Hazte la vida más fácil con este sencillo cambio

¿Qué tan amable eres con tu Yo del futuro?

La procrastinación–la tendencia a dejar las cosas para después a través de la realización de una actividad no relacionada con lo que nos ocupa–, parte de una idea que, a decir verdad, es bastante absurda:

“Mañana seré una mejor persona de la que soy hoy”.

De hecho, es una falacia reconocida y documentada, y se han hecho numerosos estudios al respecto.

Así, vamos por la vida engañándonos “sin querer queriendo”, lo que nos lleva a sobresaturar a nuestro pobre Yo del futuro con las consecuencias de nuestras decisiones actuales.

Es normal, a todos nos pasa

Desde hace unos años, comencé a implementar la idea de ser amable con mi Yo del futuro, al menos en ese sentido; dándole la vuelta a ese sesgo de mi pensamiento y recordando que mi Yo del futuro también es… yo.

Y asumiendo, sobre todo, que a pesar de mis mejores intentos y de que me hacía a mí misma las promesas más contundentes que podía, seguía sin poseer las características que le ponía como expectativas a la “persona mejor” que pensaba que sería más adelante.

Un buen día empecé a identificar los momentos en los que le ponía las cosas complicadas a mi Yo-de-después.

Cosas tan sencillas como dejar mi ropa en mi cama en lugar de ponerla en el cesto de la ropa sucia, o cosas más complicadas y difíciles de cachar.

Como que después de romperme la cabeza por averiguar cómo pagar en línea el plan de mi celular, no guardé el link del portal de pago, haciendo que mi yo del mes siguiente perdiera una cantidad absurda de tiempo buscando la bendita página y hablando a servicio al cliente para preguntar. Todo esto, cuando la factura ya estaba vencida y el sistema no me dejaba entrar. Oops.

Muchas de las cosas que le encargamos a nuestro Yo del futuro son realmente fáciles de hacer en el momento, y casi no llevan tiempo en su mayoría, pero conforme van pasando los días se van complicando a un nivel bola de nieve que no es nada fácil de resolver para nuestro Yo-de-luego.

Pero aun así lo hacemos.

Luces, cámara, acción

Es verdad: pensar en determinado momento qué está haciéndonos la vida más difícil en el futuro y qué podría hacérnosla más fácil conlleva mucha energía mental.

Y, como seguramente sabes, es bastante limitada la cantidad de recursos mentales que tenemos cada día (como la energía, la cantidad de fuerza de voluntad, la capacidad de tomar decisiones, etc.).

De hecho, estoy convencida de que esto es un factor fundamental en que nuestro pobre Yo del futuro se la pase tan mal cuando ya es el presente:

Si la fuerza de voluntad que tenemos disponible durante el día la agotamos en no gritarle a la gente en el transporte público, cuando llegamos en la noche a casa lo único que queremos es aventar todo y dormir, y que el resto del mundo se las arregle como pueda.

Sin embargo, no está tan mal abrirle la puerta la posibilidad de observar si hay algunas cositas que podamos hacer, sobre todo si no llevan mucho tiempo, para que nuestro Yo del futuro no se meta en tantos líos.

Cosas que yo hago (o por lo menos de verdad, de verdad, intento hacer) para ser amable con mi Yo del futuro:

  • Quitarme de la cabeza la idea de que mañana o la semana que entra voy a tener más fuerza de voluntad, más capacidad, más energía o más juventud. We’re not getting any younger!
  • Dejar a la mano lo que voy a necesitar antes de sentarme en la computadora o a leer o a estudiar (ir al baño, llenar mi botella de agua, poner una libreta / post-it y una pluma al alcance, llevar mi cuaderno donde tengo anotadas mis ideas, acercarme una cobija por si me da frío, tener quizá algo de comer, dependiendo de la hora, todo eso).Esto es muy, muy difícil de establecer como un hábito, pero nunca me he arrepentido de hacerlo. Al contrario; me siento cuidada, como que hay suficiente para mí, y como que hay esperanza en el mundo.
  • Preparar mis cosas para el día siguiente.
  • Poner suficiente dinero en mi tarjeta del metro aunque todavía tenga saldo, para no tener que hacer una larga fila cuando lleve prisa.
  • Aunque tengo una “regla” de no comer en mi cuarto nunca, a veces llevo tazas o vasos y mi primer impulso es dejarlas ahí hasta el fin de los tiempos.Pero hago una pausa y le regalo a mi Yo futuro el sacarlas de ahí. Sobre todo porque sé que dejar cosas sucias a la vista afecta considerablemente mi estado de ánimo.
  • Cuando hago algo complicado en Internet (como sacar facturas o ese tipo de cosas) y sé que no lo voy a hacer diario, como para aprenderme los pasos de memoria, los escribo.Me anoto a mí misma un mapa súper detallado, como si estuviera escrito para un marciano que no sabe qué es una computadora (ok, no tanto, pero tienes la idea). Y lo guardo donde sé que lo voy a encontrar.
  • Al ser la persona más desorientada que conozco viviendo en una de las ciudades más grandes y caóticas del mundo, me proveo de mapas, explicaciones geo-friendly (jaja) de cómo llegar a lugares (sobre todo aquellos a los que no voy seguido), recordatorios que quizá para otras personas serían absurdos pero para mí no.
  • En resumen, parto de que me conozco a mí misma y de ver y reconocer mis necesidades, (aun si no me terminan de gustar o si preferiría ser diferente o más “normal”) y proveerme lo que sé que me hará bien.

Mucho de esto, como seguramente viste, consiste en hacer lo contrario de pensar que nuestro Yo del futuro es una especie de genio que soluciona todos los problemas bajo presión.

Ser amable con nuestro Yo-del-viernes-que-entra consiste en llegar a la conclusión de que es mejor tratarlo como una persona más tonta, lenta y con menos energía de lo que somos actualmente.

No porque realmente vayamos a ser menos brillantes, sino porque—en mi experiencia—es una buena manera de ser amables con nosotros mismos y de dejarnos de complicar la existencia, recordando que de cualquier forma la vida se encargará de hacer lo propio.

Es mejor si no contribuimos al caos, o hacemos lo posible por reducirlo.

Y tú, ¿podrías ser más amable con tu Yo del futuro? ¿Qué se te ocurre que podrías hacer?

6 comentarios en “Hazte la vida más fácil con este sencillo cambio

  1. Ismefly

    Geo! Me encanta leerte, pero hoy particularmente que abrí este artículo, me cayó de perlas; me encantó cuando dices “me siento cuidada, como que hay suficiente para mí, y como que hay esperanza en el mundo”, lo tomo para mi propio autocuidado y autoconocimiento, ¿quién más si no nosotros podemos ser amables, darnos amor, cuidarnos y protegernos ahora y en el futuro? Muchas, muchas gracias Geo. Sigue tocando vidas y corazones con tus letras.🙂

  2. Alberto Jiménez

    Hoy, a mis 22 años me está costando tanto crear buenos hábitos a causa de la procrastinación, falta de compromiso, disciplina y motivación. Tengo todas las herramientas pero no aplico ninguna en mi vida personal, es bueno leer todo lo que tienes en tu blog pero no sé a que le tengo miedo, simplemente no puedo vencer la pereza de poner manos a la obra en mi vida, que por supuesto todo sería más sencillo con una buena administración de mi tiempo.

    1. Alberto, a veces la procrastinación y la falta de disciplina no son el problema, sino “síntomas” de algo más. Por ejemplo, de que lo que haces no está alineado con lo que realmente quieres, o que no tienes suficiente estructura, o que creemos que tenemos que poder hacerlo todo solos pero en realidad nos falta compañía, etc.

      Lo que yo he visto que no ayuda para nada es añadirle culpa a la mezcla. A veces está bien no (poder) aplicar las herramientas, o no vencer la pereza, o no administrar (bien) nuestro tiempo. No va a se así siempre; por ahora, no pasa nada.

  3. the_taliban09@hotmail.com

    Los orientales.Tienen algo que ha nosotros nos falta,ese algo se llama DISCIPLINA.eso es lo que debemos poner en practica en todo momento de la vida.

  4. Adry

    Pensando “si lo hago ahorita, después podré descansar o ver una peli (o hacer algo que me guste)” y eso está padre, motiva un poquito. O también está el famoso “método japonés para vencer la pereza”, habrá a quien le sirva 😅

Vamos, di algo...

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