Lo que la grasa me enseñó sobre la vida

El otro día tuve una gran sorpresa cuando me di cuenta de que estaba leyendo un libro de Neuropsicología como la gente “normal” lee novelas policiacas: una página tras otra, casi sin parpadear, avanzando para ver qué sucedía. Eso era raro incluso para mí, aunque no tanto porque siempre me ha gustado entenderle a las cosas.

Yo no hubiera tomado un libro así si no fuera porque era parte del programa de una clase. Aunque yo creía que estos temas no me interesaban, a lo largo del semestre me iba dando cuenta de qué es lo que me gustaba sobre entenderle al cerebro. Y es que, aunque voy a caer en un lugar común, en verdad es una maravilla.

La memoria

Para que te des una idea de mi asombro, te pondré el ejemplo de uno de los temas que más me cautivó: la memoria.

Si tu memoria fallara serías incapaz de conocer personas nuevas, de tocar el piano. Carecerías de una visión del mundo, que se forma a partir de recuerdos de experiencias que tuviste (aunque hay recuerdos que no están relacionados a eventos específicos, sino que se convierten en conocimiento sobre el mundo).

No podrías ser experto en nada. No se acumularían tus aventuras. No podrías terminar proyectos. No llorarías de nostalgia.

Todo sería nuevo, pero la novedad no te emocionaría porque no entenderías que es nuevo. Todas las películas carecerían de sentido porque olvidarías el principio cuando llegaras al final.

Las enfermedades y lesiones que pueden ocurrirle a uno, como persona normal en un día común, me recuerdan a cada rato que la vida es algo extremadamente complejo, extraordinariamente hermoso (en verdad creo que hay que ser un poco tonto para no cautivarse cuando uno entiende la gran cantidad de factores necesarios para que uno tenga un cuerpo que funcione).

Pero al mismo tiempo es exageradamente fácil causarle estragos, cambiar el rumbo de un cerebro sano.

De un día para otro puedes dejar de comprender lo que otros te dicen. O tener que volver a aprender a leer y escribir porque recibiste un golpe en la cabeza. (Como Jackie [en inglés])

De un día para otro puedes olvidar tu lengua materna o todas las lenguas que aprendiste después porque un coágulo de sangre se atoró en las delgadas arterias de tu cerebro, o porque tu sangre se derramó dentro de él (como le pasó a Jill).

De un día para otro tu capacidad para el lenguaje y la comunicación con otros seres humanos se te puede atrofiar porque la vida es incierta.

Entender y recordar esto me deja helada, y aunque no es una sensación agradable, ciertamente no me hace sentir mal.

Me hace sorprenderme de lo increíblemente afortunados que somos al poder usar bien el lenguaje (y muchas otras funciones del cerebro, o sea, todo lo que el cuerpo y la mente hacen). De verdad creo que no es algo que debamos dar por hecho porque no está garantizado que seguirá ahí por siempre.

Si bien notar lo anterior me hacía negarme a andar en bicicleta sin casco por miedo a caerme y golpearme en la cabeza y desarrollar una lesión y que fuera en un área encargada del lenguaje y llevar una vida complicada, (por lo que te sugiero que te cubras el cráneo), no espero que te quedes con esa impresión, sino con la de estar con la boca abierta cuando comprendas la vida y obra del único órgano humano compuesto en un 60% de grasa.


Estudiar la grasa dentro de mi cabeza me enseñó sobre la vida que es corta, frágil, impredecible y complejamente hermosa; que puede cambiar de un día para otro y que en verdad debemos estar agradecidos por tener un cerebro que nos permita conocer el mundo, ser felices, escribir un texto, haber adquirido una o varias lenguas y poder seguir haciéndolo. Yo sí lo aprecio, y mucho.

Aprende sobre tu cerebro, cuídalo, úsalo:

Rompe tu rutina para crear nuevas conexiones neuronales, adquiere habilidades, esfuérzate en lo que haces, sal a caminar todos los días, deshazte de lo que te produce estrés. Nunca te permitas estar tan aburrido que termines haciendo algo tan poco productivo para tu cerebro como ver la televisión.

Muchas personas darían todo lo que tienen por un cerebro tan sano como el tuyo. No dejes que se desperdicie toda la magia de la que es capaz. Carpe diem, estimado cerebro, carpe diem.

Comparte. Gracias.

8 comentarios en “Lo que la grasa me enseñó sobre la vida

  1. tatiana

    Georgina, sabes también he escuchado de personas que pierden la memoria pero sus dones y talentos los manejan a la perfección, el cerebro para mi es uno de los órganos mas interesantes🙂
    Estoy de acuerdo contigo, debemos de aprovechar la vida y el tiempo y hacer las cosas que nos gustan, luego puede ser muy tarde.

  2. Cristina =D

    Me encanto!! La vida es aprendizaje, la vida es un sueño y también un reto, aveces tan efímera que no sabemos que se esta yendo, y nosotros tan dormidos “esperando” el tiempo correcto. Así es Georgina CARPE DIEM!

Vamos, di algo...

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