4 cosas que es mejor nunca decir si eres maestro de idiomas

Desde que aprendí a hablar, he tomado docenas de clases de idiomas.

Español en la primaria y varios cursos avanzados de gramática española en la licenciatura; inglés desde los 3 hasta los 18 años (de una variedad infinita), francés con maestros mexicanos, franceses, congoleses, haitianos, argelinos, canadienses; alemán, árabe, japonés y hasta latín.

Algunos maestros han sido realmente buenos, de los que te comparten su amor por el lenguaje, el idioma y la cultura que enseñan y hasta las clases mismas.

De los que extrañas cuando ya no los ves, y de los que siempre hablas con mucho cariño y hasta con brillo en los ojos.

Sin embargo, a veces me he encontrado con profesores que a pesar de tener buenas intenciones, por alguna razón terminan transmitiendo mensajes que no concuerdan con aquello que (desde mi punto de vista) un maestro de idiomas debería transmitir.

Es decir, un aprecio hacia las culturas del mundo, la diversidad, del hecho de que existen centenas de formas (lingüísticas) de acercarse a la realidad y de que ninguna es mejor que otra.

Mi intención con esta entrada no es criticar, ni ofender, ni hacer enojar, ni mucho menos.

Solo quiero compartir algunas cuestiones que he escuchado decir a maestros de idiomas y mi opinión al respecto.

Si eres maestro de idiomas, confío en que no te lo tomarás personal, aun si te llegaras a sentir identificado con algo de lo que leas.

Entiendo que puede ser algo fuerte, y tienes todo el derecho de dejar de leer si sientes que es lo mejor para ti.

(Y si no eres profesor, ten en cuenta que si escuchas alguna de estas cosas de boca de uno, quizá valga la pena cuestionarlas un poco).

Ahora que decidiste seguir leyendo, he aquí 4 ejemplos de cosas que me gustaría que los profesores de idiomas no dijeran (y mis razones):

1. “El idioma x [que no enseño] es horrible”

Existe un fenómeno muy curioso en el que algunas personas se enojan con una lengua que no les gusta, o que no pudieron aprender por cualquier razón y entonces piensan que es una buena idea echarle tierra.

Y si bien cada persona tiene derecho a amar o no las lenguas que quiera, un salón de idiomas no es el mejor lugar para externar este tipo de opiniones.

La idea es transmitirle a los alumnos que no existen maneras mejores ni peores de comunicarse, y que todas las lenguas tienen el mismo valor lingüístico y gramatical, por el simple hecho de que es verdad.

Es más constructivo transmitir nuestra pasión por la lengua que enseñamos que esparcir nuestros juicios (o prejuicios) hacia otra lengua que no nos corresponde criticar.

2. “Si no hablas bien español, no vas a poder hablar bien [el otro idioma]”

Al saber aunque sea un poco de sociolingüística, queda claro que “hablar bien” es un término muy borroso.

¿Se refiere a usar palabras con prestigio, a usar las reglas que propone la RAE, a pronunciar como en determinado dialecto, a evitar cierto acento? ¿Qué es hablar bien?

Yo tampoco sé. Pero lo que sí tengo por seguro es que puedes hablar el sociolecto más estigmatizado y “feo” y “mal hablado” del español y aun así hablar francés como lo haría un miembro de la Académie Française* si realmente lo deseas y lo intentas con devoción, esperanza y esfuerzo.

*Suponiendo que sea lo más “correcto”, pues. 

No necesitas corregir tu lengua materna, o ajustarla a un estándar extraño si eso no es algo que te interese hacer, sobre todo porque puedes dominar el idioma que sea.

Para mi sorpresa, he visto gente que no redactar muy bien en español escribiendo inglés como anglófono nativo. Increíble, pero cierto.

3. “Mi método es el único que funciona”

OK, quizá no lo dicen con estas palabras, pero algunos maestros insinúan que si no estás pudiendo aprender el idioma con su método / libro / clase es porque eres un caso perdido.

No es cierto.

Pasa algo muy curioso: cuando un alumno responde bien a x método, el profesor se entera y se siente feliz y reafirma su confianza en su forma de enseñar.

En cambio, cuando a un alumno no le funciona, lo que sucede es que abandona la clase y no vuelve a tener contacto con el profesor.

Así, como en esta cultura dar feedback crítico o “negativo” está muy mal visto (o simplemente no se piensa en hacerlo), el profesor no se entera de que no le funcionó el método al alumno desertor, ni las razones para que eso sucediera.

No quiero decir que todos los métodos le funcionan a todas las personas y que cuando algo no resulta así es culpa del profesor. Y no, tampoco es culpa de los estudiantes cuando un método no les sirve. ¡Hay miles de factores!

Pero lo cierto es que hacer encuestas al inicio de cada periodo y evaluaciones continuas al final de cada uno de ellos hace que los profesores mejoren cada vez más sus métodos y los adecuen a las necesidades de los estudiantes.

Muchos maestros le temen a la crítica y por eso no lo hacen, pero yo creo que es más aterrador dejar de crecer y mejorar día a día.

Hay muchos, muchísimos métodos distintos, y quizá algunos sean mejores que otros, pero no hay ninguno que sea El Mejor para todos.

4. “Probablemente este idioma no te sirva para nada porque no es inglés”

No tengo muy claro qué haría que un profesor dijera algo como esto, pero lo que sí sé es que no resulta algo que a un alumno le gustaría (o serviría) escuchar.

Además, suponiendo que fuera algo que tiene sentido decir, en realidad no hay forma de saberlo.

Nadie sabe para qué le va a servir todo lo que aprende, e incluso todo lo que le pasa. Para estar seguros, tendríamos que saber de antemano todo lo que nos depara el futuro, y no es así.

Vale más la pena propiciar la curiosidad de cada estudiante y confiar en que cada uno de ellos sabe qué hacer.

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En resumen, siempre es mejor para todos cuando los maestros deciden transmitir pasión, apertura a la experiencia, interés, curiosidad, aprecio y confianza.

Si vas a comentar esta entrada (como profesor, alumno o lo que sea) sé lo más respetuoso y amable que puedas.

15 claves para aprender un idioma por tu cuenta

Nota: Este genial artículo (y el súper útil regalo que incluye) fue escrito por un invitado que realmente sabe de lo que habla*. Si te gusta mi enfoque hacia el aprendizaje de lenguas, el suyo te va a encantar. Te prometo que te sentirás feliz de poner atención a todo lo que él tenga que decir. Sobre todo si se trata de su libro, donde puedes leer una entrevista mía en la que comparto muchos detalles sobre cómo aprendí inglés (de los que nunca he escrito en el blog). 

Alejandro Castrelo en la Ciudad de México
Alejandro en la Ciudad de México

Después de un período de intercambio académico en Rumanía, me conceden una beca de intercambio para San Luis Potosí (México) en el primer semestre del curso 2013-14. La buena fortuna me sonrió de nuevo.

Tras escuchar muchos comentarios de familiares y amistades de tipo: “Estás loco”, “¿No sabes lo peligroso que es México?”, “Te van a matar”, en mi mente se reforzó la idea de que marchar para allá era la decisión correcta. Lo mismo que con Rumanía: si todo el mundo estaba en contra de la idea, ahí tenía que haber algo bueno.

Aterrizado en la capital mexicana y después de cambiar unos euros a pesos, me dirijo a la ciudad de mi intercambio en uno de esos lujosos autobuses de la compañía Primera Plus, donde me dan mi “Bimbo” y “Boing” a juego con una agradable bienvenida.

Una vez en San Luis Potosí, después de unos días de haber encontrado alojamiento y arreglado las asignaturas que iba a realizar, me dan la oportunidad de hacer la prueba de nivel para entrar en uno de los cursos de inglés que ofrecía la Universidad.

Con los resultados en la mano, la evaluadora me indicó que para mi nivel avanzado ya no tenían cursos de inglés que ofrecerme, pero que si estaba dispuesto, podría colaborar como facilitador de inglés en el aula de conversación del nivel avanzado.

Después de pensarlo durante 2 segundos, acepté. Alumnos de distintas facultades venían a practicar conversación. A veces hacíamos juegos, otras veces conversábamos acerca de temas que me parecían interesantes.

Entre los alumnos, había personalidades de todos los tipos. Algunos muy atrevidos e interesados en el idioma, que no tenían miedo a participar y expresarse en el idioma de Shakespeare mientras que otros eran más tímidos y no les lograbas sacar una palabra de sus bocas.

Entusiasmado con el éxito experimentado en las aulas de conversación y con ganas de seguir compartiendo mis conocimientos acerca del aprendizaje independiente del idioma, me decido a crear un blog.

Tras buscar maneras de crear páginas web en Internet, y barajar posibles nombres para la web, me decanto por la marca “largalengua” en los conocidos servidores de Weebly.

Después de varios artículos sin mucho éxito de audiencia, poco a poco voy publicando con menos regularidad. Otras actividades prioritarias se me cruzaron en el camino y eventualmente dejé el blog aparcado. Aunque esta idea nunca continuó, la semilla había sido plantada.

Tras entrar a trabajar de profesor en una preparatoria y dar clases en una academia de idiomas, sigo animando a los alumnos a que trabajen en casa, que escuchen audios, vean películas y en general, que vivan el idioma cada día. Les decía que 2 clases a la semana no bastaban si querían tener un nivel decente de inglés.

Frustrado de alguna forma con la situación, y aunque algunos alumnos captaban el mensaje, la mayoría confiaba en que sus escasas sesiones semanales de una hora de duración los llevarían a convertirse en nativos en el idioma. Good luck.

De vuelta a España por Navidad, y en una conversación—al parecer—casual con mi hermano, surge la idea de poner todo mi conocimiento acerca del aprendizaje del inglés en un libro. Seguidamente, agarro un bolígrafo y me dispongo a escribir toda mi sabiduría sobre el papel.

Con letra furiosa, vuelco todo eso que tenía dentro. Todas esas ideas, pensamientos y estrategias de aprendizaje que había acumulado a lo largo del tiempo. El libro iba tomando forma. Ahora solo quedaba estructurarlo, encontrarle un título y buscarle una portada. Casi nada.

Siguiendo los consejos del prolífico autor Steve Scott, me dispongo a escribir todos los días, entre 500 y 1000 palabras. Nunca había escrito nada, pero esta era la prueba de fuego: tenía que demostrarle al mundo que se podía aprender inglés de manera independiente.

Había días en que seriamente dudaba de lo que estaba escribiendo. No tenía ninguna validación y no sabía si a la gente le gustaría. Mi amigo Pablo se comprometió conmigo y yo con él a enviarle de manera regular los extractos escritos. Esto me ayudó enormemente a completar el primer manuscrito.

Primero la escritura del primer borrador, edición. Encontrarle un título. Buscarle una portada. Promocionarlo. Muchas cosas tenía que hacer uno para llegar al público.

Un buen día, uno de mis amigos más emprendedores que conozco y creador de uno de los blogs más populares en español sobre estilos de vida alternativos y emprendimiento online, me dijo:

Alejandro, tenemos que hacer dos cosas: 1. Pegarnos un viaje juntos, 2. Tienes que publicar un artículo en mi blog, “Vivir al Máximo”. 

Voilà! Así fue. Días más tarde ya estaba el artículo publicado: Cómo aprendí inglés por mi cuenta — sin colegio bilingüe, padres nativos ni novia extranjera”, contando mi historia y ofreciendo mi recién publicado libro , habiendo llegado el post a la friolera de 200.000 visitas únicas.

Recibo comentarios y mensajes de todo el mundo hispanoparlante: Cuba, México, Venezuela, Perú, Colombia, España… entre otros. El mensaje había calado hondo. Las descargas de mi libro eran estratosféricas. Atrás quedaron momentos de frustración y dudas.

Con el aprendizaje de idiomas pasa lo mismo:

A menudo no nos consideramos capaces, no encontramos la motivación para estudiar diariamente y nos autoflagelamos con el insidioso pensamiento de “no llegaré a la meta”.

Déjame decirte que si has aprendido tu lengua materna sin problema, serás capaz de aprender cualquier idioma que se te ponga por delante.

Y una vez hayas comenzado, en ocasiones te alegrarás del progreso realizado y otras veces te sentirás estancado. Al igual que un camino entre valles y montañas, el proceso por el que todos tenemos que pasar está lleno de altibajos.

Hemos de aceptarlo desde el principio y prepararnos para lo que viene. Por tal motivo, y para que estés bien preparado, quiero compartir contigo los principios que sigo durante los primeros meses del estudio de un idioma.

15 claves para aprender un idioma por tu cuenta

1. Empezar a estudiar un idioma es la parte más difícil. Empieza hoy. Si tienes poco material, utiliza el que tengas para comenzar de inmediato.

2. No tengo ni idea acerca del idioma. En lugar de preocuparme, me enfoco en aprender acerca de ello. Razón suficiente para motivarse al máximo, no para estar asustado por el desconocimiento.

3. Los primeros pasos con el idioma los daremos con métodos de aprendizaje de lenguas extranjeras. De hecho, esa es la razón de su existencia.

4. Al principio, no entenderé nada y todo lo que diré probablemente esté mal. El propósito de ello es deshacerse del miedo a hablar y comenzar la interacción en conversaciones reales, no demostrar tus habilidades orales en el idioma.

Así que no tengas miedo; al igual que James Bond tenía licencia para matar, tú tienes licencia para equivocarte.

5. Aunque puedes irte al país sin saber ni pizca del idioma, tu curva de aprendizaje se acelerará si te familiarizas con él a través de un buen método de estudio durante un tiempo, con la finalidad de pasar de la etapa de principiante.

Idealmente, deberías ir al país donde esa lengua es oficial del nivel intermedio en adelante.

6. La pronunciación debe ser prioridad absoluta durante el primer mes. De otra forma, es posible que la interferencia de tu lengua materna te lleve a una pronunciación defectuosa.

7. Encuentra 1-2 personas con las que puedas practicar el idioma con regularidad. Pueden ser amigos, profesores o penpals. En italki y lang-8 puedes encontrar estos “tándems”.

8. Si te aburres con el mismo método, prueba a cambiarlo o intercalarlo con otro. Haz actividades diferentes con otros recursos que te ayuden a mantener tu interés tanto en el contenido como en el idioma.

9. Aprender un idioma lleva tiempo. No te presiones.

10. Si alguna vez te sientes abrumado, para de estudiar. Date un tiempo para reconciliarte con el idioma. Reflexiona en lo que no funcionó, recarga pilas y empieza de nuevo cuando estés preparado.

11. Ponte objetivos a corto plazo. Aumenta tus habilidades comunicativas a través de la persistencia y esfuerzo constantes. Dale tiempo al tiempo.

12. Durante los primeros 5-6 meses, enfócate en aumentar tu vocabulario, y en practicar lo más pronto posible tus habilidades orales en conversaciones reales. El 20% de tus actividades te dará el 80% de tus resultados.

13. Combina listening con reading. Asocia el mayor número de sentidos con una palabra para que seas capaz de recordar vocabulario a largo plazo.

14. Revisa regularmente lo que has visto en lecciones anteriores, así asimilarás de una forma duradera nuevas palabras, frases completas y estructuras gramaticales.

15. La gramática se aprende mejor a través de la exposición constante a textos y diálogos reales. No te dejes abrumar por ella. La mayoría de nativos no tienen ni idea del funcionamiento de su gramática y sin embargo manejan su propio idioma con soltura.

Para que comiences a aplicar estas 15 claves, te adjunto un pdf con los mejores recursos que he encontrado para aprender inglés (o incluso algún otro idioma) por tu cuenta. Haz click aquí para descargarlo.

Y tú, ¿cómo aprendes idiomas? ¿Cuáles son tus reglas a la hora de abordar el estudio de una lengua extranjera?

*Alejandro Castrelo, español sureño de 28 años, ingeniero industrial de formación y emprendedor de vocación. Desde que descubrió la comunidad políglota de Internet, no ha parado de poner en práctica toda la información para aprender idiomas de manera autodidacta. Amante de la tecnología y de los felinos. Cuando no está viajando, está leyendo libros de ensayo. Además, le gusta conversar con amigos y entre copas sobre las verdades profundas de la vida. Puedes encontrar sus artículos en: www.casinativo.com

¿Mi estilo se necesita corregir?

El otro día que leía mi propio blog (oh, curioso hábito), me di cuenta de que nunca he hablado acerca de algo muy importante para mí: la claridad del lenguaje.

Podemos escribir—poner una palabra tras otra—en cualquier lengua que sepamos, y muy probablemente nos van a entender (o al menos eso esperamos), pero hay una dimensión de los idiomas que muy pocas personas tienen la capacidad de generar:

el esplendor.

Me refiero a un texto tan bien escrito, tan bien hecho, que es bello aun si se trata de un manual de instrucciones.

A un conjunto de palabras y frases tan correctamente enlazadas que son en sí mismas una obra de arte, independientemente de su contenido.

O como pensar en que muchas de las paredes de las mezquitas están cubiertas de caligrafía porque se considera que las palabras son lo más hermoso con lo que se puede adornar un lugar sagrado.

Ese tipo de cosas.

Corregir tu estilo

Muchas personas, sobre todo aquellos amantes del lenguaje que deciden escribir, preguntan cosas como:

¿Por qué alguien tiene que corregir mi estilo, si es totalmente mío y personal y subjetivo y lo amo?

Entiendo. Veo de dónde surge esa confusión. Una vez leí que el estilo, la “voz” escrita, consiste en plasmar nuestra personalidad en palabras. Obviamente, eso no se puede ni se debe corregir.

Como dice Alejandro Quintana, la corrección de estilo es, simplemente, asegurarse de que un texto se apegue a las normas lingüísticas para que se pueda comprender bien. Incluye lo siguiente:

  • Las frases están bien construidas y expresan las ideas de la forma más clara
  • Las palabras están debidamente empleadas y correctamente escritas
  • Además, las palabras suenan bien en el orden que han sido escritas
  • Los signos de puntuación están donde deben estar, ni más ni menos

Debo hacer una aclaración: algunos puntos de la anterior lista son subjetivos

Es decir, puedes tener un estilo literario muy propio, las frases puedes construirlas como quieras y los signos de puntuación colocarlos donde te apetezca…

pero hay normas que no puedes saltarte de ninguna de las maneras

oficiodeescritor.com

A eso me refiero.

Tal y como dije en este artículo sobre mi amor a los errores de ortografía, la mayoría de las lenguas tienen una versión estandarizada que nadie habla pero que todos intentamos escribir para que nos entiendan.

Al hacer corrección de estilo, se ajusta la redacción, la ortografía, la sintaxis y muchos otros detalles más, con la única finalidad de amplificar el poder del contenido.

Así, un buen corrector de estilo no interfiere con la personalidad-por-escrito del autor. Solo lo hace sonar más profesional, y convierte su texto en la mejor versión de sí mismo que pueda ser.

Es decir, desarrolla el potencial de ese conjunto de palabras.

Todo esto, y mucho más, es por lo que amo hacer corrección de textos. Para mí, es como llegar al nivel más íntimo y profundo de mi relación con el lenguaje. Conocerlo por dentro y por fuera, por arriba y por abajo, entenderlo a más no poder.

Aunque mucha gente no lo aprecie (por ignorancia, sobre todo) siempre me he sentido extremadamente afortunada de que mi cerebro esté tan adecuado al lenguaje (¿o es al revés? ¿el lenguaje está adecuado a mi cerebro?).

Sí, no doy una en matemáticas y no puedo dibujar algo que parezca terrícola, pero en realidad no me importa porque el español no me guarda prácticamente ningún secreto.

Y, como dije, muy pocas personas tienen acceso a eso.

Si eres corrector de estilo, o simplemente has identificado que tienes una gran facilidad para el lenguaje, te invito a que valores ese don que tienes.

Si tus dones están en otro lado, valóralos, también. Desde luego.

En resumen:

Antes de entrar a la universidad, yo pensaba que los correctores de estilo eran personas enojadas todo el tiempo porque la gente habla mal y escribe peor y bla bla bla.

Sé que muchos son así. No me identifico con ellos.

Hacer corrección de estilo no es “enmendarle la plana” a la forma única en la que se expresa cada persona.

Se trata de contribuir a que sus ideas sean comunicadas de la manera más clara posible, para que puedan generar el efecto que su autor desea en las personas a las que está dirigido su mensaje.

Es una forma de ayudar a las personas a cumplir sus metas. Yo lo sé porque lo hago todo el tiempo.

¿Alguna vez habías pensado que escribir con claridad está relacionado con cumplir metas?

La magia de la schwa o: Cómo adquirir un nuevo sonido

Hace no mucho, por razones de las que quizá algún día escriba aquí, empecé a escuchar muchos podcasts para aprender inglés.

(Aunque, como tú sabes, el inglés y yo somos muy buenos amigos).

Esta breve incursión en el mundo del aprendizaje del inglés me ayudó a refinar un fonema que yo no sabía que no conocía, la schwa (se pronuncia /shuá/ y se transcribe ə , como una e al revés).

La schwa es no solo la vocal más común del idioma inglés, sino su sonido más frecuente. Y, curiosamente, el acento nunca cae una ə:

Quiero ser una schwa, nunca está acentuada /
Quiero ser una schwa, nunca está acentuada / “estresada”

Es decir, que cada vez que nos exponemos al inglés hablado, escuchamos una gran cantidad de schwas. Siempre y cuando estemos preparados para hacerlo, porque de otro modo, las filtramos y las asimilamos a otras vocales que sí podemos escuchar o, como es muy común que suceda, las “forzamos” a la letra que vemos escrita.

Es decir, si leemos “pencil” obligamos a la segunda vocal, que en realidad es una schwa, a que suene como “i”, porque dice pencil

Todo lo anterior es lo que me pasaba hasta que dejó de pasarme.

Entra la schwa

Como seguramente sabes si te preocupas por escuchar sonidos de otras lenguas y/o por mejorar tu pronunciación y/o si simplemente te gusta la fonética, tiene que haber ciertas condiciones para que un sonido nuevo realmente entre a tu sistema fonético.

Es decir, tienes que decirle a tu cerebro:

Hey, pon atención, este sonido nuevo suena como una j pero que en realidad es una h y se pronuncia como si echaras vaho a un espejo, pero sin abrir tanto los labios, y haciendo que vibren las cuerdas vocales pero no tanto. Ahora practícalo mil veces. Bien. Ahora estás listo para escucharlo. Aunque probablemente solo en algunos contextos.

Algo así fue lo que hice con esta vocal.

El primer lugar donde lo escuché fue en este episodio del podcast Go Natural English y mi cabeza explotó. ¡¿Eso existe?! Al principio era solo un concepto teórico, no podía identificar a la schwa.

La repetía varias veces, la intentaba oír, y sentía que no me salía.

Pero, conforme iba pasando el tiempo (y no fue poco tiempo, durante todo el proceso pasaron unos 2 o 3 meses), pude comenzar a escuchar una vocal rara en algunas frases en otros podcasts que oigo (que no son para aprendices de inglés; podcasts normales).

No se oía tal cual como la imagen acústica que yo tenía de la schwa, más bien era como un sonido que sobresalía, que antes no estaba.

Por eso supe que era la schwa, porque era la única vocal que me había esmerado en aprender a escuchar.

Después, vi este video de Amigos Ingleses:

…y memoricé las frases que ponen a partir del minuto 10:17. Las practiqué hasta que me aburrí.

Después, como no me aprendí todos los contextos en los que la vocal puede estar, a veces me surgía la duda de si llevaba schwa alguna palabra que yo sentía que la tenía. Entonces buscaba en el diccionario la transcripción fonética y la amigable “e” al revés me saludaba o no.

Todo esto fue afinando mi oído y mi intuición lingüística a tal punto que corregí en mi mente la pronunciación del inglés que ya había aprendido, palabra por palabra (de las más comunes, claro está, no pueden ser todas).

Por ejemplo, antes decía /bɑˈnɑːnɑ/ y me entrené para decir /bəˈnɑːnə/ (banana). Antes decía /tuˈmɒroʊ/ y ahora digo /təˈmɒrəʊ/ (tomorrow). Me veía chistosa:

llama linguista
Persona en la biblioteca haciendo sonidos raros / No está loca, solo es un estudiante de lingüística.

Como es lógico, todavía me queda mucho por seguir corrigiendo y puliendo, pero siento que hice un gran avance en mi pronunciación.

Te cuento esto porque fue algo extremadamente divertido para mí, sobre todo porque me recordó (otra vez) que uno nunca termina de aprender una lengua, ni siquiera cuando ya la entiende completamente.

Muchas personas no comprenden el inglés hablado porque su cerebro no tiene registrados los sonidos (y por lo mismo, no pronuncian tan bien como les gustaría, lo que hace que sus interlocutores no los entiendan cuando hablan).

Sin embargo, este no era mi caso, porque como entiendo todo lo que oigo* no me había dado cuenta de que no escuchaba la schwa.

*excepto si hablan en dialectos.

En resumen:

  1. Para adquirir un sonido nuevo, lo primero que tienes que hacer es saber que existe. Si se trata del inglés, hay miles de podcasts y videos en los que te explican todos y cada uno de los fonemas de esta lengua. Si se trata de otra lengua, quizá no haya tantos, pero estoy segura de que puedes encontrar materiales.
  2. Repítelo hasta que te sientas ridículo. Contrástalo con los otros sonidos que antes creías que eran. Vuelve a escucharlos y practícalos mientras escuchas alguna grabación de ese fonema (es decir, para que se oiga al unísono el mismo fonema).
  3. Escucha mucho inglés hablado hasta que salte un sonido raro que antes no escuchabas. Seguramente es el fonema que acabas de aprender. ¡Esto es muy buena señal!
  4. Si lo necesitas, busca la transcripción de algunas palabras en el diccionario para confirmar tu intuición.
  5. Sigue practicando palabras y frases enteras hasta que se vuelva automático. Si es tu caso, hazlo también para corregir la forma en la que solías pronunciar antes.
  6. Felicidades, has adquirido un sonido nuevo.

Y tú, ¿has aprendido recientemente un sonido nuevo? ¿Cómo le hiciste? Cuéntamelo todo en los comentarios

El arte de dominar una lengua

Nota: esta entrada fue escrita por una invitada*. Me llena de alegría publicarla porque yo misma aprendí mucho francés con poesía, es algo muy “cercano a mi corazón” (como se dice en inglés). Espero que la disfrutes y que te animes a aprender idiomas con poemas. 

El arte de perder, One art es un maravilloso poema que me persigue desde hace un par de semanas.

Avergonzada por no haber conocido antes la maravillosa obra poética de Elizabeth Bishop, he llegado a aprenderme los primeros versos casi de memoria, tanto en inglés como en español. E incluso recitarlos siguiendo la hipnotizante entonación de Tom O’Bedlam:

Este poema se ha convertido en una alegoría del sentimiento de nostalgia.

Aunque tal vez el significado del poema sea mostrar las claves de cómo evitar que la melancolía nos atrape y no nos deje seguir adelante, atándonos irremediablemente al pasado por el miedo a perder. Con tono conformista, Bishop exhibe el acto de perder como algo constructivo en último término, incluso necesario para seguir avanzando.

ONE ART

The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

– Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied. It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.

Un arte

El arte de perder no es difícil de adquirir.
Tantas cosas parecen empeñadas
en perderse, que su pérdida no es un desastre.

Pierde algo cada día. Acepta el tumulto
de llaves de puertas perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de adquirir.

Practica entonces perder más aún, y más rápido:
lugares, nombres, y el sitio al que se suponía
que viajarías. Nada de esto será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre, y ¡mira! la última, o
penúltima de tres casas que amaba se fue.
El arte de perder no es difícil de adquirir.

Perdí dos ciudades, ambas adorables. Y, más ampliamente,
algunos sitios de los que era dueña, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue un desastre.

—Hasta al perderte a ti (la voz bromista, un gesto
amado) no habré mentido. Es evidente que
el arte de perder no es demasiado difícil de adquirir
aunque parezca por momentos (¡Escríbelo!) un desastre.

APRENDE IDIOMAS CON POESÍA

No obstante, nada más llegar a mis manos la versión española, busqué el poema en inglés para asegurarme que la traducción era fiel al original y no pretensión literaria del traductor. A partir de ahí, el principal uso que le he dado ha sido analizar y asimilar conceptos gramaticales entre español e inglés.

Nunca antes había considerado la poesía como un medio para perfeccionar mis conocimientos lingüísticos. Sin embargo, la simplicidad del verso, el lenguaje directo y la rima natural que no requiere de forzados giros gramaticales ha convertido El arte de perder en uno de los mejores recursos para explicar uno de los fenómenos más complicados de la lengua española: la conjugación verbal.

La aparición de diferentes formas personales de la conjugación del verbo perder permite entender—y explicar—de modo simple las terminaciones verbales en diferentes tiempos (pierde, perdí), las formas no personales (perder), la correlación entre sujeto-verbo-complemento directo [(Yo) Perdí el reloj de mi madre] y la derivación de palabras (pérdida).

Tras el experimento llevado a cabo con este poema, animo al lector a retarse a sí mismo escuchando y leyendo poesía en diferentes idiomas para entender la riqueza gramatical de la nueva lengua.

LAS DIFICULTADES DE LA CONJUGACIÓN VERBAL

Los hispanohablantes adquirimos conceptos relacionados con el tratamiento de los verbos de forma natural a lo largo de nuestro desarrollo lingüístico nativo. Por ello, la conjugación verbal nos parece una idea simple.

Durante nuestra infancia aprendemos los vocablos que se refieren técnicamente a lo que decimos día a día, usamos los tiempos verbales de forma casi “innata” sin considerar que tienen una denominación específica, que corresponden a una lógica con orígenes en el latín y que ha evolucionado y perdurado durante miles de años.

No es hasta que nos aventuramos a estudiar una nueva lengua que apreciamos la riqueza gramatical del español, lo que nos permite entender la existencia de las conjugaciones verbales, oraciones complejas y la enorme diversidad de palabras de la que gozamos.

Si destacamos especialmente la enorme dificultad que presenta para algunos aprender inglés, deberíamos considerar como es una lengua gramaticalmente plana, sin correlaciones entre número de hablantes y verbo—a excepción de la tercera persona del singular en tiempo presente—, y con tiempos verbales de única terminación. Mientras que sus hablantes afrontan cuantiosos inconvenientes cuando se aventuran a aprender español.

APRENDER A PERDER

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto aplicar la gramática de una lengua simple cuando dominamos una lengua gramaticalmente compleja? Básicamente por vergüenza, o miedo al ridículo; conceptos negativos que debemos empezar a dejar de lado, perderlos totalmente.

Si hablas español, tu cerebro está predispuesto a entender reglas gramaticales simples, ya que el esfuerzo necesario para asimilar las complejas no es requerido.

Así que pierde el miedo, porque es lo único que te hará quedarte rezagado, atrapado, sin evolucionar ni expandir tus horizontes. Encuentra tu propio método para descubrir nuevos idiomas, ya sea mediante películas, series, literatura, poesía o, incluso videojuegos (sí, conozco a alguien que se lanzó a aprender japonés traduciendo videojuegos).

Y sobre todo, recuerda que “el arte de perder no es difícil de adquirir”, así que pierde el temor al fracaso y embárcate en la aventura de ganar: una nueva lengua, una nueva cultura, una experiencia enriquecedora e única.

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*Me llamo Cristina Olmo, soy una catalana exiliada en Londres que además de inglés y español está luchando por aprender ruso. Actualmente trabajo para Linguasorb.com, una web de recursos gratuitos para aprender idiomas.

Estimados ciudadanos: dejen de querer cambiar el diccionario

Ya van varias veces que veo que alguien se queja amargamente de que—¡agh!—el diccionario está mal en su definición de algún término.

Hay quienes hacen peticiones para que los diccionarios cambien las descripciones del significado de las palabras, como el caso de la palabra success” en la Strayer University.

Dejando de lado la seguramente buena intención que tienen estas personas, escribo sobre esto porque me parece absurdo y porque, sobre todo, demuestra que existe muy poca comprensión sobre qué son y cómo funcionan los diccionarios.

Ahora bien, yo no soy lexicógrafa (es decir, no me dedico a hacer diccionarios), pero tengo claras un par de cosas por mi formación en lingüística.

dictionary

1. Los diccionarios no nos enseñan a hablar. 

Muchas personas creen que las palabras que usamos todos los días salen de los diccionarios y de las Academias de la Lengua, pero no es así. Nuestros padres nos enseñan a hablar. Nuestra cultura nos enseña las definiciones de las palabras.

Si el diccionario marcara cómo hablar, “torta” significaría lo mismo en México y en España por el simple hecho de que son los mismos sonidos en el mismo orden, y simplemente no es así. Cada cultura llena las palabras del significado que le conviene y así se transmite de generación en generación.

2. Los diccionarios son posteriores a los hablantes. 

Un diccionario bien hecho (porque no todos están bien hechos) registra la forma en la que las personas hablan. Es decir, los lexicógrafos escuchan cómo se usan las palabras y con base en ello redactan definiciones para que cuando un extranjero, o una persona que nunca ha oído una palabra la escucha por primera vez, pueda saber qué significa.

Si la definición de una palabra cambia con el uso (y el uso es el rey cuando de una lengua se trata), los creadores del diccionario entonces tienen el deber de registrar esa evolución del significado de la palabra, pero no necesariamente “cambiar” la definición, sino añadirla abajo. Hay palabras que tienen dos o muchas definiciones porque tienen dos o muchos usos.

3. Pocas personas usan los diccionarios monolingües. 

La idea detrás de estas campañas para modificar la definición de una palabra surgen de la idea extraña de que quienes van a usar una palabra (sobre todo si es tan común como “éxito”) buscan antes su significado y después la usan. No inventen. ¡Nada podría esta más alejado de la realidad!

En términos generales, las personas que buscan palabras en un diccionario de su lengua materna son muy pocas y, de cualquier forma, lo usan a posteriori, esto es, ya que han usado la palabra 10 millones de veces y solo cuando necesitan la definición para escribir un ensayo o algo por el estilo.

Un hablante común y corriente difícilmente va a buscar la definición de una palabra frecuente en el diccionario para usarla cotidianamente.

No sé muy bien de dónde sacaron que 90% of Americans associate success with happiness rather than “the fact of getting or achieving wealth, respect, or fame,” which is the current Merriam-Webster definition of success. ¿En serio?

Y aun si así fuera, “happiness” tendría que ser una definición MÁS de “success“, dado que tanta gente está comenzando a considerarlo así, según ellos.

Entiendo la idea detrás de la campaña. Entiendo que parte de una necesidad de redefinir el éxito porque la gente es muy exigente consigo misma, y todo eso.

Pero cambiar la definición del diccionario (suponiendo que los lexicógrafos de Merriam-Webster cedan ante la presión o también estén de acuerdo) no va a hacer nada para que la gente deje de asociar el éxito con la riqueza, el respeto o la fama. Para eso se necesitan siglos de evolución del inglés.

Si quieren que eso pase, van a tener que ser mucho más pacientes de lo que lo están siendo, pues será un cambio paulatino que se dé en la percepción de las personas.

Y, además, las nuevas ediciones de los diccionarios tardan mucho tiempo en salir a la luz. Para que esté bien hecho, un diccionario debe ser trabajado durante varios años por lo menos. 

Sí, la lengua cambia y está evolucionando todo el tiempo, y es seguro que la definición de “éxito” está evolucionando al ritmo de la cultura (tan es así que estos señores de la universidad lo están sintiendo), pero eso no significa que al modificar un diccionario que pocas personas leen se vaya a generar un cambio social o cultural.

Y, por si fuera poco, eligieron una palabra exageradamente subjetiva. Cada quien, aunque no sea consciente, define a su manera el éxito. Algunas personas nunca se van a sentir “exitosas” a menos que ganen su primer millón de USD, mientras que para otras el éxito reside en tener suficiente tiempo para ver a sus hijos crecer.

Además, la definición que le demos al éxito va cambiando conforme cada persona crece y conforme cambian sus circunstancias. Alguien que quería mucho respeto, por ejemplo, se da cuenta de que se siente muy solo en esa cima y decide que ahora será exitoso cuando sea parte de una comunidad de pares.

Miren, yo entiendo. Está muy bien que la gente le avise a los lexicógrafos que las definiciones de una palabra han evolucionado. Pero no es como que ellos no se hayan dado cuenta. Los lingüistas son personas obsesionadas con el lenguaje. Todo el tiempo están escuchando cómo habla la gente, no pueden evitarlo. Y más si a eso se dedican (!!!).

No digo que los creadores de diccionarios sean personas perfectas, son humanos que se pueden equivocar y que seguramente lo hacen, pero definitivamente podemos confiar en que están haciendo su trabajo y que si un hijo de vecino que no sabe mucho acerca del lenguaje se está dando cuenta de que el uso de una palabra está cambiando, los lexicógrafos y otros lingüistas también se están dando cuenta, pues su formación lo fomenta. (Y además les gusta hacerlo).

Pero bueno, el punto es que dudo mucho que cambiar la definición de un diccionario sirva de gran cosa para el cambio social. Puede influir, como cualquier otra cosa, pero realmente creo que no debe ser el centro de una campaña.

En mi opinión, hay varias causas mucho más importantes y urgentes que necesitan todas esas firmas.

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Foto de Steve James