No dejes que tu fuego se apague

Nunca he sido muy buena para disfrutar las cosas. Es algo para lo que me he tenido que educar y reeducar frecuentemente.

fogo de Natal

Hasta hace poco, cada vez que se me encendía una especie de fuego interno que me hacía querer investigar sobre un tema, o crear algo, o aprender otra lengua, o leer un libro, me convencía a mí misma de que no era el momento adecuado, de que tenía que hacer otra cosa vitalmente importante (muchas veces no era cierto) o que el tiempo que usara para eso iba a ser mejor invertido durmiendo.

Muchas veces ese convencimiento funcionaba y perdía el interés que tenía por algo, o a veces (muy pocas veces) la pasión lograba esperarme a que terminara lo vitalmente importante que tenía que hacer hasta que podía poner manos a la obra.

Ahora entiendo que esto es algo muy triste porque la pasión es algo extremadamente valioso y escaso.

Pienso que en el mundo en el que vivimos sentirse apasionado o entusiasmado por algo no es muy frecuente. Creo que es cierto que la mayoría de las personas viven el día a día y por conveniencia (y porque la vida es dura) han tenido que tragarse sus sueños y aquello que realmente les gustaría hacer.

Cenizas

Cuando tenía como 19 años, era la cinéfila más empedernida que te puedas imaginar. Realmente creía que me quería dedicar a eso. Veía 3 películas a la semana (además de ser estudiante de tiempo completo) y todos mis momentos libres se los dedicaba a planear qué filmes vería después. Filmaffinity era mi homepage, pues escribía una reseña de todas las películas que veía.

Un buen día, decidí que, como estaba en entregas finales en la universidad, no vería ninguna película hasta terminar un artículo que tenía que entregarle a una maestra muy exigente. Y entonces le decía a esa pasión que sentía por el cine que me esperara, que en cuanto terminara ese trabajo (y otros dos) iba a poder hacer un maratón de películas, etc.

Unas semanas después, pasó algo completamente inesperado: me dejó de interesar el cine en un 100%.

Pensé que era solo una etapa, que en cuanto volviera a ver mis películas favoritas mi amor iba a regresar, pero no. Se había ido y hasta la fecha sigue sin venir.

En este momento mi vida está perfectamente bien sin el cine, y no me acongoja porque he tenido varias nuevas pasiones durante todo este tiempo, pero desde entonces tengo más cuidado de no echarle tierra a los fuegos que crecen dentro de mí. (A veces me sigue fallando).

Más cenizas

Algo parecido me sucedió con el hindi. Hace unos años me moría por aprender esta lengua, hasta me imaginaba yendo a la India para practicar.

Pero a diferencia de lo que me sucedió con el cine, simplemente decidí ignorar esa vocecita que quería que estudiara hindi. A veces tengo reglas extrañas en la cabeza y como en ese momento estaba estudiando alemán, decidí dejarlo de lado porque la Regla decía que primero debía llegar a X nivel de una lengua para aprender otra.

Ahora ya tiré esa Regla a la basura, pero en ese momento se sentía muy real.

Y entonces nunca estudié nada de hindi. En mi explorador de Internet sigue habiendo varios marcadores de recursos para aprender el alfabeto devanagari, pero cada vez que los veo no se me mueve nada. De hecho estoy pensando borrarlos.

El punto de esta entrada es recordarle a quien lo necesite que sentirse alocadamente emocionado por algo es un privilegio y, según algunos estudiosos del tema, aquello que nos ayuda a generarle un sentido a la vida. Y que, sobre todo, es irremplazable.

Si pudiera hablar con la Geo del pasado le diría que cada chispazo que tiene, por más inconveniente que parezca, merece ser atendido y alimentado. Que tiene sentido que tema distraerse de sus obligaciones y parecer (o ser) irresponsable.

Que no necesita ver una película completa para mantener su amor por el cine, que ver una en partes a lo largo de una semana está muy bien.

Le diría que puede aprender una palabra en hindi al día, que no es necesario privarse del gusto y la emoción, y que la aproveche mientras dura porque quién sabe si vuelva a aparecer y después le parezca algo más bien insulso.

En resumen, no mates la pasión que sientes por algo, sobre todo si se trata de una situación inocua (ver películas, leer libros, aprender cosas). Si se muere sola, déjala ir, pero no le temas a sentirla y a que rija tu vida durante un tiempo.

Puede ser una pasión inconveniente, pero creo yo que lo es más la sensación de vacío que queda al recordar el gozo que pudo haber sido. En palabras de Barbara Sher, deja que tu cerebro sea feliz bailando al ritmo de su propia música.

Y, en la medida de lo posible, no dejes que tu fuego se apague.

“Do not let your fire go out, spark by irreplaceable spark in the hopeless swamps of the not-quite, the not-yet, and the not-at-all”. —Ayn Rand

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Foto de Gustavo Veríssimo

12 comentarios en “No dejes que tu fuego se apague

  1. Sebasay

    ¿Y de qué tienes miedo? No seas tan responsable, si tienes una cosquillita que te llama, hazle caso 🙂

    Si te prometiste algo a ti misma en un estado de euforia, deberías regresar y cumplirlo, luego pesan esas promesas sin cumplir.

  2. ¡Giopio! No imaginas cuánto me movió tu entrada. Justo estoy en una disyuntiva cada vez mayor porque siento que estoy haciendo a un lado mis pasiones con tal de tener un trabajo que pague las cuentas. Ojalá podamos vernos pronto y platicar, de todas formas te escribo por Whatsapp (también quería hacerlo por aquí porque nunca te había dejado un comentario y se siente muy bonito). ¡Te quiero!

  3. Moisés Hernández

    Excelente post, Georgina. Hacía tiempo que no escribías. Me identifico con lo que dices. Estoy convencido de que uno tiene que aprovechar de hacer las cosas cuando tiene la disposición, el interés de hacerlas. Sin embargo, es algo en lo que debo trabajar. Por ejemplo, estoy aprendiendo inglés todos los días, escuchando podcasts y leyendo y escuchando al menos un artículo (o noticia) de VOA Learning English por día, combinándolo con los podcasts de la BBC y otras cosas más. Siento que he ido mejorando. No obstante, me gustaría retomar mi curso de francés de Duolingo, pero hace unos meses, a pesar de que traía buen ritmo y constancia, me dije que primero tenía que mejorar mi inglés, que me podría volver loco de querer aprender tantas cosas al mismo tiempo, tal vez por la influencia de aquel viejo dicho de quien asa 2 conejos a la vez, uno de los dos se le quema. Pero, ¿cuándo será el día que logre tal “perfección”? No creo que sea en un tiempo muy cercano. Entonces, a lo que voy: no hay que dejar pasar el tiempo de la pasión por algo, postergándolo, como dices tú. Por alguna razón me gustaría también aprender chino mandarín (aprovecho para pedirte un consejo sobre qué curso gratuito en internet de ese idioma me recomendarías, si conoces alguno), quizás por la influencia mundial que está teniendo ese país. En fin, gracias por tu post inspirador. Lo compartiré en mi cuenta de Twitter. Saludos desde Venezuela.

Vamos, di algo...

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