y/o ir a la escuela, claro está
  • y, sobre todo: descansar, distraerte, procrastinar, salir, jugar, hacer ejercicio, etc.

Es importante no poner actividades que no haces pero que creerías que sería bueno poder llevar a cabo, sino las que ya tienes por seguro que van a pasar. Debe describir tu vida, no ser prescriptivo.

Por lo tanto, lo único que no debes escribir es aquello para lo que quieres encontrar más tiempo. En este caso, claro está, comenzar a aprender otro idioma o retomar tu aprendizaje.

Una vez que haces eso, va a quedarte claro qué días y qué horas tienes espacios en blanco. Algunas de esas horas van a ser ocupadas por eventos inesperados, pero la mayoría son horas (o mitades de horas) que puedes usar para lo que quieras, de manera consciente.

unschedule

Paciencia

Para que el Unschedule te muestre su magia necesitas darle por lo menos dos semanas (quizá hasta más).

La primera semana que lo intentes problablemente te darás cuenta de que calculaste mal algunas horas, o que se te olvidó que ciertos eventos iban a ocurrir.

Luego sólo es necesario ajustarlo para la segunda semana, en la que si sigues poniendo atención en lo que haces y tomando notas en la tabla, comenzarás a notar, entre otras cosas, que hay actividades en tus días que no tiene sentido hacer.

Por ejemplo, cuando yo hice esto por primera vez, me di cuenta de que durante una semana usé 4.5 horas de mi vida con un juego que no me ayudaba a relajarme, ni a descansar, ni me hacía feliz siquiera. Lo sorprendente es que, si me hubieras preguntado, te habría dicho que a lo mucho habían sido dos horas.

Somos muy malos para calcular el tiempo.

Si miras tus semanas con curiosidad de ver en qué usas 168 horas vas a sorprenderte también, aunque quizá la mayor sorpresa sea que, de hecho, te faltaba claridad y no tiempo.

¿Por qué molestarse?

Una de las grandes virtudes del Unschedule—sobre todo después del periodo de prueba—es que, como puedes ver concretamente cuánto tiempo tienes disponible para estudiar tu idioma (antes de que comience tu programa de TV o antes de que lleguen tus amigos a tu casa), los pretextos desaparecen por completo.

O al menos en un 90%.

Una posible desventaja es que no funciona para toda la gente, y mucho menos en todos los momentos.

Aunque es una gran herramienta para saber en qué usas tu tiempo y para agregar o quitar actividades de tu día a día, después de un rato se vuelve tedioso (aunque he leído historias de personas que llevan años usándola con gran éxito).

Sin embargo, te lo recomiendo ampliamente para ser un poco más consciente de las horas que se van, porque [inserte cliché totalmente cierto de cómo el tiempo se nos va de la vida que sólo es una, etc].

Si esto realmente te ayuda para ponerte a estudiar tu idioma, la idea es que vayas marcando el tiempo que uses (de preferencia media hora cuando menos, pero no hay ninguna razón por la que esté mal que sean sólo 5 minutos).

Esto te permitirá tener una muestra visible de tu progreso, lo cual es fundamental para sentir que has hecho algo y que estás avanzando, sobre todo en los niveles en los que el progreso no se nota (tanto) en tus habilidades lingüísticas.

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Yo usé esta tabla para encontrar horas que no sabía que tenía para hacer mi tesis, y funciona a la perfección para cualquier otro tipo de proyectos importantes para los que siempre decimos Lo haría… si tuviera tiempo. 

Dale una oportunidad (o dos o tres) al Unschedule y, si te interesa esta manera de ver el tiempo, te recomiendo ampliamente el libro The NOW! Habit de Neil Fiore, de donde aprendí y adapté este concepto.

También te recomiendo este artículo para otras buenas ideas.

Y luego nos cuentas las sorpresas que te llevaste sobre el tiempo.

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Foto de Myxi

Cómo volver sustentable tu aprendizaje (para no dejarlo a la primera)

Quizá sea difícil de creer, pero la mayoría de las veces lo que menos importa es qué método uses para aprender otro idioma. Hay un factor fundamental para poder seguir aprendiendo, y no tiene tanto que ver con el método como con la forma en la que te relacionas con él.

Lo que realmente importa es que sea sostenible en el tiempo, es decir, que tenga ciertas características que te hagan mantener un sistema para aprender y avanzar al paso de los meses y los años.

Tengo la teoría de que somos muy malos, en general, para volver sustentables los proyectos propios porque siempre hemos tenido un sistema externo que nos ayude, como la escuela con cierto número de clases y de grados y fechas de entrega, etc.

Pero, ¿qué pasa cuando eres autodidacta y nadie te está exigiendo reportes?

Si eres como yo, seguramente has intentado motivarte, presionarte, amenazarte y hasta sobornarte con tal de mantenerte a flote cuando comienzas a dejar de lado tu plan de aprendizaje, sólo para darte cuenta de que después de una o dos o tres semanas lo abandonaste.

Brilliant Work

Es totalmente normal.

Hay muchos elementos en juego al momento de intentar hacer algo sostenible. Algunas pistas para saber si un proyecto va a poder mantenerse en el tiempo son las siguientes:

1. Que sea difícil pero no tanto.

2. Que se necesite esforzarse pero no explotarse.

3. Debe tener un poco más satisfacciones y logros que frustraciones.

4. Ha de poseer el nivel exacto de incertidumbre para que se vuelva emocionante.

5. Tiene que ser entretenido o divertido. Agradable, pues, y no un suplicio.

6. Debe tener un propósito. (Eso de la “intención“.)

7. Es recomendable que tenga una fecha de fin, aunque no indispensable, pues empresas como la adquisición de otra lengua en realidad nunca terminan.

8. Se debe sentir que uno va subiendo niveles, es decir, el progreso debe poderse medir visiblemente.

Entre otras.

Como he dicho en entradas anteriores, tiene que ver con encontrar el punto exacto de esfuerzo, de motivación, de dificultad y de disfrute para que sea un reto todo el tiempo, pero que no sea demasiado frustrante.

Sin embargo, para esta entrada sólo me enfocaré en aquellas veces en las que dejas un proyecto porque

1) es demasiado desafiante o

2) es tan fácil que es aburrido.

Si es demasiado fácil no vas a considerarlo como un logro (y todos queremos logros), y si es demasiado difícil o extenuante, vas a desarrollar un pequeño trauma y una que otra creencia negativa en tu contra.

Se trata de encontrar el límite y hacerse al hábito de preguntarse frecuentemente lo siguiente:

¿Todavía quiero hacer lo que me propuse?

¿Me esta costando demasiado trabajo?

¿Me está resultando demasiado fácil, (tanto que es aburrido)?

Existe una jerarquía. De más importante a menos relevante:

1. Que sea sustentable.

2. Que sea rápido.

Supón que has encontrado que tu sweet spot (como se dice en inglés) es escuchar un podcast en italiano a la semana, y que llegaste a esta conclusión después de haber intentado escuchar un episodio al día y darte cuenta de que después de unos días lo estabas dejando de lado y preferías hacer cualquier otra cosa que no tuviera nada que ver con el idioma, pero no porque no te gustara, sino porque sentías que era demasiado y te abrumabas.

Ahora supón que, por lo tanto, decidiste escuchar un mismo episodio del podcast dos veces durante el miércoles, (el día en el que tienes un poco más de tiempo), y aunque sientes que en comparación con otros estudiantes va más lento de lo que le gustaría, este cambio resultó ser tan sustentable y efectivo que llevas 4 meses así y ahora ya le entiendes a las canciones que escuchas en el restaurante de pizza que visitas, lo que te ha motivado, además, a leer media hora al día en italiano y a sentirte muy feliz con tu progreso.

Para lograr algo parecido, se puede poner atención a dos cosas:

1) al momento en el que ya no estamos estudiando como dijimos que haríamos y

2) qué es lo que sentimos al explicar nuestra aparente indiferencia o “falta de motivación”.

Así, si escuchamos lo que decimos cuando justificamos por qué dejamos la actividad que nos habíamos sugerido a nosotros mismos, encontraremos hacia qué lado se inclina la balanza: ¿es demasiado o muy poco?

Si es demasiado

Pistas para saber que tienes que disminuir la intensidad:

  • Sientes miedo a volver a fracasar (una especie de temor como si te hubiera mordido un perro).
  • No entiendes por qué te hiciste pasar por algo tan feo.
  • Aversión a hacerlo o al idioma en sí.
  • Sensación de que eres débil y no tienes fuerza de voluntad.

Cómo bajarle:

Parte a la mitad lo que hiciste el día que te espantaste (suponiendo que quieras seguir haciéndolo), y luego pártelo a la mitad otras dos veces, y haz eso. Por ejemplo, si leíste un libro de 100 hojas completo, lee ahora sólo 12 páginas.

Lo importante aquí es descansar, claro, pero sobre todo se trata de regresar y volverlo a intentar con el fin de evitar que se genere un trauma y que jamás lo retomes, porque con el tiempo se va a hacer más grande ese temor (que sólo intenta protegerte de que vuelvas a pasar tus límites) y en realidad no se trata de una amenaza grande. Puedes leer más sobre este fenómeno aquí.

Si es muy poco

Pistas para saber que le tienes que subir de intensidad:

  • Sientes indiferencia frente al aprendizaje de la lengua.
  • Te da flojera, no le ves caso, y hasta se te olvida que habías dicho que estudiarías.
  • Preferirías hacer cualquer otra cosa más entretenida y estimulante.
  • Sensación como de que ya hiciste lo que tenías que hacer, pero sin la satisfacción de un logro.

Cómo subirle:

Por ejemplo, puedes convertirlo en un juego: “aprenderme 10 palabras al día de aquí al viernes a media noche”. Lo realmente importante es que no estés seguro de si lo vas a poder hacer, pero que haya una posibilidad de que sí lo logres. Experimenta con varios retos (con más material, más tiempo de estudio, más fechas límite) hasta que encuentres uno a un buen nivel.

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Si alguna vez has hecho algo que nadie te obliga a hacer (como cualquier hobby) por mucho tiempo, seguramente fue porque te volviste bueno para hallar este nivel óptimo de dificultad y desafío. Intenta recordarlo y extrapolarlo a los idiomas y podrás mantener tu aprendizaje durante mucho tiempo.

También es muy útil ver todo lo que has hecho durante años y años sin siquiera ponerte a pensar si te gusta hacerlo. O copiarle a las cosas que están diseñadas para ser sustentables (y hasta adictivas) como los videojuegos, por ejemplo.

Y si pones atención en este proceso y entiendes qué es y cómo funciona, podrás volverte muy persistente frente a este tipo de obstáculos internos (que casi siempre son los más difíciles de superar):

si te ves tentado abandonar algo (no sólo relacionado con los idiomas) podrás preguntarte si se ha vuelto demasiado fácil o demasiado difícil, y podrás hacer ajustes y experimentos para encontrar formas de acercarlo más a tu nivel.

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Foto (que no tiene nada que ver) de Sérvulo Torres

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¿Qué has hecho tú en ocasiones anteriores para volver algo más emocionante o más ligero?