Dos mil trece en retrospectiva 2/3

Para 2013 decidí dividir el recuento del año en tres partes. La parte 1 a finales de abril, esta parte 2 a finales de agosto (o sea, principios de septiembre) y la 3 a finales de diciembre. 

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Como no sé cómo empezar este texto, y como he dejado de escribir durante un buen rato, esta entrada está careciendo de introducción. Directo al desglose de los meses:

Mayo – Trámites

Mayo… He de confesar que te odié un poco, ¿sabes? Te guardé rencor porque no llevabas ni la mitad y me diste un susto muy grande que después se convirtió en una especie de trauma.

Por tu culpa todavía le tengo un poco de miedo a la ciudad: no quiero que me asalten otra vez, que me roben de nuevo un celular que tengo que seguir pagando hasta bien entrado el año que entra, ni que me sobresalten las personas que entran rápido a los restaurantes.

Pero te perdono porque, a fin de cuentas, me ayudaste a completar un montón de trámites incómodos que llevaba mucho tiempo postergando. Y porque, de cualquier manera, me has mostrado que sentirme vulnerable y temerosa después de un shock es normal y, como difícilmente será la última vez que me pase algo similar, que puedo sobrevivir y sacar fortaleza de la adversidad.

Junio – Mmm… ¿tesis?

No soy una persona antisocial, pero me cuesta trabajo socializar y frecuentemente tiendo a aislarme.

A veces es un problema porque no ver gente me afecta anímicamente. Junio fue agradable porque vi a mucha gente, y no me sentí ansiosa rodeada de personas más o menos desconocidas.

Leí varios libros muy buenos y desarrollé un sistema (¡un sistema!) que realmente me funcionó para avanzar con mi tesis a un ritmo constante. Le dediqué mucho tiempo a ese sistema, y a aplicarlo para poder acercarme cada vez más a terminar ese proyecto.

Lo malo fue que mi cuerpo se rebeló y el chocolate y yo nos peleamos porque hace que me duela mucho el intestino. Por días enteros. Aunque se me antoje. Es un poco triste haber superado una terrible mentalidad de restricción alimenticia para tener restricciones alimenticias, pero supongo que es temporal.

Bokeh Blues

Julio – Tesis (¡!)

En julio me sentí mal físicamente todo el mes. Fue realmente triste que, en vez de buscar ayuda desde el principio, dejé que las molestias aumentaran cada día. No me gusta hacer eso, pero el propio malestar me impedía tomar decisiones lúcidas. Es un círculo vicioso.

A pesar de eso, o quizá gracias a que estaba intentando sentirme mejor, decidí escribir una entrada de (este) blog cada día del 17 al 31 de julio, sólo para ver qué pasaba. (No, no las publiqué).

Sólo quería escribir sin juzgar lo que obtuviera y, al mismo tiempo, sentir que había abundancia de ideas porque a veces me ataca la sensación de escasez.

Funcionó porque, aunque mis obligaciones sólo me permitieron escribir 9 artículos, tuve la satisfacción de plasmar y reunir un montón de ideas sobre las que llevaba años intentando escribir.

También leí un libro mitad ignorante y mitad intrigante, en el que la autora retomaba, entre otras cosas, la acertada idea de que cada vez nos alejamos más de la naturaleza, y que una forma de acercarse a ella es poniendo atención en los ciclos de la luna, y las estaciones del año.

Como me gusta aprender sobre cosas alejadas a mis intereses cotidianos, me puse a investigar cuándo es luna nueva, cuándo luna llena y qué día cambian las estaciones. No tenía ni la menor idea (my bad), pero por alguna razón fue agradable anotarlo en mi calendario del resto del año y asomarme a la ventana a buscar la luna. Ignoraba que me causaba cierta tristeza pasar semanas enteras sin verla siquiera.

Y avancé con mi tesis gracias al sistema que establecí en junio. 

Agosto – Belleza (+ tesis)

Contrario a lo que puedes creer cuando se habla de “belleza”, en este mes no me dediqué a probar cremas contra las arrugas, sino a buscar lo bello en lo que me rodea.

Resulta que durante toda mi vida me he enfocado más en la funcionalidad de los objetos que en la parte estética y visual (una desventaja de usar cosas recicladas), pero últimamente me he percatado de que es igualmente (o más) importante. Por alguna razón empecé a sentir esa falta de belleza, y a intentar contrarrestarla.

Compré plumones (o como los llamen en tu país) y añadí colores a las hojas que me rodean.

Pegué muchas estrellas en mi pared:

estrellas

Limpié una repisa de mi librero que me ocasionaba una sensación similar al horror cada que la veía (o sea, diario) y quedó impecable y… bonita.

Durante todo el mes hice que muchas cosas se vieran menos feas y más estéticas. Fue muy interesante, la verdad. Todo un descubrimiento que me gusta la belleza de los objetos.

Y, de alguna forma, hice que trabajar en mi tesis fuera visualmente bello. O lo menos feo posible. Otra vez, me remito al sistema que creé en junio. Perdón por no decirte más sobre él, pero creo que te aburriría y me llevaría unas 8000 palabras o más…

En agosto también tuve dos “enfrentamientos” (por llamarlos así) que me generaron muchísimo estrés.

Lo terrible de ellos fue que su efecto en mí fue una gran aversión por dos cosas que tengo que hacer y me molesta sobremanera no tener (¿aún?) las herramientas necesarias para resolver esa antipatía –que se infiltró a casi todas mis obligaciones– de la mejor manera posible.

En ese sentido, agosto fue un mes muy difícil. Hay semanas y meses así y uno aprende a reaccionar mejor la próxima vez si pone atención en lo que hace para lidiar con ello.

Algo muy bueno desde agosto: mi salud ha ido mejorando en vez de empeorando (o al menos eso se siente) y poco a poco voy confiando más en la ciudad. Pero no le digan a nadie.

Ahora sólo queda la recta final del año más pesado y difícil que he tenido.

Espero tener buena suerte en todo.

Y seguir escribiendo para gente tan amable como la que visita este blog.

Gracias por leer.

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En esta entrada altamente personal se aceptan sólo comentarios agradables, alentadores, empáticos o por el estilo. 

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Foto de Evan Leeson

9 comentarios en “Dos mil trece en retrospectiva 2/3

  1. Yo

    ¡Súper! Gracias por compartir esto. Me encantan tus artículos.
    De un amante de las lenguas a otro.
    ; )
    P.D. Aunque te leo desde hace tiempo, es la primara vez que te escribo.

  2. Giovanna

    Yo leí en alguna parte que trabajar con las manos para embellecer las cosas, es muy buena terapia y también lo es ordenar y conseguir que todas las cosas estén en su lugar.

  3. Ingrid

    “No soy una persona antisocial, pero me cuesta trabajo socializar y frecuentemente tiendo a aislarme.

    A veces es un problema porque no ver gente me afecta anímicamente.”

    Parece que yo fui la que escribí esto, soy así mismo!

Vamos, di algo...

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