El problema con los exámenes de idiomas

Quizá es difícil de creer, pero cuando yo era estudiante, me gustaban los exámenes.

Un día me dijeron que las personas que tenemos la supuesta “inteligencia lingüística” terminamos siendo buenos para la escuela. Entre más leo sobre educación y sobre cómo funcionan la mente y el cerebro, más me doy cuenta de que quizá no es que tuviera un talento innato para el colegio, sino que siempre he tenido ciertas características (como ser capaz de estar quieta durante mucho tiempo, no hablar mucho, y que las palabras me atrajeran sobremanera) que son más que bienvenidas en la escuela.

Y, por lo tanto, casi siempre fui buena para los exámenes. No todos, evidentemente, pero en general.

Sin embargo, para cuando terminé la carrera y me metí a clases de árabe, ya no quería saber absolutamente nada de exámenes, notas, calificaciones y ese tipo de cosas.

Sobre todo porque, por azares del destino, la calificación que fuera a sacar en ese curso no iba a terminar en ninguna boleta de calificaciones, o a ningún historial. Acaso el de mi propia memoria, aunque seguramente no por mucho tiempo.

El punto es que, durante los dos exámenes que tuve que hacer en el curso pasado, sentía que quería salir corriendo (y/o vomitar) y una sensación extraña en mi pecho que me decía que yo no debía estar ahí. Que los exámenes no eran la mejor forma de saber si yo había aprendido árabe, que no era posible que me juzgaran así.

Y entonces recordé algo que tenía claro durante la licenciatura, pero que después se me fue olvidando: el número en un examen no representa tu valor como persona.

Sé que es difícil medir el desempeño o el aprendizaje de un alumno sin exámenes, pero sinceramente espero que poco a poco se empiecen a institucionalizar otro tipo de medidas. Al menos, uno en el que no nos hagan ponernos nerviosos justo antes de una entrega de calificaciones.

Creo que el hecho de que nuestro humor cambie de un momento a otro por una cifra encima de una hoja es un problema.

4/366(Y2) - Research

Es injusto

Yo soy malísima (pésima) para recordar partes específicas de las novelas que leo. Siempre lo he sido.

Cada vez que me hacían un examen sobre los contenidos de una novela, yo quería que me tragara la tierra para evitarlo. Ahora que lo pienso, creo que por eso dejé de leer novelas. Porque nunca me acuerdo de nada y es como si no las leyera.

Y, sin embargo, terminaba sintiéndome como basura cuando el profesor me preguntaba si recordaba cómo se llamaba la tía del personaje prpincipal (¿tenía una tía?), sobre todo porque tuve la brillante idea de decirle a todos que quería estudiar letras.

Por suerte, en la carrera sólo me preguntaron ese tipo de detalles una vez (y debo confesar que pasé ese examen gracias a que un día antes leí la versión para niños del libro en cuestión. Fue una buena idea porque no recordaba NADA de la versión “oficial” que ya había leído).

Como sea.

Todo esto va porque te propongo que reconsideres tus nervios frente a las calificaciones. A pesar de que no me importaba en lo absoluto la nota que pudiera sacar en el primer nivel de árabe (de verdad, yo sólo quería aprender a leer y a pronunciar y a decir algunas palabras) no te voy a mentir que me sentí mal cuando obtuve un 7 (sobre 10) en el primer examen.

Lo peor de todo fue que dejé que me desmotivara y que pensara que ya había perdido mi ímpetu para las lenguas, que mejor debería dedicarle todas esas horas a la semana a mi tesis (cof, cof) o a hacer algo más útil de mi vida, etcétera.

Creo que hubiera sido mucho más útil y benéfico que mi maestro me marcara con rojo aquellas cosas que tengo que estudiar más (aunque de cualquier forma yo sé cuáles son mis debilidades en lengua arábiga) y haberme quedado con la impresión de que, en comparación con cuando sólo podía reconocer dos letras, he avanzado muchísimo.

La calificación es sólo un número. Somos nosotros lo que le damos valor, por haber estado tanto tiempo metidos en esta mentalidad de que sólo los que pueden ser los mejores en la escuela son los que van a triunfar en la vida (lo que sea que eso signifique).

Creo que para todas las materias debería, simplemente, evaluarse con “más del 50%, por lo tanto, subes de nivel o al siguiente curso” o “menos del 50%, por lo tanto, vuelves a cursar” (he escuchado que ya existe por ahí en algunas escuelas).

Sólo ten en mente que los exámenes que se hacen dentro y fuera de la academia de lenguas en la que estés aprendiendo (o sea, también en la escuela) son simplemente una forma de evaluación del profesor mismo.

Seguramente has oído por ahí que si un alumno reprueba, es culpa del alumno, pero que si todos reprueban es culpa del profesor.

Yo pienso que es totalmente cierto y que, si bien te tienes que esforzar por aprender, sólo se trata de ver, honestamente, si se te ofreció un buen curso o no.

Ojalá pronto nos podamos separar del número en tinta roja que vemos sobre nuestros exámenes.

Es difícil

Supongamos que esas pruebas en realidad están evaluando nuestra inteligencia, o nuestro valor como estudiantes, como aprendices de lenguas, o como humanos.

Si eres como la mayoría de las personas, seguramente te pones nervioso, estudiaste mucho un día antes y te desvelaste, tienes hambre, sueño, frío y ganas de no estar ahí y en general sólo quieres pasar la materia para no tener que repetirla.

Pero te tengo una noticia: si volvieras a hacer el examen en la playa (suponiendo que te gusta la playa), después de haber comido y dormido bien, en un momento en el que confías en que lo sabes todo, sacarías una calificación distinta.

Es decir, no se está evaluando lo que tú eres, o lo que tú tienes que ofrecer, sino solo una faceta de ti (la de alumno estresado que sólo quiere pasar y dormir y que lleva años y años haciendo exámenes).

Sé que es difícil simplemente cambiar de mentalidad. Yo misma me sigo poniendo nerviosa por calificaciones que no (me) importan en lo absoluto porque estamos hablando de años y años de condicionamiento.

Pero si cada vez nos recordamos a nosotros mismos que esos números no hablan de nuestros talentos, de lo que queremos en la vida, de lo que podemos aportarle a los demás y de las experiencias que podemos tener, nos sentiremos cada vez más tranquilos.

Creo que es una pena que las calificaciones de los exámenes de idiomas no representen cuánto nos gusta una lengua, o cuánto estamos dispuestos a esforzarnos, o los miedos que estamos dispuestos a vencer por hablarla con fluidez.  

¿Qué piensas?

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Foto de Nomadic Lass

13 comentarios en “El problema con los exámenes de idiomas

  1. bautista

    aparte,como completando, tarde o temprano(sea lo que sea) si en verdad lo necesitas y\o te gusta lo lograrás. en este caso: podrás estar años estudiando lo mismo pero ya llegará el día en el que lo aprendas y lo domines a un idioma.

  2. Alejandra

    Hola Georgina,
    Estoy totalmente de acuerdo con lo que expones en tu artículo, una nota no representa tu valor como persona. Como tú, a veces sentí pánico al presentar un examen, en mi caso, por la tensión a ser evaluada olvidaba la mitad de lo que había estudiado, aunque había pasado día y noche estudiando. En algunos examenes que presenté , me habría gustado tener otra oportunidad para ser evaluada en un ambiente diferente y menos estresante que un salón de clases. Por ahora el sistema de calificación en países como los nuestros (o en el caso de Colombia) sigue siendo el mismo de hace 30 años, el quiz sobre puntos específicos de un texto o de la clase magistral del maestro. Esperemos que eso cambie, mientras tanto, yo también invito a quienes estudian idiomas a aprender por el gusto y no por la nota, la recompenza será mayor que el mismo número.

    Un saludo. Alejandra

  3. La tensión es que es la que juega malas pasadas, sobre todo la parte oral que suele durar apenas unos minutos. Si te pilla inspirado, te puedes sentir como el rey del mambo, pero como te pille un mal día o el tema no sea plato de buen gusto, brrrr. Lo que también a veces odio es cuando tienes que empezar una conversación con otro candidato.

  4. Karen

    Tienes toda la razón. Las calificaciones de los examenes de idiomas no representan cuánto nos gusta la lengua en cuestión.
    Yo por ejemplo, siempre obtuve calificaciones de 80, 85 y a lo más un 89 en mi curso de inglés en la UNAM. Recuerdo que para el 8vo nivel (el último y con el que me dieron un certificado) obtuve una calificación de 78.8 y aún así, tengo enmarcado ese certificado, pues para mi es más que una calificación: es el resultado de muchos años estudiando inglés en una escuela. Y sin embargo, me encanta el idioma y actualmente me considero una estudiante avanzada del idioma🙂 pude superar exitosamente ese 78.8 haha.

    Las calificaciones no nos definen, estoy totalmente de acuerdo en eso.

  5. Lucero M

    Hola, antes que nada un cordial saludo, he leido desde hace tiempo tu blog pero hasta ahora me animo a escribir.

    A mi me pasaba exactamente lo contrario cuando estudiaba idiomas. Dias antes del examen sentia nervios como todos los demas pero cuando este lo tenia enfrente estos se esfumaban por completo. Durante todos esos años para mi los examenes eran mas “encuentra la estrategia” que “prueba tu conocimiento” en el momento del examen siempre respondia usando el sentido comun de los recuerdo borrosos que tenia en ese instante, en mis posibles respuestas les daba un porcentaje de probabilidad de acierto, armaba mi propio plan de solucion del examen partiendo de las preguntas mas faciles que me sabia, usando matematicas (las cuales detesto pero paradojicamente al final siempre termino usando)
    Por esto siempre tenia las calificaciones mas altas de toda la clase, calificaciones de 9 y 10.
    Esto en vez de hacerme sentir bien me hacia sentir mal, como si de algun modo hubiera hecho trampa y no mereciera ese 10, que yo no era apta para el. Pero hacer ese metodo en el examen era para mi tan inevitable como respirar.
    Esas calificaciones solo me hacian sentir que debia tener un monton de responsabilidades, no poder entender completamente un texto, olvidar la conjugacion de un verbo, un tema ya visto, o que un extranjero no entienda lo que decia me volvian muy cruel conmigo misma.

    En resumen, ahora me consta que los examenes no dicen mucho, ya sea un puntaje muy alto o muy bajo

    (Disculpa las faltas de acento no le entiendo muy bien a mi lap)
    Gracias por escucharme y compartir tus ideas, me gusta mucho lo que expones
    SALUDOS

    1. Georgina

      Hola, Lucero. Qué bueno que te animaste a escribir. Creo que es muy interesante la estrategia que usas, y es una pena que te haya terminado atormentando. Gracias por compartir tu opinión. Saludos.

  6. Giovi

    Yo pienso que los exámenes sí son importantes, porque entregan información sobre el progreso en el aprendizaje, incluso son una motivación.

    1. Georgina

      Ahora que lo dices, creo que el secreto estaría en hacer que fueran motivadores para todos, pues actualmente lo son sólo para algunos. Gracias por tu opinión, Giovi.

Vamos, di algo...

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