¿Sabes qué necesitas TÚ para aprender?

Los seres humanos contamos, en general, con los mismos métodos para acercanos a la realidad. Ponemos atención más o menos de la misma manera, y percibimos de forma muy similar.

Sin embargo, no hay dos cerebros “cableados” de la misma manera, y existen pequeñas variaciones entre nuestras formas específicas de procesar la realidad.

Estas sutiles distinciones pueden ser la diferencia, por ejemplo, entre un aprendizaje satisfactorio + emocionante y un dolor de cabeza.

Cuando tienes claro cómo aprendes , sabes exactamente qué tipo de materiales utilizar para que la información fluya hacia tu memoria y permanezca ahí a largo plazo.

Así, decidí escribir esta entrada para arrojar luz sobre el hecho de que la simple observación de ti mismo frente a la información puede darte muchas pistas sobre qué es exactamente lo que necesitas buscar y, de esta manera, pierdas mucho menos tiempo en cursos, clases y métodos que no te sirven a ti (aun si mucha gente jura que son LA solución).

n(n+1)

Cómo aprendo yo

Para que te des una idea de lo que puedes llegar a saber sobre tu manera de aprender, te compartiré lo que yo he comprendido tras mucho tiempo de observación.

Aprendo mejor…

  • Leyendo. Cuando me interesa un tema nuevo, lo primero que hago es buscar un libro de introducción (o incluso el artículo de Wikipedia, si está bien hecho). Si, por ejemplo, voy a una clase o conferencia, tomo miles de notas para poder leerlas después. Está científicamente demostrado que comprendo y recuerdo mejor de un video con subtítulos que de uno sin ellos.
  • Explicando. Dicen que si no puedes explicar algo es porque no lo has entendido, pero si yo no explico algo, no puedo entenderlo ni mucho menos recordarlo. Explicar o divulgar lo que sé me sirve para saber qué más necesito investigar sobre un tema.
  • Con algo difícil. Si, por ejemplo, me pones a descifrar un texto que no puedo leer a simple vista, pero con las herramientas necesarias para lograrlo, aprendo mucho mejor que con información dosificada, como en los ejercicios para principiantes. Me gusta desentrañar misterios.
  • Cuando yo puedo elegir qué aprender. Y cuando sé que tengo la libertad de abandonar un tema o darle las gracias por haberme llevado hacia otro aún más interesante.
  • Sin presión. Odio que me presionen y me digan qué hacer y cuándo. Si puedo hacer las cosas a mi propio ritmo, buscando mis propias fuentes y herramientas, aprendo muy rápido y bien.
  • Cuando es necesario entender. Si hay algo que mi cerebro ama en el mundo, es entender cómo funcionan las cosas. No todo, evidentemente, pero si algo me interesa, no descanso hasta entenderlo. Lo curioso es que yo no decido cuándo comprendí algo, sino que el aburrimiento me señala que ya lo hice. Es raro.
  • Con la novedad. Creo que esto es general, pero mientras siga habiendo datos nuevos, yo sigo aprendiendo. En cuanto se repite algo que ya domino, me empiezo a estresar y a distraer.
  • Cuando algo resulta útil. No sé qué criterio tiene mi mente para decidir que algo es útil, pero si cree que un tema o información va a servir para solucionar un problema (ya sea mío o de la gente en general), lo voy a absorber como esponja. Y no hay forma humana de que yo pueda entender algo que sienta que no sirve para nada. Lo he intentado, es imposible.
  • Cuando no tengo que esperar a nadie. Si yo puedo controlar mi acceso a la información, la aprendo estúpidamente rápido. Por lo tanto, si hay [algo] que me haga tener que esperar a recibir el siguiente bit de información, me aburro, me distraigo y me pierdo por siempre.
  • Escribiendo. Me refiero, claro está, a explicar escribiendo, como hago aquí en el blog, pero en ocasiones el simple hecho de escribir mi “monólogo interior” con respecto a lo que estoy pensando o leyendo en determinado momento me permite consolidarlo en mi memoria.
  • Cuando mi visión del mundo cambia. Y cuando veo ciertas cosas de manera muy diferente a como el grueso de la gente cree que son. Me gusta ver más allá de lo evidente y decir “¡Nunca lo había pensado así!”.
  • Cuando encuentro relaciones entre todo lo que he aprendido. Adoro la sensación de sorpresa que surge cuando encuentro patrones y coincidencias significativas.
  • Cuando hallo respuestas a preguntas. También para esto me sirve explicar; la gente me hace preguntas y ya sé qué buscar. Amo sentir que sé.

Hasta ahora es lo que he encontrado. Haber entendido esto y seguir poniendo atención en las maneras en las que aprendo me ha servido más de lo que me pude haber imaginado.

Por ejemplo, el otro día una persona me pidió que viera un programa de televisión acerca del bullying. Es un tema que me llama la atención y que nunca me he puesto a investigar por mi cuenta, y a decir verdad, el canal vendió muy bien la emisión, la hizo parecer interesante. Bueno, al menos voy a aprender algo, pensé.

Sin embargo, después de 5 minutos lo único que quería hacer era romper la televisión.

Me estaba aburriendo como ostra porque había muchísimos cortes comerciales, porque repetían 8 veces la misma idea, pasaban 400 testimonios parecidos por segundo y porque a mí me interesaba más la parte que según los presentadores saldría al final del programa, y no pude soportar tener que escuchar a los “expertos” desviándose del tema y peleándose entre ellos.

Si no hubiera tenido claro que la forma en la que se transmitía la información era una receta para el desastre (no lo sé, pero supongo que hay gente a la que sí le resulta interesante de esa manera, pues de lo contrario ya habrían quitado ese programa del aire), hubiera creído que el tema era lo que me hizo aburrirme.

Pero no era así, aunque eso nos ha sucedido a todos:

Muchas personas van por la vida convencidas de que su cerebro no sirve para aprender idiomas (o para una lengua en específico) porque la manera en la que alguna vez les intentaron enseñar era totalmente incompatible con la forma en la que mejor aprenden.

Como en la escuela no nos explican que todos aprendemos de manera ligeramente distinta, no nos educan a poner atención en esas sutilezas, a ser nuestro propio objeto de estudio y a actuar con base en nuestras observaciones.

Sin embargo, nunca es tarde para comenzar a notar qué nos hace absorber información y qué nos ahuyenta de ella, con la finalidad de adaptar los materiales a nuestro cerebro y hacer que nos permita disfrutar del aprendizaje.

Y tú, ¿tienes algunas ideas sobre cómo aprendes mejor? 

___

Foto de Jan Tik

3 comentarios en “¿Sabes qué necesitas TÚ para aprender?

Vamos, di algo...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s