¿Tienes problemas con la autoridad?

Hasta cierto punto, yo sí. No sabía esto de mí sino hasta hace poco.

Un buen día me di cuenta de que no estaba cumpliendo las metas que yo misma me ponía (“¡Leer durante 2 horas al día! o incluso “¡Hacer algo divertido todas las mañanas!”) porque me estaba rebelando contra mí misma.

En el momento en el que siento una fuente de autoridad, aun si viene de adentro, me vuelvo rebelde y ya no quiero hacer nada.

Rawr.

Si en el fondo es realmente importante hacerlo, encuentro maneras de llevarlo a cabo; no es que sea del todo rebelde. No habría logrado muchas cosas que he hecho si fuera incapaz de actuar aun con esa incomodidad.

No digo que esto esté bien, ni que sea algo malo. Solo cuento lo que me pasa porque sé que a muchas personas les sucede lo mismo. 

Rebel yell

Lo que normalmente se intenta cuando esto ocurre es aumentar la cantidad de fuerza de voluntad sobre lo que se quiere o se siente que se debe hacer:

“Ok, no estoy cumpliendo la meta que me puse, pero seguramente si busco un premio de-li-cio-so para después de haber terminado lo que tenía que hacer, podré hacerlo”.

A lo que decimos:

sloth-no
Y si mejor… NO

Toma dos

“Ok, la idea de placer no me motiva tanto, pero seguramente si me presiono y me asusto a mí mismo con la idea de un castigo doloroso, lo voy a lograr”.

Y vuelve a fallar.

¿La razón?

Los premios y los castigos nos siguen trayendo recuerdos de fuentes de autoridad.

Y, como es lógico, más autoridad no quita nuestra rebeldía frente a ella, solo la acentúa, pues además trae junto con ella una sensación de fracaso y de que no somos lo suficientemente fuertes o valientes.

Lo cual no es cierto.

Remedios

Una solución podría ser entender la raíz de nuestra incomodidad frente a ese tipo de influencias.

En general tiene que ver con nuestra historia y con el sentir que alguien o algo más está ejerciendo mucho control sobre nuestras vidas, por lo que buscamos rebelarnos (de mil y un maneras) para sentir que tenemos de vuelta al menos un poco de ese control.

Pero siempre va a haber aspectos de esta cuestión a los que no podamos acceder tan fácilmente.

Por lo tanto, una mejor y más viable solución es encontrar una manera de motivarnos a nosotros mismos que no asociemos con una fuente de autoridad.

Es decir, animarnos a hacer las cosas como si fuéramos nuestros iguales, no nuestros [jefes / maestros / padres / gobiernos]. Un amigo, un hermano, cualquier persona que nos aprecia mucho.

Pasar de un

“tengo que hacer X, es mi obligación porque vino de un [poder superior]”

a decir:

“estoy decidiendo hacer esto—aun si no lo hubiera elegido yo de entre otras actividades—porque, a fin de cuentas, me importan las consecuencias de (no) llevarlo a cabo”.

Ser muy amable y partir de una especie de simpatía hacia uno mismo.

Es muy difícil, y vale la pena.

Muy probablemente esto no solucione el 100% de la aversión que uno sienta por todas las figuras de autoridad (reales o percibidas), pero estoy convencida de que el simple hecho de dejar de estar en guerra con uno mismo, al menos en este aspecto, ya es una gran ganancia.

A mí en lo personal, dejar de obligarme a hacer las cosas, incluso aquellas que son proyectos propios, me ha dado mucho espacio para ser capaz de disfrutar un poco más todo lo que hago:

si logro entender que—por decir algo—al no leer aun cuando me lo propuse no estoy fallando con un Deber ni cediendo frente a ninguna autoridad, no siento que estoy defraudando a nadie, ni fallando como persona, sino simplemente comprendo que lo que sucedió fue que decidí hacer otra cosa en lugar de leer.

Hay más libertad.

Ahora todo tiene sentido

Mucha gente no soporta estar en clases de idiomas por esta misma razón. No le gusta que le digan qué hacer ni cuándo hacerlo. Y está bien, no todo es para todos.

En ocasiones este mismo fenómeno hace que uno abandone su aprendizaje autodidacta. A veces es más importante sentir que uno puede decidir qué hacer con su tiempo en determinado momento que mantener un ritmo o una disciplina impuesta por su Yo del pasado.

Otra vez: no digo que esté mal, solamente lo hago notar porque es algo real.

(Actualización 09/mar/15): Gretchen Rubin hizo una clasificación de cuatro tendencias de cada persona frente a la manera en que responde a las expectativas internas y externas, una de las cuales es “El Rebelde”. Vale la pena leerlo.

Tu turno

¿Tiendes a intentar motivarte a ti mismo con base en obligaciones, premios y castigos? ¿Crees que en algún momento tu interés por un idioma se vio afectado por tu relación con la autoridad?

Cuéntamelo todo en los comentarios.

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Foto de perrito rebelde de il_baro

9 comentarios en “¿Tienes problemas con la autoridad?

  1. ¡Geo! Esta es de las primeras veces que me paseo por tu blog y ha sido muy esclarecedor. Creí que yo era la única que tenía ese problema a la hora de ponerme a estudiar o de avanzarle a trabajos (ejem, la tesis e_e). También había probado los métodos de recompensa-castigo ¡y ahora entiendo porqué no funcionaban! Pensándolo bien, ahora que leí tu artículo, siempre he tenido mejor disposición para hacer las cosas si no son por encargo, porque “me a va a servir en un futuro” o porque es bueno para mi; las hago porque son más “libres”, justo como tú dices, y porque no tienen ninguna utilidad además de gustarme mucho. Ahora que ya sé qué pasa creo que será más fácil motivarme. ¡Muchas gracias!😀

  2. ¡Excelente entrada! Pienso que las disciplinas que te apasionan son muy fáciles de realizar y perduran hasta alcanzar la meta o hasta que mueras…, mientras que las que no te gustan pero también las haces no las realizas con tanta facilidad ni entusiasmo que incluso puedes llegar a abandonarlas. La clave de una excelente disciplina es la pasión, la cual es el motor que te impulsa a hacer cosas extraordinarias.

  3. Laura

    al pensarlo, opuesta de ti, me doy cuenta que me porto mejor precisamente cuando la obligación o el pedido viene de otra persona, no de mí misma. Conmigo misma, muchas veces no me tomo muy en serio. Reconozco que hay algo que quiero o debo hacer, pero si no siento un poquito de presión externa–sea de un familiar, un amigo, un colega o un jefe– no alcanzo mi potencial. Merece más pensamiento de mi parte. ¿Será la pereza o el autoestima baja?

      1. Laura

        Qué persona de recursos! Gracias por el enlace. Resulta que soy aficionada de la autora tanto como soy aficionada de ti–leí Happiness Project hace un par de años. Me conmovió porque me identifico con todas las categorías–es difícil sujetarme plenamente en una sola. La vida no es blanco ni negro sino varios matices de….gri…morado? Gracias por responderme:) Saludos.

  4. ERNESTO

    Hola Georgina. Estoy de acuerdo contigo, a mi también me pasa, no cumplo con algo que me he propuesto, casi siempre por desidia y luego me siento culpable. También hay veces que me pongo a leer casi “obligado” por mí mismo y después de un buen rato me doy cuenta que todavía estoy en la misma página, me resulta difícil apartar mis pensamientos en ese momento y concentrarme hasta que desisto y dejo el libro. Para mí es una falta de disciplina. Y no, no tengo ningún método para contrarrestar esa falta de disciplina. Ya me gustaría tenerlo pues creo que es muy importante la disciplina, por lo menos para mí. Uno de mis proyectos es empezar a meditar todos los días, ahora no lo hago nunca, quiero hacer un hábito de ello pero no consigo ponerme, no empiezo. No es fácil trabajar con la mente, a pesar de que sé que es muy importante para afrontar los retos de la vida. Sin embargo si he conseguido el hábito de hacer deporte todos los días o casi todos, ya llevo tres o cuatro años haciéndolo. Y otro hábito que he conseguido es aprender inglés de forma autodidacta (Duolingo), todos los días hago algunas lecciones. Todo esto lo valoro pues se que es bueno para mí, aunque el inglés no me hace falta, por lo menos en éste momento, pero un día me dio por aprender algo nuevo y en eso estoy. Estos hábitos son más fáciles de llevar a cabo, aunque hay muchos días que cuesta bastante, que los trabajos mentales, por lo menos para mí. Mi objetivo es hacer de la meditación un hábito u otro ejercicio mental.

    1. Georgina

      Hola, Ernesto.

      Considero que el hecho de que te hayas podido poner los hábitos que mencionas quiere decir que sí tienes disciplina, que no eres totalmente incapaz de crearla en tu vida. Por lo tanto, creo que con respecto a la meditación (algo que me pasa exactamente a mí también) es otro factor: quizá, como a mí, te da una especie de temor los cambios que la meditación puede generar en tu vida. Yo, por ejemplo, sé que cuando medito seguido (10 minutos al día durante un mes, que es lo más que lo he logrado), me siento muy diferente, mucho más tranquila y calmada, como que a las cosas se les baja el volumen. Y entonces aunque me lo propongo no me puedo poner a meditar porque me da miedo eso, siento como si fuera a dejar de ser yo misma por no estar nerviosa todo el tiempo, o incluso como si fuera a volverme irresponsable, etc.
      ¿Tienes idea de qué puede ser lo que te detiene a ti?

      1. ERNESTO

        Gracias por responder Georgina.

        No estoy seguro, quizás sea eso, el miedo al cambio. Lo cierto es que cuando mejor me he sentido, o, más bien cuando más seguro de mí mismo me he sentido ha sido cuando me he autosugestionado para tener más control sobre mi mismo, sobre mis actos, cuando me doy cuenta de que siendo consciente en todo momento de lo que está pasando siento más seguridad, más serenidad, más tranquilidad, más optimismo. Si fuera capaz de tener ese estado de consciencia en todo momento daría un cambio importante en mi vida, sería mucho mejor, pero no soy capaz de lograrlo, enseguida la mente me lleva por otros derroteros, me domina. Cuando me doy cuenta ya estoy juzgando a los demás, como siempre. Lo bueno es que me doy cuenta de que es una pérdida de tiempo y de que son pensamientos que no me sirven. Pero no desisto y sigo intentándolo.
        Creo que si, que el miedo al cambio juega un papel importante aunque no sea lo único.
        Me quedo con una frase de Einstein “si quieres que las cosas cambien, no puedes seguir haciendo lo mismo de siempre” o algo así.

Vamos, di algo...

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