6 cosas emocionantes que hacer en Internet cuando estás aburrido(a)

Para mucha gente, lo contrario del aburrimiento es “divertirse” o “entretenerse”. Para mí, lo contrario del aburrimiento es “aprender”, “ver el mundo de otra forma”, “sorprenderme”, “maravillarme” o simplemente “interesarme en algo”.

Sé que no todas las personas son así, pero si esto suena como algo que tú has pensado, te invito a seguir leyendo.

¿Quieres saber por qué estás aburrido(a)?

Si buscaste en Google cosas interesantes para hacer, quizá es mejor que entiendas por qué te sientes así para curarlo de una vez por todas.

Estar aburrido(a) es como si tu mente te estuviera diciendo que le hace falta algo (al igual que la sed es un mensaje de que a tu cuerpo le faltan líquidos y te motiva a buscar agua).

Así como la sed se quita, el aburrimiento también se puede quitar si encuentras ese “algo”.

Buscas y buscas algo que pueda hacerte dejar de sentir aburrimiento porque tu mente te está motivando a que encuentres algo que le falta actualmente a tu vida.

Sé que no es tan fácil pasar de ver gifs chistosos a empezar a desarrollar un proyecto que te apasione mucho, por ejemplo.

Por eso hice una lista de actividades (que tienen que ver con los idiomas, el tema principal de este blog) que te pueden servir como inspiración o hasta como cura del aburrimiento.

Deja que los links te lleven y te sorprendan, y dale una oportunidad a todos los items de la lista antes de buscar otra cosa.

1. Cámbiale el país a YouTube

Entra a Youtube, ignora todos los videos que hay, y ve hasta abajo. Verás dos letreros con una flechita, uno que dice “Idioma” y al lado otro de “País”.youtubeElige uno de los países donde se habla la lengua que estás estudiando, sube la pantalla y en el centro verás una opción que dice “Videos del momento”. Ve ahí y reproduce algún video que te llame la atención, solo para ver qué pasa.

Si alguno te da mucha curiosidad, puedes usarlo para practicar tu oído y ponerle play todas las veces que sean necesarias hasta que lo entiendas por completo.

Opcional: Cámbiale también el idioma de la interfaz de Youtube para que los letreros como de “Inicio” o “Suscripciones” te aparezcan en la lengua que te interesa.

2. TED

¿Youtube ya te aburrió? Prueba TED. Está en inglés, pero en cuanto haces clic en uno de los videos, aparece una caja que dice: “[número] languages“.

Ve una plática (o muchas) dada por una persona brillante que pertenezca a categorías como “para quedarse con la boca abierta” (jaw-dropping), “fascinante”, “inspiradora”, “bella” o”divertida”.

Te reto a encontrar alguna que no sea, al menos, interesante. Por si te aburre ser un espectador pasivo, puedes contribuir a traducir pláticas.

Aquí puedes ver muchas charlas que han dado sobre el tema del lenguaje (y que han sido traducidas al español). Muy muy recomendables.

3. Wikipedia

Ya que estamos en traducir y aportar, la enciclopedia libre te da la oportunidad de hacerlo. Empieza por crear una cuenta y, una vez que la tengas, hacer tu página de usuario (sólo haz clic en tu propio nombre, hasta arriba). Puedes crear una torre de Babel como esta:

Mi propia torre (borrosa…)

O puedes ayudar a corregir y traducir artículos. Para que sea una mejor experiencia, ten en cuenta que los textos que corriges o traduces deben interesarte.

Si no tienes ganas de hacer eso, puedes simplemente dar clic en “Página aleatoria” y revisar alfabetos que te llamen la atención de la lista de la izquierda.

Yo así he aprendido a identificar varias lenguas, además de averiguar dónde se hablan y cómo suenan, esto último gracias a la ayuda de…

4. Google Translate

Ya sé que ya conoces el traductor de Google, pero es muy probable que no hayas usado una herramienta que tiene: el sintetizador de voz.

Es uno de los mejores sintetizadores de los que tengo noticia (hay unos muy malos…).

Para sacar sus bondades a la luz, copia un texto desde Wikipedia en una lengua que te haya dado curiosidad cómo suena, pégalo, y haz clic en el símbolo del altavoz.

Antes de eso debes tener activada la opción de “Detectar idioma” en la caja de la izquierda.

También está muy bien el botón de Ä, que escribe fonéticamente las palabras que vas escuchando para lenguas no escritas con el alfabeto latino, como el ruso, el japonés, el chino, etc.

Ah, por cierto, puedes ver la traducción a la derecha.

5. Duolingo

Esta página de aprendizaje de idiomas es adictiva, retadora, muy disfrutable y totalmente gratuita.

Lo único “malo” es que tiene muy pocas lenguas (aunque cada vez hay más, todo el tiempo están actualizando su app y su página).

En verdad creo que es muy buena para arrancar de una vez por todas con una lengua.

Una pequeña desventaja es que estás aprendiendo una lengua frente a una máquina, y como tú sabes, yo soy partidaria de hablar con personas porque te aportan más cosas que un programa de computadora, pero para eso tenemos al último ítem de la lista…

6. Habla con un extranjero

Esto es lo más emocionante. 😀

Existen páginas como PolyglotClub o Italki, que son comunidades de personas interesadas en las lenguas extranjeras.

Crea una cuenta, ya sea en para encontrar gente con la que puedas intercambiar las lenguas que hablas. (O si ya tienes una en otra página similar, úsala).

Para hacerlo, hay que conseguir un micrófono e instalar Skype en tu computadora, para que tengas cómo hablar con la gente disponible en cada una de las páginas.

Puedes escribirles un mensaje privado ofreciéndoles intercambiar idiomas, y pedirles su nombre de usuario en Skype.

Si te pones la meta de enviar 10 correos como mínimo en un día, al menos una persona te responderá y tendrás un amigo del otro lado del mundo con el que podrás conocer una o varias culturas distintas a la tuya y expandir tu vida.

Nota: a veces tienes que ser un poco insistente para concertar citas con las personas, teniendo en cuenta la diferencia horaria y todos los pequeños obstáculos que pueden hacer que el destinatario del mensaje diga: sí quisiera, pero no tengo tiempo… En realidad, sí lo tiene, todos lo tenemos. No tiene que ser una hora al día, pueden ser 20 minutos a la semana.

Si hablar con algún extranjero suena como algo aterrador, te recomiendo que leas la serie de artículos que escribí justo para ayudarte con eso.

Espero que después de explorar estas opciones te sientas menos aburrido(a).

Y si lo que acabas de leer te gustó, te invito a quedarte en necesitasotralengua.com y leer más sobre mí y sobre el blog.

 

Foto de left-hand

Tienes que (querer) hacer el ridículo

Sentir que uno ha hecho el ridículo es algo muy, muy incómodo. Yo lo he vivido. He hecho el ridículo decenas de veces… y contando.

Pero es posible acostumbrarse. Puedes tranquilizar a tu mente: no eres ni serás el único que se equivoque enfrente de mucha gente, o que diga algo que no pretendía ser cómico. Es parte de ser un humano social viviendo una existencia humana.

¿Una prueba? Tú también te has reído (¿o burlado?) de alguien que dice algo involuntariamente gracioso.

A fin de cuentas, de lo que se ríe la gente no es de ti, sino de lo que dijiste. Claro que está relacionado, pues te voltean a ver cuando lo hacen, pero se trata de algo más bien inocente: tú no eres lo que haces.

Una mujer que hace algo grosero no es una grosera todo el tiempo (seguramente a veces también hace cosas tiernas con sus hijos), así como alguien que hace algo ridículo no es un ridículo todo el tiempo. Los seres humanos hacemos cosas ridículas, tontas, inteligentes, impresionantes, imprudentes… pero somos mucho más que nuestras acciones.

En el momento en que entiendas que el ridículo es no sólo parte de la vida, sino parte del aprendizaje de cualquier cosa, y a medida que te des cuenta de que la vida sigue y después ya prácticamente nadie se acuerda, entonces serás casi invencible.

Tal vez no me creas, pero llega un momento en que, si se lo propone, uno comienza a dejar de identificarse con lo que dice, con las lenguas que habla, con el trabajo que le costó aprender tal o cual construcción gramatical, y entonces el miedo al ridículo desaparece. O por lo menos se reduce considerablemente.

Si alguien se ríe de ti, ríes con él. Si alguien te corrige, te da gusto (y no te lo tomas personal).

La verdad es que sí da risa…

Recuerdo que una vez, hace unos años, yo llegué al centro de lenguas donde estudiaba francés y como llegué temprano, el profesor de español hizo que el austriaco que estaba estudiando español con él practicara conmigo. El extranjero tuvo la desgracia de decir: “Mucho gusta” en vez de “Mucho gusto”.

¿Qué hubieras hecho tú? Yo me reí. Pero no es que me haya burlado de él: se veía que le costaba mucho trabajo. Y entonces, como yo era demasiado joven para entender muchas cosas, me seguí riendo, pero—lo juro—no era para que él sintiera que estaba haciendo el ridículo y se fuera a su casa pensando que era un fracaso para el español, sino porque, en ese momento, lo que yo creía era que estaba denotando alegría y un ambiente casual, y que eso lo animaba.

Ahora ya sé que se agradece más hacer un esfuerzo por no reírse.

La anécdota anterior fue para mostrarte que, a veces, si la gente se ríe de ti, no es DE TI. Es de lo que dijiste, o de lo que pensaron que dijiste, no de tu esencia, ni de tus principios, ni de tus talentos y cualidades. Ni siquiera de tus defectos.

En fin.

No le tengas tanto miedo al ridículo. Sí, uno se siente mal cuando todos lo ven raro, pero si uno simplemente lo deja pasar (en vez de repetirse mil veces “¡Maldición, hice el ridículo, hice el ridículo y todos se rieron de mí y ya no me respetan!”), se olvida a la misma velocidad que a los demás. (Tienen cosas más importantes en que pensar, créeme).

En el fondo, a lo que le tememos es a que nos excluyan de la tribu social, de quedarnos sin contactos y morirnos de hambre y frío (sí, seguimos reaccionando como hombres y mujeres de las cavernas).

Sin embargo, recuerda que aunque es muy importante, muy útil y muy agradable, no es indispensable para sobrevivir en este mundo moderno que todas las personas que conoces te aprueben y te adoren y te aplaudan. Puedes soportar (como seguramente has hecho varias veces en tu vida) el que algunas de ellas tengan o hayan tenido una opinión no taaaan favorable de ti.

Te deseo que el miedo al ridículo no te detenga tanto para practicar con otras personas.

Hazte a la idea de que se van a reír de las inevitablemente imperfectas palabras que salgan de tu boca y que no vas a dejar que te afecte: es parte del camino al perfeccionamiento, para que después ya no pase. Tal vez al final ni siquiera ocurra, de cualquier forma.

Si quien se ríe de tus construcciones agramaticales es un grupo de personas, piensa que la risa tiene la virtud de romper la tensión y de producir sustancias que hacen que te sientas más cercano a las personas que ríen contigo. Es como si te dieran una bienvenida. (Incómodo, sí, pero al fin y al cabo es mejor causar risa que aversión, u otro tipo de emociones desagradables).

Por último, aprende a reírte de ti mismo. La verdad es que sí da risa…

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Lee más:

Cómo tener una mente abierta
El temido primer nivel

Una lengua para un paladar exigente

Una vez hice que una canadiense comiera picante. La verdad, fue una experiencia muy satisfactoria, no por ver cómo sufría la señora, sino porque le llevé un trocito de mi cultura a su mesa, con mis propias manos. Y le gustó.

El poder de la cocina

Para mí, aprender a cocinar fue un gran logro, y no exagero cuando te digo que cambió mi vida y la mejoró sobremanera.

Un buen día agarré las riendas de mi propio estómago porque ya estaba harta de comer mal y pagar mucho en restaurantes. Había ya tomado un curso de cocina para principiantes (que en el momento no me sirvió porque yo era “pre-principiante” y todo era demasiado nuevo, no entendía nada), por lo que tenía ideas vagas, y unas cuantas recetas. Entre ellas, había unas verduras al curry. Lo recuerdo como si fuera ayer.

“Mamá-que-sabes-cocinar: ¿Me enseñas a usar el horno?” Y entonces todo empezó a tomar sentido. Tomaba revistas de cocina (de las que hay decenas en mi casa) encontraba recetas que no se vieran tan complicadas, hacía una lista para ir a comprar los ingredientes y eso se volvía una batalla:

Georgina vs. la frustración +  el miedo a arruinarlo todo + respira respira respira que no hay nada imposible y esto en algún momento tiene que salir.

Estaba en lo correcto. Al ir coleccionando logros (una lasaña que sabía bien. O sea, no sólo era comestible, ¡¡sabía bien!!, una carne bien cocida, un halago por aquí y otro por allá), las emociones no deseadas dieron paso a muchas experiencias deliciosas. Y a más logros.

Si no sabes preparar comida haz el esfuerzo y aprende a cocinar (Advertencia: vas a causar muchos destrozos antes de que te salga bien). No tienes idea de lo que te has perdido: tiene todas las ventajas del mundo, por donde lo veas.

Saber que puedes salvarte de morir de hambre, estés en donde estés, te da una confianza en ti mismo que no puedes obtener con otras cosas. Confía en mí, vale la pena. Y después puedes ir a otros países a compartirles tu cultura:

mojo ingredients

La comida, la cultura, la lengua, el paladar.

Michael Pollan ha investigado lúcidamente el gran tema de la comida y la nutrición. Dice que la mejor forma de comer es preguntándole a la cultura y que hemos de alimentarnos de la forma en que lo haría nuestra bisabuela, es decir, consumiendo comida real y sin ingredientes difíciles de pronunciar.

Si los japoneses, los libaneses, los franceses y los rusos siguen por ahí es porque han comido bien durante siglos enteros. Por lo tanto, tenemos que re-aprender a aprovechar y apreciar lo que nuestra tradición alimenticia nos ha heredado.

Cuando te interesas en la comida de otros países porque aprendes su lengua, alcanzas a comprender otros aspectos más profundos (por cotidianos) de las personas que los habitan.

Y si tú, en tu país, buscas recetas de otros lugares (alabado sea el internet), tu horizonte se abre y acabas yendo a mercados que no sabías que existían para conseguir especias de la India o verduras chinas.

Créeme cuando te digo que te va a gustar formar parte del mundo de la comida y de la cocina. ¿O debería decir “parte del mundo por la comida y la cocina”? Tú entiendes.

Pero, si por algo no te convenzo, lee dos muy buenos blogs sobre este tema:

1. El comidista está en español (es de España) y es genial. Tiene recetas, datos curiosos y mucho humor.

2. Legal Nomads está en inglés. Lo escribe una ex abogada que ahora se dedica a viajar y comer en países como Vietnam, Mongolia, Rusia y las Filipinas.

Y ve Julie & Julia. Yo siempre que la veo lloro de la emoción.

En resumen

  • Busca comprender la cultura del país (¡o países!) cuya lengua te interesa a través de su comida.
  • Aprende a cocinar para ti y para que cuando viajes o conozcas extranjeros les puedas compartir de tu propia y valiosa cultura, alimentándolos de paso.
  • Come menos productos procesados porque son demasiado nuevos para el ser humano.
  • Disfrútalo. Hay un placer enorme en todo esto.

Ya me voy a la cocina porque me dio hambre.

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Lee más:
Para qué sirven los idiomas
Adopta a un extranjero

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Foto de chotda

Cómo recuperar la motivación

Así que empezaste a aprender una lengua y de repente (sin saber por qué) te atoraste. Tu motivación se esfumó y ya ni te acuerdas para qué querías hablar X lengua. ¿Te ha pasado? ¿Te atoraste?

Suele suceder

No eres el único al que le pasa. ¡Y tiene solución! Antes de dártela, te explicaré por qué nos atascamos cuando queremos hacer algo que lleva varios meses de esfuerzo continuo.

El problema es que la motivación también debe ser continua, y normalmente nos la administramos una vez cada… mucho tiempo.

Vlad Dolezal, uno de mis bloggers favoritos, propone algo para que el entusiasmo dure y puedas lograr lo que quieres (en este caso, seguir avanzando en la lengua que abandonaste o estás por abandonar):

  • Entusiasmo respaldado por la curiosidad y por un deseo ardiente de lograrlo: si te pones a “estudiar” y sigues buscando la infinita lista de cosas que podrían gustarte acerca de la cultura del país o países en que la lengua es hablada y te interesas genuinamente por entender cómo piensan y viven esas personas, tu entusiasmo no se irá tan fácilmente.Me refiero a necesitar conocer lo más que se pueda.También hablo de ver la lengua como un enigma que se resuelve conforme la vas adquiriendo. Si has llegado a niveles avanzados, tal vez ya hayas sentido esto. “¿Cómo se dice tal cosa en X lengua?” Dale la bienvenida a tu curiosidad. A medida que decides no ignorar las flechas de neón que parecen tener algunos conceptos con que te cruzas por la vida, esa curiosidad te lleva por mejores caminos.

    Es genial (y divertido) ver todo como un misterio del que quieres saber más y más.

    Una de las cosas que más me gustan de la curiosidad es que es infinita, por lo que nunca te aburrirás si la ejercitas. Tal vez esté dormida en ti y sólo necesitas despertarla.

Redefine tu deseo

¿Recuerdas para qué querías aprender tu nuevo idioma? ¿Y por qué?

  • Haz una lista después de pensarlo un buen rato, hasta que la sensación que te motivó al inicio regrese o una nueva aparezca. Busca en Google: “razones para aprender [x lengua]” y ve qué sale. (Prueba buscar en inglés, también).
  • Platica con gente que hable esa lengua y pregúntale por qué le gusta o de qué le ha servido.
  • Revisa los apuntes (o películas o libros o páginas de Internet) que te recuerden tus “épocas felices” en relación con tu aprendizaje.
  • Busca en una guía de viajes al país donde se habla la lengua y déjate seducir por los lugares que no has visto y la gente con la que podrías comunicarte si hablaras la lengua.

Evita la rutina

La rutina mata neuronas. O por lo menos no crea más conexiones entre ellas. Estas conexiones son lo que mantienen en crecimiento nuestro cerebro. A menor rutina en tu vida, más vida en tu vida. 😉

Creo que no tengo que recordarte que la rutina es aburrida y que lo menos que queremos aquí es aburrirnos. Para salvarte de ella, no hagas lo mismo para “estudiar” todos los días que estudies.

Por ejemplo:

  • Si ves una película a la semana, hazlo un martes en la mañana, un domingo en la tarde y un jueves en la noche, no todos los sábados a las 7. Pasa una semana sin ver una película y ve cómo ocupar ese tiempo. Busca cuál es tu equivalente a la “película” de mi ejemplo.
  • Prueba actividades que nunca hayas hecho. Si te la pasas leyendo, sal a correr con música. Y si siempre oyes pop, pon reggae en la lengua que aprendes. Todos esos cambios hacen que tu cerebro despierte y que aprendas mejor, además de que renuevas tu motivación.Si las clases ya te aburrieron o no te inspiran, proponle al profesor un juego o actividad… algo divertido. Deja que tu imaginación fluya.

Lo más importante:

Encuentra motivación dentro de ti. La que viene de afuera se va demasiado rápido.

Para lograrlo, hállale un propósito a lo que estás haciendo. Ponte una misión, una meta que te inspire. Encuéntrale un sentido real para tu vida y la de los demás.

Si no lo ves a simple vista, detente a pensar hasta que salga. Recuerda que el lenguaje es lo que nos hace humanos y que, por lo tanto, toda la humanidad está relacionada con él y contigo.

Ya que tengas tu motivación, cuídala. Mantenla fresca. Alimenta tu curiosidad (y hazla crecer) y mantén vivo el deseo de aprender.

Y recuerda: si te atoras otra vez, no es que la lengua sea difícil o tu no seas bueno o los extranjeros sean feos. Es que no renovaste tu motivación.

Pequeña pausa

Si después de aplicar todo lo anterior esa lengua sigue sin llamarte la atención de verdad, tal vez sea hora de cambiar de lengua.

Quizá ya no te motiva porque cambiaron las situaciones que rodeaban a tu deseo original por aprenderla (como haber convivido mucho con una persona a la que ya no ves, por ejemplo).

Si este es tu caso, elige otra lengua. No tienes por qué obligarte a aprender una que no te gusta si nadie más te obliga. En este enorme mundo hay miles de lenguas.

Probablemente si ya te atoraste y no pudiste renovar tu motivación es porque ese idioma no era para ti. También sucede, y está bien. O tal vez necesites aprender más idiomas para regresar a este con otros ojos.

Se trata de divertirse, no de sufrir, de que cada día que “estudias” te haga más feliz, no que te haga quejarte.

Aunque no te hayas atorado aplica lo de romper la rutina y cuidar tu entusiasmo. Y aplícalo a todo aquello para lo que necesites motivación. O sea, todo.

Me despido por hoy con una cita que no podría tener más razón:

“La gente dice a menudo que la motivación no dura. Bueno, tampoco dura bañarse–por eso recomendamos hacerlo diariamente” –Zig Ziglar

Qué es “estudiar” o: Cómo convertirte en una esponja multicultural

Cuando decidimos que queremos aprender otro idioma, invariablemente decidimos también que vamos a ponernos a estudiar.

Nos ponemos a resolver ejercicios en Internet, a rellenar libros de trabajo, a seguir cursos audiovisuales o a hacer fichas con palabras.

Todo eso es útil, pero puede llegar a ser un poco tedioso. Por lo tanto, he decidido que para los fines de este blog, “estudiar” no es sentarse a hacer algo aburrido, como repetir de memoria la gramática entera.

Aquí “estudiar” es un término que se refiere a llevar a cabo cualquier actividad en la que la lengua de tu interés esté involucrada.

A lo largo de esta entrada mencionaré actividades y cosas relacionadas con:

1) la lengua que estás aprendiendo y
2) el país o países en los que se habla esa lengua.

Para evitar repeticiones, no especificaré que hablo de eso y no de tu idioma materno o tu país de origen, pero tú lo sabes. 😉

orange you glad I had a sponge?

Extiende tu antena

Cuando aprendemos una lengua, desarrollamos una especie de radar o sensor que nos hace encontrar cerca de nosotros todo lo que existe de la nación cuyo idioma nos interesa.

Por lo tanto, “estudiar” significa poner mucha atención en ello y preocuparse por integrarlo a una base de datos interna, a una parte de nuestra memoria dedicada sólo al nuevo idioma.

Así, se trata de hacer cosas como:

-ir a la embajada, hablar con extraños, investigar acerca de qué se come y buscar si hay restaurantes en tu ciudad para ir a probar;

-averiguar cuántas personas de esa nacionalidad viven en tu ciudad;

-investigar qué religión profesan y si te agrada o desagrada más que la tuya (o tu falta de religión),
-encontrar el país en el mapa y en un almanaque,
-saber de los nombres y hazañas de las personas más famosas.

“Estudiar” es platicar con alguien, buscar una tienda donde puedas comprar periódicos de allá; es cambiarle el país a Youtube para ver videos en el idioma, aprenderte canciones tradicionales.

También es traducir todos los nombres de calles en tu ciudad, las marcas y los apellidos de las personas (lejos o cerca de ti) para reírte de que significan algo. (Como saber que Schwarzenegger significa “negro negro” en alemán).

“Estudiar” también comienza al leer el artículo de Wikipedia del país para saber qué ecosistemas o qué climas predominan; cuántas personas viven en ese país; cómo es la bandera, si existen otras lenguas aparte de la que te interesa y qué tanto las cuidan.

“Estudiar” radica en:

  • escuchar estaciones de radio que se oyen allá, bajar podcasts, cazar música en Internet
  • ver los programas que pasen en tu televisión que hablen de cualquier aspecto relacionado con ese país
  • saber si su equipo de futbol soccer ha ganado mundiales o si hay algún deporte que les guste más
  • leer las noticias sobre la vida allá
  • averiguar si están en guerra y por qué, si tienen rey o presidente (o presidenta) y si lo odian o lo respetan
  • indagar qué actores son famosos y queridos o famosos y odiados
  • explorar cuál es la ciudad más grande e importante, y cuáles son las atracciones que un turista no se debe perder
  • tantear qué proporción guarda su moneda con la tuya
  • rastrear si hay universidades famosas
  • identificar si hay premios Nobel de la paz o si ya has leído a los de literatura

Es investigar :

si en tu casa hay algo fabricado en ese país,

si tienes vecinos que hayan nacido allá;

con qué países tiene fronteras,

si YouTube es legal ahí,

si son un país conquistado o si fueron un país conquistador,

si el arte contemporáneo nacional te gusta o si prefieres el de hace diez siglos (o ninguno);

Es aprender:

cómo vive la gente de tu edad,

cómo tratan a las mujeres en específico,

si la carrera que estudias(te) es común o aceptable en ese lugar,

si a esas personas les interesa hablar español o han leído el Quijote;

si conoces a alguien que haya viajado allá (para pedirle que te cuente sus experiencias),

Es incluso planear un viaje para aprender mejor el idioma y seguir “estudiando” pero ya no de lejos, sino ahí mismo.

¿Todo eso?

Como ves, “estudiar” es cualquier actividad que te hace abrir los ojos a recordar y reconocer que todas esas personas que viven en aquel país (y cuya lengua materna es la que ahora estudias) siempre han existido.

Todas estas cosas no sólo son conocimiento enciclopédico para que puedas sonar culto cuando alguien te pregunte; son experiencias que poco a poco van expandiendo tu visión del mundo y modificándola para bien.

Una lengua puede ayudarte a descubrir tu vocación (si no lo has hecho),
o a dejar de trabajar donde no te gusta hacerlo porque de un día para otro deja de tener sentido.

[Feb/2014: O como en mi caso, que cuando empecé a aprender árabe, estar rodeada de tantas cosas estadunidenses comenzó a resultarme molesto ]

La lista que escribí es sólo una “muestra gratis”, una pizca de todo lo que vas a encontrar.

Cuando te pongas a ver lo que desde siempre ha estado a tu alrededor y lo mires con el nuevo enfoque que sólo una lengua extranjera te puede dar, vas a preguntarte dónde había estado todo eso y te sentirás estúpidamente feliz de estarlo viendo ahora.

Es una sensación que te recomiendo mucho.

Entonces:

“Estudiar” es hacer lo que sea que esté relacionado tanto con el idioma como con el país o países donde se hablan para crearte un pequeño mundo de inmersión al guiar tu atención a todo lo vinculado con eso.

Es una excelente manera de enriquecer tu vida por medio de las lenguas, y de dejar que te cambien la vida.

Sé lo más curioso que puedas, y sigue todas las pistas para ver a dónde te llevan.

Te prometo que no te vas a arrepentir de convertir tu cerebro en una esponja de culturas y lenguas.

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Foto de darwin Bell