¿Por qué nos ponemos metas que no cumplimos?

Por alguna razón, los seres humanos tendemos a fingir que no hemos vivido toda nuestra vida con nosotros mismos y que, por lo mismo, no sabemos cómo vamos a actuar.

Pero es eso, un fingimiento, porque en el fondo claro que lo sabemos.

Lo que pasa es que no actuamos como si nos conociéramos.

¿A qué me refiero?

Imagínate que te propones escuchar un podcast en alemán al día. Y entonces, en vez de decir,

Algo dentro de mí me dice que siendo como soy y estando mi vida como es, probablemente 7 episodios de podcast a la semana sean muchos, creo que debería ponerme una meta más fácil de alcanzar

Decimos:

Algo me dice que 7 episodios de podcast es mucho. Pero seguramente, como tengo mucha iniciativa y de verdad de verdad de verdad lo quiero hacer, me voy a esforzar (y forzar) mucho y lo voy a lograr, no me importa nada; ignoraré mis miedos y mis resistencias y CLARO QUE LO VOY A LOGRAR porque tengo que poder

Y en vez de escuchar 3 episodios de podcast a la semana, la meta factible, nos quedamos totalmente frustrados y pensando que tenemos que mejorar, que si tan solo tuviéramos más disciplina / menos distracción / más ganas / más [lo que sea] lo habríamos logrado.

¿Por qué seguimos empeñándonos en ponernos metas que no vamos a cumplir?

Creo que parte de esto reside en que pensamos que si nos aceptamos como somos vamos a dejar de mejorar como personas. Que si no nos ponemos metas “altas”, no vamos a crecer.

Y también tiene mucho que ver con que nos duele hacer evidente nuestras habilidades y capacidades actuales porque están muy lejos de ser lo que esperaríamos de nosotros mismos. Es una forma de no enfrentarnos a lo que no podemos hacer hoy.

Porque es mucho más fácil decir: “No, no pude, tendría que ser más [inteligente / capaz / talentosa / disciplinado] para lograrlo, y como no lo soy, bye a todo” (y entonces tirar los planes por la borda) que darnos cuenta de que todavía tenemos mucho que desarrollar en determinada habilidad.

Probablemente te pasa esto en varias areas de tu vida, no solo con los idiomas o los proyectos.

A mí muchas veces me pasa que compro comida (sobre todo vegetales) con la firme intención de que, ahora sí, esta semana sí, los cocinaré de una manera totalmente novedosa y comerlos no será para nada difícil.

Y-–oh sorpresa—al final de la semana me encuentro con que ni siquiera toqué las benditas verduras porque me olvidé por completo de su existencia. 😦

O algo que por fin aprendí, aunque no fue para nada fácil porque sentía que no era “cool”:

Que siempre siempre siempre siempre debo traer algo con lo que taparme del frío. Aunque haga sol. Aunque sea primavera o verano. Aunque me esté muriendo de calor justo en cuanto salgo de mi casa. Aunque… lo que sea.

Soy una persona que necesita cubrirse del frío cuando otras no, y ya, así soy.

(Y aun así, debo confesar que tan solo de escribir esto siento que la gente me va a juzgar y me va a decir que no invente, que no hace frío, bla bla bla. Ni modo).

Incluso me pasa con cosas tan pequeñas como: No voy a dejar como “no leído” este correo y sísí, sí me voy a acordar de comentarlo con Fulanita. (Es una trampa, sé que jamás me voy a acordar, mejor lo dejo como “no leído” y listo, me ahorro problemas y frustraciones y autoflagelaciones).

¿Qué se puede hacer?

Hay dos cosas que te invito a probar.

La primera es atreverte a mirarte tal y como eres, dejando de pensar que estás mal y que tienes que cambiar de preferencia lo más rápido posible.

Te lo juro, te lo prometo, te lo megagarantizo (what): no tienes que arreglarte porque no estás rota(o).

No tienes que exigirte ser de determinada forma que crees que te hará feliz o “mejor” o lo que sea.

De hecho, lo que yo he visto que funciona más para “mejorar” como persona es dejar de poner a luchar lo que somos hoy contra la imagen perfecta e idealizada que tenemos de nosotros mismos, porque entonces podemos ver nuestras verdaderas cualidades y fortalezas.

Si somos “menos que” esa imagen, solo podemos enfocarnos en lo que no somos y en lo que no tenemos.

En cambio, si somos lo que somos, hay mucha más oportunidad para vernos de manera global, con lo “bueno” y lo “malo”.

(Sí, ya sé que se dice fácil y no lo es tanto, pero es bueno tenerlo presente).

La segunda cosa que te invito a probar es, que si decides ponerte metas que significarían que te estiraras o que “cambiaras” para lograrlas, hagas un plan que de verdad vayas a seguir. (Es lo mismo, de hecho, haz un plan como si te conocieras).

Siguiendo con el ejemplo de los episodios de podcast, supongamos que estás 100% convencida(o) de que quieres escuchar 7 episodios a la semana, llueva, truene o relampaguee. Lo primero que tienes que hacer, después de elegirlo, es decidir por qué, cuándo, dónde y a qué hora del día lo vas a hacer.

Literalmente ponerlo en tu calendario, poner una alarma, un post-it, cosas que te lo recuerden.

Porque lo más seguro es que se te olvide que te propusiste algo ajeno a tu forma actual de hacer las cosas o de vivir tus días cotidianos. Incluso si te sientes tremendamente entusiasmada(o), esa emoción va a quedar en el pasado y tu propósito se te va a olvidar.

A veces pensamos que si tenemos que hacer un plan para cumplir nuestras metas, eso significa que no tenemos talento o que no somos tan inteligentes o tan [buenos] como creíamos, lo cual es totalmente absurdo.

Hacer un plan factible, amable, no habla mal de ti.

Cuando yo veo una persona que ha hecho un plan detallado, respetando su forma de ser, sus circunstancias actuales, el resto de sus necesidades, etc., no pienso que es la persona más loser del mundo; al contrario, lo que veo es que está comprometida con sus metas y que se está arriesgando a verse como es y a avanzar hacia lo que quiere ser a su propio ritmo.

¿Qué puedes hacer para facilitarle la vida a tu Yo del presente (tal y como es, como eres)?

Porque de eso se trata, esencialmente, de llevarse cada vez mejor con uno mismo.

¿Qué pasaría si comenzaras a tomar decisiones y a actuar como si te conocieras, como si ya supieras qué es lo que va a pasar si te pones en determinada situación?

En mi experiencia, lo que se encuentra después de eso es mucha, pero mucha paz.

¿Qué opinas? ¿Te gustaría compartir en los comentarios un escenario (o varios) en el que actúas como si no te conocieras?

¿Cambiar de identidad ayuda con los idiomas?

Te invito a acompañarme en experimento de identidad para ver si, como he leído que sucede, cambiar lo que creemos que somos ayuda a modificar lo que pasa fuera de nosotros.

Pero antes, un poco de antecedentes.

Durante varios años, me he creado (y creído) la identidad de “mata-plantas”.

La primera planta que maté (o, mejor dicho, dejé morir) fue una hortensia. Aunque tenía el color más bonito del mundo, y la regaba diario, hubo un momento de mi vida en el que salía de mi casa a las 6:40 de la mañana y regresaba como a las 10 de la noche, lo que hizo que perdiera el hábito de regarla y la flor se marchitó.

Después mantuve la planta en sí, ya sin flor, con la esperanza de que volviera a salir, pero como no lo hizo, sin querer queriendo la dejé morir.

(No, no me siento orgullosa de eso).

La segunda planta que maté fue una albahaca, una de mis hierbas favoritas para cocinar.

La compré en una maceta mediana y la regaba todos los días. Le iba arrancando hojas para cocinar con ellas, y aunque siempre tuve presente que no había que dejarla sin hojas para que pudiera hacer la fotosíntesis, un buen día se empezó a marchitar y por más que la regaba, ya no tuvo remedio.

La tercera planta que maté (ya, solo son tres) era—en teoría—una planta endémica de México que tiene unas flores amarillas que—en teoría—atraen a las mariposas. No recuerdo cómo se llama.

Un señor en el parque me vendió las semillas (junto con otras muchas cosas) con unas técnicas irresistibles de persuasión y llegué a sembrarlas. Nunca esperé nada de ellas pero para mi sorpresa, comenzaron a salir brotes.

Me emocioné mucho y los cuidaba como si su vida dependiera de mí (sí lo hacía) y no recuerdo qué pasó, o ya lo bloqueé, pero de un día para otro ya no tenía brotes. Murieron.

Esos han sido todos mis intentos por mantener viva una planta que no me han salido.

(Ah, no es cierto, también maté una composta). 😦

Quizá suene muy tonto, pero eso ha sido fuente de frustración en mi vida. Hasta me he convencido de que no me interesan las plantas y que puedo vivir perfectamente bien sin ellas.

Eso hizo que llegara a la conclusión de que soy una persona irresponsable, por ejemplo, e incluso me repito a mí misma que debería tener un cactus o algo más independiente para que no muera.

Cabe aclarar que es inconsciente lo que me pasa. No tengo claro en qué momento dejo de regar las plantas, o qué señales de que se están muriendo no veo, o qué pasa. Lo único que sé es que tiene que ver con mi ignorancia sobre temas del jardín, entre otras cosas nebulosas.

Pero hace unas semanas estaba platicando con mi amiga Ch, quien tiene un gran amor por las plantas y le dije que me gustaba mucho el cilantro, el perejil y la menta y me regaló semillas de las dos primeras.

Me dije a mí misma, las voy a sembrar y no dejaré que se mueran. (Hoy voy a cambiaaaar).

Pero no lo hice porque mi identidad de mata-plantas me ganaba.

Entonces, sin que yo me lo esperara, un día ella llegó con una plantita bebé de menta. Lo primero que hice fue emocionarme y luego preocuparme porque mi mata-plantismo ya tenía una nueva víctima.

Después, la pasé a una macetita que no recordaba que tenía guardada y la dejé bajo el sol, junto al resto de plantas que viven en mi casa (y que han sobrevivido porque no están a mi cargo, evidentemente).

Al día siguiente me di cuenta de que la pobre menta se estaba quemando, y entré en pánico, pero como no se había muerto había esperanza. La puse en un lugar con más sombra y le puse agua.

Como vi que le gustó su nuevo lugar, una esperanza comenzó a nacer dentro de mí: ¿Y si esta vez puedo no solo no matar una planta, sino hacer que viva y que explaye toda su tendencia natural al crecimiento?

Estos días he estado cuidando la menta. Pienso en ella todos los días. La voy a visitar en las mañanas y veo si el lugar en el que está le sigue gustando. Le echo agua. Voy viendo que tiene unos brotes mini y casi lloro de la emoción.

Hasta me animé a sembrar las otras semillas que Ch me regaló.

Y entre todo esto, se me ocurrió algo que había leído antes:

Quizá las plantas que han perecido lo han hecho porque yo pienso de mí que soy una mata-plantas.

Si dejo de pensar que lo soy, y lo que es mejor, si pienso que soy una cuida-plantas, o una persona que tiene lo que se necesita para tener un pequeño jardín, incluso ANTES de que la realidad me lo demuestre, ¿qué pasaría?

He estado jugando con esa idea. Cambiar de identidad de mata-plantas a cuida-plantas es difícil. No lo sabía, pero hay un montón de sentimientos y emociones estancados en eso, y veo cómo surgen dentro de mí voces de alarma:

Si soy una cuida-plantas, ¿significa que  soy responsable, que soy cuidadosa? ¿Qué va a pasar ahora en otras áreas de mi vida si me doy cuenta de que no soy tan irresponsable como creía?

De verdad me da miedo.

Haber sembrado las semillas está mostrando cosas de mí que no había querido ver. Por ejemplo, que para muchas cosas soy una mujer de poca fe. Si no veo resultados rápidos, entonces creo que no sirve.

Pero con las semillas no hay de otra, solo paciencia. Soy muy impaciente, y unos fetos de planta me ponen a prueba.

La verdad es que no sé si las plantitas van a seguir vivas durante mucho tiempo.

Pero estoy haciendo lo mejor que puedo. Estoy atreviéndome a dejar caer una identidad que yo tenía y que, por lo visto, no me estaba sirviendo. Estoy dejando que las plantitas me enseñen cosas que necesito aprender sobre mí, y estoy permitiendo que surjan cualidades positivas que tengo que, por miedo o por qué sé yo, no suelo dejar salir o admitir que poseo.

Es toda una aventura, y me gustaría invitarte a vivirla conmigo, si es algo que te interesa:

Para hacerlo, puedes pensar en alguna identidad que tengas, algo que opines sobre ti mismo(a). Por ejemplo, “soy mala para los idiomas”. “Soy pésimo para la pronunciación / para la gramática”. “No tengo suficiente disciplina para estudiar todos los días”.

Después, elige lo opuesto: “soy buena para los idiomas”. “Soy bueno para la pronunciación / para la gramática”. “Sí tengo suficiente disciplina para estudiar todos los días”.

No tienes que creértelo (de hecho, tu mente te va a decir que estás loco(a)). Solo observa qué sucede. Es muy probable que te enojes y comiences a sentirte amenazado(a): “¡Yo no soy así!”

Si te interesa, comienza a jugar y a encontrar pruebas de que quizá esa nueva identidad es algo real en ti. Por ejemplo, observa cuándo tienes suficiente disciplina, aunque sea para lavarte los dientes todos los días.

Quizá poco a poco la vieja identidad se vaya cayendo. Quizá no. Pero realmente creo que vale la pena probársela, como si de una prenda nueva se tratara, solo para ver qué pasa o qué surge, para saber un poco más de nosotros mismos.

¿Aceptas mi invitación? No tiene que ser ahora, de hecho es mejor si es a tu propio tiempo, cuando te sientas listo(a).

Gracias por leer.

No necesito consejos (gracias), pero me gustaría leer historias parecidas y muestras de empatía en los comentarios. ❤

4 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero. ¡Esta es la última entrada de la serie!

En la entrada anterior compartí una de mis técnicas favoritas para reducir los nervios y aumentar la confianza, es decir, planear qué hacer y qué decir antes de acercarse a un extranjero. (Lee el primer artículo aquí).

El presente artículo te ayudará a adquirir las habilidades necesarias para comenzar conversaciones con confianza (co-co-co-co).

Esas habilidades consisten en:

Saber qué es exactamente a lo que le tienes miedo. Es un hecho, si te bloqueas es porque temes algo, aun si es en el fondo y aun si no eres consciente de ello.

Tener claro cuál es el escenario terrorífico del que tu miedo te está queriendo proteger. Si sabes y puedes explicar qué es lo peor que podría pasar, ya estás mucho mejor preparado(a) que si no lo tienes claro.

Acceder a los recursos internos que te permiten tranquilizarte a ti mismo(a). Muchas veces ya sabemos qué es lo que nos tranquiliza y lo que nos hace tener más miedo, pero lo olvidamos porque no ponemos atención. Tener acceso directo a estos recursos internos es la clave.

Crear un plan realista. Utilizar todo lo que sabes sobre la vida y sobre ti para crear un plan realista y convincente en caso de que suceda lo que temes. Necesitas decirle a tu mente que se puede dejar de preocupar porque tú ya sabes qué hacer. Tú estás a cargo.

Aprender a “lanzarte al ruedo”. Hay que aprender a distinguir cuándo es una tontería actuar a pesar del miedo y cuándo es el único remedio.

Recordar tu razón de fondo. ¿Para qué te interesa platicar con extranjeros? ¿Para qué quieres superar tus miedos? Si no lo sabes, lo más probable es que te sabotees o lo evadas hasta el fin de los tiempos.

Usar tu cuerpo para calmarte. Es muy fácil perder el contacto con las sensaciones del cuerpo cuando estamos nerviosos por algo, pero regresar a ellas ayuda mucho a tranquilizarse.

Claro que todo esto tiene su truco.

Si hasta ahora tienes bloqueos es porque ciertos obstáculos te han impedido desarrollar esas habilidades.

Pero no te preocupes, puedes identificar esos obstáculos y aprender a desarrollarlas.

Puedes leer de esto a mucho más detalle en la guía digital que expande todo aquello de lo que he escrito en estas cuatro entradas.

Estoy muy orgullosa de haber creado algo así, y sobre todo, de haberme permitido compartirla con la gente a la que la va a beneficiar (algo que a veces puede ser muy difícil para las personas como yo).

Esta guía es una de las mejores cosas que he creado (si no es que la mejor). Puedes leer más sobre ella aquí.

Espero que te hayan servido estas entradas aun si no estás interesado(a) en la guía.

Me hace muy feliz pensar en que cada vez más personas pueden estar libres de los bloqueos al hablar otro idioma.

¿Eres tú una de ellas?

3 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero. 

En la primera entrada de esta serie puedes leer acerca de por qué es normal sentir nervios y miedos al hablar con extranjeros. En la entrada anterior expliqué 5 claves fundamentales para aumentar considerablemente tu nivel de calma.

Este artículo que estás leyendo es el más emocionante de todos. Este “pequeño” truco es el que hace toda la diferencia en tus niveles de nervios.

Esto es lo que dividirá en un antes y un después las interacciones que tengas, de sentirte inseguro(a) a confiar en tus habilidades.

Antes de llegar a ello, tengo que hacerte una advertencia.

Después de que la leas, te va a parecer lo más obvio del mundo. Probablemente te preguntarás por qué no se te había ocurrido antes. (¿O quizá sí lo había hecho?).

Pero no pienses que por ser “sencilla” no funciona, ni la descartes tan fácil.

Esto mueve montañas.

La técnica consiste en lo siguiente:

Tomar decisiones por adelantado. 

Es decir, tener muy claro:

  1. Si vas a comenzar una conversación con un saludo, una pregunta, un comentario. Y cuál.
  2. Cómo pedirle a la persona con la que estás hablando que hable más despacio
  3. Cómo pedirle que repita lo que dijo en caso de que no le hayas comprendido
  4. Cómo pedirle que te corrija
  5. Qué nivel de idioma tienes, para que no te lleguen dudas en el momento en el que estás hablando
  6. Cómo vas a reaccionar si te dicen que no te entienden
    O si te corrigen sin que se lo pidas
    O si se burlan de ti
    O si notan que estás nervioso y te lo dicen
  7. Qué hacer para terminar la conversación
  8. Etcétera

¿Por qué?

Porque si quieres decidir todas estas cosas (en tiempo récord y, de preferencia, de manera perfecta) sobre la marcha en el momento de la conversación, te vas a sentir muy nervioso(a).

En cambio, si tomas las decisiones de antemano, si ya sabes qué hacer, solo es cuestión de que lo apliques.

Es casi como manejar un auto. No tienes que decidir cuál de tus músculos mover para frenar cada vez que llegas a un alto.

Solo lo haces, y lo haces bien porque no te pones a ver las distintas opciones. Ya tomaste la decisión antes, ahora solo actúas con base en ella. No te pones nervioso(a) cada vez que tienes que frenar, ¿o sí?

De eso se trata.

Los bloqueos mentales vienen de las dudas:

“Y ahora, ¿qué hago?”

“¿Estará bien dicho lo que pregunté?”

“Podría saludar a la persona, o mejor preguntarle algo, o mejor decirle x, o…”

“¿Y si digo algo totalmente fuera de lugar?”

Así, si planeamos los escenarios con los que es más probable que nos enfrentemos, reducimos nuestros nervios al máximo porque solo tenemos que usar nuestra capacidad para la improvisación en uno o dos momentos inesperados (y no en todo).

Mucha gente cree que por el simple hecho de tener un muy bien nivel del idioma que aprendiste, esto de hablar con extranjeros se dará natural.

Pero no es verdad, se trata de todo un conjunto de habilidades (de las que casi nadie habla, por cierto) que hay que desarrollar y practicar.

Aunque para algunas personas es más fácil que para otras, te propongo que comiences a quitarte de la cabeza la idea de que eres la única persona a la que le sucede esto.

Y, sobre todo, que empieces a pensar que es posible para ti hablar con confianza, con calma, con una “indiferencia” sana frente a lo que puedan pensar de ti los demás.

Porque sí lo es, aun si te identificas más con la introversión y la timidez que con la extroversión y el arrojo.

Por lo tanto, te invito a perdonarte a ti mismo(a) por bloquearte, has hecho lo mejor que has podido.

No desperdiciaste tu tiempo al aprender una lengua que no puedes (aún) hablar, solo te falta pulir uno que otro detalle específico.

Ahora que sabes esto, te invito a darte la oportunidad de adquirir esas habilidades.

En la siguiente entrada de esta serie compartiré contigo cómo podrás comenzar a hacerlo, así que pon mucha atención. Puedes leerla aquí.

2 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero. 

En la entrada anterior expliqué que los bloqueos (totalmente normales, por cierto) que nos surgen al hablar otro idioma con extranjeros tienen en común la misma razón de fondo: la muy humana necesidad de ser aceptados y pertenecer.

Sin embargo, solo porque somos humanos no significa que tengamos que permanecer bloqueados cada vez que se nos presenta la oportunidad de practicar algún idioma que sepamos con un nativo.

Hay cosas que se pueden hacer para evitar que los miedos nos bloqueen. En esta entrada te comparto un conjunto de claves que suelen dar muy buenos resultados para alcanzar un buen nivel de calma mental.

¿A qué me refiero con “calma mental”?

Hablo de tener la certeza casi absoluta de que pase lo que pase, vas a desempeñarte de manera adecuada.

De que tu pronunciación es suficiente, de que vas a comprender lo necesario para mantener la conversación, de que tú y tu nivel del idioma están bien y que de verdad de verdad de verdad no importa lo que un extranjero pueda pensar de ti.

Es mantenerte centrado(a), presente, arraigado(a) y confiado(a). Aun si conjugaste mal un verbo. Aun si dijiste algo que estaba fuera de lugar. Aun si no supiste qué contestar y tartamudeaste o te ruborizaste.

Quizá esto suena muy alejado de lo que tu mente hace en automático actualmente, pero es absolutamente posible llegar a ese estado.

Claro que no va a ser de la noche a la mañana, se necesita determinación y práctica, como con todo.

Pero es un camino que vale mucho la pena andar, porque una vez que este tipo de bloqueos disminuyen, se abren una gran cantidad de puertas que ni siquiera sabíamos que estaban cerradas.

¿Cómo irse acercando a esa calma mental?

Sin afán de ponerme abstracta y espiritual, voy a decir que el único lugar donde existe la calma mental es el presente.

Los bloqueos viven en los recuerdos de experiencias negativas que nos sucedieron o en nuestra imaginación de un futuro aterrador.

Si logramos mantener nuestra atención en aquello que estamos viviendo en vez de en los escenarios nefastos que nos propone nuestra mente, vamos a poder estar lo más tranquilos posible.

Algunas claves son muy útiles para este fin

Por ejemplo:

1. Dejar de pensar que el resto de las personas (o sea, los extranjeros) son superhéroes perfectos.

No lo son. Son personas como tú y como yo y como todos, que cometen errores y los aceptan de buena gana en los demás.

Es más, probablemente también estén preocupados con lo que la gente piensa de ellos. También tienen miedos y también las han pasado cosas desagradables.

Sí, pertenecen a otra cultura, pero eso no les quita lo humano. A veces es muy fácil olvidarlo.

2. Poner toda la atención posible en el aquí y el ahora (de la conversación).

Aprender a ignorar, por lo menos en ese momento, las imágenes de ruina y destrucción que nos vienen, así como las voces críticas y devaluadoras que surgen dentro de nuestra cabeza.

Enfocarnos, estar presentes. Y contar con mucha disposición para practicarlo.

3. Dejar ir nuestros errores

(en lugar de obsesionarnos con ellos y reproducir la tortuosa película una y otra y otra vez).

Seguir caminando a pesar de los tropiezos. Observar cómo no sucede nada malo cuando nos equivocamos.

Darnos chance de no ser perfectos y constatar que la gente no está esperando a ver a qué hora nos equivocamos.

4. Recordar que no somos el centro de atención.

Que los demás están enfocados en ellos mismos, y que por lo tanto no se fijan en nuestro desempeño ni tienen ganas de calificarlo.

Y que aun si lo hicieran, no nos van a rechazar por haberlo hecho “mal”.

Nosotros mismos somos nuestros jueces más severos.

5. Confiar en nuestra capacidad para improvisar, y en nuestro buen juicio.

Creer en que somos más hábiles de lo que pensamos para salir bien de situaciones nuevas e inesperadas.

Porque lo somos aunque a veces lo dudemos.

“¡Pero es muy difícil!”

Claro que lo es. Si fuera fácil no habría una sola persona en el mundo que olvidara el idioma al hablar con un extranjero.

La buena noticia es que practicar tales claves con estos fines crea y fortalece hábitos que ayudan a todo lo demás que hagamos en nuestras vidas.

Como todo está relacionado, aspectos de nuestros días que ni siquiera sospechábamos que eran un problema se vuelven más fáciles, más agradables, o menos complicados cuando, por ejemplo, nuestra respuesta automática a un error que cometimos es dejarlo ir y seguir adelante.

Cosas por el estilo.

Así, lo anterior es una de las prácticas difíciles que vale la pena aprender a hacer y repetir hasta que viva dentro de ti.

Estas 5 claves (recordar que los extranjeros son personas con debilidades, poner atencion en la conversación, dejar ir nuestros errores, recordar que no somos el centro de atención y confiar en nuestra capacidad para improvisar) son parte de la mentalidad que hay que tener cuando se trata de hablar con extranjeros.

Sin embargo, el resto de la calma mental se obtiene a través de una técnica aparentemente sencilla (que parece obvia una vez que  la sabes) pero tremendamente efectiva, de la que hablaré en la próxima entrada. Puedes leerla aquí.

Lee sobre esto (a mucha más profundidad) en la guía Aplaca tus miedos.

1 – Cómo superar el miedo a hablar con extranjeros

En esta serie de artículos aprenderás qué necesitas para estar tranquilo(a) al tener una conversación en otro idioma con un extranjero.

Inicio

Para saber qué hacer cuando estamos cerca de algún nativo, hay que tener claro es que existen diferentes tipos de comunicaciones con extranjeros.

A lo largo de estos artículos, cuando diga “extranjeros” en realidad me refiero a cualquier persona con la que sientes que podrías practicar el idioma que estás aprendiendo o alguno otro que ya hayas adquirido.

No necesariamente tiene que vivir en otro país y, por lo tanto, puede que hable tu lengua materna.

Hay, entonces, varios tipos de “encuentros” con extranjeros.

1. Estás en una fiesta / viaje / en la calle / en el banco y de repente escuchas hablar a las personas que están cerca de ti y OMG, hablan el idioma que tú estás aprendiendo y consideras que es tu oportunidad para practicar con ellos.

2. Te metiste a una página como polyglotclub.com y te quedaste de reunir por Skype con un extranjero al que no conoces y quien también está interesado en el español que tú le puedas enseñar.

3. Conoces a una persona (quizá el nuevo novio de tu prima) que domina el idioma que tú quieres perfeccionar. A él no le interesa que tú le ayudes a practicar español, y probablemente te lo sigas encontrando en distintas ocasiones.

4. El encargado de una tienda, un maestro en la misma universidad que tú, un colega relativamente distante con el que sabes que podrías practicar pero con el que no te animas a sacar el tema, probablemente ni sabe que hablas su lengua.

5. Todas las personas que ahora te rodean. Es decir, ¡ eres el extranjero! Te mudaste de país o estás de visita y esto te intimida.

6. Una mezcla de los anteriores, ya sean individuos o grupos.

Si bien para acercarse a cada uno de estos tipos de extranjeros se necesitan tácticas ligeramente distintas, en el fondo lo que tienen en común (para la mayoría de las personas) todos estos escenarios es que generan toda una gama de miedos y bloqueos mentales.

Tipos de bloqueos al hablar con extranjeros

Para muchos, la sola idea de acercarse a un extranjero genera un sentimiento desagradable en la boca del estómago.

Para otros, comenzar a interactuar no es el problema, sino ser capaz de emitir algún sonido en el otro idioma (es de lo más común olvidar el idioma en una situación así, se pone la mente en blanco).

En algunos casos, la dificultad no consiste en empezar a hablar ni en recordar la lengua, sino en una preocupación extrema por hablar y pronunciar de manera perfecta y comprender absolutamente todo lo que el extranjero responda o diga.

En otros, el bloqueo radica no en hablar o comprenderlo todo, sino en el contenido de las interacciones, en los significados que se transmiten y en aquello que la otra persona puede estar pensando de nosotros.

Desde mi punto de vista, todos los miedos y bloqueos mentales cuando se trata de hablar un idioma con extranjeros tienen su raíz en eso último: el temor a la opinión que tendrán las demás personas sobre nosotros (y lo que eso implica).

Es decir, los miedos “lingüísticos”, por llamarlos de alguna forma, son miedos “humanos”, que tienen que ver con aquello que le importa a nuestra parte más elemental: sentirnos incluidos en vez de excluidos, aceptados en vez de rechazados, apreciados en vez de devaluados.

De ahí que no sea un miedo tan fácil de superar para la mayoría de las personas: pertenecer es algo muy importante.

Por eso consejos como “¡Solo lánzate!” no suelen funcionar. Porque no están atendiendo el verdadero problema de fondo.

Yo he pensado mucho en torno a esto, pues desde que tengo memoria he sido una persona bastante miedosa.

Además, soy introvertida, por lo que ciertos tipos de interacciones sociales no me salen de forma natural.

Pero gracias a que soy así, he desarrollado ciertos “apoyos” que me han hecho darle la vuelta a mis preferencias innatas y que me han permitido hacer cosas que me dan miedo, incluso mucho.

Esto me hace sentir muy orgullosa de mí misma, pues todo lo que he aprendido sobre cómo lidiar con el miedo es algo que puedo enseñarle a la gente que no es arrojada por naturaleza y que está frustrada consigo misma por ello.

No hay necesidad de vivir frustrados, enojados y atemorizados.

Es posible hacer cosas que dan miedo—como hablar con extranjeros—sin sufrir demasiado y, sobre todo, sin hacer cosas aparentemente lógicas pero totalmente contraproducentes.

Mucha gente cree que el miedo es un enemigo al que se debe destruir, pero en la práctica, verlo así resulta muy perjudicial.

En resumen,

el miedo a hablar con extranjeros vive en un lugar muy profundo de nuestras psiques, y tiene sentido que nos pase. Es humano bloquearse.

Pero eso no significa que sea nuestro destino por siempre, es posible (y relativamente fácil) cambiar nuestra relación con el miedo y con la imagen que tenemos de los extranjeros.

En la siguiente entrada de esta serie te explicaré qué es exactamente lo que hay que hacer para disminuir el miedo a hablar con extranjeros. Puedes leerla aquí.

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¿Tienes alguna pregunta o comentario? Te leo.