Sobre los métodos 2–Clases

(Esta es una entrada de la serie “Sobre los métodos“)

Las clases son lo primero en lo que la gente piensa cuando se habla de aprender idiomas.

Es un método muy famoso y es el más académico de todos. Suele necesitarse dinero para llevarlo a cabo, y en cierto sentido resulta el que se tiene más a la mano.

¿Habías pensado en lo siguiente?

Las clases funcionan, cuando lo hacen, porque implican estructura, una de las cosas más difíciles de conseguir cuando se decide que se va a aprender otra lengua.

Asimismo, dado el sistema de calificaciones, exámenes y pruebas, te sientes obligado a vencer tu resistencia, dejar de lado los pretextos y encontrar el tiempo para simplemente ponerte a estudiar el material que no tuviste que conseguir porque ya lo te dieron.

Todo esto es muy útil.

Sin embargo, a veces las clases no funcionan.

A veces, cuando las clases contienen mucha gramática, acabarás sabiendo más sobre la lengua (casos, sujetos, objetos directos, incondicionales pospretéritos de futuro pasado) en vez de usarla.

Y puede sucederte que después de 4 o 5 años de haber tomado un curso, cuando te encuentras con un extranjero, todo lo que creías que sabías desaparece de tu mente.

Esto es muy doloroso: la gente piensa que su tiempo y dinero se perdió en las clases, y se siente tonta, incapaz para aprender y hasta un poco culpable por no haber seguido con el idioma al concluir (o abandonar) el curso.

Lo anterior ocurre, en parte, porque la vida se mete en nuestros planes.

Es decir, uno termina un curso de inglés “porque es importante”, después tiene un hijo y de repente ya pasaron 5 años sin que practicara esa lengua dado que en realidad nunca la necesitó o sus circunstancias cambiaron con respecto a cuando necesitaba el inglés.

Cómo evitarlo

Para aumentar las probabilidades de que las clases funcionen, es una buena idea completarlas con ser autodidacta, sobre todo para usar la habilidad que menos practiques en el salón:

Si tu maestro no te hace hablar, consigue gente con la que practicar.

Si casi no escribes en clase, hazlo por tu cuenta. Si eliges actividades extra que tengan que ver con tus intereses, no te fastidiarán las clases porque ambos métodos se complementan.

Mucha gente suele usar las clases para el primer nivel y posteriormente aprender por su cuenta gracias a que así obtiene una buena introducción a la lengua (que es lo que cuesta más trabajo). A mí me gusta y me funciona hacer eso.

Por otro lado, a continuación te expongo dos cuestiones que suelen surgir cuando se trata de tomar clases:

“¡Mi maestro es malo!”

Suele suceder que tu profesor no satisfaga totalmente tus expectativas y/o que no te ayude a tener esa estructura para el aprendizaje.

Puedes sentirte mal o verlo como una ventaja: si tu maestro te exige poco, eso significa que tienes que dedicarle menos tiempo a la clase y practicar tú en lo que más le falla.

Si de plano es muy malo desde tu punto de vista y sientes que de verdad estás perdiendo el tiempo, eres libre de buscar alternativas, o hablar con él para preguntarle, amablemente, cómo puedes complementar su método, dado que tú aprendes, por ejemplo, de manera más visual.

Usa tu iniciativa: Haz frases y pídele que te las corrija, o pregúntale lo que sea hablando en la lengua que quieres y él te corregirá (sobre todo si se lo pides). Llévale todas las dudas que puedas.

Aun si tu maestro únicamente te lee la gramática (me ha pasado), puedes aprender.

 “¡Mi maestro es de un país conquistado!”

Cuando aprendemos lenguas europeas cuyos países han conquistado otros pueblos normalmente (y aunque no lo pensemos), deseamos maestros del viejo continente.

Por ejemplo, si aprendes francés seguro preferirías un profesor de ese país que uno de la Guyana Francesa o del Congo, ¿cierto?.

Por experiencia propia, te digo que tener un maestro de un país conquistado no hará que aprendas menos, sino que es mejor.

¿Por qué? Porque aprendes más rápido. Después de una etapa de ¡¿Qué dijo?!, tu cerebro se esfuerza más por “aprender a pesar del acento” y por adecuarse a los sonidos propios de la lengua para quedarse con lo realmente importante (el contenido de las frases, no cómo se oyen).

Por otro lado, es fascinante conocer personas de países lejanos que te platiquen cómo se vive allá, o ver en carne propia cómo piensan. Es muy satisfactorio comparar tu visión del mundo con la de personas de países que no sabias ni dónde estaban en el mapa.

Ojalá tengas la curiosidad de conocer muchas personas de todos los países en los que se habla tu lengua nueva.

Conclusión:

Si tu maestro es bueno, regular, malo, extranjero, nacional, joven o viejo, puedes aprender.

Si tus clases son diario, dos veces a la semana o cada seis días, puedes aprender porque tú quieres hacerlo y porque ya sabes cuál es tu intención, es decir, para qué quieres ese idioma.

Ellos sólo te ayudan.

Nunca dejes que tus clases sean el único modo en el que aprendes una lengua, porque todo lo que tiene que ver con ella es muchísimo más que lo que ahí te pueden enseñar y, al mismo tiempo, aprovecha al máximo la estructura que te dan y del hecho de que tienes a alguien que te puede corregir y explicar cosas bajo demanda.

¿Cuál ha sido tu experiencia con las clases?

3 comentarios en “Sobre los métodos 2–Clases

  1. lenind

    miren soy educadora pero que creen e decidido dar clases en lengua indígena a mis colegas ya que el entorno escolar así lo requiere a y alguno de estos pasos me servirán gracias por aceptar en otra ocasión are mas comentarios.

  2. dnacervera

    Creo que la importancia de un maestro radica en que te enseñan cosas que no puedes saber por tu cuenta. Más allá de la gramática (que te puedes descargar de internet y estudiar en casa), un maestro es importante porque es un alma que te encuentras cada tres días a la semana que te puede sacar de dudas respecto a la pronunciación.
    Un maestro no sólo puede ser “un maestro del centro de idiomas”, puede ser cualquier persona que hable ese idioma y que te pueda ayudar si no sabes como pronunciar françois, coração o bitte.
    Entonces, como se menciona en el post, lo importante es la iniciativa y llegar ante tu “maestro” (sea cual sea el caso) con un montón de dudas para que las resuelva; esa es más o menos la esencia de las clases de idiomas.
    Yo tuve un profesor de portugués que me adoraba porque llegaba a la clase con una dos páginas llenas de dudas sobre el pronunciación, la ortografía y las expresiones del idioma.
    Y si de plano es uno de esos que se dedican a enseñar de forma rígida el idioma y la gramática y al que no le gusta atender dudas, creo que sería buena idea buscar otro o ampliar tu aprendizaje del idioma más allá del aula de clases mediante otros recursos, como los amigos, el internet, audio-libros.
    Ótimo post!

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