Dos mil catorce en retrospectiva 3/3

Dividí el recuento del 2014 en tres partes: 1–abril, 2–agosto, y esta, 3–diciembre. 

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Los últimos meses del 2014 trajeron consigo una mezcla de emociones fuertes. Frustración, esperanza, enojo, ilusiones, incomodidad, perseverancia, resignación, tristeza y paz.

Veamos:

Algonquin

Septiembre – [Tiempo]

Por alguna razón que no logro entender, comencé este mes sintiéndome extremadamente dispersa. Quería hacer mil cosas al mismo tiempo, y como no sabía por dónde empezar, no hacía ninguna. Si alguna vez te ha pasado esto, seguramente recuerdas que es muy desagradable.

En un intento por tomar algo de orden, recordé que en algún momento me había ayudado a organizar—en parte—mi tiempo un libro de Laura Vanderkam llamado 168 Hours. Como no quería volver a leer ese, leí el de What The Most Successful People Do Before Breakfast

Tras leerlo y sin pensarlo mucho, decidí que en las mañanas, durante 30 minutos, leería o aprendería algo que no fuera una “obligación”, ni que tuviera nada que ver con… nada.

Fue maravilloso darme tiempo para seguir mis intereses. La primera media hora de la mañana puede determinar en gran medida la manera el “tono” del resto del día, sobre todo si haces algo que te gusta mucho. 

O al menos fue lo que yo aprendí sobre mí.

Al mismo tiempo, di un gran paso con respecto a los trámites de titulación y fui a pedirle a los lectores de mi tesis que lo fueran. No tienes idea de cuánto resistí esto. Era una pesadilla.

Pero lo hice después de todo y no fue tan malo como me imaginaba. Ahora solo tenía que esperar los 30 días “oficiales” para continuar con el papeleo y obtener mi tan ansiado título antes de fin de año.

Sí.

Claaaaro. 

Octubre – [Arrojo]

Como seguramente sabes, en mi país sucedieron cosas que simplemente no deberían ocurrir bajo ninguna circunstancia.

Esto me afectó sobremanera.

No estaba a gusto escribiendo aquí; me sentía egoísta por buscar titularme y al mismo tiempo solo quería que mi universidad permaneciera abierta para poder buscar a los profesores y pedirles que por favor leyeran mi tesis porque ya había pasado más de un mes.

Por otro lado, comencé otros trámites en otro lugar (quizá hable sobre esto en un futuro) y tuve que aprender a lidiar con otro sistema completamente distinto de burocracia y papeleo.

Justo cuando pensé que ya tenía práctica, me encontré con que a los mexicanos nunca se les agota el ingenio para inventar nuevos papeles que hay que entregar en original y dos copias.

Me enfermé de la garganta y del estómago como 3.59 veces (nada grave) y en general durante el mes estuve intentando no hundirme, celebrar mi cumpleaños alegremente, no querer tirar el progreso de los trámites por la borda y relajarme lo más que pudiera para no seguirme enfermando.

Fue uno de los meses más difíciles del mundo, en todos los sentidos. Tuve que ser muy valiente y muy resiliente.

A decir verdad, no hubiera podido hacerlo sola. Si no hubiera sido por las maravillosas integrantes de la 2° Liga y por las personas que me apoyaron de mil maneras pequeñas y no tanto, no sé qué sería de mí. Gracias. 

Noviembre – [Progreso]

Este mes estaba justo en medio de “Todavía puedo hacer mi examen profesional antes de que termine el semestre” y “Caso perdido, mejor me olvido de todo”.

Aunque avancé en algunos trámites, no fueron suficientes. No para mí, sino para El Objetivo.

Por otro lado, aunque no participé en NaNoWriMo este año, gracias al hábito que tenía de dedicarle media hora matutina a algo que me gustara hacer, escribí casi 50 páginas de un borrador de… algo. (¿Pista? No es una novela, y no es sobre idiomas).

Sigo sin saber qué voy a hacer con esas páginas; supongo que lo dejaré reposar para ver después de qué hablan todas esas palabras (juro que ya no lo recuerdo) y qué puedo retomar.

Aun si ese [libro] nunca sale a la luz, fue una gran experiencia para mí sentirme creativa, encontrar una estructura para escribir 2 páginas todos los días (a veces era más) y darme cuenta de que sé mucho más de lo que creo que sé.

Diciembre – [Liberación]

Una vez que sentí que había escrito todo lo que podía, mi hábito matutino se desvaneció.

Lo cual fue bueno, pues era necesario crear espacio para otro tipo de cosas. Me siento orgullosa por haber logrado no aferrarme al hábito y solamente dejarlo ir, confiando.

Al borde de la frustración, el hartazgo, el enojo y la tristeza, seguía esperando injustamente (desde mi punto de vista) a algunas personas sin las cuales no podía seguir mi trámite de titulación.

Llegó un momento en el que ya ni llorar era bueno, por lo que confié—al principio a regañadientes y poco a poco de mejor gana—en que todo pasa a su tiempo y en que si no me pude subir a ese autobús metafórico es porque no era mi autobús metafórico, como dice Havi:

That bus that just blew by without stopping for me was not my bus, even though I thought it was. I know that it isn’t, because I’m not on it.

That means that either another bus is my bus, or I am going to have a fabulous adventure walking, or something else is going to happen, but either way, this is not bad news. Everything is okay.

Todo está bien.

Diciembre fue un buen mes. Pude relajarme en las vacaciones, pasar tiempo con mi familia, disfrutar la comida, y liberarme del rencor + la negación de la realidad + la sensación de ser víctima que llevaba un buen rato sintiendo.

Gracias a eso comencé a abrirle paso a un nuevo proyecto súper útil que no puedo esperar para compartir contigo (¡muy pronto!) y a ir generando ideas para mi vida en general y este blog en particular.

2014

El inicio del 2014 se siente lejanísimo; los últimos 6 meses parece que fueron ayer.

En ese año me conocí a mí misma mucho más de lo que lo había hecho en los últimos años juntos, lo cual fue, en parte, como cuando se prende la luz en un cuarto muy oscuro y los ojos tardan en ajustarse. Pero fue bueno. Es algo muy importante para mí.

Por otro lado, sentí que se redujo en gran medida mi necesidad por controlar todo. Mi lista de planes por mes que hice al inicio del año fue totalmente ignorada por mi Yo de finales del 2014.

En lugar de sentirme culpable, empecé a sentirme libre. Creo que esto es algo bueno. Para 2015 ya no hay ninguna lista de planes, aunque estoy segura de que muchas oportunidades vendrán en 2015, pues ahora tengo los ojos que se necesitan para notarlas y tomarlas.

Quiero que sea un año de crear y contribuir más, de simplificar, de interactuar más con las personas y menos con mis fantasmas, de soltar mi necesidad de certeza, de permitir a mis intereses / proyectos evolucionar aunque no sepa en qué o cómo.

De dejar esperar que las cosas sean perfectas antes de “sacarlas”, de rodearme de belleza, de ser más vulnerable y de confiar más para preocuparme menos.

Será un honor para mí si me acompañas.

Gracias por leer.

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Foto de Shawn Burgess

3 comentarios en “Dos mil catorce en retrospectiva 3/3

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